Archivo por meses: Mayo 2015

Batallas tribales hace miles de años

Cuando hace algunos años los miembros del equipo investigador de Atapuerca nos planteamos el origen de la acumulación de los homininos de la Sima de los Huesos, se propusieron varias hipótesis alternativas. Con el paso de los años la posibilidad de una acumulación antrópica intencionada fue ganando terreno a las demás hipótesis. La presencia de 27 ó 28 cadáveres en un lugar tan profundo y recóndito de la Cueva Mayor de Atapuerca junto al bifaz “Excalibur” (la única herramienta del yacimiento) apuntaba en esa dirección. Siempre hemos descartado un transporte de cadáveres a través de los 500 metros que en la actualidad separan la entrada de la Cueva Mayor de la Sima de los Huesos, aunque hasta el momento no se ha podido encontrar el acceso original para llegar hasta el yacimiento desde el exterior.

Cráneo 17 de la Sima de los Huesos. Foto realizada por Javier Trueba.

Cráneo 17 de la Sima de los Huesos. Foto realizada por Javier Trueba.

Como sucede siempre en ciencia, las hipótesis pueden rechazarse gracias a los datos en su contra, pero nunca podemos afirmar que una hipótesis es verdadera. En todo caso, podemos afianzar esa hipótesis con los datos que la apoyan. Esto es lo que está sucediendo con la hipótesis de la acumulación antrópica e intencionada para el conjunto de humanos de la Sima de los Huesos.

Todos los restos están concentrados en una cavidad de dimensiones muy reducidas, a la que solo se puede acceder por la boca de la Sima. La profundidad en vertical de la cavidad es de 14 metros. Cuando tocamos fondo, aún restan otros 14 metros en un plano inclinado antes de llegar a lo más profundo de la Sima de los Huesos. Además, los esqueletos aparecen en un único nivel. Su morfología es tan similar que casi podemos decir (a primera vista) que estaban emparentados. Quizá el estudio de ADN en un futuro no muy lejano nos aclare esta cuestión. Al menos sabemos que todos los humanos allí representados pertenecieron a una misma población. El último dato sobre su antigüedad (unos 430.000 años) parece haber satisfecho a propios y extraños. Estos humanos vivieron en una época interglaciar de larga duración, en la que la sierra de Atapuerca debió estar ocupada de manera continua e intensa por diferentes grupos a lo largo de miles de años. Su presencia ha quedado grabada en varios de los yacimientos de la sierra.

asesinatoEn 2014 se publicó en la revista Nature la descripción general de los cráneos reconstruidos hasta el momento en la Sima de los Huesos. En lo sucesivo, el equipo que estudia este material tan importante dedicará años al estudio de muchos detalles importantes. Uno de esos detalles se acaba de publicar en la revista PLOS ONE. Y no es un detalle menor, porque el estudio revela la posibilidad de la muerte violenta de uno de los humanos (representado por el cráneo 17) a manos de otro. Este dato sugiere que la presencia de tantos cadáveres en la Sima de los Huesos podría ser el resultado de una verdadera batalla campal por el dominio del territorio. Recordemos que los eventos de canibalismo inferidos del estudio de los restos de Homo antecessor (850.000 años de antigüedad) también sugieren la lucha por el control de un territorio, seguramente paradisíaco.

El trabajo publicado en PLOS ONE y liderado por la Dra. Nohemi Sala es una investigación forense extraordinaria, digna de las series televisivas de mayor audiencia. El cráneo 17 presenta dos perforaciones de tamaño y forma muy similar en el hueso frontal, que pudieron ser realizadas con el mismo arma y de manera consecutiva. Sin duda, con intención de matar. Puesto que las perforaciones craneales (que son contiguas) no muestran signos de regeneración ósea es obvio que el propietario o propietaria del cráneo 17 falleció a causa de esta agresión. Además, el 70 por ciento de los cadáveres acumulados en la Sima de los Huesos pertenecieron a jóvenes adolescentes y adultos de menos de 20 años. Este perfil demográfico es de tipo catastrófico, como ya hemos contado en publicaciones científicas anteriores. Es por ello que ahora se puede especular con una lucha de los miembros de tribus vecinas. Los niños y la mayor parte de los ancianos y ancianas de esas tribus no habrían participado en la lucha, ya que sus cuerpos no aparecen en la Sima de los Huesos. Los muertos habrían sido arrojados de manera intencionada en el interior de la cavidad. Las razones de este comportamiento, que recuerda a lo que más tarde se transformó en la inhumación de los cadáveres, y lo que pasó por las mentes de aquellos humanos no han dejado evidencias científicas. Así que tendremos que dejar tales asuntos para quienes gustan de contar historias.

