Archivo por meses: Noviembre 2014

Neandertales: ¿cazadores organizados e implacables?

Dibujo de una manada de Mammuthus primigenius, junto a un ejemplar de rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatus). Según versión de Mauricio Antón.

Dibujo de una manada de Mammuthus primigenius, junto a un ejemplar de rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatus). Según versión de Mauricio Antón.

Por supuesto, nadie puede poner en duda de las notables capacidades cinegéticas de los neandertales, que fueron capaces de perdurar como especie en las complejas circunstancias que conllevaron los cambios climáticos del hemisferio norte.  Sin embargo, en ocasiones queremos llevar nuestras conclusiones a posiciones extremas. En ese punto podemos equivocarnos.

La isla de Jersey, frente a las costas de Normandía, no siempre ha estado totalmente rodeada de agua. Durante los últimos 10.000 años la erosión marina borró un par de islas y la estrecha franja de tierra que unían este territorio al continente. De este modo, Jersey dejó de ser una pequeña  península de la costa de Normandía. No lejos de allí, en las playa de Utah y Omaha y en otros lugares de la costa se produjo la mayor invasión de tropas de todas la historia. Pero mucho antes de que estos lugares se hicieran famosos por hechos tan cruentos, los neandertales vivieron en Jersey durante miles de años aprovechando las bondades del clima suave de las costas de Normandía.

La cueva de Saint Brelade, en la isla de Jersey, sirvió de refugio a los neandertales desde hace 250.000 años hasta hace unos 47.000 años, casi en la frontera temporal de su desaparición. En lengua normanda, la palabra “cueva” se escribe “cotte”, por lo que desde siempre este lugar ha sido conocido como la Cotte de St. Brelade. La ocupación de la cueva no fue continua, pero los neandertales siempre volvían cuando las condiciones climáticas lo permitían. Las excavaciones en la cueva comenzaron en 1910 bajo la dirección de Robert R. Marett, a quién pronto se unió Sir Arthur Smith Woodward, director del Museo de Historia Natural de Londres. Se hallaron algunos dientes humanos de aspecto primitivo, más tarde atribuidos a los neandertales, y todo tipo de utillaje de la cultura de esta población. Pero en 1914 la primera guerra mundial dio al traste con este y otros cientos de proyectos científicos.

La Cotte de St. Brelade, en la isla de Jersey

La Cotte de St. Brelade, en la isla de Jersey

Las excavaciones en la Cotte de St. Brelade no se retomaron hasta los años 1960-1970 por la Universidad de Cambridge. Aquellas excavaciones localizaron un apilamiento muy importante de fósiles de rinocerontes y mamuts lanudos, que dio rienda a la imaginación de los investigadores. Katherine Scott publicó en 1980 sus conclusiones sobre la caza masiva de estos animales, empujados por los neandertales hacia los acantilados, en una cacería perfectamente organizada. Esta hipótesis no era sino un fiel reflejo de lo que los humanos actuales hemos llevado a cabo en tiempos recientes, mediante métodos de acoso muy sofisticados. La hipótesis fue muy debatida, pero ha permanecido en el imaginario colectivo durante todos estos años ¿Serían los pequeños grupos de neandertales capaces de organizarse para conseguir manejar grupos tan numerosos de mamuts y rinocerontes hasta empujarlos por un acantilado?

En un trabajo publicado el pasado 18 de noviembre en la revista Journal of Human Evolution, Geoff M. Smith concluye que la presencia de los neandertales en la Cotte de St. Brelade fue disminuyendo con el paso del tiempo. Las ocupaciones no fueron tan intensas y continuadas como en un principio se pensó. Los neandertales consumieron ocasionalmente la carne de estos grandes animales, pero la presencia de la actividad de carnívoros en la cavidad también es significativa. En otras palabras, sin restar ni un ápice a las habilidades cinegéticas de los neandertales y su consumo frecuente de carne, un hecho bien contrastado en docenas de yacimientos y mediante el análisis isotópico de sus restos fósiles, tenemos que rebajar el tono en lo que se refiere a los métodos empleados en la captura de animales. No cabe duda de que los neandertales y sus antecesores fueron muy hábiles en la caza mayor, porque su subsistencia dependía en muchos momento de ello. Pero tampoco podemos olvidar que la dieta de los neandertales incluía plantas, peces, anfibios, aves, huevos de estos animales y hasta invertebrados marinos.

