Archivo por meses: Febrero 2015

Nuestro mejor amigo desde siempre

Mastín tibetano.

Mastín tibetano.

Los perros tienen un lugar de honor en la historia de la domesticación. Ellos fueron los primeros animales que vivieron junto a los seres humanos en perfecta armonía, como guardianes, cazadores o como simples compañeros de viaje. De acuerdo con los análisis genéticos la domesticación de los perros a partir del lobo gris se remonta a un período entre 11.000 y 20.000 años, aunque algunos análisis llegan al filo de los 33.000 años antes del presente. Con esos datos, no parece posible que los neandertales o cualquier otra especie humana hubiese tenido la oportunidad de asociarse con los cánidos como lo hicimos nosotros.

El registro fósil de perros  hallados en yacimientos arqueológicos tiene por el momento un dato máximo de unos 14.000 años en yacimientos de Eurasia. Con este dato podemos afirmar que la sociedad entre los seres humanos y los perros sucedió durante el Paleolítico Superior, varios miles de años antes de la invención de la agricultura y la ganadería. No nos puede extrañar la diversidad de formas caninas que hemos creado por selección artificial a lo largo del tiempo, puesto que la duración de cada generación de estos animales no supera los cuatro años.

Se desconoce el lugar de origen de la domesticación de los lobos. Se especula con regiones de Oriente Próximo, Europa y del sureste de Asia. No puede extrañar que la domesticación de los lobos hubiese ocurrido en diferentes territorios, como sucedió con la innovación de la cultura neolítica. Es muy probable que la proximidad de los respectivos nichos ecológicos de lobos y seres humanos (cazadores sociales) tuviera mucho que ver con su acercamiento progresivo. La  notable inteligencia de los cánidos fue sin duda un factor añadido. Y la alianza primigenia de las dos especies acabó por convertirse en una perfecta asociación.

husky

Husky de Siberia

Los análisis genéticos de diferentes razas caninas sorprenden por su convergencia con los humanos. Nosotros tenemos variantes genéticas surgidas durante el neolítico, que nos permiten digerir sin problema los productos derivados de una agricultura extensiva. Lo mismo sucede con los perros asociados a las poblaciones humanas que viven de la agricultura. En contraste y como ejemplo, tales cambios no están presentes en los husky siberianos, que conviven con los humanos en regiones donde no se practica la agricultura. Los mastines tibetanos están perfectamente adaptados a vivir en regiones de gran altitud mediante variantes genéticas apropiadas. Esas variantes son exactamente las mismas que tienen los habitantes de las regiones del Tibet, cuyas células se defienden perfectamente en condiciones de hipoxia.

Este paralelismo se utiliza como complemento en los análisis genéticos para averiguar diferentes aspectos de la demografía y movimientos migratorios de las poblaciones humanas. Por ejemplo, se están realizando estudios en yacimientos americanos, en los que puede analizarse el ADN tanto de los restos humanos como de los cánidos. Los primeros pobladores de América entraron por el puente de Beringia hace entre 15.000 y 20.000 años, antes de que el deshielo rompiera el puente entre Siberia y Alaska hace entre 11.000 y 10.000 años. Todos los datos apuntan al hecho de que los perros acompañaron a estos primeros colonos y se extendieron con ellos hasta la Patagonia. El análisis del ADN de los perros que viven actualmente en América sugiere mezclas con los animales llegados después de 1492. Sin embargo, cuando se analizan restos de cánidos en yacimientos antiguos se demuestra sin discusión que los primeros pobladores americanos entraron en compañía de perros, cuyos genomas sugieren una domesticación muy antigua a partir de lobos del norte de Eurasia. Además, los análisis del genoma de los cánidos de los yacimientos americanos apuntan también a una domesticación independiente de los lobos de América del Norte.

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Las primeras poblaciones de China

Cráneo de Gongwangling.

Cráneo de Gongwangling.

El cráneo de Gongwangling (condado de Lantian, China) se encontró en 1964 durante las investigaciones conjuntas de Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología (IVPP) de Pekín y la Academia de Ciencias de ese país. El yacimiento de Lantian se encuentra en el centro de China, muy cerca de la cara norte de las montañas de Quinling, entre las regiones subtropicales del sur y las templadas y frías del norte de este país. Durante nada menos que 22 millones de años una enorme región de 400.000 kilómetros cuadrados se cubrió de un manto de sedimentos aportados por el viento, tras la erosión provocada por los glaciares del norte de Eurasia. En la terminología geológica estos sedimentos se conocen como “loess” y su espesor puede alcanzar varios cientos de metros. Puesto que la deposición de loess es muy lenta y continua, esta región de China es uno de los mejores lugares del planeta para conocer el clima continental de Eurasia durante los últimos millones de años. Los depósitos de loess guardan memoria de los acontecimientos climáticos sucedidos a lo largo del tiempo.

