Archivo por meses: febrero 2015

Primates: un mundo todavía por descubrir

En 1758 el gran naturalista sueco Carlos Linneo (Carl Nilsson Linaeus, 1707-1778) acuñó el nombre de Primates, para incluirlo en su clasificación taxonómica de los seres vivos. Linneo fue incapaz de encontrar diferencias orgánicas particulares entre nosotros y las demás especies de mamíferos. En aquella época la sociedad hubiera celebrado con alborozo que los seres humanos hubieran podido clasificarse en un grupo propio y, por descontado, muy superior al de los demás seres vivos. Pero Carlos Linneo tuvo la honradez de reconocer las similitudes entre nosotros y ciertas especies de mamíferos y fue así como quedamos incluidos en el orden de los Primates. Esta denominación, que en latín significa “los primeros”, obedecía precisamente a esta circunstancia. Los demás mamíferos eran Secundates y todos lo demás animales podían clasificarse como Tertiates. Todavía faltaba un siglo para que Charles Darwin y Alfred Russel Wallace formularan la teoría de la evolución, por lo que Linneo no podía ser consciente de la relación entre Homo sapiens y los demás primates.

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Filogenia de los primates. Fuente: revista Nature, volumen 498, número 7452, Junio 2013.

Desde que la teoría evolutiva fue aceptada y los expertos fueron capaces de establecer fechas concretas para los diferentes períodos geológicos, se ha buscado con gran interés el origen de los primates. El registro fósil cuenta con un número importante de especímenes asignados al orden Primates, que han permitido realizar aproximaciones tanto a la antigüedad de este grupo como a sus relaciones filogenéticas. La clasificación ha ido variando a medida que se conocían más datos y se establecían similitudes entre las especies extinguidas y las especies vivas. Los análisis moleculares han llegado en ayuda de los especialistas, aunque todavía no han logrado afinar lo suficiente como para tener una filogenia de consenso. Algunos análisis establecen un rango temporal de entre 63 y 77 millones de años para el inicio del grupo zoológico al que pertenecemos, mientras que otros llegan hasta los 85 millones de años. Si esta última cifra fuera la correcta, aún faltaban 20 millones de años para que un gran meteorito se estrellara contra la península de Yucatán y diera lugar a una de las mayores extinciones de la biosfera, incluyendo la de los grandes dinosaurios.

Reconstrucción de especímenes del género Plesiadapis.

Reconstrucción de especímenes del género Plesiadapis.

Esta gran extinción, ocurrida en el límite entre el Cretácico y el Cenozoico, resultó una oportunidad para las especies supervivientes. Es quizá la razón de la explosión de la diversidad de muchos grupos, incluidos los primates, que aprovecharon los nichos ecológicos vacíos en todos los ecosistemas de la Tierra. Durante mucho tiempo se consideró que los restos fósiles del género Plesiadapis representaban al primate más antiguo conocido, con fechas que oscilan entre 58 y 55 millones de años en el límite entre el Paleoceno y el Eoceno. Con independencia de que esta primera asignación fuera o no correcta, los primates primigenios seguramente tuvieron un aspecto similar al de Plesiadapis. Las quince especies fósiles catalogadas de este género no pesaban más de dos kilogramos, tenían la apariencia de una ardilla de patas largas y cabeza pequeña y sus ojos se situaban a ambos lados de la cabeza. Los campos de visión todavía no se solapaban y no era posible estimar distancias con precisión, un rasgo característico de todos los primates actuales.

Los paleontólogos han debatido y seguirán debatiendo sobre los fósiles presumiblemente asignados al orden Primates. En general, los restos conservados corresponden a dientes, mandíbulas y restos de cráneo. El esqueleto postcraneal no está bien representado y este hecho supone un hándicap importante para los expertos. Géneros fósiles como Teilhardina, encontrados en yacimientos de Europa, América del Norte y Asia, Altanius (Mongolia) o Archicebus (China), todos ellos datados de comienzos del Eoceno (56-55 millones de años) rivalizan por ser los primeros representantes conocidos del orden Primates. Las especies de estos géneros, antecesoras de los grupos actuales, tienen en común su reducido tamaño y su peso, que se estima en poco más de 30 gramos. La cantidad y diversidad de eventos geológicos y climáticos del planeta acontecidos en los últimos 65 millones de años nos llevan a reflexionar con la posibilidad de que hoy en día no estuviéramos aquí preguntándonos sobre nuestros orígenes. La enorme diversidad de especies de primates permitió que nuestro grupo pudiera superar todas las pruebas. Muchas especies han llegado hasta la actualidad. De nuestro grupo particular, los hominini, solo quedamos las dos especies de chimpancé y nosotros. Y todos en riesgo de extinción.

