Archivo por meses: diciembre 2013

Madiba, in memoriam

MandelaMi buen amigo Pedro Pozas, máximo responsable del Proyecto “Gran Simio”, termina siempre su correos con la frase siguiente:
“La igualdad más allá de la humanidad”. Debemos romper la barrera de las especies”.

Pedro Pozas defiende casos que parecen perdidos, como el respeto a nuestros primos los simios antropoideos o la desnutrición de los niños del llamado Tercer Mundo ¿Se trata del anhelo de un mundo ideal o de posibilidades reales? Aunque suelo ser bastante pesimista en muchas de mis apreciaciones sobre el futuro de la humanidad, pienso también que no tenemos que perder la esperanza.

Si nos centramos en la cuestión de las especies, la genética nos está mostrando un escenario de la vida, que a primera vista no parecía posible. Los humanos somos muy maniáticos y nos empeñamos en clasificar y etiquetar. Las plantas y los animales no se han librado de esta manía. Esto no es malo, sino todo lo contrario. Así podemos llamar a cada cosa o a cada ser vivo por su nombre y entendernos, que no es poco. Sin embargo, en otra ocasión escribí que la naturaleza no es discontinua. Puede que esa costumbre de poner etiquetas nos haya permitido establecer una perfecta distinción entre nosotros, los seres humanos, y los otros seres vivos. Pero si eliminamos cualquier indicio de cultura de nuestras sociedades, las distinciones se diluyen

Volviendo a la genética, y en particular al ámbito del ADN de las especies extinguidas, resulta que los humanos actuales somos un curioso de cóctel de genes llegados de quién sabe cuantas procedencias. Cuando la población africana ancestral emigró hacia todos los rincones del planeta parece que no se dedicó a eliminar de manera sistemática a todos sus competidores, sino que le tomó gusto a eso de hibridarse con unos y con otras. Las pruebas están presentes en nuestro genoma: neandertales, denisovanos y quién sabe cuantos más.

Así que cuando hablamos de razas o de tipologías humanas (términos que se quedaron obsoletos hace muchos años) no hacemos sino distorsionar la realidad con más etiquetas. Pese a quién pese, todos y cada uno de nosotros llevamos los mismos genes de procedencias muy diversas y apenas nos diferenciamos por pequeñas variantes. La cultura (trajes, adornos, etc.) son los máximos responsables de las diferencias observables y no tanto las propias variantes genéticas. La barrera de las especies no es una barrera real, sino un artificio interesado. Y cuando hablamos de los seres humanos el artificio es aún mayor. Eso lo sabía muy bien Nelson Mandela, tenaz defensor de una causa que parecía perdida. Su ejemplo no puede desaparecer con él. Descanse en paz.

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Sorpresa científica ante las primeras muestras de ADN del hombre de Atapuerca

Finalmente y después de muchos intentos fallidos, se ha conseguido aislar y secuenciar restos de ADN de los homininos del yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. De momento se trata de ADN mitocondrial, pero ahora ya no se puede descartar que pronto se pueda secuenciar el ADN nuclear. La noticia es fabulosa para las investigaciones de nuestros orígenes, puesto que se ha logrado superar en muchos miles de años las expectativas de los genetistas sobre la posibilidad de aislar y secuenciar ADN en regiones templadas del planeta. Si esas expectativas estaban en unos 100.000 años (según los más optimistas), ahora se trata de rebasar el listón de los más de 400.000 años de antigüedad del nivel que contiene los restos de homininos de la Sima de los Huesos.

Este yacimiento es muy especial, no solo por el espectacular número de restos humanos recuperados hasta el momento (más de 7.000, pertenecientes a un mínimo de 28 individuos), sino por la perfecta preservación de los fósiles. Las arcillas del nivel que contiene los restos humanos son tan puras, que podrían utilizarse en alfarería. La humedad y la temperatura han debido permanecer muy constantes durante miles de años en un lugar recóndito y aislado de las grandes cavidades de la sierra de Atapuerca. Puede que las condiciones de la Sima de los Huesos hayan sido excepcionales y tal vez únicas. Prefiero pensar que no es así, porque ahora se trata de intentarlo en otros yacimientos. Por supuesto, la genética del pasado (paleogenética) no es la panacea que podrá resolver todos los enigmas científicos de la evolución humana, pero se ha convertido en una fuente inestimable de conocimiento.

