Archivo por meses: noviembre 2017

Humanos

Muchas veces he reflexionado sobre el significado del término “humano”. También me lo han preguntado en no pocas ocasiones. La respuesta es difícil, y no porque sea complicado acudir al diccionario de la Real Academia de la Lengua: “dicho de un ser: que tiene naturaleza de Hombre,…(las mayúsculas son mías, para evitar las connotaciones de género) y se añade “ser racional”; también aparece: perteneciente o relativo al Hombre (ser racional). Esta entrada tan sencilla y sintética expresa de manera clara lo que la mayoría entienden por “ser humano”. Una definición tan simple procede de nuestra percepción del mundo que nos rodea, donde nos reconocemos como los únicos seres capaces de tener conciencia de nosotros mismos, planificar, mantener ideas en la mente, pensar, reflexionar, proponer dogmas o hipótesis, o practicar una religión. Es obvio que se trata de una autodefinición de nosotros mismos, que establece fronteras entre los miembros de Homo sapiens y las demás especies del planeta, actuales o extinguidas.

Ilustración de Roman Yevseyev realizada a partir de los restos craneales de uno de los homininos recuperados del yacimiento de Dmanisi (República de Georgia).

 

Claro qué si admitimos la teoría evolutiva y, por ende, la evolución humana, nos encontramos ante un dilema interesante. Aún si somos conscientes de que nuestra especie lleva viviendo en el planeta desde hace casi 300.000 años, podemos plantear si aquellos primeros sapiens se hicieron las mismas preguntas que sabemos se han hecho reconocidos pensadores desde hace unos cuantos centenares de años. Es curioso que en el ámbito de la paleoantropología estemos tan influidos por las reflexiones de esos pensadores tan próximos a nosotros. Así, en los artículos científicos se encuentran términos como “humanos arcaicos”, “humanos recientes” o “humanos modernos”. Por supuesto, se trata de un modo de entendernos y diferenciar las poblaciones que se incluyen en nuestra especie de las que consideramos como pertenecientes a otras especies. No hay ninguna intencionalidad de separar las especies antiguas de la nuestra por cuestiones filosóficas o religiosas. Es puro pragmatismo, pero mediatizado por nuestras propias limitaciones.

 

La biología ya ha sido capaz de estudiar, el genoma, el comportamiento y las habilidades cognitivas de los simios antropoideos. No pretendo ahora listar sus capacidades mentales, pero los expertos han ido borrando poco a poco las fronteras entre ellos y nosotros. Tanto es así que los miembros del Proyecto Gran Simio persiguen desde hace tiempo la necesidad de otorgar a nuestros parientes vivos más próximos la categoría de humanos. Es innecesario explicar las dificultades de este noble propósito, que trata de dignificar a estas especies y protegerlas de su inminente desaparición.

 

Y si algunos pensadores actuales de plantean una cuestión de tanto alcance, ¿qué podemos decir de aquellas especies que nos precedieron en el tiempo?, ¿Dónde ponemos el límite, si es que hemos de establecer una frontera entre los humanos y los no humanos?, ¿es que alguien tiene un artilugio para viajar al pasado y tratar de establecer contacto con los miembros de Homo erectus o con los neandertales? ¿Qué habilidades mentales tendrían? Los neandertales enterraron a sus muertos, pero durante su compleja existencia considero que no tuvieron mucho tiempo para detenerse a pensar durante horas sobre ellos mismos y la naturaleza que les rodeaba.

 

Quienes defiendan una definición sobre el “ser humano” similar a la que sintetiza la RAE a partir de las reflexiones de los pensadores modernos tienen ante sí el reto de establecer un límite dentro de nuestra propia especie ¿Consideramos humanos solo a quienes fueron capaces de pintar en las paredes de las cuevas hace 20.000 años? ¿o buscamos otro criterio?

 

Las capacidades supuestamente superiores que tenemos en la actualidad (planificación, anticipación, mantenimiento de las ideas, organización, capacidad de concentración, o un lenguaje simbólico y complejo) residen sobre todo en el córtex frontal. Pero todos nuestros ancestros han debido tener las mismas habilidades, si bien de manera menos desarrollada porque su córtex frontal era simplemente más pequeño. Con la excepción del pensamiento simbólico y un lenguaje complejo, las diferentes especies de la genealogía “humana” han sido capaces de planificar, anticiparse, organizar, o cuidar de sus enfermos, etc. En ese sentido, hace unos años llamó la atención el hallazgo de un cráneo totalmente desdentado y con las encías reabsorbidas en el yacimiento de Dmanisi (República de Georgia). Hace casi dos millones de años, un grupo “humano” se preocupó de cuidar hasta su muerte a uno de sus miembros de avanzada edad, incapaz de masticar los alimentos crudos y de cierta consistencia, que formaban parte de su dieta. Sin esas cualidades sociales tan humanas, no estaríamos aquí escribiendo o leyendo estas líneas. Por respeto a nuestros ancestros, suelo escribir sobre ellos con el calificativo de “humanos”. Es mi libre elección.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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Untermassfeld: ¿un nuevo caso de fraude científico?