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El patrimonio arqueológico siempre en peligro

Entrada de Cova Eirós

Entrada de Cova Eirós

Hace varios años supe de la existencia de la Cueva de Eirós (Cova Eirós), que alberga uno de los yacimientos arqueológicos del Pleistoceno más importantes de Galicia. En este trabajan varios compañeros y buenos amigos, además de excelentes profesionales, como Xosé Pedro Rodríguez y Arturo Lombera. Cova Eirós está situada en las proximidades de la localidad de Triacastela, en la provincia de Lugo, y sus hallazgos relacionados con los neandertales y los humanos más arcaicos de nuestra especie en Europa son extraordinarios.

Aunque la cronología de este yacimiento del Pleistoceno Superior esté lejos de la antigüedad de otros lugares de la península Ibérica, su importancia es extrema. Galicia cuenta con un patrimonio muy escaso de yacimientos antiguos, debido a su particular geología. Es por ello que Cova Eirós y la región en la que se encuentra este yacimiento representan una oportunidad única para conocer la prehistoria del noroeste de nuestro país.

Grabados rupestres en las paredes de Cova Eirós

Grabados rupestres en las paredes de Cova Eirós

Hace un par de semanas recibí el email de una profesora, ya retirada (Dolores García Lasanta), en el que me pedía hacer algo para proteger el yacimiento del incontenible avance del progreso. No es la primera vez que un yacimiento importante está en peligro, ni será el último ¿Cuántos lugares habrán sido destruidos por intereses económicos? Por supuesto, mis posibilidades de apoyar de manera eficaz la defensa de Cova Eirós son muy limitadas, sino nulas. Como expliqué a Dolores, los responsables de los yacimientos de Atapuerca (Patrimonio de la Humanidad) nos hemos dejado la salud en la defensa del mejor conjunto arqueológico de Eurasia.

El modelo de Atapuerca, sin embargo, podría servir de ejemplo para otros lugares de importancia singular, como es el caso de Cova Eirós. Hace no tantos años, la economía de los alrededores de la sierra de Atapuerca dependía casi única y exclusivamente de la agricultura y la ganadería. Hoy en día, el turismo de calidad es una alternativa para muchas familias. Miles de visitantes acuden cada año a visitar los yacimientos y otras muchas atracciones relacionadas con la evolución de nuestros ancestros, incluyendo el fabuloso Museo de la Evolución Humana de Burgos.

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Paisaje de Triacastela. En www.laspain.com

En el caso de Cova Eirós, y quizá de otro muchos lugares, no es posible repetir la magnitud del fenómeno económico de Atapuerca. Estamos en época de “vacas flacas” para todo. Sin embargo, con esfuerzo e imaginación y, por supuesto, con la obligada complicidad de los responsables de la administración es posible atraer la atención de los amantes de la prehistoria. Las fuentes de riqueza de una región tienen que aprovecharse en favor de sus habitantes. Algunas de esas fuentes ofrecen pan para un tiempo limitado. Tenemos innumerables ejemplos de la necesidad de reconversión económica de regiones enteras, no siempre con éxito. Los yacimientos prehistóricos representan una fuente de conocimiento del pasado, con proyección hacia el futuro, pero también una fuente de riqueza, que no se agota. En Atapuerca y otros lugares del mundo ha quedado constancia de ello. Con este post quiero contribuir a comunicar la existencia de un lugar tan importante como Cova Eirós, situado en una de la regiones más bellas de nuestro país.

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¿Qué especie está representada en la Sima de los Huesos?

