Archivo por meses: enero 2016

Atapuerca y Zhoukoudian: dos yacimientos hermanados

Hace ya once años visité por primera vez los yacimientos de Zhoukoudian, situados a 40 kilómetros del centro de Pekín. Había asistido a un congreso internacional, organizado con motivo del centenario del nacimiento del paleoantropólogo Pei Wenzhong y del 75 aniversario del hallazgo del primer cráneo humano en la Localidad 1 de Zhoukoudian. La visita a los yacimientos era obligada y casi una peregrinación a un lugar mítico. Recuerdo el interminable viaje en autobús, no solo por el denso tráfico del centro de la ciudad, sino por el lamentable estado de la carretera que conducía a los yacimientos. El autobús tuvo que sortear una infinidad de bicicletas, motocarros y otros vehículos similares. Sin embargo, el premio de visitar el complejo de yacimientos de Zhoukoudian mereció la pena.
01Zhoukoudian
Estos yacimientos se encuentran en la llamada Colina del Hueso del Dragón. Los habitantes de la pequeña aldea situada a los pies de la colina conocían la existencia de fósiles (dientes de dragón), que vendían a los interesados por este tipo de recuerdos. El azar quiso que uno de estos dientes cayera en manos de un paleontólogo europeo. En 1921, Otto Zdansky se desplazó a Pekín y recorrió la Colina del Hueso de Dragón. Este fue el comienzo de una aventura científica extraordinaria. Algunos de los yacimientos señalados por Zdansky proporcionaban centenares de fósiles, algunos de los cuales parecían humanos. En 1927, el paleoantropólogo canadiense Davidson Black estudió y reconoció la naturaleza de esos fósiles y propuso el nombre de Sinanthropus pekinensis. En la década de 1950 los fósiles de Zhoukoudian se reclasificaron en la especie Homo erectus, donde siguen incluidos en la actualidad.

En 1929, la dirección de las excavaciones en Zhoukoudian fue asignada a los arqueólogos chinos Yan Zhongjiang, Pei Wenzhong y Jia Lanpo. Durante años se recogieron miles de fósiles de especies extinguidas, herramientas de piedra y fósiles humanos. Como es bien sabido, en 1941 la totalidad de los fósiles humanos se perdieron durante su traslado a los Estados Unidos, cuando se pretendía ponerlos a salvo de los acontecimientos de la segunda guerra mundial. Pero eso ya es otra historia. En la actualidad, y debido a la enorme expansión de la economía de China, la ciudad Pekín ha crecido hasta un punto en que la zona urbanizada ha llegado hasta los yacimientos.  Se ha creado un parque que protege el complejo arqueológico y un museo moderno de prehistoria que nos cuenta la historia de los hallazgos. Se ha perdido el encanto del misterio de lo antiguo, pero la economía es una prioridad y el turismo relacionado con los yacimientos representan una fuente de riqueza. En 1987 la UNESCO incluyó a los yacimientos de Zhoukoudian entre los bienes Patrimonio de la Humanidad.

02ZhoukoudianEl paralelismo con los yacimientos de Atapuerca es evidente. En 1999 el complejo de yacimientos de Atapuerca también fue declarado entre los bienes Patrimonio de la Humanidad y “Lugar de Valor Excepcional Universal”. El romanticismo de las primeras excavaciones, allá por los años 1970s y 1980s, con escasos medios y un reconocimiento social prácticamente nulo, ha dejado paso a una situación totalmente diferente. Sus excepcionales hallazgos han dado la vuelta al mundo, de la mano de publicaciones en revistas científicas de enorme prestigio. El turismo también ha llegado. El romanticismo ya es un recuerdo de una época complicada para los que participamos en los inicios del proyecto científico y de las excavaciones. En actualidad y como sucede en Zhoukoudian, todo el mundo puede disfrutar del encanto de un lugar excepcional para el estudio de la evolución humana. Además, la mítica y la magia de Atapuerca sigue tan vivas como la exploración de sus yacimientos (espero que por muchos años). La diferencia con los yacimientos de Zhokoudian estriba en que, por fortuna, esos hallazgos están perfectamente documentados y en estudio permanente. En la Colina del Hueso de Dragón se realizan prospecciones y excavaciones puntuales, pero jamás podrá recuperarse la información que se perdió en 1941.

