¿Cómo explicar la diversidad inicial del género Homo?

En 1972 Richard Leakey descubrió el cráneo KNM-ER 1470. Aunque pueda parecer tan solo un conjunto de letras y números, todos los expertos conocen de memoria estas siglas. Estuvieron en boca de todos los expertos durante años, debido a la polvareda que levantó su publicación y los primeros datos sobre su antigüedad. Richard Leakey siempre fue partidario de envejecer el origen del género Homo. El cráneo 1470 fue asignado por Leakey a una especie indeterminada del género Homo (Homo sp.), cuya datación se estimó en 2,9 millones de años. El volumen del cráneo (reconstruido a partir de muchos fragmentos) se calculó inicialmente en 750 centímetros cúbicos (c.c.). En estudios posteriores esa cifra se ha llegado a rebajar hasta 530 c.c., aunque hemos de recordar las dificultades que entraña conseguir un dato fidedigno del volumen interno de un cráneo.

Mandíbula KNM-ER 60000, del yacimiento de Koobi Fora, Kenia, datada entre 1,91 y 1,95 millones de años. Fuente: Nature

 

Gracias al estudio de las especies de mamíferos que se encontraron en el mismo estrato geológico que KNM-ER 1470, los expertos en biocronología pensaron que la edad geológica de este cráneo se había “envejecido” demasiado. Se tomaron más muestras y se dataron mediante el método del potasio/argón, cuya precisión era cada vez mayor. Finalmente, la fecha del cráneo 1470 quedó fijada en 1,9 millones de años. Aun así, es posible que Richard Leakey tuviera razón y hoy en día siguen apareciendo fósiles, que sugieren un origen del género Homo entre dos y tres millones de años. Pero esa es otra historia.

 

Desde su primera descripción, varios reconocidos paleoantropólogos debatieron sobre la posibilidad de que el cráneo 1470 perteneciera a la especie Homo habilis. Dado que su tamaño era mayor que el de los pequeños “habilis” encontrados en la garganta de Olduvai, el debate se centró en la posible diferencia entre hembras y machos de esta especie (dimorfismo sexual), o en las diferencias regionales y temporales. Pero a nadie se le escapaba que el cráneo 1470 tenía una cara muy peculiar, particularmente larga y aplanada, muy diferente a la de los ejemplares de Olduvai. ¿Quizá una adaptación particular en la forma de masticación? En los años 1990s el debate llegó a su punto álgido y un artículo publicado por Bernard Wood en la revista Nature fue clave para que a partir de ese momento una mayoría de investigadores reconociéramos la existencia de la especie Homo rudolfensis, propuesta en 1985 por Valerii Alexeev, y cuyo representante tipo era el cráneo KNM-ER 1470.

 

Así las cosas, varios fósiles encontrados a partir de entonces buscaron su acomodo en esta especie, como la mandíbula UR 501 (Malawi) o el hueso temporal KNM-BC 1. Estos especímenes no han llegado a convencer y su asignación a Homo rudolfensis está muy cuestionada. En cambio, los fósiles KMN-ER 60000, una mandíbula muy bien conservada, y KNM-ER 62000, una cara inferior incompleta con varios dientes, tienen muchas posibilidades de pertenecer a esta especie. Fueron publicados en 2012 en la revista Nature por un gran equipo de paleoantropólogos, encabezados Meave Leakey. La cara es tan aplanada como la del cráneo 1470, con la raíz del hueso cigomático muy adelantada. El tamaño de esta cara es menor que la del holotipo KNM-ER 1470, pero las diferencias podrían deberse a dimorfismo sexual. La mandíbula es muy corta y encajaría perfectamente con una cara aplanada como la de Homo rudolfensis. Como sucede en los maxilares, los dientes anteriores (incisivos y caninos) están alineados en lugar de situarse en la curva característica que se observa en otras especies del género Homo. Tanto la proximidad geográfica como la temporal (1,78-1,95 millones de años) son factores a favor de aceptar que KNM-ER 60000 y KNM-ER 62000 pueden estar relacionados con el cráneo 1470.

 

Estos hallazgos contribuyen sin duda a reforzar la existencia de la especie Homo rudolfensis, que hasta entonces podía ser cuestionada por el hecho de estar formada por un único ejemplar. La diversidad de especies del género Homo en el este de África hace entre 1,5 y 2,0 millones de años es cuando menos llamativo ¿Cuál era el papel de Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo ergaster en los ecosistemas de esta región de África?, ¿cabría pensar en especializaciones alimentarias?, ¿quizá coincidieron en el tiempo, pero no tanto en el territorio? Lo cierto es que el registro fósil sigue creciendo. Si Homo naledi tuvo su origen en el Pleistoceno Inferior, el continente africano fue el hogar de al menos cuatro especies muy similares, atribuidas por los expertos al género Homo ¿Cómo explicar esta verdadera explosión de formas distintas? La progresiva extinción de los australopitecos dejó nichos libres en los ecosistemas de África, que quizá fueron ocupados por homininos con un cerebro algo más grande. Además, tendríamos que aceptar una cierta diversidad de hábitats, que ofrecieron recursos diversos para humanos parecidos, pero ciertamente distintos. La pregunta sigue en el aire, y todavía nadie ha sido capaz de ofrecer una respuesta convincente.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

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