Reflex ADN Sima-1

Los resultados obtenidos con las muestras de fósiles humanos de la Sima de los Huesos son inesperadas. Desde que comenzaron las investigaciones de los primeros restos encontrados en el yacimiento, allá por el año 1976, nadie dudó sobre la relación filogenética directa entre los homininos de la Sima de los Huesos y los Neandertales. Es más, en algún momento se planteó que el origen de los Neandertales se encontraba en la península Ibérica ¿Por qué no? Durante el 80 por ciento del último millón de años la mayor parte de Europa estuvo cubierto por un espeso manto de hielo. La vida de nuestros ancestros solo fue posible en la regiones mediterráneas.

Sin embargo, el ADN mitocondrial aislado en las muestras de los humanos de la Sima de los Huesos está más relacionada con los famosos Denisovanos, aquella población ancestral que vivió en las remotas regiones de Siberia hace unos 40.000 años, que con los Neandertales. Y digo remotas no solo desde nuestro punto de vista subjetivo, sino desde la distancia real entre el yacimiento de la Sima de los Huesos y la cueva de Denisova (unos 8.000 kilómetros en línea recta).

Según nos explican los genetistas, los Denisovanos representan a una población aislada en Eurasia, relacionada sin duda con los Neandertales, pero que también tuvo ancestros de aproximadamente un millón de años de antigüedad. Sin embargo, nada se había explicado sobre la posible relación de los Denisovanos con una población europea del Pleistoceno Medio. A la espera de que pueda aislarse el ADN nuclear y se añada un poco más de luz a estos resultados, habrá que buscar una explicación razonable para esta inesperada y extraña relación entre los Denisovanos y los humanos de Atapuerca. Y, sobre todo, habrá que explicar porque el ADN mitocondrial de Miguelón y sus demás compañeros del osario de la Sima de los Huesos no se aproxima tanto al de los Neandertales, como todos hubiéramos esperado. ¿Podremos encontrar alguna explicación?

El estudio de los fósiles ya había arrojado algunas pistas sobre la relación entre los homininos del yacimiento de la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Homo antecessor) y los homininos de la Sima de los Huesos (Homo heidelbergensis). Esa relación parece muy tenue desde el punto de vista de la morfología de los restos óseos y dentales, pero ya en 2003 propusimos que los humanos llegados a Europa hace unos 600.000 años pudieron haber hibridado con los residentes (Homo antecessor). De ser cierto, los nuevos inquilinos de Europa habrían incorporado un nuevo ADN a su patrimonio genético ¿Pudo ser éste ADN el que se ha detectado en los Denisovanos? Esta fue nuestra primera impresión cuando en 2010 leímos el trabajo en la revista Nature sobre la extracción del ADN en aquellos antiguos pobladores de Siberia, y escribimos sobre ello en una revista científica. Por descontado, no podíamos prever ni el hallazgo de ADN en los humanos de la Sima de los Huesos ni los resultados del trabajo que presentamos en la revista Nature.

Ahora podemos predecir que los Denisovanos heredaron su ADN mitocondrial de un ancestro europeo muy antiguo (¿Homo antecessor?), que más tarde llegó hasta los humanos que poblaron Europa durante el Pleistoceno Medio (Sima de los Huesos), que también llegó a formar parte del genoma de los Neandertales y que finalmente heredaron algunas poblaciones de Homo sapiens. Una historia mucho más complicada de lo que podíamos imaginar, y que tal vez nunca lleguemos a comprender en toda su magnitud. Extraer ADN de Homo antecessor parece ya ciencia ficción, puesto que sus restos están fosilizados casi al 100%. Sin embargo, el camino hacia el aislamiento de mayores cantidades de ADN de los humanos de la Sima de los Huesos y otros yacimientos está abierto. Con un poco de paciencia, quizá podamos avanzar en la reconstrucción de la compleja historia evolutiva de los humanos de nuestro continente.