Existe una similitud entre los conjuntos de Atapuerca y Zhoukoudian, que muy pocos conocen: su relación con el ferrocarril. Algunos de los principales yacimientos de Atapuerca se descubrieron en parte gracias a la construcción de una trinchera para el paso de un tren minero entre Monterrubio de la Demanda y la pequeña localidad de Villafría. Esta última ya se considera un barrio más de Burgos, donde se ubicaba el tránsito del ferrocarril hacia el País Vasco. La Trinchera del Ferrocarril se construyó en la ladera suroeste de la sierra de Atapuerca muy probablemente por intereses comerciales. La piedra caliza de la sierra ha sido explotada desde hace cientos de años y la trinchera pudo ser una fuente de riqueza.

A los pies de la Colina del Diente de Dragón también circulaba un tren minero, que transportaba materiales de construcción hasta la terminal en el centro de Pekín. La estación de la aldea de Zhoukoudian ha quedado recogida en numerosos documentos, como los que presento en este post. Las imágenes fueron tomadas por el propio Pei Wezhong y documentadas en la obra “Chronicle of Zhoukoudian (1927-1937)”, editado por Jia Lanpo y publicado en 1999 por Shangai Scientific & Technical Publishers. Esta joya literaria recoge una documentación de valor incalculable para reconstruir la historia de los acontecimientos acontecidos en Zhoukoudian antes de la segunda guerra mundial.

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La matanza de Nataruk

La portada de la revista Nature nos acaba de presentar el cráneo de un cazador y recolector africano de unos 10.000 años de antigüedad. El hueso frontal aparece literalmente aplastado por un golpe brutal e intencionado, que debió causar la muerte instantánea al propietario de este cráneo. Se trata de uno de los 10 individuos (de un total de 28 identificados) con lesiones traumáticas severas, recuperados en el yacimiento de Nataruk en la proximidades de la ribera oeste del lago Turkana (Kenia). La investigadora Marta Mirazón Lahr, que trabaja en la Universidad de Cambridge y está afiliada al Instituto de la Cuenca de Turkana, en Nairobi, presentó la semana pasada junto a un numeroso grupo de colegas un estudio impresionante sobre la matanza ocurrida en los inicios del Holoceno. Los fallecidos, hombres, mujeres y niños, fueron masacrados por otro grupo y sus cuerpos abandonados en el mismo lugar de la matanza. En la actualidad el sitio de Nataruk es semidesértico, pero hace 10.000 años rebosaba de riqueza en recursos para los grupos que vivían de la pesca, la caza o la recolección.

Aspecto del cráneo KNM-WT 71264 del yacimiento de Nataruk, en el se observa aplastamiento del hueso frontal y varias lesiones en otras regiones craneales. El esqueleto perteneció a uno de los varones fallecidos en la masacre de Nataruk, hace unos 10.000 años. Fuente: revista Nature.

Aspecto del cráneo KNM-WT 71264 del yacimiento de Nataruk, en el se observa aplastamiento del hueso frontal y varias lesiones en otras regiones craneales. El esqueleto perteneció a uno de los varones fallecidos en la masacre de Nataruk, hace unos 10.000 años. Fuente: revista Nature.

Doce de los individuos identificados en Nataruk aparecieron muy completos, con sus huesos articulados, mientras que el resto se reconocieron por unos pocos restos óseos. Entre los 28 individuos se cuentan seis niños, un adolescente con indudables problemas de crecimiento, cuatro mujeres y el resto son hombres. Algunos cadáveres se identificaron por unos cuantos fósiles, sin información suficiente para estimar el sexo. Los cadáveres no fueron enterrados, y aparecen distribuidos al azar en un área muy amplia de unos 200 X 200 metros. El conjunto arqueológico que acompaña a los cadáveres está representado por unos 130 instrumentos de piedra, la mayoría concentrados en un punto concreto del área excavada. En la proximidades del hallazgo se localizó un conjunto arqueológico más rico, de unos 36 metros cuadrados. Quizá se trate del campamento provisional donde pernoctaban los infortunados miembros de aquel grupo de cazadores y recolectores africanos. En este lugar se han encontrado arpones de hueso, que sirvieron para la pesca en el lago Turkana hace 10.000 años.

