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Durante el Pleistoceno la península europea experimentó cambios climáticos de gran intensidad y duración milenaria. Durante las glaciaciones la mayor parte del territorio Europeo perdía capacidad para albergar su biodiversidad, que quedaba relegada a los paraísos de las penínsulas del sur. Tales paraísos incrementaban su extensión por el descenso del nivel del mar, pero quedaban aislados de otras regiones. Los humanos y otras muchas especies animales y vegetales encontraron allí su refugio y se preservaron, bien en sus formas originales o evolucionaron en los nuevos ecosistemas. La llegada de nuevas poblaciones humanas en las épocas cálidas propició la hibridación y la diversidad que nos muestra el registro fósil. La Europa de entonces era un verdadero laboratorio evolutivo.

Hace unos años, durante el transcurso del primer congreso de la Sociedad Europea de Evolución Humana celebrado el Leipzig, conocimos a la investigadora serbia Mirjana Roksandic. Tuvimos una conversación muy interesante sobre el hallazgo que presentó en el congreso. Se trataba de un fragmento de mandíbula humana, encontrado en una cueva de las muchas que existen en los Balcanes (Velika Balanica), y que forma parte de un complejo kársico de gran desarrollo (Complejo de Balanica [en serbio Balänitza]). La mandíbula fue hallada junto a otros restos fósiles de macro- y microvertebrados y a una industria de Modo 3, asimilable al musteriense desarrollado por los neandertales. La cronología, determinada mediante el método de las series del uranio, es acorde con los hallazgos. Pero el posible error es demasiado amplio: 113.000 + 72.000 -43.000. Por ese se han realizado nuevas dataciones, que apuntan a una edad entre 400.000 y 500.000 años. Las diferencias son muy grandes entre uno y otro análisis y requieren nuevas investigaciones con métodos diversos.

Mandíbula de Mala Balänitza (Serbia): Fuente: Journal of Human Evolution.

El equipo liderado por Roksandic tardó mucho tiempo en conseguir la publicación de esta mandíbula en una revista de prestigio, como el Journal of Human Evolution. Carecían de una datación precisa y los caracteres de la mandíbula no encajaban con lo que se podía esperar para la supuesta cronología del yacimiento. Cuando esto sucede, los datos se ponen en cuarentena y resulta muy complicado convencer a algunos revisores anónimos. Finalmente, la descripción del ejemplar vio la luz en 2011. Su aspecto no recuerda en nada al de los neandertales, sino que más bien podría pasar por una mandíbula como la de Mauer (600.000 años). Si la mandíbula estuviera completa o se encontraran ejemplares adicionales, estoy convencido de que el conjunto encajaría bien en el clado Neandertal, pero conservando muchas de las características primitivas de un grupo que, en mi opinión, tiene raíces muy profundas en Europa.

Si la primera datación de finales del Pleistoceno Medio es correcta, la mandíbula de Mala Balanica pudo pertenecer a un individuo de una de esas poblaciones que consiguieron refugiarse en las penínsulas europeas y no entraron en contacto con nuevos colonizadores durante miles de años. La historia de nuestro continente pudo ser mucho más compleja de lo que somos capaces de comprender en nuestro contexto actual de masificación y globalización, donde el territorio europeo se nos queda pequeño.

Seguimos expectantes las investigaciones en la península de los Balcanes, deseando que el karst de Mala Balanica siga proporcionando hallazgos importantes y podamos comprender lo que sucedió en ese laboratorio evolutivo del sur de Europa durante la épocas glaciales.

José María Bermúdez de Castro