Archivo por meses: Abril 2017

Disfrutando y reflexionando sobre los cráneos de Xuchang

El pasado 6 de marzo conté en este mismo blog la publicación aparecida en la revista Science sobre la descripción e interpretación de dos cráneos incompletos recuperados en el yacimiento de Xuchang (provincia de Henan, centro de China) entre 2007 y 2014. La profesora Xiujie Wu, una de las autoras del estudio, prometió enseñarnos los fósiles durante nuestra visita a Pekín en la primera semana de abril. En este post quería mostrar una de las fotografías que tomamos en el despacho de Xiujie Wu, mientras nuestra colega nos mostraba los restos originales de los cráneos y las reconstrucciones realizadas a partir de réplicas.

En el despacho de la Profesora Xiujie Wu, con la Dra. María Martinón disfrutando de la observación de los restos originales y la reconstrucción de los cráneos de Xuchang.

Tenemos una inmensa suerte de ir conociendo los tesoros paleoantropólogicos que poco a poco se van encontrando en China. Este inmenso país ha conseguido un desarrollo espectacular en pocos años y su apuesta por la Ciencia es envidiable. La riqueza en yacimientos arqueológicos y paleontológicos es impresionante. Los jóvenes científicos están adquiriendo una formación de enorme calidad tanto en su propio país como en otros lugares del mundo. La suma de recursos humanos y patrimoniales hará de China la primera potencia mundial en los ámbitos de la arqueología y la evolución humana. Lo veremos en pocos años.

Tengo que admitir que nos quedamos muy impresionados al comprobar con nuestros propios ojos la morfología y el enorme tamaño de los cráneos de Xuchang. Su antigüedad, no mayor de 120.000 años, es similar o tal vez algo superior a la de los primeros Homo sapiens recuperados en yacimientos del sur de China (Daoxian y Zhiren). Pero resulta evidente que los cráneos de Xuchang no pertenecieron a nuestra especie. Su morfología es claramente primitiva y podrían incluirse en el taxón Homo erectus, que más que una especie paleontológica se está transformando en un concepto en el que caben formas muy diferentes. Los autores de la investigación de los cráneos de Xuchang destacaron su semejanza en algunos caracteres con los neandertales, un aspecto que merece reflexión en la construcción de los modelos que tratan de explicar el transcurso de la evolución humana en Eurasia en los dos últimos dos millones de años.

Quizá el aspecto más llamativo de los cráneos de Xuchang es su gran tamaño. Cuando leímos el artículo publicado en la revista Science nos parecía que el volumen estimado para el interior del Cráneo 1 de Xuchang, 1.800 centímetros cúbicos, podía ser una exageración. Ahora podemos decir que no es así. Aquellos “humanos “de finales del Pleistoceno Medio tenían un cerebro que superaba en unos 400 centímetros cúbicos el promedio de nuestra especie. Comprobamos una vez más que el aumento del tamaño del cerebro ha sido favorecido por la selección natural en todas las especies del género Homo.

La forma del cerebro de Homo sapiens es diferente a la de todas las demás especies de homininos. La notable esfericidad de nuestro cerebro es consecuencia de un cambio en la trayectoria de su crecimiento, que se produce durante el primer año de vida postnatal. Quizá ese cambio es el resultado de un cambio genético mínimo, pero que se expresa a una edad muy temprana. Es por ello que las consecuencias son muy llamativas en el adulto. El gran tamaño del cerebro de los neandertales y de los cráneos de Xuchang en relación al promedio de nuestra especie nos permite pensar que tanto Homo neanderthalensis como Homo erectus quizá se “pasaron de frenada” en su aumento del tamaño del cerebro. El gasto energético del cerebro del adulto de Homo sapiens representa la cuarta parte de nuestro metabolismo basal en condiciones de reposo (por ejemplo, durante el sueño). El desarrollo del cerebro de un niño de cuatro años puede representar más de 40% de la energía que consume. Así pues, la selección natural puede haber encontrado en nuestra especie un delicado equilibrio en lo que concierne al gasto energético que conlleva el crecimiento y desarrollo del cerebro y las enormes ventajas que supone ser unos primates tan inteligentes.