Por otro lado,  la continuidad de los depósitos de loess permiten realizar investigaciones muy precisas sobre las inversiones del polo magnético de la Tierra. Ya sabemos que las partículas sedimentarias que llevan hierro en su composición se orientan en función de la situación magnética del planeta. Es por ello que los científicos de China se han interesado desde hace años en realizar perforaciones en estas regiones. Gracias a ello se produjo el feliz hallazgo del yacimiento de Lantian. Junto al cráneo y una mandíbula aparecieron cientos de restos de fósiles de diferentes especies extinguidas. Las investigaciones pioneras sobre el magnetismo de la región adolecieron de los mismos problemas metodológicos que en otros lugares. La primera datación del cráneo de Gongwangling se estimó en 800.000 años. Este dato resultaba contradictorio con el aspecto tan primitivo del cráneo, cuyo cerebro apenas superaba los 700 centímetros cúbicos. Pero en 1964 la paleoantropología todavía tenía muy pocas referencias. Recordemos que ese mismo año se estaba publicando la especie Homo habilis y nadie era capaz de evaluar un hallazgo como el de Lantian simplemente por falta de información.

Unos años más tarde, hacia finales de los años 1970, se realizaron nuevas prospecciones y estudios de magnetismo de los sedimentos de loess y de la fauna fósil de Lantian. Se llegó a la conclusión de que el cráneo tenía poco más de un millón de años de antigüedad. Y así quedaron las cosas hasta hace unas pocas semanas. Un equipo de científicos de China, liderados por el geólogo y académico Zhao-Yu Zhu, se empeñaron en actualizar los datos del magnetismo remanente de los sedimentos de loess. En esta ocasión el muestreo se realizó de manera concienzuda y apoyándose en las considerables mejoras que ha experimentado el método en estos últimos años. La revista “Journal of Human Evolution” acaba de publicar los resultados de una investigación de varios años, que ha reconsiderado la datación del yacimiento de Lantian. Su antigüedad se ha estimado entre 1,54 y 1,65 millones de años ¿Cuál es el alcance de estos resultados?

Imagen espacial de buena parte de Eurasia. Las montañas de Quinling están situadas en el centro de la imagen, justo al norte de la meseta tibetana. El color blanco de la nieve revela la posición de esta cadena montañosa, cuya latitud es muy similar a la de Beijing.

Imagen espacial de buena parte de Eurasia. Las montañas de Quinling están situadas en el centro de la imagen, justo al norte de la meseta tibetana. El color blanco de la nieve revela la posición de esta cadena montañosa, cuya latitud es muy similar a la de Beijing.

En primer lugar, los rasgos tan primitivos del cráneo de Gongwangling son más acordes con este dato. El tamaño cerebro del cráneo chino es prácticamente idéntico al del cráneo D 2880 de Dmanisi (República de Georgia), datado en 1,8 millones de años. El cráneo de Gongwangling es al menos tan antiguo como los restos fósiles del yacimiento de Sangiran, en la isla de Java, representando así a dos de las poblaciones más antiguas de Eurasia. Es muy posible que los homininos de Sangiran y los Lantian sean descendientes directos de los humanos hallados en Dmanisi. No obstante, esta nueva datación en Lantian abre una caja de pandora inquietante y a la vez excitante para la imaginación.

Por supuesto, el cráneo de Gongwangling fue incluido desde siempre en la especie Homo erectus. Como he explicado en otras ocasiones, todos los fósiles asiáticos anteriores a 100.000 años están catalogados en esta especie, que muchos utilizan también para los fósiles africanos. No obstante, hace tiempo que numerosos colegas comentan (comentamos) acerca de las diferencias que se observan en el registro de los fósiles humanos de China y de otras regiones orientales de Eurasia. Zhao-Yu Zhu y sus colegas se preguntan si las poblaciones de homininos que colonizaron Eurasia desde regiones del suroeste de Asia (Dmanisi) siguieron dos rutas migratorias. Una de ellas conduciría por el sur hasta las actuales islas de Indonesia, mientras que la otra llegaría al centro y norte de China bordeando por el norte las enormes cordilleras del Himalaya. Si ocurrió como explican estos investigadores (una hipótesis muy razonable) las poblaciones del sur y del norte de Eurasia quedaron desconectadas desde sus inicios. Las barreras ecológicas y geográficas habrían sido demasiado importantes para aquellos humanos tan arcaicos.  Entonces, ¿cómo podemos justificar la especie Homo erectus, cuando sus presuntos componentes dejaron de estar en contacto hace más de 1,6 millones de años?

