Archivo por meses: febrero 2018

Toumai: la “esperanza de vivir” guarda secretos inconfesables

El 19 de julio de 2001, Alain Beauvilain encontró una acumulación de restos fósiles en el desierto de Djurab, en la República del Chad. Beauvilain formaba parte de una expedición formada por arqueólogos y paleontólogos de Francia y del Chad, empeñados en la búsqueda de antiguas evidencias del pasado más remoto de la humanidad. Entre los restos hallados por Beauvilain destacaba un cráneo muy deteriorado, que fue restaurado y estudiado a fondo por sus descubridores. Los resultados no se hicieron esperar. El 15 de julio de 2002, Michel Brunet, responsable de la expedición, publicó junto a sus colegas la descripción del cráneo, que fue portada de la revista Nature. El cráneo se dató entre seis y siete millones de años y fue descrito como el hominino más antiguo del linaje humano conocido hasta ese momento. Por fin teníamos un fósil tan antiguo como sugerían las predicciones realizadas por los genetistas para la divergencia de la genealogía humana y la genealogía de los chimpancés.

Cráneo de Sahelanthropus tchadensis. Fuente: Wikipedia.

El fósil fue clasificado en el nuevo género y especie Sahelanthropus tchadensis, aunque la mayoría de los expertos se refieren al cráneo de manera coloquial como “Toumai”. Este fue el cariñoso apodo que recibió el cráneo, que en la lengua local del Chad (Dazaga) significa “esperanza de vivir”. Toumai tenía un cerebro muy pequeño, de unos 350 centímetros cúbicos, arcos supraorbitales prominentes, caninos relativamente pequeños y un foramen magno situado en posición basal. Esta particularidad anatómica implicaba que la columna vertebral se situaba bajo el cráneo y demostraba que Sahelanthropus tchadensis había caminado erguido sobre la piernas, como lo hacemos nosotros. Existe un consenso de que la bipedestación nos diferenció definitivamente de la genealogía de los chimpancés, por lo que Toumai fue considerado como el hominino más antiguo conocido hasta entonces. Y, hasta el momento, nadie ha reclamado el honor de haber encontrado un fósil del linaje humano que supere ese registro.

Cuando se propone una hipótesis de tanto alcance el debate y las críticas están aseguradas. Algunos expertos mostraron su desacuerdo con las conclusiones de Michel Brunet y su equipo. Por ejemplo, el paleoantropólogo Milford Wolpoff escribió un artículo en la propia revista Nature, desacreditando la hipótesis de Brunet. Según Wolpoff, las características anatómicas de Toumai estarían más próximas a las de los parientes de los chimpancés, por lo que un nombre más adecuado para el fósil sería el de Sahelpithecus. Ese nombre haría alusión al parentesco de aquel primate de los inicios del Plioceno con otros primates no humanos. Brunet replicó de inmediato con la misma ironía que Wolpoff, pero con firmeza, en un nuevo artículo publicado por la revista Nature. Y ahí se quedó todo, hasta hace unos días.

Conjunto de restos encontrados por Alain Beauvilain en 2001 en el desierto de Djurab (Républica del Chad): Fuente: Nature.

Toumai no apareció solo, sino en compañía de otros muchos fósiles. Entre ellos se encontraba la diáfisis de un fémur, que se empaquetó junto a todos los restos y se envió a Francia para su estudio. Aude Bergeret (director del Museo de Historia Natural de Victor-Brun de Montauban) y Roberto Macchiarelli (paleoantropólogo de la Universidad de Poitiers realizaron un estudio del fémur. Sus conclusiones quedaron reflejados en un breve resumen, que enviaron a la Sociedad de Antropología de París para su aprobación y presentación publica en un congreso celebrado entre el 24 y el 26 de enero de este año en Poitiers. Curiosamente, el resumen fue rechazado por la organización. Ewen Callaway, perdiodista científico, nos ha relatado esta historia de nuevo en la revista Nature, que reabre el debate sobre Toumai. Bergeret y Macchiarelli dudan de que ese fémur hubiera pertenecido a un hominino bípedo y proponen revisar todo el material fósil encontrado en 2001. No parece una propuesta descabellada, sino la reapertura de una investigación científica, a la que no se puede dar carpetazo. Callaway se pregunta por las razones del comité científico del congreso de Poitiers para rechazar una comunicación preparada por dos investigadores de reconocido prestigio. Algunos colegas de renombre, como Bernard Wood y Bill Jungers, han expresado su sorpresa por esa negativa. Este último no comprende por qué el fémur se ha mantenido en secreto durante años ¿Qué se esconde detrás de esa omisión voluntaria de información? Si el fémur está relacionado con el cráneo su estudio es absolutamente necesario. No importa si Toumai queda descartado, no solo como un miembro del “selecto club” de los ancestros de la humanidad, sino como la evidencia más antigua del linaje que a la postre dio lugar a nuestra especie.

Es posible que no tardemos en tener más noticias sobre este nuevo expediente X de la paleoantropología.