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Europa: diversidad ahora y siempre

Cráneo de Swanscombe (Reino Unido)

Cráneo de Swanscombe (Reino Unido)

No es noticia la dificultad que conlleva gobernar una “Europa Unida”. Tampoco lo es la existencia de múltiples nacionalismos y de fuerzas centrífugas, que dificultan la unión de los pueblos de Europa. A pesar que tenemos mucho en común en nuestra cultura y que los habitantes de países lejanos nos ven como una singularidad, los procesos de independencia son y han sido una realidad desde que finalizó la segunda guerra mundial. Hablamos tantas lenguas y tan distintas, que el políglota más avezado tendría mucha dificultad para dominarlas todas. Parece mentira que todo esto suceda en una simple y pequeña península del gran continente eurasiático, y resulta una proeza conseguir que las naciones europeas sean capaces de entenderse (no sin grandes dificultades) en un único parlamento. Y todo ello sabiendo que pertenecemos a la misma especie.

Cráneo de Tautavel (Francia)

Cráneo de Tautavel (Francia)

Podemos preguntarnos si Europa ha estado poblada en diferentes momentos de la prehistoria por seres humanos, también pertenecientes a la misma especie. Es posible que los neandertales, que podrían presumir de ser los verdaderos europeos por el tiempo que dominaron estos parajes, hubieran sido capaces de formar una fuerte y verdadera unión europea. O quizá no. Nunca lo sabremos.

Durante toda la segunda mitad del siglo XX los paleoantropólogos estuvimos convencidos de que los antecesores de los neandertales también formaron una verdadera unidad en lo que se refiere a su morfología. Aunque entonces no existía un consenso sobre la especie a la que pertenecían estos humanos, todos nos entendíamos utilizando los términos pre-neandertales o ante-neandertales. Esta idea se empezó a romper a finales de siglo, cuando se pudo datar el cráneo italiano de Ceprano. Durante algunos años se consideró que este cráneo tenía unos 900.000 años de antigüedad y se asignó de manera provisional a Homo antecessor. Su morfología primitiva encajaba bien con un modelo evolutivo relativamente sencillo. Las poblaciones de aspecto más primitivo habrían dejado su lugar a los antecesores de los neandertales hace en torno a los 600.000 años. A partir de ese momento y mediante una evolución común y progresiva, en la que los caracteres neandertales irían apareciendo en una única población europea, se habría formado el grupo humano que dominó Europa y buena parte de Asia. Este fenómeno ha sido denominado “modelo de acreción”, según el cual el proceso de neandertalización habría ocurrido con el paso del tiempo de manera unidireccional e inevitable.

Cráneo 17 de la Sima de los Huesos (España)

Cráneo 17 de la Sima de los Huesos (España)

Sin embargo, este modelo (hipótesis) se está debilitando con la sucesión de hallazgos de los últimos años y, sobre todo, con la datación cada vez más fiable de los ejemplares hallados durante el siglo XX. La geocronología ha dado pasos de gigante y, por fin, empezamos a poner cada pieza en su sitio. Sin un marco temporal adecuado es prácticamente imposible establecer hipótesis fiables sobre la evolución de cualquier especie. Así las cosas, resulta que muchos de los ejemplares con una datación imprecisa parecen haber vivido hace unos 400.000 años. No resulta extraño, si consideramos que Europa fue habitable durante períodos intermitentes de tiempo, cuando las condiciones climáticas lo permitían. El período de tiempo hace entre unos 375.000 y 425.000 años corresponde a un interglaciar, en el que era posible alcanzar latitudes elevadas.

Cráneo de Petralona (Grecia)

Cráneo de Petralona (Grecia)

Durante los largos períodos glaciales las poblaciones se extinguían o se refugiaban en las pequeñas penínsulas del Mediterráneo. El aislamiento y la deriva genética de especies animales (incluidos los humanos) y vegetales fueron la tónica general. El resultado fue una diversidad de formas, que se expandían de nuevo durante las épocas interglaciares. Resulta interesante que varios de los ejemplares humanos encontrados en Europa, incluidos los cráneos de Ceprano, Swanscombe (Reino Unido), Tautavel (Francia) o los de la Sima de los Huesos de Atapuerca hayan sido fechados en torno a los 400.000 años. Sin embargo, las diferencias entre unos y otros son muy evidentes. Algunos tienen caracteres tan primitivos (Ceprano) que parecen recién sacados del Pleistoceno Inferior; otros en cambio, presentan un cierto número de caracteres derivados y compartidos con los neandertales (Swanscombe y Sima de los Huesos). Aunque ninguno de ellos podría pasar por un neandertal clásico del Pleistoceno Superior.