Varios lectores me han preguntado sobre la filogenia y el nombre específico de los homininos recuperados en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. No es sencillo responder a esa pregunta con pocas palabras. Me permito pues hacer una reflexión sobre lo que ha sucedido durante los últimos 39 años, desde que aparecieron los primeros restos humanos en este yacimiento. Recordemos que esos primeros hallazgos ocurrieron en 1976 y dieron origen al proyecto científico que en la actualidad se desarrolla en sima-huesosla sierra de Atapuerca.

Desde comienzos del siglo XX Europa ha sido testigo del descubrimiento de una serie de restos fósiles humanos de cierta antigüedad, que no encajaban en Homo erectus y que recordaban en varios de sus caracteres a los neandertales. Esos restos también mostraban una cierta modernidad, que sugería su posible relación con nuestra especie. En 1960, el científico norteamericano Francis Clark Howell (1925-2007) publicó en la revista Current Anthropology los resultados de su tesis doctoral en un magnífico trabajo, que pronto se convirtió en un clásico. Howell estudió los fósiles europeos y norteafricanos conocidos hasta entonces y llegó a la conclusión de que los homininos europeos eran muy particulares y diferentes a los del norte de África y, por supuesto, muy distintos a Homo erectus. Howell no se decidió por un nombre específico para los fósiles europeos, pero al menos puso las cartas encima de la mesa. Sin embargo, otros investigadores optaron por incluir a los fósiles europeos en Homo erectus, aún reconociendo que se alejaban de la morfología clásica de esta especie. Otros, en cambio, comenzaron a manejar términos tales como pre-sapiens y pre-neandertales o ante-neandertales. Estos nombres no son válidos desde el punto de vista formal de la taxonomía, pero dejaban ver la manera en la que los expertos percibían la morfología de fósiles como la mandíbula de Mauer, los restos de Tautavel, el cráneo de Swanscombe o el cráneo de Petralona. Curiosamente, la mandíbula de Mauer tenía su propio nombre, Homo heidelbergensis; pero de momento ese nombre permancia encerrado en un cajón y cogiendo polvo desde 1908.

Los restos de la Sima de los Huesos tampoco encajaban en Homo erectus y recordaban a otros fósiles europeos, como los cráneos de Steinheim (Alemania) y Swanscombe (Reino Unido) o la mandíbula de Montmaurin (Francia). El problema de la Sima de los Huesos y de la mayoría de los yacimientos europeos era la cronología. Si en África ya se estaban datando todos los fósiles mediante isótopos del potasio y el argon (gracias a la presencia en los yacimientos de tobas volcánicas) en Europa las dataciones cuantitativas se resistían. En el yacimiento de la Sima de los Huesos se han llegado a obtener fechas de entre 200.000 y más de 600.000 años. Esto mismo había sucedido con otros fósiles y, obviamente, un rango temporal tan amplio resultaba inaceptable.

Entretanto, investigadores como Chris Stringer, Günter Brauer y Phillip Righmire propusieron en los años 1980 que nuestra especie y los neandertales (Homo neanderthalensis) tuvimos un antepasado común, cuya cronología estimaron de manera provisional en medio millón de años. Como la especie Homo erectus no parecía la mejor candidata para ser el ancestro común, estos científicos buscaron en el baúl de los recuerdos y se encontraron con Homo heidelbergensis. De este modo, el nombre que Otto Schoetensack propuso en 1908 para la mandíbula de Mauer pasó a ser un ilustre antecesor de nuestra genealogía. En esta especie podían caber algunos fósiles africanos y, por supuesto, todos los fósiles europeos que pedían a gritos un nombre propio. Muchos lo aceptaron de buen grado y otros a regañadientes. Pero en poco tiempo el nombre H. heidelbergensis acogió a muchos restos huérfanos de nombre, incluyendo a varios de China. La especie podía tener un rango cronológico de entre 600.000 y unos 200.000 años (Pleistoceno Medio). A finales de este último período habrían aparecido Homo sapiens en África y Homo neanderthalensis en Europa.

