Un nuevo miembro para la familia de los simios antropoideos

Parece mentira que en pleno siglo XXI, cuando ya exploramos fuera de nuestro sistema solar, todavía seguimos sin conocer todas las especies que viven en la Tierra. Lo que llama más la atención es que la nueva especie descrita hace pocas semanas en la revista Current Biology esté tan relacionada con nosotros mismos. Desde el año 2000 se han descrito nada menos que 87 nuevas especies de primates. La mayoría de los expertos en orangután, liderados en este caso por Alexander Nater, se han reunido para publicar conjuntamente la descripción de la nueva especie Pongo tapanuliensis.

Aspecto de un ejemplar de Pongo tapanuliensis.

 

Esta especie, reducida a tan solo unos 800 individuos, vive en el norte de la isla de Sumatra, en un pequeño territorio denominado Batang Toru, al sur del lago Toru, y no lejos del hábitat de la especie Pongo abelli. Se tenían vagas noticias de la existencia de un orangután algo diferente a los descritos por el propio Linneo en 1760 (Pongo pygmaeus) de la isla de Borneo, y por Lesson en 1827 (Pongo abelii) en la isla de Sumatra. De acuerdo con los datos genéticos, el origen de los orangutanes puede seguirse desde hace unos ocho millones de años, cuando sus ancestros vivían en el sur del continente asiático. El aumento del nivel del mar en una de las fases interglaciares dejó aisladas a varias poblaciones en las actuales islas de Borneo y Sumatra. Este evento ocurrió hace casi tres millones y medio de años, la distancia temporal que separa a las poblaciones de Pongo abelli y Pongo tapanuliensis. Curiosamente, la nueva especie se fragmentó en dos poblaciones hace unos 670.000 años. Una de esas poblaciones ocupó la vecina isla de Borneo (Pongo pygmaeus). Es por ello que, desde el punto de vista genético, los expertos ven más similitudes entre la nueva especie y los orangutanes de Borneo que con sus vecinos de Sumatra.

Islas de Borneo y Sumatra, donde viven las tres especies de orangután. En rojo aparece el territorio donde se localiza la nueva especie, Pongo tapanuliensis. Fuente: Sci-news.com

 

En 1930, un explorador de la isla de Sumatra escribió sobre sus avistamientos de orangutanes en Batang Toru. Pero sus escritos quedaron en el olvido hasta mediados los años 1990s. En esas fechas, el antropólogo Erik Meijaard encontró los escritos y avisó de la posible presencia de alguna variante de los orangutanes en esa región. Finalmente, la muerte de un macho a manos de los nativos permitió a los expertos conocer las características esqueléticas y genéticas de estos orangutanes. Un estudio concienzudo, tanto de los rasgos biométricos como del genoma de este individuo, así como posteriores avistamientos de los individuos de la población de Batang Toru, ha llevado a concluir a los expertos que existe una tercera especie de orangután en las islas de Indonesia. La cabeza de estos primates es algo más pequeña, su cara es más plana que la de las otras especies y su pelo es más rizado. El estudio del genoma ha detectado diferencias que, según los expertos, implican la necesidad de definir una nueva especie. El nombre de la especie alude al distrito de la isla donde vive este grupo de orangutanes: Tapanuli,

 

Este hallazgo nos lleva a reflexionar en profundidad sobre varias cuestiones. En primer lugar, los genetistas admiten que se ha producido flujo genético entre la nueva especie y las anteriores. Es decir, el cruzamiento entre los individuos de Pongo tupanuliensis y las otras especies es factible y ha sucedido. Este mismo proceso ocurre entre las dos especies de gorila y las dos especies de chimpancé, pese a su relativo aislamiento. De ahí que el concepto tradicional de especie tenga sus matices. Ciertamente, la homocigosis que se puede detectar en la nueva especie de orangután es sintomática de su aislamiento y endogamia y, por ende, de su fragilidad como especie en clarísimo peligro de extinción. Pero los límites morfológicos entre las especies son muy tenues. Algunos colegas preferirían hablar de subespecie para estos nuevos orangutanes, como categoría jerárquica inferior a la de especie.

 

Este hecho me ha hecho reflexionar sobre lo que siempre nos cuenta nuestro amigo, el profesor Ian Tattersall. Este investigador del Museo de Historia Natural de Nueva York, ya retirado, trabajó durante su juventud en la isla de Madagascar estudiando las diferentes especies de lemuriformes. Ian siempre nos ha contado que las diferencias morfológicas del esqueleto de las especies de este grupo de primates eran mínimas, pero su comportamiento las diferenciaba muy bien. Es por ello que Tattersall es uno de los paleoantropólogos actuales que defiende la pluralidad de especies en la geneaología humana, frente a los unificadores. Por ejemplo, para muchos expertos la especie Homo erectus vivió en África y Eurasia desde hace dos millones de años hasta hace menos de 100.000 años. Las diferencias entre los grupos humanos asignados a esa especie son muy notables, mucho más que las descritas por Alexander Nater y sus colegas para la nueva especie de orangután. Espero sinceramente que esta publicación haga reflexionar a los partidarios de unir a tantas y tantas poblaciones en Homo erectus, que vivieron alejadas en el espacio (Africa y Eurasia) y en el tiempo (casi dos millones de años). La genealogía humana pudo ser tan compleja como las de los orangutanes y el cajón de Homo erectus pudo tener varios compartimentos. No importa si las poblaciones tuvieron flujo genético entre ellas, como sucede con chimpancés, gorilas y orangutanes. Hay que reconocer que la variabilidad que vemos en el registro fósil responde a un significado biológico digno de tener en consideración.

 

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

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Un pensamiento en “Un nuevo miembro para la familia de los simios antropoideos

  1. JoseAngel

    Dado que hay muchos criterios diferentes para definir qué es una especie, y según los contextos cada uno puede adquirir relevancia diferente (con lo cual no se pueden sumar sencillamente), es inevitable que hay diversas especies de “especie”. Por ello mismo será inevitable que quede sin resolver el debate entre los agrupadores de especies, que insisten en la continuidad y proximidad genética, y los “separadores”, que insisten en características morfológicas reconocibles y relevantes. Esto de la diferencia entre los “agrupadores” de especies y los “separadores” es comentado de manera muy divertida por Stephen Jay Gould, que los llama respectivamente los “lumpers” y los “splitters”. Y hace poco vi que hablaba del mismo tema (si bien no con referencia a las especies) Francis Bacon, en su ‘Novum Organum’, donde comentaba los obstáculos al entendimiento que el llamaba ‘ídolos de la tribu’, así:

    “§55. La distinción más grave, y en cierto modo fundamental, que se observa en las inteligencias, relativa a la filosofía y a las ciencias, es que unos tienen mayor actitud y habilidad para apreciar las diferencias de las cosas, y otros para apreciar las semejanzas. Los espíritus fuertes y penetrantes pueden fijar y concentrar su atención sobre las diferencias, aun las más sutiles; los espíritus elevados y que razonan, distinguen y reúnen las semejanzas más insignificantes y generales de los seres: una y otra clase de inteligencia cae fácilmente en el exceso, percibiendo o puntos o sombras” (‘Novum Organum’, SARPE, p. 47)

    La paleoantropología humana parece especialemnte vulnerable a esta dialéctica insoluble entre ‘lumpers’ y ‘splitters’, que encuentra en esta observación de Bacon tal vez su primera exposición. (Esto lo sostendré hasta que algún ‘lumper’ me cite algo de Platón).

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