El yacimiento paleontológico de Untermassfeld se localiza a unos 150 kilómetros al norte de la ciudad alemana de Frankfurt-am Mein, en el pleno centro de Alemania y a una latitud de unos 52º norte. Consultando un mapa de Europa notaremos enseguida que ese yacimiento se localiza a una latitud similar a la de Londres y solo algo más baja que la de Kiev, Amsterdam o Varsovia. Su excavación comenzó a finales de los años 1970s y ha proporcionado una de las colecciones de vertebrados fósiles más importantes de toda Europa, con una cronología de entre 1.200.000 y 900.000 años. La colección de fósiles de micromamíferos es una de las referencias para la bioestratigrafía europea.

Excavaciones en Untermassfeld (Alemania). Foto: Marc Steinmetz.

 

Hace un par de semanas, este yacimiento fue noticia en la revista Nature (Nature News, Ewen Callaway, 13 noviembre 2017), debido a la polémica que han suscitado un par de publicaciones científicas de 2016 y 2017 en revistas relevantes sobre evolución humana. Estas publicaciones sostienen que en Untermassfeld existen claras evidencias de presencia humana. Dos prestigiosos investigadores europeos, Wil Roebroeks (Universidad de Leiden, Países Bajos) y Ralf –Dietrich Kahlke (Instituto Senckenberg de Alemania), que conocen bien el yacimiento, han elevado su voz en una publicación científica reciente. En ella niegan de manera tajante tales conclusiones. Las supuestas herramientas no son sino piedras rotas de manera natural y no existen indicios de que los humanos fueran los causantes del depósito de restos en Untermassfeld. Es más, Roebroeks y Kahlke sostienen que los investigadores implicados en esas publicaciones nunca han excavado en Untermassfeld y que las evidencias que presentan muy probablemente no proceden de este lugar. Incluso se habla de robo de materiales de Untermassfeld, devueltos al Instituto Senckenberg de manera anónima ¿Nos encontramos ante otro caso más de manipulación de datos con la idea de publicar artículos científicos para conseguir notoriedad?

 

Dejaremos que todo se aclare antes de quemar a nadie en la hoguera. Sin embargo, este caso ha reabierto el debate sobre las primeras ocupaciones humanas de Europa. Aunque la sierra de Atapuerca y los yacimientos de Guadix Baza, en Granada, tienen claras evidencias de presencia humana hace más de un millón de años, todo apunta a que los homininos solo fueron capaces de colonizar las regiones mediterráneas de Europa durante el Pleistoceno Inferior. Algunos colegas siguen manteniendo que la presencia humana en el sur de Europa fue testimonial, esporádica e intermitente. Sin embargo, no está nada claro que esto fuera así. El sur de Europa tuvo recursos suficientes como para mantener una población estable durante milenios, a la que posiblemente se fueron sumando grupos llegados del Este. Es más, el yacimiento de Pakefield, en el Reino Unido, ha proporcionado una buena colección de herramientas de piedra datadas en 700.000 años. En épocas interglaciares, algo más cálidas que en la actualidad, los humanos de sur de Europa fueron capaces de subir hacia el norte y dejar su huella en la misma latitud que Untermassfeld.

 

Esto no significa que los datos sobre posible presencia humana en el yacimiento de Untermassfeld tengan alguna credibilidad, porque la cronología del yacimiento alemán coincide con una época muy fría del Cuaternario. Las gélidas regiones del norte de Europa tendrían que esperar casi medio millón de años hasta que fueron colonizadas por nuevas oleadas de población, que llegaron a Europa con la tecnología achelense una cultura distinta y seguramente el conocimiento y el dominio del fuego.

José María Bermúdez de

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Un nuevo miembro para la familia de los simios antropoideos

Parece mentira que en pleno siglo XXI, cuando ya exploramos fuera de nuestro sistema solar, todavía seguimos sin conocer todas las especies que viven en la Tierra. Lo que llama más la atención es que la nueva especie descrita hace pocas semanas en la revista Current Biology esté tan relacionada con nosotros mismos. Desde el año 2000 se han descrito nada menos que 87 nuevas especies de primates. La mayoría de los expertos en orangután, liderados en este caso por Alexander Nater, se han reunido para publicar conjuntamente la descripción de la nueva especie Pongo tapanuliensis.

Aspecto de un ejemplar de Pongo tapanuliensis.

