La variabilidad morfológica de las especies humanas y la goma de mascar

El paleoantropólogo Philip Rightmire y sus colegas de la Universidad de Zurich y del Museo Nacional de Georgia acaban de publicar un nuevo estudio del cráneo 5 del yacimiento de Dmanisi, República de Georgia en la revista Journal of Human Evolution. Recordemos que la antigüedad de este yacimiento está muy bien calibrada en 1,8 millones de años y que se están recuperando la mayoría de los restos esqueléticos de cinco individuos. También es importante recordar que se trata de los restos humanos más antiguos de homininos obtenidos hasta el momento fuera de África. Otros yacimientos de este país del Cáucaso sugieren que la primera expansión del género Homo fuera del continente africano ocurrió hace al menos dos millones de años.

El estudio descriptivo del neurocráneo 5 de Dmanisi (D4500) es, sin duda, impecable. Philip Rightmire tiene una enorme experiencia a sus espaldas y maneja una impresionante cantidad de datos del registro fósil del género Homo. El estudio se esperaba con impaciencia, pues la primera noticia con datos científicos del ejemplar D4500 se había publicado en la revista Science en 2013, mientras que el hallazgo fue realizado en 2005. La mandíbula (D2600), que encaja perfectamente en el resto del cráneo, fue hallada en 2000. El conjunto de las dos partes del cráneo es espectacular y ha dado lugar a un cálido debate, del que hemos formado parte. No me cabe duda de que, tras este nuevo estudio, se publicarán nuevos artículos y el debate durará muchos años. Pienso que el trabajo de Philip Rightmire es tan solo un nuevo asalto, del combate dialéctico-científico que seguirá durante décadas. Tan solo hay que esperar a que se produzcan nuevos hallazgos en cualquier yacimiento de África o de Eurasia del mismo período. El propio yacimiento de Dmanisi no ha dicho su última palabra.

Cráneo 5 del yacimiento de Dmanisi (República de Georgia). Fuente: Sci-News.com

Como no podía ser de otra manera, Rightmire y sus colegas tratan de explicar las obvias diferencias entre el cráneo 5 y los otros cuatro cráneos de Dmanisi. Para algunos paleoantropólogos, la extrema variación de Dmanisi se explica aceptando que este yacimiento se han encontrado los restos de dos especies o subespecies humanas distintas. Este debate surgió en 2000, cuando se encontró la mandíbula 2600, cuyo tamaño y morfología dental contrasta de manera clara con los restos craneales y dentales de los otros cuatro individuos. Pero el hecho de que los cinco esqueletos procedan del mismo yacimiento ha sido siempre más fuerte que las diferencias de forma y tamaño entre los ejemplares D4500 y D2600 que forman el cráneo 5 y los otros cráneos. En 2013 algunos miembros de nuestro equipo publicamos nuestras dudas sobre la posibilidad de que todos los restos procedieran del mismo nivel geológico, además de explicar las diferencias entre la mandíbula D2600 y las demás mandíbulas mediante dinámicas distintas de crecimiento.

Rightmire y sus colegas nos cuentan que el cráneo 5 tiene un cerebro de unos 540 centímetros cúbicos. Aún siendo el cráneo más grande y robusto del yacimiento, es el que cuenta con el cerebro más pequeño. En los otros cráneos se han estimado volúmenes cerebrales entre 600 y 730 centímetros cúbicos. Este dato resulta sorprendente y Rightmire y sus colegas no lo esconden. La relación entre el tamaño de los huesos de la cara y el tamaño de los huesos que protegen el cráneo se encuentra en el extremo de variación del género Homo. En mi opinión, este dato no es tan sorprendente, puesto que la mandíbula D2600 también bate todos los registros del género Homo. Pero Philip Rightmire no se rinde ante las evidencias y nos ofrece su explicación. En primer lugar, este investigador siempre ha defendido que en África solo hubo una especie arcaica del género Homo: H. habilis, frente a los que defienden que hubo hasta tres linajes diferentes en el Pleistoceno Inferior: H. habilis, H. rudolfensis y H. ergaster. Rightmire no reconoce esta última especie, que incluye en H. erectus.

Hemos de considerar que los fósiles de Dmanisi son contemporáneos o incluso más antiguos que algunos de los restos de estas especies africanas. Es por ello que Rightmire y sus colegas defienden la continuidad evolutiva entre Homo habilis y Homo erectus, una vieja hipótesis que se mantiene viva. Los fósiles de Dmanisi, con su aspecto tan arcaico, serían una forma intermedia entre H. habilis y H. erectus, que se escapó muy pronto de África. Los fósiles de Dmanisi constituirían una prueba fehaciente de la continuidad de este linaje. Los restos más modernos de H. habilis de África, de hasta 1,5 millones de años, solo serían el testimonio de la persistencia de formas arcaicas de este linaje.

De este modo, Rightmire y sus colegas simplifican el problema para encajar un fósil tan extraño como el cráneo 5 de Dmanisi. En mi opinión, si este fósil se hubiera encontrado en otro yacimiento de África o Eurasia se habría nombrado y aceptado sin reparos y con todos los honores una nueva especie del género Homo. La variabilidad de los fósiles humanos se estira y encoge como el chicle, para adaptarla a nuestras hipótesis. Como nos explicaba nuestro colega Ian Tattersall, del Museo de Historia Natural de Nueva York, cuando se estudian los esqueletos de los lémures de Madagascar se encuentra muy poca variabilidad. Sin embargo, esos primates siguen estando ahí para decirnos que cerca de 100 especies diferentes de Lemuriformes, algunos de aspecto muy similar, tienen estilos de vida muy diferentes y conviven sin problemas en la isla de Madagascar.

José María Bermúdez de Castro

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