Archivo por meses: Enero 2016

En los confines de Eurasia

Las fluctuaciones climáticas del Pleistoceno, especialmente las ocurridas durante el último millón de años, han tenido una magnitud difícil de imaginar. La acumulación de hielo en los continentes provocó descensos del nivel del mar de hasta 120 metros. En esos períodos geológicos el extremo más oriental de Eurasia estaba constituido por la unión del conjunto de islas del actual estado de Indonesia, formando la llamada península de Sunda. Nueva Zelanda también quedaba unida al continente australiano, formando un conjunto de tierras emergidas mucho más amplio (Sahul). Entre Sunda y Sahul quedaban todavía varias islas próximas entre sí, que representaron entonces un puente perfecto para llegar de un sitio a otro, aún con sistemas rudimentario de navegación. Entre esas islas, que dibujan las líneas imaginarias de Wallace y Liddeker, se encuentran la de Flores y la de Sulawesi. La isla de Flores se hizo mundialmente famosa por el hallazgo de los pequeños humanos clasificados en la especie Homo floresiensis, que vivieron en la isla al menos durante 180.000 años, de acuerdo con las dataciones realizadas hasta el momento. La isla de Sulawesi no ha tenido la fortuna de un hallazgo tan espectacular, pero su nombre acaba de llegar a la revista Nature, gracias a ciertos hallazgos no menos interesantes y prometedores.

Situación geográfica de Sunda y Sahul durante las épocas frías del Pleistoceno. Los fuertes descensos del nivel del mar solo dejaban un reducido conjunto de islas entre las líneas imaginarias de Wallace y Lydekker. Imagen tomada del archivo marketbusinessnews.com.

Situación geográfica de Sunda y Sahul durante las épocas frías del Pleistoceno. Los fuertes descensos del nivel del mar solo dejaban un reducido conjunto de islas entre las líneas imaginarias de Wallace y Lydekker. Imagen tomada del archivo marketbusinessnews.com.

Gerrit van den Bergh y un nutrido grupo de científicos, la mayoría de instituciones australianas, acaban de publicar un importante trabajo de investigación en esta prestigiosa revista, donde ofrecen una ingente cantidad de información multidisciplinar sobre un yacimiento de la isla de Sulawesi. No se trata del primer hallazgo realizado en la isla. Ya en los años 1940 se llevaron a cabo trabajos de investigación, alentados por el éxito de los hallazgos en la isla de Java. En aquellos años se encontraron un cierto número de utensilios líticos poco elaborados y asociados a restos fósiles de vertebrados de especies extinguidas. Teniendo en cuenta la época en la que se llevaron a cabo estos trabajos, siempre han quedado dudas sobre muchos de los datos necesarios para situar en el tiempo geológico los hallazgos. Además, las herramientas de piedra no se encontraron in situ, sino fuera de su contexto original. Se sabía que los humanos modernos habíamos llegado a esta isla hace unos 40.000 años, pero se debatía sobre la posibilidad de que otros homininos la hubieran habitado en épocas anteriores.

Útiles de piedra recuperados en yacimientos de la isla de Sulawesi. Fotografía tomada del archivo www.sciencenews.org.

Útiles de piedra recuperados en yacimientos de la isla de Sulawesi. Fotografía tomada del archivo www.sciencenews.org.

El yacimiento excavado en fecha reciente por los autores de la investigación publicada en la revista Nature se localiza en la pequeña localidad de Talepu, en el sur de la isla, a 32 metros sobre el nivel del mar. Esto significa que en épocas glaciales, el yacimiento tuvo que estar situado a unos 150 metros por encima del nivel del mar. Las excavaciones han proporcionado 270 herramientas, que se encuentran in situ. Es la primera vez que se realiza un hallazgo de estas características, confirmando la presencia de alguna especie del género Homo a finales del Pleistoceno medio. Junto a las herramientas han aparecido, entre otros, restos de elefante enano del género Stegodon, un suido endémico de las islas (género Celebochoerus) y una tortuga gigante. Las dimensiones, grandes o pequeñas, de estas especies obedecen a los efectos del aislamiento prolongado y adaptación a un territorio reducido, como sucedió en la vecina isla de Flores. Las dataciones del yacimiento, realizadas por el alemán afincado en Australia Rainer Grün, ofrecieron fechas situadas en el rango de 200.000 y 100.000 años. Su fiabilidad es muy elevada.

A falta de fósiles humanos, el hallazgo queda a la espera de conocer a los autores de la industria lítica de Talepu o la que se pueda localizar en otros lugares de la isla. Sería un acontecimiento increíble que en la isla de Sulawesi se encontraran humanos parecidos en sus dimensiones y características a los pequeños Homo floresiensis descritos en 2004. Quizá se acabaría con el intenso debate entre los detractores y los defensores de esta especie. En cualquier caso, las islas situadas entre las líneas de Wallace y Lidekker resultaron ser un verdadero laboratorio evolutivo, donde la variabilidad de la especie o las especies humanas que las habitaron reflejan el “trabajo” de la selección natural durante milenios. Estaremos expectantes a que se produzcan nuevos hallazgos en Sulawesi.

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Olduvai: un yacimiento cada vez más vivo

Uno de los aspectos de la evolución humana que desde siempre ha llamado mi atención es la total ausencia de correlación entre el tamaño del cerebro y la tecnología. Nosotros mismos somos el mejor ejemplo. Con un cerebro de unos 1.300 centímetros cúbicos podemos sobrevivir con una cultura de cazadores y recolectores o tener en mente la posibilidad de alcanzar planetas fuera de nuestra galaxia. La diferencia es abrumadora y solo puede explicarse por la enorme flexibilidad de nuestro cerebro para lograr una mayor o menor complejidad. Lo veíamos en el post publicado el 10 de diciembre de 2015, a raíz de las investigaciones de Aida Gómez Robles y sus colegas de diversas universidades de USA.

Grupo internacional de excavación en Olduvai

Grupo internacional de excavación en Olduvai

La innovación que supuso la fabricación de la tecnología achelense hace tal vez algo más de 1.700.000 años (1,7 millones de años) supuso un salto cualitativo de primer orden en nuestra cultura. Hasta entonces nos habíamos pasado más de dos millones de años golpeando las piedras apropiadas para obtener simples lascas de filos cortantes (Olduvayense=Modo 1=Tecnología de cantos). Además, y con algunas variantes “progresivas”, el llamado Modo 1 fue la manera de fabricar instrumentos de piedra en buena parte de Eurasia hasta hace unos 700.000 años. África fue testigo de la innovación ocurrida hace 1,7 millones de años (o quizá antes), cuando nuestra mente puedo alcanzar un grado de complejidad suficiente como para fabricar bifaces, hendedores o picos (Achelense=Modo 2=Herramientas de gran formato). Había comenzado una nueva era en la llamada “edad de piedra”, en la empezamos a confeccionar herramientas estandarizadas.

Bifaz tallado en basalto, obtenido en el nivel FLKW L6 de Olduvai. Fotografía de F. Diez-Martín and D. Uribelarrea.

Bifaz tallado en basalto, obtenido en el nivel FLKW L6 de Olduvai. Fotografía de F. Diez-Martín and D. Uribelarrea.

Hasta hace pocos meses, los yacimientos de Kokiselei (Kenia) y Konso Gardula (Etiopía) eran los únicos que podían presumir de tener herramientas del Modo 2, con una cronología de 1,7 millones de años. Desde hace una par de semanas hemos de añadir el propio yacimiento de Olduvai, que excavan desde hace años varios colegas y amigos españoles. La cronología de los niveles de Olduvai (FLK West), que contienen herramientas del Modo 2, también se ha datado en 1,7 millones de años. La diferencia es que en este nivel de Olduvai las herramientas están asociadas a los restos fósiles de los animales que mataron nuestros ancestros. Esta es una gran diferencia, que enfatizan Fernando Diez Martín y sus colegas españoles y tanzanos en un artículo publicado por la prestigiosa revista “Scientific Reports” del grupo “Nature” hace pocas semanas. Este grupo de españoles ha levantado, no sin gran esfuerzo, un lugar de investigación en Olduvai (IDEA: Instituto de Evolución en África) , que nació de un compromiso institucional entre la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, la Universidad de Alcalá de Henares y el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid. Esta gran “idea” está teniendo sus frutos, en forma de grandes hallazgos en un lugar mítico.

La fabricación de utensilios de gran formato, mediante un elaborado “plan mental”, para conseguir herramientas con una forma determinada, exige planificación y una larga y precisa secuencia de golpes con un percutor. Los percutores más arcaicos eran de piedra, pero se llegó a la sofisticación de tallar con percutores blandos formados por astas de animales. El resultado de esta estrategia tecnológica supuso una fabricación sistemática  de herramientas con una forma determinada, que pudieron ser utilizadas en varias funciones. Su hallazgo junto a fósiles de diferentes mamíferos confirma su relación con el procesado de los cadáveres de estos animales y el consumo de carne hace 1,7 millones años. Esperemos que las campañas en Olduvai sigan proporcionando datos, como los que un día hicieron mundialmente famoso este lugar de Tanzania, donde en los años 1960 se encontraron los primeros fósiles de la especie Homo habilis.