José María Bermúdez de Castro

 

 

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Dientes de Zhoukoudian y la historia ignorada del Lejano Oriente

Desde que los fósiles del famoso yacimiento de Zhoukoudian se perdieron en 1941 durante su traslado a Estados Unidos en la segunda guerra mundial, todos hemos tenido que referirnos a ellos a través de las descripciones y dibujos que nos legó Franz Weidenreich. Las réplicas de escayola realizadas antes de su lamentable pérdida tienen una calidad pésima y apenas se puede adivinar la forma de los restos. En particular, los detalles morfológicos de los dientes y de otras partes anatómicas no se pueden evaluar de manera correcta en estos moldes.

Dientes humanos del yacimiento de Zhoukoudian (Pekín). Fuente: Scientific Reports Imagen tomada por Xing Song.

Los fósiles humanos de la localidad 1 de Zhoukoudian se recuperaron en poco más de 15 años, mediante métodos de excavación hoy día fuera de lugar. A pico y pala se procesaron cientos de toneladas de un yacimiento, cuya profundidad es de unos 25 metros. La antigüedad de los diferentes niveles se ha estimado entre medio millón de años y unos 200.000 años. El antropólogo canadiense Davison Black propuso el nombre de Sinanthropus pekinensis para los humanos recuperados de Zhoukoudian, en una época en la que todavía había muy pocos fósiles para siquiera hacerse una idea de la complejidad de la evolución humana.

 

En los años 1950, los fósiles perdidos de Zhoukoudian quedaron incluidos en la especie Homo erectus. Para entonces ya no había otra manera de estudiar este material que mediante las descripciones de Weidenreich. Pero la especie Homo erectus se consideró un escalón en la evolución humana, en línea única y directa hacia la humanidad actual. Ahora ya sabemos que la evolución de la genealogía humana se asemeja a un arbusto, lleno de linajes extintos. A pesar de ello y por la falta de información que se ha tenido de los yacimientos y fósiles de China durante décadas, todos los fósiles humanos del Pleistoceno recuperados en este país han sido asignados de manera automática a la especie Homo erectus. Algunos estudios relativamente recientes de los fósiles humanos tanto de China como de Indonesia han notado diferencias entre unos y otros. Pero a la postre, nadie ha osado cuestionar la clasificación de los fósiles del lejano oriente.

 

En la última década, los investigadores más jóvenes de China, con los que hemos tenido la inmensa suerte de colaborar, han valorado la variabilidad del registro fósil humano de su país. Por ejemplo, los restos de yacimientos como Paxian Dadong, Xujiayao o Xuchang, datados en la parte final del Pleistoceno Medio, también muestran una notable variabilidad y diferencias dignas de consideración con los restos de Zhoukoudian.

 

En un trabajo que hoy publica la revista Scientific Reports hemos tenido la oportunidad de colaborar con el joven científico chino Xing Song en la evaluación de los seis únicos dientes que se conservan del yacimiento de Zhoukoudian. Cuatro de estos dientes se recuperaron en excavaciones de los restos de la localidad 1 de Zhoukoudian entre 1949 y 1959. El sexto diente se encontró en 1966. Como sucedió con otros fósiles de China, la descripción de estos dientes se realizó en revistas locales, en lengua china. Todos estos fósiles quedaron olvidados en armarios de instituciones científicas de China. Pero la apertura y modernización de este país ha llegado también a la ciencia de manera exponencial. Poco a poco se va conociendo el increíble potencial arqueológico y paleontológico de China.

 

Los dientes del yacimiento de Zhoukoudian tienen una serie de particularidades, que ya se adivinaban en los dibujos de Franz Weidenreich, y muestran similitudes con los de otros yacimientos chinos de la misma época y de latitud similar: Hexian, Yiyuan y Xichuan. Las peculiaridades de estos dientes no se encuentran en yacimientos de Indonesia o, incluso, del sur de China. Por supuesto, las diferencias son también evidentes con los fósiles europeos o los africanos. Además, las nuevas técnicas de micro-CT permiten estudiar caracteres internos del esmalte, la dentina y la cavidad pulpar mediante imágenes virtuales, que están ofreciendo una nueva visión de la variabilidad de los fósiles humanos.

 

Según se vayan publicando los trabajos de revisión de los materiales olvidados en los cajones de instituciones de China, así como los de nuevas excavaciones iremos teniendo una nueva visión del registro fósil del Lejano Oriente. Es muy posible que en pocos años se cuestione la uniformidad aceptada por falta de información y veamos una pequeña revolución en la manera de considerar los homininos de China, Indonesia y otros lugares del Lejano Oriente. Las diferencias con los fósiles de Europa y África no pueden ser ignoradas. Es inadmisible meter a todos los fósiles en un mismo cajón sin una revisión crítica. Al menos, tenemos que entender la historia de estas poblaciones, ignorada desde siempre.

El artículo puede leerse de manera gratuita en la siguiente dirección: www.nature.com/articles/s41598-018-20432-y

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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