Fue en este contexto histórico cuando hubo que asignar nombre a la fabulosa colección, que poco a poco estaba surgiendo de las profundidades de la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca. En 1997 los homininos de la Sima de los Huesos se metieron en el cajón de Homo heidelbergensis. En cualquier caso, todos de los que tuvimos la fortuna de estudiar sus diferentes partes esqueléticas, incluidos los dientes, dejamos claro que estos humanos estaban muy relacionados con los neandertales. Nuestra conclusión fue unánime y aceptada por toda la cominidad científica.

Los métodos de datación se han ido perfecccionando con gran rapidez y ahora se dispone de fechas muy fiables para algunos de los fósiles europeos. En la Sima de los Huesos se ha obtenido un dato en torno a los 400.000 años, que encaja bien con la fauna fósil del yacimiento y con la geología general de la sierra de Atapuerca y sus alrededores. Al mismo tiempo, el ADN mitocondrial de uno de los restos ha revelado que existe relación con los neandertales, aunque parece más cercana su “relación genética” con los denisovanos de Siberia. La posible secuenciación de ADN nuclear, que nos anuncia Svante Pääbo para fechas no muy lejanas, zanjará esta cuestión tan curiosa e interesante.

En 2014 la revista Nature publicó una descripción muy pormenorizada de 14 nuevos cráneos (algunos muy completos) y varios centenares de restos del esqueleto postcraneal de la Sima de los Huesos. En esta publicación, el equipo de Atapuerca rompió por primera vez con el esquema tradicional y propuso formalmente sacar a los homininos de la Sima de los Huesos del cajón de Homo heidelbergensis. Esta decisión ha movido los cimientos de la evolución humana en Europa, que ya estaba un tanto agitada. Hallazgos como el cráneo de Ceprano, de aspecto muy primitivo y 400.000 años de antigüedad, contrastan con los humanos de la Sima de los Huesos y otros muy similares (Swanscombe, Steinheim o Pontnewydd), que pueden tener una cronología de entre 200.000 y 400.000 años. Al mismo tiempo, los restos Tautavel y la propia mandíbula de Mauer no son tan arcaicos como el cráneo de Ceprano, pero si parecen más primitivos que los humanos de la Sima de los Huesos. ¿Hubo entonces en Europa dos ó más especies o subespecies? No podemos asegurarlo, pero lo cierto es que la diversidad de los humanos del Pleistoceno Medio de Europa fue increíble.

¿Que hacer entonces con los humanos de la Sima de los Huesos? A finales de marzo se discutirá todo este asunto en el congreso americano de antropología, que este año se celebra de San Luis (Misuri, USA). Se pueden proponer varias soluciones, incluyendo la posibilidad de nombrar una nueva especie para ellos. Sin embargo, me temo que esta solución tendría pocos apoyos en la comunidad científica. Demasiadas especies en tan poco tiempo y en un territorio relativamente pequeño. Lo más razonable desde el punto de vista de la biología sería ampliar el rango de la especie Homo neanderthalensis hasta los 400.000 años. En ese caso, los humanos de la Sima de los Huesos pertenecerían a una forma primitiva de esta especie, que evolucionó en Eurasia hasta su extinción hace unos 40.000 años. Y todo ello sin olvidar que muchos de los caracteres craneales de los humanos de la Sima de los Huesos son muy diferentes a los de los neandertales clásicos. Es por ello que desde el punto de vista de la paleontología tampoco sería una temeridad incluir a los humanos de la Sima de los Huesos en una especie propia. No se puede olvidar que muchas especies humanas (incluida Homo heidelbergensis) se han propuesto con un único ejemplar. En la Sima de los Huesos se han obtenido 7.000 restos de un mínimo de 28 individuos. Esta colección merecería su propio nombre específico y sería una referencia obligada para los demás yacimientos.
Cualquiera que sea la solución, también habrá que pensar muy bien que se puede hacer con el cráneo de Ceprano o con la mandíbula de Mauer. Si se sigue manteniendo la especie Homo heidelbergensis (algo muy probable por el momento) quedará por explicar la coexistencia en Europa de al menos dos o tres especies en la misma época. Sin duda, se avecinan cambios y debates muy interesantes en los próximos meses. En San Luís tomaré muchas notas y prometo contarlas en este blog.

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