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Una joya arquitectónica de la evolución humana

Vista del palacete que alberga el Institut de Paléontologie Humaine. La entrada principal esta situada en la calle René Panhard.

Vista del palacete que alberga el Institut de Paléontologie Humaine. La entrada principal esta situada en la calle René Panhard.

Hace unos 30 años tuve ocasión de visitar por primera vez el “Institut de Paléontologie Humaine” (IPH) de París, situado entre la calle René Panhard y el bulevar Saint Marcel y a poco más de 300 metros de la estación de tren de Austerliz. Nunca olvidaré la primera visita al IPH, por la impresión que me causaron el edificio, sus salas y sus colecciones. Esta institución, fundada en 1910 por Alberto I de Mónaco, fijó su sede en un precioso palacete construido bajo la dirección del arquitecto Emmanuele Pontremoli e inaugurado en 1912. La Fundación Alberto I de Mónaco fijó sus objetivos en el estudio de la prehistoria y la evolución humana, haciendo hincapié en la exploración de los yacimientos de Francia y de otros países. Más adelante, el IPH se implicó en la conservación de las piezas recuperadas, en la participación de numerosos actos académicos y en la enseñanza.

Vista de la sala de conferencias del IPH, que transmite la solemnidad que tenían las reuniones durante la mayor parte del siglo XX.

Vista de la sala de conferencias del IPH, que transmite la solemnidad que tenían las reuniones durante la mayor parte del siglo XX.

Es importante recordar que la prehistoria de Francia fue durante muchos años una referencia fundamental para Europa y para el resto del mundo, sin la que no es posible entender lo que ha venido después. La prehistoria y la evolución humana fueron mantenidas por grandes fortunas y afamados profesionales, que cogieron el testigo de Charles Darwin y Alfred R. Wallace. La preocupación por nuestros orígenes se acrecentó después de que la teoría de la evolución fuera ganando adeptos y llegara hasta las casas reales europeas. En la actualidad, el IPH de París está relacionado con el cercano Museo de Historia Natural de París y situado en un barrio de calles estrechas, cuyas placas recuerdan los nombres de los grandes científicos naturalistas de Francia. Casi diría que este barrio es un verdadero museo dedicado a las ciencias naturales. Un paseo por estas calles, con intenso sabor parisino, produce sana envidia al recordar lo que nuestro vecino país ha dedicado a estos ámbitos de la ciencia en siglos pasados.

Vista parcial de la biblioteca del IPH, que alberga una colección impresionante y única de libros sobre la prehistoria de Francia.

Vista parcial de la biblioteca del IPH, que alberga una colección impresionante y única de libros sobre la prehistoria de Francia.

Volviendo al IPH, su interior muestra el paso de los años en algunas de las salas. El mantenimiento del esplendor de la primera mitad del siglo XX de tantos y tantos lugares emblemáticos de París no debe ser nada sencillo. Aún así, impresiona contemplar los laboratorios o la biblioteca, cuyas paredes están totalmente forradas de maderas nobles. Esta salas albergan colecciones de un valor incalculable. Durante muchos años los jóvenes españoles que visitábamos el IPH soñábamos con disponer de instituciones similares en nuestro país dedicadas en exclusiva al estudio de la prehistoria y la evolución humana. El Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de Cataluña, ha comenzado su andadura con grandes profesionales y tal vez algún día podrá tener el “glamour” del Institut de Paléontologíe Humaine de Paris.