Los autores del artículo de Nature describen las lesiones que dejaron su huella en el esqueleto, y que aún conservan los proyectiles de piedra que impactaron en sus cuerpos. La mayoría de las lesiones afectaron al cráneo, pero también se observan lesiones en las costillas, las rodillas, las manos o los pies. Los restos de los niños, así como los de un feto a término o un bebé recién nacido, indican que la matanza fue indiscriminada. No se observan indicios de canibalismo ni procesado alguno de los cadáveres. Los autores concluyen al final de su artículo que el objetivo del ataque pudo ser un conflicto territorial por la disputa de la riqueza del lugar, o simplemente estuvo relacionado con el robo de mujeres, niños o provisiones. Todo ello, por supuesto, muy especulativo. Pero lo que realmente importa es el hallazgo en si mismo y su significado.

Hace ya muchos años que Raymond Dart sugirió signos muy claros de violencia entre los australopitecos hallados en la cueva de Makapansgat, en Sudáfrica, cuya antigüedad supera los tres millones de años. La hipótesis de Dart dio lugar al libro titulado “Génesis africana” publicado en 1961 por el periodista norteamericano Robert Ardrey. Las terribles huellas de las guerras mundiales del siglo XX fueron terreno abonado para considerar que nuestros orígenes estuvieron marcados por la violencia. Los supuestos signos de matanzas entre los grupos de australopitecos de Makapansgat fueron desmentidos por otras evidencias y la pregunta sobre nuestro supuesto carácter agresivo quedó en el aire. Cierto es que los chimpancés pueden llegar a un grado de violencia extrema en casos aislados, cuando los recursos escasean. Es posible que los homininos del Plioceno tuvieran un comportamiento no muy diferente al de los chimpancés actuales. Pero no podemos extrapolar el comportamiento de estos primates al que tuvieron nuestros ancestros. Necesitamos evidencias científicas inequívocas para proponer las oportunas hipótesis.

Las claras huellas de canibalismo observadas en los restos fósiles humanos del nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca (850.000 años), representan por el momento las evidencias de violencia intergrupal más antiguas conocidas en la larga historia de la evolución humana. Aún así, estas evidencias están mucho más cercanas a nosotros que a los orígenes de la genealogía humana y pertenecen a una especie del género Homo. Los claros signos de violencia interpersonal observados en uno de los 28 individuos identificados en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca insisten en la naturaleza violenta de otra de las especies del género Homo. Quién sabe si la acumulación de los 28 cadáveres de este yacimiento, datado en 430.000 años, estuvo relacionado con algún tipo de enfrentamiento como el de Nataruk. Pero lo cierto es que 400.000 años más tarde los miembros de nuestra propia especie masacraban a los grupos rivales sin piedad y de forma indiscriminada.

Sin descartar el comportamiento violento en los ardipitecos o los australopitecos, cabe la posibilidad de especular que la agresividad intergrupal fue cada vez más frecuente en las especies del género Homo. El impresionante crecimiento demográfico de nuestra especie se ha resuelto con harta frecuencia en enfrentamientos territoriales, que tienen su culminación en lo que conocemos como “genocidios”. Sin embargo, las evidencias de Nataruk ya no permiten asumir que nuestro comportamiento violento tiene sus raíces en disputas territoriales de poblaciones demasiado numerosas y con recursos limitados. Durante el Plioceno y el Pleistoceno las poblaciones de las diferentes especies del género Homo, incluida la nuestra, siempre fueron poco numerosas. Quizá podemos argumentar que ciertas regiones ricas en recursos concentraron un mayor número de individuos y, por tanto, se incrementó la posibilidad de enfrentamientos. Esto es lo que pudo suceder en Nataruk.

Es muy probable que la violencia haya podido formar parte de nuestra conducta desde siempre, aunque de manera poco habitual y limitada a casos extremos. Todos los caracteres relacionados con la conducta han llegado hasta nosotros desde la noche de los tiempos. Pero se han refinado gracias al desarrollo del neocórtex y de las capacidades cognitivas correspondientes, como la planificación a largo plazo, la estrategia, la anticipación de los acontecimientos, etc. En otras palabras, en promedio somos mucho más inteligentes y capaces que nuestros ancestros para lo bueno, pero también para lo malo. La conducta agresiva forma parte del repertorio del comportamiento de las especies del género Homo. Nataruk nos muestra el camino y sugiere que la violencia pudo haberse “perfeccionado” en Homo sapiens en la misma medida que incrementamos nuestras capacidades cognitivas.

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El dominio del fuego. ¿Dónde surgió esta gran innovación?

