Archivo por meses: Noviembre 2015

Humanos, hienas y glaciares: ¿Qué sucedió en la sierra de Atapuerca hace 600.000 años?

El yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca, es una fuente inagotable de información sobre lo acontecido en la meseta Norte de la península Ibérica durante casi un millón de años. El sondeo arqueológico de seis metros cuadrados, que se llevó a cabo entre 1993 y 1999, ya nos dejó un conjunto de datos extraordinario, que se sigue usando en la actualidad y no tan solo para planificar la excavación en extensión de todos los niveles.

Crocuta crocuta

Crocuta crocuta

El nivel TD8, que volveremos a excavar dentro de tres o cuatro años, contiene centenares sino miles de restos fósiles de diferentes especies de mamíferos. Entre los grandes herbívoros destacan los bisontes, ciervos (de varios tamaños), gamos, caballos, hipopótamos, rinocerontes y jabalíes. Los carnívoros más llamativos están representados por la hiena moteada (Crocuta crocuta) y otra especie (todavía por identificar) muy similar a la hiena rayada (Hyaena hyaena). También destaca la presencia de pantera (Panthera gombaszoegensis). En este nivel, del que solo se han excavado unos 15 metros cuadrados, no ha proporcionado herramientas de piedra. Tampoco se han encontrado restos de homininos. Los expertos opinan que cuando se depositó este nivel en la cueva, hace en torno a los  600.000 años, es posible que la entrada fuera muy estrecha. Esta situación, unida al exceso de humedad y la escasa cantidad de luz habría sido un motivo importante para el desinterés de los humanos por la cueva. En esta situación, Gran Dolina podría habría sido un lugar de refugio para los carnívoros y, de manera alternante, un buen cubil para las hienas. Pero hay otra interpretación: quizá en aquel momento no había humanos en esa región y tal vez tampoco en el resto de Europa.

Para contrastar esta hipótesis, Guillermo Rodríguez  (que acaba de defender su tesis doctoral) ha realizado una comparación entre los niveles TD6 y TD8. La diferencia fundamental entre los dos niveles es que en TD6 se han encontrado numerosos restos de Homo antecessor. Es evidente que hace 850.000 años la cueva de la Gran Dolina era perfectamente accesible tanto para los humanos como para los carnívoros. En ocasiones pudo ser un refugio para estos últimos, pero la entrada de la cueva también sirvió de campamento a los humanos. En TD6 se ha recuperado un conjunto de mamíferos herbívoros similar en su composición al de TD8, además de la hiena moteada y la pantera. Falta la otra hiena, que hace 850.000 años aún no había entrado en Europa.

Guillermo Rodríguez se planteó en su tesis doctoral una pregunta, que está muy presente entre los prehistoriadores europeos: ¿desaparecieron los homininos de Europa durante los períodos glaciares que dominaron el hemisferio norte hace entre 760.000 y 600.000 años? Para responder a esta pregunta, Guillermo Rodríguez diseñó un modelo, en el que se simulaba la cantidad de energía necesaria para alimentar a los carnívoros del ecosistema de la meseta Norte de la península Ibérica. No quiero ser prolijo en la exposición del modelo (publicado por la revista PLOS ONE en 2014), sino tratar de ser lo más sintético posible en explicar los resultados del estudio. Los datos obtenidos en el modelo sugieren que la cantidad de carne disponible en la sierra de Atapuerca para el consumo de los predadores habría sido insuficiente hace 600.000 años, caso de que los humanos hubieran formado parte del ecosistema. Su presencia habría significado una dura competencia con las dos especies de hiena y con las panteras. Por el contrario, hace 850.000 años Homo antecessor solo tenía que competir con una especie de hiena y la cantidad de carne disponible era más que suficiente ¿Significa esto que la competencia con los carnívoros –y en particular con las hienas- fue la causa de la ausencia de humanos hace 600.000 años en la sierra de Atapuerca?

