¿Cuánto tiempo convivieron los neandertales con los humanos modernos en Europa?

 

Esta pregunta tiene su miga. En primer lugar, no estamos seguros de sí hubo convivencia o sencillamente las dos especies coexistieron en el mismo territorio. Es posible que Homo sapiens se instalara en muchos lugares de Europa, que los neandertales habían dejado libres. Varios estudios apuntan a un debilitamiento genético de la especie Homo neanderthalensis debido a la disminución de la densidad de población y a un incremento de la endogamia. De ser así, la entrada de Homo sapiens en Europa habría sido un verdadero “paseo militar”, ocupando los mejores territorios, otrora explotados por los neandertales.

Imagen clásica, que compara un cráneo de Homo neanderthalensis (La Ferrassie) de un cráneo de Homo sapiens (Cro-Magnon).

 

Para responder al interrogante que plantea el título de este post es necesario tener dataciones abundantes y muy precisas sobre los yacimientos donde aparecen los restos de los últimos neandertales y los de los primeros sapiens. El debate sobre estas dataciones ha estado presente en todos los congresos dedicados a la transición cultural y biológica de Europa durante el Pleistoceno Tardío. No es un problema estrictamente arqueológico, puesto que los expertos son capaces de reconocer con relativa facilidad los conjuntos musterienses y châtelperronienes de las últimas poblaciones neandertales, de los conjuntos auriñaciences y gravetienes de las primeras poblaciones de humanos modernos. El mayor problema reside en la capacidad del método del radiocarbono. Este método tiene un límite máximo de unos 50.000 años, que está precisamente muy cerca de la sustitución de los neandertales europeos por los humanos de nuestra especie. Los expertos en geocronología se han esmerado en mejorar los resultados que se pueden obtener con el empleo del radiocarbono, evitando los problemas derivados de la contaminación de las muestras y obteniendo datos con muy poco margen de error.

 

Los resultados no son homogéneos en todas las regiones de Europa, debido a la cantidad y calidad de las investigaciones. Podemos decir, con orgullo, que nuestro país es modélico en este ámbito, como lo demuestra la última publicación aparecida en la revista PLOS ONE y liderada por la investigadora Ana Belén Marín Arroyo. Los autores de este trabajo han presentado 46 dataciones de diferentes yacimientos de la cornisa Cantábrica, donde existe una concentración extraordinaria de yacimientos de estas cronologías, y donde es posible plantear un proyecto modélico sobre la transición entre las poblaciones de Homo neanderthalensis y Homo sapiens. Puesto que los artículos científicos de esta revista tienen acceso libre, se puede consultar toda la información en la dirección: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0194708. Se podrá acceder tanto a la lista de yacimientos estudiados como a los métodos de estudio.

 

De acuerdo con los resultados de este programa de investigación, la cultura Musteriense desapareció de la cornisa Cantábrica hace entre 47.900 y 45.100 años antes del presente (A.P.), mientras que el Châtelperroniense, la última tecnología atribuida no sin debate a los neandertales, continuó presente en la región entre 42.600 y 41.500 años (A.P.). No existe solapamiento entre estas dos culturas, un enigma a resolver todavía en este programa de investigación. La primera tecnología claramente atribuida a Homo sapiens (el Auriñaciense) apareció hace entre 43.300 y 40.500 años (A.P.) y desapareció hace entre 34.600 y 33.100 años (A.P.).

 

Esta precisión causa envidia sana por su precisión a quienes investigamos en épocas más remotas. Y esa precisión nos dice que los humanos modernos y los neandertales pudieron convivir o coexistir durante menos de 1.000 años en la cornisa Cantábrica. Como recuerdan los autores de este trabajo, la ausencia de restos humanos asociados a los tecno-complejos de la cornisa Cantábrica es un hándicap de la mayoría de los yacimientos estudiados. Pero solo es cuestión de tiempo que esos restos terminen por aparecer. Cuando eso suceda sabremos si hubo convivencia o coexistencia. Ya se tiene constancia de la hibridación entre las dos especies, puesto que no hubo tiempo suficiente desde la separación de los dos linajes de su ancestro común para evitar la posibilidad de tener descendencia fértil. Los eurasiáticos llevamos todavía en nuestro genoma entre un 2 y un 4% de genes heredados de aquel mestizaje. Sin embargo, no podemos asegurar si la hibridación fue fruto de una convivencia pacífica o forzada por las circunstancias. Tiempo al tiempo.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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