Para terminar, quizá el hecho más inquietante de toda esta historia reside en que a los humanos actuales nos ha llegado el ADN por varias vias diferentes. El grueso nos llegó por supuesto a través de nuestros ancestros africanos; pero también heredamos algo de los Neandertales y de los Denisovanos. Si éstos heredaron su ADN de la Sima de los Huesos y, a su vez, éstos lo tomaron de Homo antecessor, nuestro genoma es una mezcla increible de pequeñas dosis de ADN de muchos humanos del pasado.

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Haz el amor y no la guerra

amorEl título de este post fue la consigna más conocida de uno de los movimientos sociales más importantes del siglo XX. El fenómeno “hippie” proponía el amor libre, un comportamiento muy similar a la realidad de la biología social de los chimpancés de la especie Pan paniscus (los conocidos bonobos).

Esta especie es hermana de Pan troglodytes, el llamado chimpancé común. La separación filogenética de las dos especies debió de ocurrir en tiempos relativamente recientes. Aunque Pan paniscus y Pan troglodytes comparten la mayor parte de su genoma, cada una de ellas ha derivado hacia un comportamiento social diferente. Es complicado saber cual de las dos especies está más próxima a nuestro antecesor común con la genealogía de estos primates. Los bonobos fueron descubiertos en 1928 en las intrincadas selvas centro-africanas de la actual República Democrática del Congo y reconocidos unos años más tarde como una nueva especie por el famoso primatólogo Ernst Schwarz. Los bonobos son matriarcales, de manera que las hembras llevan el peso de la responsabilidad de los grupos. La jerarquía de éstas es determinante en el comportamiento de estos primates. Los expertos nos hablan de su altruismo, empatía, amabilidad, paciencia, sensibilidad y hasta de su compasión hacia los miembros del grupo. Esto nos suena muy humano, y solo por ello se ha llegado a plantear una mayor proximidad filogenética de nuestra genealogía con los bonobos que con el chimpancé común. En realidad, compartimos con las dos especies un porcentaje muy elevado de nuestro genoma. Desde ese punto de vista, estamos tan cerca y tan lejos de los unos como de los otros. Es más, la mayoría de los especialistas apuntan a nuestra relación más próxima con Pan troglodytes. Los bonobos podrían ser una rama lateral de la genealogía de los chimpancés.

Pero lo que más llama la atención de los primatólogos es la peculiar capacidad de Pan paniscus para resolver sus conflictos internos y vivir de manera pacífica. Para ello, los bonobos recurren a la práctica del sexo en todo momento y lugar, cuando la ocasión lo requiere. Los humanos presumimos de practicar el sexo fuera de la época de la reproducción. Pues los bonobos hacen lo mismo, pero sin prejuicios y con naturalidad. Podemos decir que estos primates son los auténticos precursores del movimiento “hippie”. El resultado es fantástico. Las hembras evitan problemas de jerarquía y establecen lazos sociales mediante el sexo genital. El saludo entre diferentes miembros del grupo suele ser un contacto sexual, tanto oral como genital. Los conflictos entre hembras, entre machos y entre machos y hembras también se resuelven mediante el correspondiente acto sexual, que conduce a la reconciliación. El hallazgo de comida abundante no supone una avalancha incontrolada hacia los alimentos. En primer lugar se practica el sexo y a continuación se reparte la comida de manera equitativa. El único tabú en esta especie parece ser la práctica de sexo entre las madres y sus hijos. Los bonobos viven felices. No han inventado la moralidad relacionada con el sexo, un rasgo que parece exclusivo de nuestra especie y que nos conduce a un sinfín de conflictos y problemas ideológicos.

La “estrategia evolutiva” de estos primates es un claro ejemplo del fascinante proceso de la selección natural. Sería extraordinario que pudiéramos resolver nuestros conflictos con la misma facilidad. Nuestros políticos arreglarían sus diferencias (esas que no nos interesan a los ciudadanos de a pie) de manera pacífica. A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas tendría una influencia increíble en la pacificación de todo el planeta. Claro, que se acabarían muchos grandes negocios y casi no tendríamos noticias para los informativos. Pero soñar con un mundo diferente no cuesta nada.

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