José María Bermúdez de Castro

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Australopitecos de Manhattan y otras leyendas urbanas

Se acaba de reeditar mi primer libro, publicado en 2002: El Chico de la Gran Dolina, Crítica, Barcelona. Es un libro que me trae muy buenos recuerdos. Fue un trabajo arduo, tanto por la complejidad del tema como por mi inexperiencia en la divulgación científica. Me hace ilusión ver de nuevo la flamante portada del libro, ilustrado de manera excelente por mi buen amigo Mauricio Antón y tan bien cuidado en todos sus detalles por la editorial. La nueva edición lleva un prólogo adicional, en el que comento algunos acontecimientos de estos últimos 15 años. Quizá lo más importante es constatar que la tesis principal del libro sigue vigente, aunque se hayan matizado muchos de los trabajos de investigación realizados desde 1985. Este es un año clave, cuando los entonces jóvenes investigadores Timothy Bromage y Chris Dean publicaron un artículo en la revista Nature concluyendo que la interpretación de la biología de australopitecos, parántropos y los primeros representantes del género Homo podía estar equivocada.

Han transcurrido nada menos que 32 años desde aquella publicación. Chris Dean ya se ha jubilado, aunque sigue con un puesto honorífico en la University College de Londres. Tim Bromage sigue en activo, aunque sospecho que no tardará en retirarse. Pero lo harán con la satisfacción de haber aportado un aspecto muy importante en la interpretación de la biología de los homininos del pasado. Aquel trabajo fue para mi una verdadera inspiración y, de manera modesta, realicé algunos trabajos en esa línea de trabajo. También tengo la satisfacción de saber que uno de mis últimos doctorandos (Mario Modesto) defenderá en 2018 una tesis sobre esta línea de investigación. Por supuesto, la publicación de aquel libro en 2002 fue el resultado de la fascinación que me produjo la publicación de Tim Bromage y Chris Dean en 1985 y todo lo que vino después.

Hasta ese momento, todos los expertos admitían que las especies de los géneros Australopithecus y Paranthropus tenían un desarrollo similar al nuestro, con sus 18 años de crecimiento, niñez prolongada, adolescencia, etc. Tal es así, que la teorías sobre la forma de vida de estos homininos respondía a modelos similares a los de los humanos actuales. Recuerdo bien la frase de un trabajo de Tim Bromage, publicado en 1987, cuya traducción libre era más o menos: si los Australopithecus crecían y se desarrollaban como humanos modernos ¿por qué no eran iguales a nosotros?

Una buena pregunta, que nadie se había planteado. Los expertos (la mayoría norteamericanos) se imaginaban a estos homininos tan arcaicos viviendo en familias nucleares, como las de algún barrio de Manhattan. Los machos se dedicaban a procurar el sustento a la madres y a las crías, mientras que las mamás cuidaban del hogar. Tim Bromage remataba su frase diciendo (traducción libre): los Australopithecus tenían ese aspecto, porque crecían y se desarrollaban como Australopithecus. Así de simple. No había más secretos. El desarrollo de aquellos humanos del pasado terminaba hacia los 10 u 11 años y las hembras podían ser madres hacia los 12-13 años, como sucede en los simios antropoideos. Y los recién nacidos serían tan precoces como los pequeños chimpancés del Gombe.

Portada del libro “El chico de la Gran Dolina”, Planeta, Barcelona.

En la actualidad toda la comunidad científica dedicada al ámbito de la evolución humana admite que aquellos humanos del Plioceno, y aún los primeros Homo del Pleistoceno Inferior, tenían un patrón de crecimiento y desarrollo mucho más parecido al de los chimpancés o al de los gorilas. La visión de nuestros ancestros cambió de manera radical en 1985 y años sucesivos. Los métodos y técnicas de estudio han mejorado mucho desde entonces y se han matizado muchas investigaciones, por supuesto. Pero la tesis principal de aquel trabajo de 1985 y la del libro del “Chico de la Gran Dolina sigue vigente. Tim Bromage y Chris Dean dieron un pequeño paso de gigante, dejando atrás lo que se ha dado en llamar “la frontera del conocimiento”.