Cráneo de Ceprano (Italia)

Cráneo de Ceprano (Italia)

Con los nuevos datos la hipótesis de la acreción se tambalea, porque la diversidad de las poblaciones europeas de un mismo período es considerable. Por el contrario, la hipótesis de que una de ellas diera lugar a los neandertales tiene más posibilidades de acercarse a la realidad de lo que sucedió durante la segunda mitad del Pleistoceno Medio. En un futuro próximo habrá más ejemplares disponibles, dataciones cada vez más precisas y quizá más información sobre el ADN de estos humanos. Se propondrán entonces nuevas hipótesis, que irán dejando atrás a las precedentes. Por el momento sabemos que la diversidad de ayer fue mucho mayor que la diversidad de hoy en día. Imposible imaginar una unión europea durante el Pleistoceno.

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Viajando por China. El yacimiento de Hualong y los nuevos restos de Homo erectus

Labores preliminares de limpieza de sedimentos caídos por la fuerte pendiente del monte donde un día se ubicó la cueva de Hualong.

Labores preliminares de limpieza de sedimentos caídos por la fuerte pendiente del monte donde un día se ubicó la cueva de Hualong.

En el post anterior refiero las circunstancias de nuestro último viaje a China y las experiencias en la cueva de Daoxian, en el sur de China. Remito a los lectores a ese texto, para evitar repeticiones.

El regreso al aeropuerto de la capital de la provincia de Hunan fue complicado debido a las lluvias torrenciales. Nuestros anfitriones del instituto de Pekín habían decidido dejar para el final la visita al yacimiento de Hualong, en el centro de China, precisamente por el anuncio de fuertes lluvias a finales de Octubre en esas regiones. No se equivocaron en sus planes. Las lluvias se desplazaron hacia el sur justo el día que abandonamos los pueblecitos de la provincia de Hunan, donde pudimos disfrutar del paisaje y el calor de sus habitantes, todos ellos agricultores de vida muy sencilla. Nada que ver con las grandes urbes, millonarias en habitantes, vehículos y sustancias tóxicas en su irrespirable y densa atmósfera.

Cuando se viaja por China puedes darte cuenta del enorme tamaño de ese país. Si en España utilizamos ahora trenes de alta velocidad para recorrer “largas distancias”, en China necesitas usar alguna de la varias compañías aéreas que te llevan en varias horas del norte al sur o del este al oeste y viceversa. Y para alcanzar lugares más recónditos, donde suelen localizarse los yacimientos que nos interesan, puedes utilizar autopistas interminables o carreteras secundarias. Por fortuna, el yacimiento de Hualong está bien comunicado con la ciudad de Hefei (cerca de 10.000 millones de habitantes) por una buena autopista.

La doctora María Martinón junto a varios colegas de China.

La doctora María Martinón junto a varios colegas de China.

En Hualong se trabaja desde hace poco tiempo. Hace unos años, un arqueólogo encontró en ese lugar un fragmento de cráneo y un diente de alguna especie humana, junto a varios restos de vertebrados fósiles. Nuestros anfitriones tomaron entonces la decisión de explorar este nuevo y prometedor sitio, cuya datación se ignora por el momento. No obstante, el instinto y la experiencia nos dictan que en aquel lugar pudo habitar la especie Homo erectus hace al menos medio millón de años. En Hualong hubo una cueva, cuyo techo está parcialmente derrumbado. Sus sedimentos fueron arrastrados por la lluvia hacia el lugar donde han comenzado los trabajos. Entre los restos recuperados somos capaces de identificar dientes de rinocerontes, cérvidos de talla media y grande, elefantes y otras especies extinguidas. Nuestras discusiones se centran en saber si se trata de una carnicería producida por seres humanos o por carnívoros. Nuestras observaciones nos llevan a la segunda opción, porque en los lugares donde acamparon nuestros ancestros no es habitual encontrar restos humanos y apenas hemos sido capaces de distinguir alguna herramienta (con dudas) entre varios centenares de hallazgos. El tiempo y los expertos lo dirán. Los restos de cráneo y los dientes humanos tienen la robustez característica de Homo erectus. Sabemos que este lugar tardará en ser bien entendido, pero no pasará mucho tiempo para ver alguna publicación preliminar en la que se describa el lugar y los restos encontrados. Cuando eso suceda, veremos la figura del canino humano encontrado en Hualong el primer día de nuestra visita, que supuso un torrente de adrenalina para todos los presentes.

Pero como sucedió en nuestro viaje a la cueva de Daoxian, los recuerdos más entrañables nos quedarán siempre de la increíble acogida de los habitantes de la pequeña aldea donde se encuentra el sitio de Hualong. Aunque la comida china resulta siempre extraña al paladar de un europeo, será difícil volver a saborear los alimentos naturales, exquisitamente cocinados, que nos ofrecieron durante esta visita. Prometimos volver.

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