El Profesor François Semah y el Dr. Sofwan Noewerdi en Gran Dolina.

El Profesor François Semah y el Dr. Sofwan Noewerdi en Gran Dolina.

En una de las imágenes que acompaña a este texto podemos ver al actual director del IPH, el Profesor (y buen amigo) François Semah, junto al Dr. Sofwan Noerwidi (Gadjah Mada University, de Yakarta, República de Indonesia) en el yacimiento de la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca. Esta visita, realizada el pasado viernes 22 de mayo, representa el comienzo de una cooperación entre miembros del equipo de Atapuerca y el equipo formado hace ya algunos años por científicos franceses e indonesios. La experiencia del Grupo de Antropología Dental de Atapuerca en antropología virtual será el ingrediente que pongamos en esta colaboración, que promete ser muy fructífera en años venideros.

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¡Mi hijo no come bien!

Como es lógico, las madres y padres nos preocupamos de que nuestros hijos se alimenten lo mejor posible. En general, los niños y niñas tienen buen apetito hasta que cumplen los dos años y medio. Algunos devoran todo lo que se les pone por delante. Buen síntoma. Si todavía se alimentan de leche materna, necesitarán incluso complementos para satisfacer sus necesidades. A partir de los 36 meses, aproximadamente, ese apetito irá decreciendo poco a poco y comenzaremos a preocuparnos. No obstante, y si todo marcha bien, los niños y niñas seguirán comiendo de manera razonable, especialmente si crecen sanos y juegan sin descanso. Pero llega un momento en que el apetito parece desaparecer y los padres podemos llegar a perder la paciencia, en particular cuando nuestros hijos se eternizan delante de un plato de comida ¿Qué está sucediendo?
crecimiento
Pues no sucede nada grave, sino que hacia los seis ó siete años el cerebro ha dejado de crecer y el consumo de energía de este órgano se limita sobre todo a su mantenimiento. Además, la velocidad de crecimiento corporal ha ido cayendo de manera progresiva. El declive se mantendrá hasta los 9 ó 10 años en la niñas y hasta cerca de los 12 años en los niños. Antes de esa edad los niños necesitan sobre todo hidratos de carbono. Las proteínas han sido muy necesarias en los primeros años de vida y aún lo serán más durante el estirón puberal (ver gráfica).

Curva de crecimiento en niños y niñas. Fuente: Prof. Barry Bogin, “Patterns of Human Growth”, Cambridge University Press.

Curva de crecimiento en niños y niñas. Fuente: Prof. Barry Bogin, “Patterns of Human Growth”, Cambridge University Press.

De ahí que a partir de los cuatro años nuestros hijos solo quieran comer pizza y macarrones. No es preocupante. Solo es un síntoma de la forma en que crecemos los humanos. También nos molesta que digan NO a muchos alimentos que a nosotros nos encantan. No se trata de manías. Todo se pondrá en su sitio cuando sean adultos.  ¿Es que acaso hemos olvidado nuestra infancia y los años que preceden a la adolescencia? Por supuesto, ¡claro que hemos olvidado nuestras manías alimentarias!

En realidad solo se trata de la “estrategia” particular del crecimiento y desarrollo de nuestra especie. Como decía más arriba, el cerebro deja de crecer hacia los seis o siete años. Sin embargo, el desarrollo cerebral ha de continuar por mucho tiempo. Como ya he contado en un post anterior, ese desarrollo no se completará hasta el final de la tercera década de la vida. Así que nuestro crecimiento corporal se ralentiza dejando pasar el tiempo hasta que llega la pubertad, para desesperación de los padres. Cuando llega el estirón puberal el crecimiento se dispara (sobre todo en los niños) con una velocidad de crecimiento impresionante. Si fuera posible, tendríamos que guardar los alimentos que nuestros hijos e hijas no se querrán comer antes de la pubertad, porque recuperarán el apetito perdido hasta límites increíbles.

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