Páramos de Castilla y León

Páramos de Castilla y León

No es sencillo responder a esa pregunta. Los dataciones más fiables de los yacimientos europeos de finales del Pleistoceno Inferior sostienen que pudo haber una vacío de población hace entre 800.000 y 700.000 años. Las condiciones climáticas en ese período fueron muy duras en el hemisferio norte. Quizá los miembros de Homo antecessor pudieron sobrevivir en refugios de las penínsulas de sur de Europa, como sostienen algunos expertos. Pero de momento no hay evidencias consistentes para asegurarlo. Por ahora solo podemos saber que hace unos 700.000 años Europa comenzó a ser re-colonizada por homininos portadores de una nueva tecnología de tradición africana, quizá procedentes del suroeste de Asia.

El caso particular de la sierra de Atapuerca, la posible ausencia de humanos durante un largo período de tiempo pudo estar condicionado tanto por la competencia con otros predadores como por las condiciones climáticas de la Meseta. En la actualidad (un período interglaciar) la temperatura media anual (la máxima) de la ciudad de Burgos es de 10,5º ¿Cuál pudo ser esa temperatura media en un período glacial? No olvidemos que la cota más elevada de la meseta Norte es de 1.024 metros, una altitud nada despreciable en las condiciones glaciales del hemisferio norte.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Orígenes de la diversidad de la población europea moderna

La revista “Nature” acaba de publicar un artículo de síntesis sobre el ADN de 230 individuos, que vivieron en el oeste de Eurasia hace entre 6.500 y 300 años. Se trata del trabajo más completo realizado hasta el momento de esta población, que ha necesitado la colaboración de varios Departamentos universitarios y hospitalarios de medio mundo, así como del apoyo de los responsables de numerosos yacimientos arqueológicos. En la muestra estudiada figuran restos de dos yacimientos de la península Ibérica comprendidos entre 4.200 y 5.900 años. Uno de esos yacimientos, la cueva del Mirador, se encuentra en la sierra de Atapuerca. El yacimiento de esta cueva y el de la cueva del Portalón (también en la sierra de Atapuerca) están aportando una información muy valiosa sobre el genoma de los pobladores del Holoceno de la península Ibérica.

Resto esquelético de una mujer joven en el yacimiento de el Mirador, sierra de Atapuerca, que forma parte del estudio del ultimo estudio en la revista “Nature”

Resto esquelético de una mujer joven en el yacimiento de el Mirador, sierra de Atapuerca, que forma parte del estudio del ultimo estudio en la revista “Nature”

Los 230 genomas han sido comparados con la base de datos que comparten varios laboratorios sobre los cazadores y recolectores, que vivieron en Europa y el suroeste de Asia hace entre 7.000 y 8.000 años, antes de que el la cultura neolítica dominara por completo el paisaje de estas regiones y nos transformáramos en agricultores y ganaderos.

El trabajo publicado en “Nature” contiene números tecnicismos, propios de un ámbito tan complejo como la genética de poblaciones del pasado. Su alcance, como proyecto de largo recorrido y nivel global, trata de conocer más detalles de la compleja dinámica de las poblaciones de nuestra especie en su expansión por el del planeta durante más de 100.000 años. Pero podemos extraer algunas de la conclusiones más interesantes de este trabajo. Por ejemplo, ya se puede afirmar que la base esencial de la población europea actual tiene tres componentes: 1-cazadores y recolectores del Mesolítico, descendientes de los primeros colonos de Homo sapiens que poblaron Europa hace unos 40.000 años; 2- agricultores, procedentes en su mayoría del llamado Creciente Fértil del suroeste de Asia (uno de los centros más importantes del Neolítico del planeta); y 3- pastores de las tribus Yamnaya, desarrolladas en Siberia y la regiones situadas al norte del mar Negro durante la edad del cobre (Calcolítico) y la edad del bronce. La diversidad europea actual (y sus diferentes lenguas) está condicionada por la mayor o menor influencia de estas poblaciones. De ahí que ahora seamos capaces de distinguir a un grupo de escandinavos de un grupo procedente de algún país del Mediterráneo.

Posibles movimientos de agricultores y ganaderos desde el suroeste de Asia hacia Europa durante el Holoceno.

Posibles movimientos de agricultores y ganaderos desde el suroeste de Asia hacia Europa durante el Holoceno.