José María Bermúdez de Castro

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De nuevo, Pekín y sus grandes secretos

Durante la primera semana de abril hemos tenido ocasión de visitar una vez más a nuestros colegas los profesores Liu Wu, Xiuyie Wu y el Dr. Xing Song, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología (IVPP) de Pekín. Con ellos mantenemos una fructífera cooperación desde 2010, que ha dado como resultado la publicación de varios trabajos científicos sobre fósiles encontrados en el siglo XX y sobre homininos recuperados en fecha reciente. Esta colaboración nos ha permitido conocer de primera mano y estudiar fósiles originales de China, casi vedados a los científicos occidentales tras la segunda guerra mundial. En esta ocasión nos hemos acercado al presente, al estudiar de restos humanos de finales del Pleistoceno Superior del sur de China.

Como en ocasiones anteriores, aprovechamos la visita para compartir seminarios de trabajo con otros colegas de diferentes disciplinas (arqueología, paleogenética, palinología, etc.) y, en particular, con los estudiantes de doctorado. Este año, los organizadores prepararon el encuentro aprovechando la visita de todos los jueves del Profesor Wu Zinzhi, ya retirado. Una verdadera “institución” en el IVPP donde, a sus 89 años, sigue teniendo un cargo honorífico y su propio despacho.

Con el Profesor Wu Zinzhi y mi colega la Dra. María Martinón en el “Institut of Vertebrate Paleontology and Paleoanthropology (IVPP)” de la Academia de China, Pekín. Fotografía tomada por Laura Martín-Francés.

Conocí al Profesor Wu Zinzhi en 1992, año en el que organizamos una reunión científica internacional en el Castillo de la Mota (Valladolid), con el apoyo de la Junta de Castilla y León. El Profesor Emiliano Aguirre, que se había retirado de la carrera científica un año antes, nos ayudó a seleccionar a las “mejores cabezas” de las diferentes disciplinas relacionadas con la evolución humana. Conseguimos traer a España al Prof. Wu Zinzhi, que entonces contaba ya con 64 años. Puedo imaginar su aventura para conseguir el visado correspondiente y volar después haciendo escala en alguna ciudad europea. En la actualidad ya hay vuelos directos entre Madrid y Pekín de casi 12 horas de duración. Pero en aquellos años el viaje podía fácilmente acercarse a las 20 horas, después de interminables enlaces en diferentes aeropuertos europeos. Recuerdo que en mi primer viaje a Pekín, en 2004, el Prof. Wu Zinzhi me mostró los pocos ejemplares fósiles del yacimiento de Zhoukoudian que se salvaron en su fallido traslado a Estados Unidos durante la segunda guerra mundial.

Wu Zinzhi había colaborado con sus colegas Milford Wolpoff (también asistente a la reunión del Castillo de la Mota) y Alan Thorne en la elaboración de la teoría multirregional para explicar el origen de nuestra especie. Según estos tres científicos, la especie Homo erectus evolucionó tanto en África como en Eurasia hacia Homo sapiens, pasando por formas intermedias típicas de cada continente. Nuestra especie se habría forjado en lugares tan distantes del planeta, gracias a su permanente contacto genético. Las cosas han cambiado mucho, desde que se planteó el origen de Homo sapiens en África (teoría de la Eva Negra) y comenzaron a llegar los resultados del estudio del ADN en los fósiles. El conocimiento avanza a gran velocidad y las hipótesis de una época van dejando paso a las siguientes. He tenido la suerte de conocer el desarrollo de las teorías sobre el origen de nuestra especie y a sus artífices más destacados.

En la imagen que acompaña al texto la Dra. María Martinón (“University College” de Londres) y un servidor posamos con el Prof. Wu Zinzhi, tras escuchar nuestras hipótesis sobre la evolución humana en Eurasia. Lo que ahora proponemos no tiene ya nada que ver con la teoría multirregional, pero el Prof. Wu Zinzhi nos escuchó con respeto. Sabemos que nuestras hipótesis quedarán superadas por nuevos hallazgos y métodos de trabajo ahora impensables. El Prof. Wu Zinzhi defendió sus teorías con ilusión y firmeza, sin saber que 20 años más tarde se lograría el “milagro científico” de recuperar el ADN de muchos ejemplares fósiles. Este hecho y el estudio de un registro fósil cada vez más rico han cambiado de manera radical nuestra visión sobre la evolución de Homo sapiens.

José María Bermúdez de Castro

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