Archivo por meses: octubre 2015

Solidaridad

Desde hace años me he preocupado y ocupado de conocer los aspectos de comportamiento que nos acercan a otros primates y en particular a los chimpancés Pan paniscus (los bonobos) y Pan troglodytes (los chimpancés comunes). Estos primates y nosotros compartimos un antecesor común que, según las estimaciones de los genetistas, vivió en África hace entre seis y siete millones de años. La distancia genética entre ellos y nosotros, de aproximadamente 1,5%, parece pequeña pero es importante en términos relativos. Solo tenemos que pensar que cada linaje ha tenido su propia evolución independiente y hemos ido acumulando diferencias derivadas de nuestras particulares adaptaciones a ambientes muy distintos. No obstante, también hemos mantenido similitudes muy notables en nuestra anatomía, fisiología e, incluso, en nuestro comportamiento. Unos y otros somos territoriales, tribales, jerárquicos, compartimos modelos de comportamiento social y sexual, etc. La lista de rasgos etológicos observados por los especialistas es sorprendentemente larga y francamente interesante.
leones
Sin embargo, nuestra adaptación más sobresaliente, la cultura, se ha superpuesto a la propia biología enmascarando en muchos casos las características basales de comportamiento. En otros casos, se han reforzado otras formas de comportamiento que, algunos consideran novedosas, pero que también forman parte del repertorio de comportamiento de nuestros parientes africanos. Uno de esos caracteres: la solidaridad, ha sido ya observada e investigada en los chimpancés. Estos primates comparten la comida aún cuando sea escasa, defienden a sus congéneres y ayudan a la supervivencia de los que se encuentran en peligro aún a costa de su propia vida. Sobre la solidaridad de los humanos he reflexionado de manera íntima y ahora lo hago en este blog.  ¿Qué nos impulsa a ser solidarios?

Por descontado, muchos de los lectores y lectoras estarán de acuerdo conmigo en que la solidaridad no es un rasgo compartido por todos los humanos. O, al menos, el grado de solidaridad es sumamente variable en los miembros de nuestra especie. Si esta característica nos ha llegado a través de nuestro antecesor común y la compartimos con los chimpancés es evidente que el ADN algo tiene que ver en ello. Nuestra mayor capacidad cognitiva y, en la mayoría de los casos, nuestra mayor capacidad intelectual juegan también un papel destacado en las formas más desarrolladas de solidaridad de Homo sapiens. Como sucede siempre, genes y ambiente (cultural y social en este caso) se unen para definir cualquier característica.

solidaridadUna evidencia a favor del papel del ADN en el comportamiento solidario es que muchas de las acciones a favor de los demás son totalmente espontáneas, cuando un hecho concreto lo requiere. Podemos atender a una persona herida en un accidente (por poner un ejemplo) sin pensar en la implicaciones y complicaciones que ello conlleva. Tampoco pensamos demasiado en gastar un par de euros en favorecer el banco de alimentos, tan necesario en estos momentos. O ayudamos de manera espontánea a cruzar la calle a un invidente. En otros casos existe una meditación sobre el propio acto solidario. Muchas personas se juegan la vida cada día ayudando en zonas catastróficas, aún a miles de kilómetros de distancia. En este caso existe el impulso y también la premeditación. Es posible que muchos se sientan anímicamente mejor después de un acto solidario. Es la recompensa “mental” por ese acto. Pero es solidaridad al fin y al cabo, un comportamiento sin el que la especie humana estaría ya en riesgo de extinción.

Por lo que sabemos del comportamiento de otros primates, la solidaridad de los humanos no resulta un hecho extraordinario en sí mismo. Es esperable y alcanza cotas increíbles. Lo que resulta anómalo, extraño y aterrador es precisamente lo contrario: la insolidaridad.

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El último ancestro común de los neandertales y de los humanos modernos

Hace 18 años, en mayo de 1997, propusimos una hipótesis descabellada: la nueva especie hallado en el nivel TD6 de Gran Dolina, Homo antecessor, podía ser el último ancestro común de los neandertales y de los humanos modernos. Ese ancestro se había buscado con gran interés, una vez que la mayoría habíamos aceptado que Homo sapiens y Homo neanderthalensis somos especies distintas, aunque con un origen común.

Una de las últimas predicciones sobre el último antecesor común de neandertales y humanos modernos de Jonathan Pritchard, Universidad de Chicago.