Pero es muy conveniente aclarar que nuestra diversidad también ha estado condicionada por la selección de los alelos de ciertos genes. Esa evolución -que continúa en la actualidad y tal vez de manera mucho más rápida de lo que podamos pensar-, junto con la migraciones y el mestizaje ha sido una fuente muy importante de la diversidad actual de la especie Homo sapiens en todo el planeta. Los principales responsables del artículo de “Nature” han centrado su atención en genes relacionados con la pigmentación de la piel, la estatura, la inmunidad y la intolerancia a ciertos alimentos.  Por ejemplo, en los últimos 7.000 años la selección natural ha posibilitado que seamos capaces de tolerar el consumo de las proteínas de los cereales más comunes: trigo, cebada, centeno y avena. Gracias a ello hemos cambiado nuestro modo de alimentarnos. Ya sabemos que las personas celíacas no toleran esas proteínas y tienen que recurrir a una dieta adecuada libre de gluten. La prevalencia de este problema empieza a conocerse hoy en día, pero puede ser mayor de lo que podemos imaginar. Lo mismo sucede con la intolerancia a la lactosa. Además, esa intolerancia tiene una gradación difícil de cuantificar. El hecho de que cambiáramos la dieta de una manera tan rápida no ha podido recibir una respuesta tan rápida de la selección natural y, además, podemos recurrir a soluciones alternativas a la dieta más común basada en cereales y leche de otros animales.

Por otro lado, el estudio de “Nature” nos muestra una selección muy rápida en la pigmentación de la piel. Una gran mayoría de los genes europeos proceden del suroeste de Asia, por lo que la selección de aquellos alelos que condicionan una piel más clara y proclive a conseguir más fácilmente rayos UV ha sido necesaria en regiones donde apenas luce el sol, una de las fuentes más importantes de vitamina D. La estatura -que tiene un componente ambiental muy importante- también ha experimentado una selección diferencial. Resulta sorprendente que esa selección haya producido un gradiente tan notable entre las poblaciones del norte de Europa, con una mayor influencia de las tribus Yamnaya, y las poblaciones de sur de Europa, que muestran una mayor influencia de los pueblos neolíticos procedentes del suroeste de Asia.

Son solo algunos ejemplos de lo que el estudio del genoma obtenido en yacimientos de cierta antigüedad nos irán revelando en futuros estudios. Los restos esqueléticos de esos yacimientos solo nos habían ofrecido una parte muy pequeña de toda la información potencial que contenían. Es por ello que en próximos años se prestará mucha más atención y un cuidado exquisito en la excavación de estos yacimientos, donde el ADN se extraerá de manera sistemática. Ese ADN es un verdadero tesoro para la ciencia y para todos nosotros. Solo así comprenderemos mejor muchas las cuestiones que nos interesan sobre nuestra diversidad en el lenguaje, la fisonomía y la prevalencia de ciertas carencias genéticas de las poblaciones actuales de diferentes regiones del planeta.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Debatiendo sobre la biología social de Homo sapiens

Resulta muy complejo e interesante conocer que modelo de biología social tenemos los humanos. Sabemos, por ejemplo, que los gorilas organizan su grupos sociales en torno a un macho dominante (el macho de lomo plateado), en el que viven varias hembras. Todos los hijos llevarán los genes de ese macho, el más fuerte y capacitado en cada momento y en cada región dominada por ese grupo. Los demás machos se quedan fuera de juego. Los oranguntanes (género Pongo) muestran ciertas similitudes en su organización en los que refiere a la dominancia de un macho. Sin embargo, las hembras no viven con ellos. Su largo período de crianza (hasta 8 años) transcurre en soledad, cuidando de manera intensa a su cría. En los hilobátidos, los simios más alejados de nuestra filogenia, funcionan las parejas con sus hijos, que no interaccionan entre sí y defienden su territorio.

Macho de lomo plateado (Gorilla, gorilla).

Macho de lomo plateado (Gorilla, gorilla).