Los autores de esta investigación no son especialistas en paleoantropología y, con buen criterio, prefieren obviar posibles críticas a la unicidad de Homo erectus. Sin embargo, los datos revelados en este trabajo piden a gritos una profunda revisión de esta especie.

Figura 1. Cráneo de Gongwangling.

Figura 2. Imagen espacial de buena parte de Eurasia. Las montañas de Quinling están situadas en el centro de la imagen, justo al norte de la meseta tibetana. El color blanco de la nieve revela la posición de esta cadena montañosa, cuya latitud es muy similar a la de Beijing.

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El largo viaje de los primates americanos

La masa continental actualmente representada por América del sur se separó de África hacia finales del Jurásico o en los comienzos del Cretácico hace unos 140 millones de años. Este evento, y otro movimientos continentales tuvieron una gran repercusión en la distribución actual de la diversidad de los seres vivos. Los primates no somos una excepción. Según revelan los análisis moleculares, los primates primigenios pudieron aparecer hace entre 85 y 63 millones de años, mientras que el registro fósil incluye especímenes que no alcanzan esa antigüedad. En América del Sur viven numerosas especies de primates, que se integran en el grupo de los platirrinos (Platyrrhini), de hocicos planos y orificios nasales (narinas) en posición lateral. Su origen sigue siendo enigmático, aunque un reciente trabajo publicado en la revista “Nature”, liderado por Kenneth Campbell (Museo de Historia Natural de la Ángeles, California) y en el que participan científicos argentinos, apoyan la hipótesis de su origen africano.

Posición de las masas continentales hace unos 80 millones de años

Posición de las masas continentales hace unos 80 millones de años

Hasta hace un par de semanas, la especie de primate suramericano más antigua del registro fósil era Brasinella boliviana, con una datación de unos 27 millones de años. Puesto que el origen de los primates se ha estimado en un momento geológico muy posterior a la separación de las masas continentales de África y América del Sur, caben muy pocas hipótesis para explicar la presencia de primates y de otros grupos de mamíferos en este último continente. La hipótesis más aceptada supone el viaje marítimo de unas 800 millas náuticas (aproximadamente 1.500 kilómetros) en balsas naturales a favor de corrientes marinas, hoy en día desaparecidas por la distribución actual de las masas continentales. Una variante de esta hipótesis postula “saltos marítimos” desde África hacia América del sur durante el Eoceno (55-34 millones de años), aprovechando descensos del nivel del mar y la presencia de islas oceánicas formadas en la dorsal mesoatlántica.

Individuo de una especie del grupo de los tamarinos (subfamilia Callitrichinae) de América de sur.

Individuo de una especie del grupo de los tamarinos (subfamilia Callitrichinae) de América de sur.

Estas y otras hipótesis sobre las rutas migratorias de los platirrinos tienen en cuenta las diferencias con los primates catarrinos (los llamados monos del Viejo Mundo), que viven en África y Eurasia. Nosotros pertenecemos al grupo de los catarrinos (Catarrhini), que se caracterizan por hocicos más o menos prominentes y narinas abiertas hacia abajo. Los análisis moleculares no han conseguido todavía un rango temporal aceptable para la separación de los catarrinos y los platirrinos. Así que tenemos que seguir considerando la información del registro fósil como la mejor fuente para las investigaciones.

El equipo de paleontólogos del que forma parte Kenneth Campbell hallaron hace años un fabuloso yacimiento en Perú (Santa Rosa), datado del Eoceno y con una antigüedad de entre 56 y 34 millones de años. En Santa Rosa se han obtenido centenares de restos fósiles de mamíferos extinguidos. Entre los restos aparecieron varios molares, cuya morfología era muy diferente a la de las demás especies identificadas en Santa Rosa. Finalmente, y después de numerosas consultas con diferentes especialistas, se pudo concluir que los molares habían pertenecido a una especie desconocida de primate, que sus descubridores han bautizado con el nombre de Perupithecus ucayaliensis. La morfología y las dimensiones (2,6 x 3,3 milímetros) de estos molares es prácticamente idéntica a la de una especie africana, datada entre 37 y 40 millones de años en un yacimiento de Libia. La morfología de estos molares también recuerda a la de los pequeños monos tamarinos, que en la actualidad viven en la alta Amazonia, en regiones de Brasil, Bolivia, Ecuador y Perú. Este hallazgo no solo envejece en 10 millones de años la arribada de los primates al continente americano, sino que confirma su procedencia africana. Las hipótesis que postulan viajes marítimos en balsas naturales a través de océano parecen sacadas de una novela de ciencia ficción, pero solo así se puede explicar la colonización de América del Sur por el grupo de los primates y su posterior diversificación en multitud de especies.

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