Una de las últimas predicciones sobre el último antecesor común de neandertales y humanos modernos de Jonathan Pritchard, Universidad de Chicago.

Después de tanto tiempo Homo antecessor ha sido aceptada por una gran mayoría de colegas. Algunos son todavía reticentes, simplemente por el hecho de que en Europa no han vuelto a encontrarse más restos fósiles humanos del Pleistoceno Inferior que los hallados en el yacimiento de la cueva de la Sima del Elefante, a 200 metros de distancia de la cueva de la Gran Dolina. Tendremos que poner solución a este problema excavando más tiempo en el yacimiento de Gran Dolina, para tener pronto una colección incuestionable de cientos de restos de Homo antecessor. También esperamos que se encuentren fósiles humanos de esa época en otros yacimientos europeos. Solo así saldremos de dudas.

Mientras tanto, las investigaciones sobre el ADN de los neandertales y de los humanos de la Sima de los Huesos continúan. Hace pocas semanas relataba en este blog la comunicación de los primeros resultados de Mathias Meyer y su equipo de genetistas en el congreso de la ESHE en Londres. Mathias Meyer adelantó entonces  datos preliminares sobre el ADN nuclear de los humanos de este yacimiento de la sierra de Atapuerca. Los resultados confirmaban lo que venimos apuntando desde que empezamos a estudiar los dientes, las mandíbulas, los cráneos o los huesos del esqueleto postcraneal. Los humanos de la Sima de los Huesos están directamente emparentados con los neandertales. El ADN nuclear lo confirmará más tarde o más temprano. Estoy seguro de ello. Otra cuestión es averiguar que grado de parentesco tienen unos y otros y que nos pueden enseñar los resultados de Mathias Meyer y sus colegas del Instituto Max Planck de Alemania sobre la evolución humana de Europa durante el Pleistoceno Medio.

Sin embargo, ya podemos estar seguros de una cosa: el último ancestro común de los neandertales y los humanos modernos es mucho más antiguo de lo que predicen los modelos publicados por los genetistas en los últimos años. Durante un par de décadas, estos investigadores han venido defendiendo la idea de que ese ancestro común no puede ser más antiguo de unos 400.000 años. Quienes hemos estudiado los fósiles humanos de Atapuerca hemos postulado que esa cronología tiene que retrasarse varios miles de años. A decir verdad, nuestra hipótesis ha tenido escasa credibilidad. Pero es posible que el tiempo nos de la razón. La antigüedad de los humanos de la Sima de los Huesos quedó fijada en 2014 en unos 430.000 años. Si en aquel momento el modelo humano neandertal (bien visible en los humanos de la Sima de los Huesos) ya estaba plenamente consolidado solo podemos admitir que el último ancestro común de los humanos modernos y de los neandertales tuvo que ser necesariamente mucho más antiguo.

Parte inferior de la cara del llamado “Chico de la Gran Dolina”, ATD6-69, con caracteres casi totalmente modernos (850.000 años de antigüedad).

Parte inferior de la cara del llamado “Chico de la Gran Dolina”, ATD6-69, con caracteres casi totalmente modernos (850.000 años de antigüedad).

Este humano hipotético tuvo que tener caracteres generalistas, todavía sin decantarse de manera clara ni hacia la humanidad actual ni hacia los neandertales. Alguna población de cierta especie se separó en dos linajes, cada uno de los cuales fue adquiriendo su propia personalidad. Al final, uno de los linajes evolucionó hacia una población similar a la de los Sima de los Huesos y más tarde culminó en los llamados “Neandertales Clásicos” del Pleistoceno Superior. El otro linaje fue derivando en la dirección de los humanos modernos. Como la Sima de los Huesos tiene 430.000 años y los humanos encontrados en este yacimiento habían derivado claramente hacia los neandertales no nos queda más remedio que retroceder en el tiempo ¿Hasta cuándo? Muchos genetistas ya se están haciendo preguntas sobre esto, lo que supone un pasó adelante en nuestra hipótesis.

Pues resulta que Homo antecessor (850.000 años) tiene una configuración facial muy similar a la nuestra, junto con incipientes rasgos compartidos con los neandertales. Esos caracteres (antes considerados exclusivos de los neandertales) aparecieron hace mucho tiempo y están presentes en los humanos del nivel TD6 de Gran Dolina. Así que nuestras afirmaciones de 1997 no iban desencaminadas. Esto no quiere decir que volvamos de inmediato a la hipótesis primigenia publicada de “Science”, pero podemos afirmar que Homo antecessor es, por el momento, la especie que más se aproxima en su morfología al último ancestro común de los neandertales y los humanos modernos. Algunos colegas, como el profesor Chris Stringer, ya están reconsiderando nuestra propuesta y es posible que sea él o cualquier otro colega quién reivindique el papel de Homo antecessor en la filogenia humana. Además, muchos genetistas están reconociendo que tal vez sus estimaciones estén equivocadas. La tasa de mutación, que utilizan en sus conclusiones sobre el tiempo de un evento (como el momento de separación de dos linajes) no es un dato aceptado por unanimidad. Las discrepancias entre los expertos son considerables. Nada se opone a que el último antecesor común de las poblaciones modernas y los neandertales apareciera hace nada menos que un millón de años. De ser así, Homo antecessor optaría de nuevo a esa candidatura. Cuando se publiquen resultados más consistentes del ADN nuclear de la Sima de los Huesos tendremos más respuestas. Es solo cuestión de esperar con paciencia.

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Seguimos siendo cazadores y recolectores. El proyecto “Paleolítico vivo”

No sin cierta polémica por parte de los ganaderos de la comarca de los Juarros (Xuarros), el proyecto “Paleolítico Vivo” sigue adelante. Esta comarca, situada a los pies de la sierra de la Demanda y a pocos kilómetros de la sierra de Atapuerca, es extremadamente rica en pastos y bosques de robles, pinos y olmos, bien regados por los cursos fluviales que dan vida al río Arlanzón. A decir de muchos, el topónimo “xuarros” significa “olmos” en euskera y se une a otro muchos topónimos de esta comarca derivados directamente de esta lengua.

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Ejemplares de Bison bonasus en el parque natural de la sierra de la Demanda (Burgos). Foto, Eduardo Cerdá

La idea de utilizar zonas poco pobladas y casi abandonadas para crear un parque natural, en la que convivan las especies salvajes que no hace tanto tiempo sirvieron de alimento a nuestros antepasados se está materializando. Primero fueron los uros (Bos primigenius), de los que se obtuvieron las razas actuales de ganado bovino. Luego llegaron los caballos tarpanes “przewalski” (Equus ferus przewalski) y ahora han desembarcado los bisontes (Bison bonasus). Todos ellos convivieron con nosotros y sirvieron de alimento a los cazadores y recolectores del Pleistoceno hasta la llegada de la cultura neolítica. La agricultura extensiva y la domesticación de todos estos animales para conseguir ejemplares dóciles y fácilmente manejables cambió en unos pocos miles de años el estilo de vida de la mayoría de los humanos del planeta. Para bien o para mal nos fuimos alejando de la naturaleza. La agricultura y la ganadería, como forma de vida, fue quedando para unos pocos, mientras que la mayoría nos integramos en las grandes ciudades.

La vida urbana no es nuestro medio natural, al que todavía no hemos conseguido adaptarnos desde el punto de vista genómico. Aunque hemos prolongado nuestra expectativas de llegar hasta edades avanzadas, nuestra tercera edad padece nuevas enfermedades derivadas de un estilo de vida cuando menos discutible (alimentación inadecuada y obesidad, diabetes, cáncer, hipertensión, degeneraciones neuronales, etc.). Quizá añoramos nuestro estilo de vida sin el estrés continuado, que nos pone en guardia permanente durante la mayor parte del día. De ahí que el proyecto “Paleolítico Vivo” terminará por tener un gran éxito en pocos años. No se trata solo de disfrutar durante unas horas un paisaje idílico, con el aliciente de avistar los animales salvajes y huidizos, sino de llegar a pernoctar en el propio parque natural. A pesar de las voces críticas, pienso que la coexistencia es posible si los territorios en explotación están bien definidos.

¿Echaríamos de menos las comodidades de la vida urbana? ¿o quizá nos olvidemos del televisor, del teléfono móvil o del ordenador? Apuesto a que solo en un par de días dejaríamos atrás nuestras preocupaciones y nos integraríamos en el medio natural. Lo queramos o no, nuestro genoma sigue siendo prácticamente idéntico al de los cazadores y recolectores del Paleolítico o del Mesolítico. Los pequeños cambios genómicos de los últimos 12.000 años experimentados por nuestra especie apenas son una minucia en comparación con los impresionantes avances tecnológicos del primer mundo.

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