Los simios más próximos a nosotros, los chimpancés, se comportan de manera muy dispar según se trate de la especie Pan troglodytes (chimpancé común) o de la especie Pan paniscus (bonobos). En la primera dominan los machos, cuyas fuertes alianzas están basadas en su estrecho parentesco. Los grupos se forman con una serie de machos bien jerarquizados en torno al macho alfa, todos ellos descendientes de las hembras que se incorporan al grupo desde otros grupos con el objetivo de romper la endogamia. En los grupos de esta especie se produce una cierta promiscuidad consentida, puesto que los genes de los machos proceden todos de una misma geneaología. Los grupos se rompen y vuelven a juntar durante breves lapsos de tiempo, en su búsqueda diaria de alimento (modelo de fusión-fisión). En Pan paniscus las hembras son las que mantienen fuertes alianzas, también jerarquizadas, y controlan el grupo. Sus hijos permanecen en el clan y su jerarquía depende de la que tenga su madre. En definitiva, los simios antropoideos muestran formas de convivencia muy dispares. Es posible que la biología social haya derivado en cada especie y que ninguna especie haya mantenido la forma ancestral de organización que tuvo el antepasado de los Hominoidea hace entre 29 y 34 millones de años

¿Qué podemos decir sobre este aspecto biológico en Homo sapiens y en sus ancestros del Plioceno y Pleistoceno? Con respecto a las especies fósiles tan solo caben conjeturas. Un caso especial muy interesante fue detectado en el grupo de cinco individuos neandertales del yacimiento de El Sidrón, en Asturias. Este yacimiento ha sido una de las fuentes más importantes de ADN neandertal. De acuerdo con el ADN extraído de los fósiles de este yacimiento, los machos del grupo estaban emparentados, mientras que la hembra parecía proceder de otro grupo. De algún modo, esta situación nos recuerda a la de Pan troglodytes. Sin embargo, no podemos olvidar que se trata de un único ejemplo y no podemos extender las conclusiones a todas las especies de nuestro linaje evolutivo.

Individuos del pueblo Hadza (Tanzania).

Individuos del pueblo Hadza (Tanzania).

Resulta tremendamente complejo separar biología y cultura. Esta última influye de manera decisiva en nuestro comportamiento, por lo que resulta muy difícil conocer como nos comportamos desde el punto de vista de nuestra biología social. Si nos fijamos en las pocas sociedades de cazadores y recolectores que aún persisten en el planeta podríamos constatar que somos la especie de primate más social que nunca antes ha existido. Los grupos son más numerosos que los de los chimpancés y permanecen unidos en la defensa del grupo y en la búsqueda de alimento durante largos períodos de tiempo. La separación de estos grupos en unidades más pequeñas, generalmente unifamiliares, está condicionada por la cantidad de alimento. La jerarquía, como en todos los primates sociales, está bien establecida, pero predomina la igualdad en el reparto de los recursos. Hombres y mujeres están por fuerza emparentados, pero la magnitud de los grupos puede eliminar en buena parte el peligro de una endogamia extrema. La dominancia de los varones no es necesariamente el modelo más común, por lo que resulta muy difícil saber si el modelo ancestral podía ser más parecido al de los bonobos o al de los chimpancés comunes. La etología de los bonobos es tan peculiar, que nos inclinamos a considerarla como una caso aparte y muy derivado en el grupo de los simios antropoideos. En cualquier caso, la unidad familiar (tal vez muy variable en estructura y función) estuvo muy posiblemente en la base de la organización grupal de la mayoría de las especies de la genealogía humana, como lo sigue estando en la actualidad. Esta es además la tendencia de todos los simios antropoideos, con sus variantes específicas.

En definitiva, es posible que nuestros ancestros tuvieran una biología social más próxima a la de chimpancés y bonobos que a la de cualquier otra especie de simio. Y no solo por proximidad filogenética, sino en virtud de los escasos datos que se manejan. Pero todo ello sin olvidar que ellos y nosotros hemos evolucionado de manera independiente durante al menos seis millones de años. Ese tiempo es más que suficiente para modificar de manera sustancial muchas de nuestras características de comportamiento, siempre sobre la base de un modelo biológico común. Es por ello que en el estudio de la biología social de la humanidad actual se prefiere tomar como referencia lo poco que nos queda de las sociedades cazadoras y recolectoras, aunque la mayoría ya están influenciadas por los que llamamos “la civilización”.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest