El cráneo de Bodo y las discrepancias entre el registro fósil y la paleogenética

Se cumplen ahora 40 años del hallazgo del cráneo fósil de Bodo, en Etiopía. El 16 de febrero de 1976, el equipo dirigido por Jon Kalb encontró los restos de un cráneo sin mandíbula en la localidad de Bodo d’Arcerca. Este lugar se encuentra en la depresión de Afar, en Etiopía, donde se han localizado docenas de yacimientos de diferentes épocas del Plioceno y del Pleistoceno. La antigüedad de este cráneo y de otros fósiles humanos fragmentarios de la misma localidad se estimó entonces en unos 600.000 años.

Cráneo de Bodo (Etiopía), datado en 600.000 años antes del presente.

Cráneo de Bodo (Etiopía), datado en 600.000 años antes del presente.

El estudio del cráneo reveló un mosaico de caracteres primitivos junto a otros que indicaban su “progresión” evolutiva en dirección de lo que yo llamo “la modernidad”. Precisamente en esa mezcla de caracteres residía el mayor problema para la interpretación del cráneo de Bodo, porque existe un verdadero “agujero negro” en el registro fósil en África entre hace más de un millón de años y la cronología asignada al cráneo de Bodo. Mucho después aparecerían los cráneos de Daka y Buía (hablaré de ellos en otra ocasión), que tienen aproximadamente un millón de años de antigüedad y que tampoco han permitido llenar el vacío de ese agujero negro paleontológico.

La notable robustez del cráneo recordaba a los homininos asignados a la especie Homo ergaster/Homo erectus. No obstante, esa robustez podía ser engañosa para caracterizar a la población humana que vivió en Afar hace 600.000 años. Podría tratarse de un cráneo masculino particularmente robusto. Es el eterno problema de la paleoantropología. Los fósiles únicos de un mismo yacimiento pueden convertirse en iconos, pero nos dejan con cientos de preguntas sin resolver. El cerebro del cráneo de Bodo tiene algo más de 1.200 centímetros cúbicos, un tamaño que lo aleja de las poblaciones de Homo ergaster/Homo erectus y lo aproxima a las poblaciones de nuestra especie. La forma del cráneo, los fuertes arcos superciliares situados encima de las órbitas y la cara hinchada por la presencia de amplios senos maxilares recuerdan a ciertos cráneos del Pleistoceno Medio de Europa, como el de Petralona (Grecia) y el de Arago (Francia). Es por ello que Philip Rightmire propuso en 1995 que podría existir una relación entre las poblaciones de África y Europa de esa época. Los fósiles europeos mencionados son más recientes (unos 250.000 y 400.000 años, respectivamente). Pero Rightmire los incluyó en la especie Homo heidelbergensis, siendo la mandíbula de Heidelberg (Alemania) el ejemplar tipo de la especie.

La propuesta de Rightmire, que ha tenido un notable éxito entre los expertos, asume que el cráneo de Bodo es un representante africano de la especie que dio lugar a los neandertales en Europa y a los miembros de nuestra especie en África. En otras palabras, hace un tiempo indeterminado (pero siempre menor de 600.000 años) tuvo que producirse una separación geográfica de las dos poblaciones, que evolucionaron de manera independiente a un lado y otro del Mediterráneo. Siempre siguiendo a Rightmire, la población europea habría colonizado nuestro continente hace unos 600.000 años, trayendo consigo la tecnología achelense desde África. 21 años más tarde, la hipótesis de Philip Rightmire todavía no se ha podido contrastar.

No obstante, en este período de tiempo se han podido responder algunas preguntas. Ahora sabemos que la tecnología achelense llegó a Europa hace al menos 700.000 años. La mandíbula encontrada cerca de Heidelberg (600.000 años), los cráneos de Arago, Petralona y, por supuesto, los de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca (430.000 años) ya estaban comprometidos en el linaje de los neandertales. El cráneo de Bodo, en cambio, no muestra ningún carácter que lo relacione con los neandertales. Es por ello que si Philip Rightmire tiene razón y el cráneo de Bodo tiene algún tipo de parentesco con los fósiles europeos la separación de las dos poblaciones tuvo que producirse hace mucho tiempo.

La mayoría de los genetistas han propuesto que  la separación geográfica de los ancestros de los neandertales y de los humanos modernos sucedió hace unos 400.000 años. Sobre esa fecha se han construido todos los escenarios evolutivos de los últimos años. Pero ese dato es totalmente incompatible con el registro fósil. Los genetistas más osados han sugerido que la separación pudo ocurrir hace 700.000 años. Un dato todavía insuficiente. Para que las evidencias del registro fósil y los datos aportados por el ADN casen bien todavía hemos de retroceder en el tiempo. La separación geográfica de los antecesores de los neandertales en Europa y de los humanos modernos en África pudo ser anterior. Tendremos que esperar a que el registro fósil de África sea más generoso y a que los genetistas revisen sus datos. Es posible que el estudio del ADN nuclear de la Sima de los Huesos nos de alguna respuesta. Esperamos los resultados como “agua de mayo”.

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