 

Esta especie, reducida a tan solo unos 800 individuos, vive en el norte de la isla de Sumatra, en un pequeño territorio denominado Batang Toru, al sur del lago Toru, y no lejos del hábitat de la especie Pongo abelli. Se tenían vagas noticias de la existencia de un orangután algo diferente a los descritos por el propio Linneo en 1760 (Pongo pygmaeus) de la isla de Borneo, y por Lesson en 1827 (Pongo abelii) en la isla de Sumatra. De acuerdo con los datos genéticos, el origen de los orangutanes puede seguirse desde hace unos ocho millones de años, cuando sus ancestros vivían en el sur del continente asiático. El aumento del nivel del mar en una de las fases interglaciares dejó aisladas a varias poblaciones en las actuales islas de Borneo y Sumatra. Este evento ocurrió hace casi tres millones y medio de años, la distancia temporal que separa a las poblaciones de Pongo abelli y Pongo tapanuliensis. Curiosamente, la nueva especie se fragmentó en dos poblaciones hace unos 670.000 años. Una de esas poblaciones ocupó la vecina isla de Borneo (Pongo pygmaeus). Es por ello que, desde el punto de vista genético, los expertos ven más similitudes entre la nueva especie y los orangutanes de Borneo que con sus vecinos de Sumatra.

Islas de Borneo y Sumatra, donde viven las tres especies de orangután. En rojo aparece el territorio donde se localiza la nueva especie, Pongo tapanuliensis. Fuente: Sci-news.com

 

En 1930, un explorador de la isla de Sumatra escribió sobre sus avistamientos de orangutanes en Batang Toru. Pero sus escritos quedaron en el olvido hasta mediados los años 1990s. En esas fechas, el antropólogo Erik Meijaard encontró los escritos y avisó de la posible presencia de alguna variante de los orangutanes en esa región. Finalmente, la muerte de un macho a manos de los nativos permitió a los expertos conocer las características esqueléticas y genéticas de estos orangutanes. Un estudio concienzudo, tanto de los rasgos biométricos como del genoma de este individuo, así como posteriores avistamientos de los individuos de la población de Batang Toru, ha llevado a concluir a los expertos que existe una tercera especie de orangután en las islas de Indonesia. La cabeza de estos primates es algo más pequeña, su cara es más plana que la de las otras especies y su pelo es más rizado. El estudio del genoma ha detectado diferencias que, según los expertos, implican la necesidad de definir una nueva especie. El nombre de la especie alude al distrito de la isla donde vive este grupo de orangutanes: Tapanuli,

 

Este hallazgo nos lleva a reflexionar en profundidad sobre varias cuestiones. En primer lugar, los genetistas admiten que se ha producido flujo genético entre la nueva especie y las anteriores. Es decir, el cruzamiento entre los individuos de Pongo tupanuliensis y las otras especies es factible y ha sucedido. Este mismo proceso ocurre entre las dos especies de gorila y las dos especies de chimpancé, pese a su relativo aislamiento. De ahí que el concepto tradicional de especie tenga sus matices. Ciertamente, la homocigosis que se puede detectar en la nueva especie de orangután es sintomática de su aislamiento y endogamia y, por ende, de su fragilidad como especie en clarísimo peligro de extinción. Pero los límites morfológicos entre las especies son muy tenues. Algunos colegas preferirían hablar de subespecie para estos nuevos orangutanes, como categoría jerárquica inferior a la de especie.

 

Este hecho me ha hecho reflexionar sobre lo que siempre nos cuenta nuestro amigo, el profesor Ian Tattersall. Este investigador del Museo de Historia Natural de Nueva York, ya retirado, trabajó durante su juventud en la isla de Madagascar estudiando las diferentes especies de lemuriformes. Ian siempre nos ha contado que las diferencias morfológicas del esqueleto de las especies de este grupo de primates eran mínimas, pero su comportamiento las diferenciaba muy bien. Es por ello que Tattersall es uno de los paleoantropólogos actuales que defiende la pluralidad de especies en la geneaología humana, frente a los unificadores. Por ejemplo, para muchos expertos la especie Homo erectus vivió en África y Eurasia desde hace dos millones de años hasta hace menos de 100.000 años. Las diferencias entre los grupos humanos asignados a esa especie son muy notables, mucho más que las descritas por Alexander Nater y sus colegas para la nueva especie de orangután. Espero sinceramente que esta publicación haga reflexionar a los partidarios de unir a tantas y tantas poblaciones en Homo erectus, que vivieron alejadas en el espacio (Africa y Eurasia) y en el tiempo (casi dos millones de años). La genealogía humana pudo ser tan compleja como las de los orangutanes y el cajón de Homo erectus pudo tener varios compartimentos. No importa si las poblaciones tuvieron flujo genético entre ellas, como sucede con chimpancés, gorilas y orangutanes. Hay que reconocer que la variabilidad que vemos en el registro fósil responde a un significado biológico digno de tener en consideración.

 

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

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