¿Se puede saber algo sobre la lactancia de nuestros ancestros?

Resulta muy complicado conseguir información convincente para responder a esa pregunta. No es nada sencillo encontrar pistas que nos permitan, por ejemplo, estimar la duración de la lactancia intensiva en las especies de homininos del Plioceno y el Pleistoceno. Si los chimpancés y los bonobos comienzan el proceso de destete hacia los cuatro años, aproximadamente, y los humanos actuales (cazadores y recolectores) lo hacen hacia los 2,5 años en promedio, es lógico pensar que la duración de la lactancia intensiva y a demanda fue disminuyendo poco a poco a lo largo de la evolución del género Homo. Pero una cosa es la lógica y otra muy distinta conseguir datos que permitan proponer hipótesis consistentes.

En varias ocasiones hemos comentado en este mismo blog que los representantes del linaje humano más lejanos a nosotros: ardipitecos, australopitecos, parántropos y aún los más antiguos representantes del género Homo, tuvieron un período de crecimiento y desarrollo similar al de bonobos y chimpancés. Es por ello que, aún sin tener ni un solo dato, podamos especular con la posibilidad de que la lactancia intensiva tuviera también una duración en torno a los cuatro años en los homininos anteriores a los dos millones de años.

En los homininos de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca (430.000 años de antigüedad) tuvimos la oportunidad de estudiar ciertas anomalías o defectos en la formación del esmalte de los dientes en desarrollo. La formación del esmalte es circadiana y muy sensible a los eventos de estrés, como enfermedades o carencias alimentarias. Cada día las células responsables de la formación del esmalte, los ameloblastos, depositan una pequeña cantidad de esta sustancia en la corona de cada diente en formación. Esta deposición “circadiana” es continua hasta los 13 años, cuando termina de formarse la corona de la muela del juicio. Si por desgracia los niños y niñas tienen un desarrollo anómalo, afectado por enfermedades o hambruna, el esmalte de sus dientes queda malformado. Es lo que técnicamente se denomina hipoplasia del esmalte. No es el caso de los niños del Pleistoceno de la Sima de los Huesos. Los que conseguían sobrevivir al parto y a los primeros meses de vida disfrutaron de un desarrollo pleno de salud. Las poblaciones del Pleistoceno tenían una densidad muy baja y vivían en armonía con su entorno.

Sin embargo, un cierto número de individuos del grupo de la Sima de los Huesos presenta en alguno de sus dientes hipoplasias de esmalte leves y de corta duración. Es relativamente sencillo saber con notable aproximación el momento en el que esos individuos sufrieron un evento de estrés, puesto que la formación de las coronas de los dientes sigue pautas temporales bien conocidas. En promedio, las hipoplasias del esmalte en el grupo de humanos de la Sima de los Huesos sucedieron cuando los niños tenían 2,9 años, con una variación (desviación típica) de 1,3 años. Es muy curioso que otros investigadores hayan observado el mismo fenómeno en otras poblaciones, como los neandertales y que el promedio de edad de formación de hipoplasias bien localizadas sea muy similar.

Estos investigadores han relacionado las hipoplasias leves y de corta duración con el proceso de destete, asumiendo que la ingesta de alimentos diferentes a la leche materna pudo conllevar problemas iniciales de asimilación, con la consiguiente desnutrición pasajera. Si es así, el proceso de destete de los niños y niñas de hace unos 400.000 años se producía a la misma edad que en poblaciones de cazadores y recolectores actuales.

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Un estudio reciente de la misma muestra de dientes de la Sima de los Huesos de Atapuerca utilizó el método de la variación de los isótopos del carbono asimilados durante la ingesta de agua y alimentos. Por ejemplo, el isótopo del carbono, C13, se encuentra en el agua y los alimentos tanto de origen animal como vegetal consumidos por aquellos ancestros. La asimilación de este isótopo quedaba retenida en el esmalte de los dientes durante su formación. Este método es invasivo, porque requiere la ablación mediante rayo láser para la obtención de mínimas cantidades de esmalte. Es por ello que en el nuevo estudio se utilizaron solo dos dientes, como una muestra del potencial del método. Uno de los dientes (un canino superior) mostró variaciones en la cantidad de átomos de C13 fijado por el esmalte en una franja de la corona que se forma entre los dos y los cuatro años. Esta variación pudo estar relacionada con el proceso de destete.

La coincidencia de los resultados de los dos métodos es llamativa. Mediante el segundo método se puede registrar (al menos en un individuo) una variación en la dieta, que comenzó hacia los dos años y terminó a los cuatro. La similitud de los resultados nos permite mantener viva la hipótesis de que el proceso de destete hacia mediados del Pleistoceno Medio era ya muy similar al que se produce en los grupos humanos que han permanecido utilizando la caza y la recolección como método de subsistencia. En estos grupos, la lactancia es intensa y a demanda, a diferencia de la que se practica en la mayoría de las poblaciones humanas actuales. Es por ello que solo los cazadores y recolectores actuales pueden ser utilizados como referencia en este tipo de investigaciones. El tema está abierto a la espera de algún método ingenioso.

José María Bermúdez de Castro

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