Mucho se ha debatido sobre el uso controlado del fuego. No podemos ignorar la enorme importancia de poseer los conocimientos y la tecnología que permitieron mantener encendidos los hogares. Nos protegimos de la inclemencias del tiempo y, aparentemente, fuimos capaces de colonizar latitudes elevadas.  Ahuyentamos a los predadores, pudimos saborear la comida asada y ahumada y aprendimos a endurecer nuestras armas de madera.  En torno a un buen fuego conseguimos incrementar las horas del día, en lugar de levantarnos y acostarnos con el sol y mejoramos nuestra sociabilidad. Es posible que nos contáramos las aventuras vividas durante esa jornada o en días precedentes y que intercambiáramos conocimientos. Sin duda, el uso controlado del fuego ha sido una de las innovaciones más importantes de la cultura de la humanidad.
fuego
Pero, ¿cuándo aprendimos a controlar el fuego? En ocasiones se publican artículos, que aseguran haber encontrado evidencias sobre el uso controlado del fuego en épocas muy remotas. Los autores de excavaciones en ciertos yacimientos del Pleistoceno de África y Eurasia del Pleistoceno inferior aseguran haber proporcionado datos sobre la posible existencia de fuego. Sin embargo, las evidencias suelen ser muy dudosas, poco convincentes y pueden estar relacionadas con fuegos producidos de manera natural.

Las evidencias más antiguas y seguras del uso controlado del fuego se han encontrado en el yacimiento de Gesher Benot Ya´aqov, localizado en el actual estado de Israel, con una antigüedad de 800.000 años. El Corredor Levantino, como no, ofrece una vez más información sobre una innovación tan relevante. Desde hace años defendemos la importancia para la evolución humana del suroeste de Asia, que comprende regiones como la península de Anatolia, las regiones ocupadas en la actualidad por países como Siria, Jordania o Irak y, por supuesto, la franja del Corredor Levantino. El tránsito de fauna y de humanos entre África y Eurasia ha sucedido bien por este corredor natural, bien por el estrecho de Bab el-Mandeb. Por supuesto, el paso por el Corredor Levantino no siempre ha sido posible, merced a la presencia de la gran barrera geográfica del desierto del Sáhara. Sin embargo, durante épocas favorables ha existido un tránsito y a la vez un encuentro biológico y cultural en Corredor Levantino. Este fenómeno ha producido siempre una enorme riqueza de biodiversidad y el intercambio de información cultural. No es pues nada extraño que el uso y control del fuego sucediera en esta región hace 800.000 años, mientras que en Europa la presencia segura de fuego controlado tendría de esperar nada menos que 400.000 años, según atestiguan yacimientos como los de Terra Amata, en Francia, o el de Schöningen, en Alemania. Resulta sorprendente que las latitudes del norte de Europa fueran ocupadas sin la ayuda de un elemento tan importante como el fuego.

Imagen del yacimiento de Gesher Benot, Ya´aqov.

Imagen del yacimiento de Gesher Benot, Ya´aqov.

Los niveles del yacimiento de Gesher Benot, que cubren un período de unos 100.000 años, contienen herramientas achelenses de indudable origen y tradición africana, numerosos fósiles de mamíferos cazados, así como restos de moluscos, peces y ciertos crustáceos, que sirvieron de alimento a los pobladores del Corredor Levantino. Además, se han encontrado herramientas de sílex con indudables señales de haber estado en contacto con el fuego a temperaturas entre 350 y 500 grados centígrados, y pequeños fragmentos de madera quemada de varias especies, incluyendo vid silvestre (Vitis sylvestris), sauce (Salix) y olivo (Olea europea). Resulta curioso saber que hace unos 800.000 años el clima de estas regiones era muy similar al actual y que, por tanto, el fuego no resultaba tan necesario para mitigar los rigores del clima. Así que podemos preguntarnos por el retraso en el control de fuego en Eurasia, si además asumimos que los habitantes de Gesher Benot pudieron ser de los primeros en llevar la tecnología del achelense a tierras europeas. ¡Quedan tantas preguntas por responder!

Es posible que el uso controlado del fuego sea mucho más antiguo de lo que sabemos por yacimientos como el de Gesher Benot, pero la arqueología nos ofrece datos fiables solo cuando un fenómeno cultural se ha socializado lo suficiente como para que lo encontremos plenamente desarrollado. El hallazgo de información primaria sobre una innovación cultural o sobre un hecho biológico novedoso del pasado es un suceso con una probabilidad extremadamente baja. Si hace casi 800.000 años ya se controlaba el fuego en el Corredor Levantino, no sería de extrañar que los inventores de una innovación tan importante hubieran ensayado sus posibilidades varios miles de años antes.

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