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A propósito del árbol de la filogenia humana

El día 22 de diciembre de 2015 se publicó el último post de ese año en la sección “Reflexiones de un primate”. En este post reflexionaba de manera crítica sobre la última filogenia de los homininos, presentada en la galería de la evolución humana del Museo de Historia Natural de Londres (MHNL). Aunque algunos comentarios fueron positivos, otros no lo fueron tanto. No se trataba en ningún caso de comentar de manera negativa el contenido del post, sino de incidir en la benevolencia con la que un servidor trataba este asunto. Por ejemplo, no le quito un ápice de razón a los comentarios publicados por PaleoFreak el día 9 de enero de 2016 y a los comentarios de este blog. En este blog se argumenta que el panel presentado en el MHNL ni es un árbol ni es una filogenia. No obstante, conviene volver a reflexionar sobre algunos aspectos dignos de tener en consideración. Seguro que estas reflexiones interesan a todos y arrojan algo de luz a esta cuestión. Vayamos por partes.

Ejemplo de filogenia humana. Publicada en: http://paginaspersonales.deusto.es/airibar/Musica/L&M/L&M_06.html#1

Ejemplo de filogenia humana. Publicada en: http://paginaspersonales.deusto.es/airibar/Musica/L&M/L&M_06.html#1

En primer lugar, los expertos en museología son muy reacios a complicar las visitas con profusión de datos sobre cualquier materia. Lo normal es que los visitantes de un museo temático moderno disfruten del espectáculo que ofrece la forma de exponer la información y se queden con algunos conceptos de interés. Los museos pretenden entretener y enseñar, pero en ningún caso ser exhaustivos con los datos que se conocen sobre cualquier temática. Es imposible aprender todo sobre cualquier ámbito de la cultura (pintura, escultura, ciencia, etc.). De ahí que, con toda probabilidad, en el Museo de Historia Natural de Londres no hayan pretendido exponer una de las posibles filogenias hipotéticas sobre la evolución humana, sino presentar de manera INFORMAL las especies más reconocidas publicadas hasta el momento (aunque ya sabemos que puede sobrar alguna y faltan otras). Dicho esto, un museo puede equivocarse y mostrar conceptos equivocados y obsoletos.

Por otro lado, tenemos que reconocer que se conoce muy poco sobre muchas de las especies de hominios publicadas y aceptadas por la comunidad científica. Es el caso de las más antiguas: Orrorin tugenensis, Sahelanthropus tchadensis, Australopithecus kadabba, y otras. Con los pocos datos conocidos sobre estas especies es IMPOSIBLE establecer hipótesis robustas sobre sus relaciones filogenéticas.

Otra cuestión no menos interesante es el hecho de que todas las especies de homininos se encuentran casi “un pañuelo temporal”. Si hablamos de trilobites, por ejemplo, hablamos de unos cuantos millones de años y una gran variabilidad para analizar. Si hablamos del género Homo, hablamos de poco más de un par de millones de años. El parecido entre muchas de las especies hace complicado encontrar caracteres distintivos con los que trabajar. De ahí los interminables debates sobre si diferenciar o no especies como Homo erectus y Homo ergaster.

Supongamos, por último, que nos encontramos un escenario ideal en el que cada grupo de fósiles tiene suficientes caracteres para analizar y que se llega a un consenso sobre la identidad de todas las especies. Bien. Ahora se trata de utilizar el método más adecuado para establecer una filogenia que satisfaga a todos y que podamos presentar con orgullo y de manera inequívoca en un museo. Utilicemos por ejemplo la cladística, un método ideado por Willi Henning en 1950. Los lectores y lectoras podrán encontrar fácilmente datos biográficos sobre este biólogo alemán y sobre su método para proponer relaciones entre especies. Pero antes de nada tenemos que explicar que este método (quizá el más fiable de todos) fue ideado por Henning para las especies vivas, no para las fósiles. Aún así, nos pondremos a ello.

Cuando se estudia a fondo el análisis cladístico nos encontramos con una montaña de problemas, que son difíciles de resolver. Como se trata de avanzar, solventaremos esos problemas de la mejor manera posible, sabiendo que podemos haber cometido algún error grave al asumir determinadas asunciones sobre los caracteres elegidos. Cuando finalmente le damos al “enter” de nuestro ordenador para obtener una filogenia, el programa informático diseñado ad-hoc nos dirá que existen varias soluciones ¿Cuál elegir? Cada solución es una hipótesis filogenética, que tendremos que contrastar con el registro fósil a medida que se vayan produciendo hallazgos en yacimientos paleontológicos.

En definitiva, la presentación de una filogenia dependerá de la disponibilidad de datos, del consenso sobre la identidad de las especies, de la habilidad y profesionalidad del investigador (que puede equivocarse) al elegir los caracteres a estudiar y de la cantidad de posibles soluciones que te ofrezca un programa informático diseñado por una mente humana (y, por tanto, falible). Por último, si nos decidimos por una filogenia ¿cuánto tiempo resistirá el paso del tiempo? Y lo que vale para los homininos vale también para los dinosaurios, los trilobites o las arqueas. Estoy totalmente de acuerdo en que lo que presentan los museos ni son árboles ni son filogenias. Pero apuesto a que si todos los museos del mundo presentaran una filogenia, todas ellas serían diferentes.

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