El uso de las herramientas de piedra: traceología

La forma de algunas herramientas de piedra de la prehistoria casi nos revela su posible funcionalidad. Es una suposición basada en la lógica de nuestras deducciones mentales. Pero podemos estar equivocados. Y más si asumimos cual podía ser la función en herramientas fabricadas hace dos millones de años. Suponemos que los filos cortantes permitieron cortar trozos de carne o los tendones de las presas capturadas. Seguramente no nos equivocamos. Pero una cosa es presuponer y otra muy diferente encontrar datos objetivos, que permitan contrastar nuestras hipótesis.

Fabricando herramientas. Fuente: youtube.

 

Puesto que no podemos viajar al pasado para ser testigos directos de la vida de nuestros ancestros, especialistas como nuestros compañeros del CENIEH, Joseba Ríos Garaizar y del IPHES (Robert Sala) han recurrido al diseño de experimentos prácticos. Esta línea de investigación, iniciada hace algunos años, recibió el nombre de traceología. Se pensó en diferentes funciones para las herramientas y en particular para las más complejas, elaboradas por los neandertales o los primeros Homo sapiens; pero también para las que fabricaron especies anteriores, como Homo habilis y Homo erectus. La tecnología cada vez más perfeccionada de los microscopios, incluidos los electrónicos de barrido, estimularon la imaginación de los arqueólogos. Tenían a su disposición los medios técnicos para realizar observaciones, inimaginables hace varias décadas.

 

Hemos de asumir que la vida de nuestros antepasados era muy sencilla y que se manipularon únicamente materias primas derivadas de los animales y de las plantas. Así que se desde hace años comenzaron a diseñarse experimentos en los que se cortaba la carne, se aguzaban ramas de árboles o se pulían las pieles de diferentes animales. Se emplearon herramientas de sílex, cuarcita, obsidiana, etc., construidas por arqueólogos experimentados, similares a las encontradas en los yacimientos del pasado. Después de un uso más o menos prolongado, se examinaron las trazas de desgaste que generaba su uso en la superficie de las herramientas.

 

Así fue como se detectaron huellas de uso, características de cada función imaginada. El paso siguiente consistió en comparar los patrones de desgaste de las herramientas fabricadas por los arqueólogos y las encontradas en los yacimientos. Y los resultados no decepcionaron. Al contrario. Esos patrones eran muy similares, por lo que se podía inferir el uso particular de cada tipo de herramienta. Cuando hace unos 300.000 años se produjo la diversidad en la fabricación de utensilios de formas diferentes, los homininos ya estaban diseñando estrategias para optimizar los resultados del uso de sus herramientas.

 

De manera quizá no tan sorprendente, aprendimos hace unos años que los europeos de hace 300.000 años, sino antes, ya habían aprendido a curtir las pieles de los animales. Las condiciones climáticas en el hemisferio norte durante las épocas glaciales seguramente estimularon la imaginación de nuestros ancestros, que había colonizado las tierras del norte. Las glaciaciones sobrevenidas pudieron convertirse en trampas mortales. Seguramente lo fueron para muchas poblaciones, incluidas las humanas. Pero la cultura fue nuestra mejor adaptación. Qué no nos extrañe ver reconstrucciones de nuestros antepasados europeos, protegidos con pieles de animales. No se trata de cubrir sus “vergüenzas”, sino de lo que pudo suceder en realidad. Se vestían y posiblemente se calzaban si era necesario para protegerse de los rigores climáticos. Las lanzas de madera encontradas entre los sedimentos de lignito del yacimiento alemán de Schöningen (400.000 años de antigüedad), también nos hablan de la fabricación de herramientas de madera en épocas tan remotas (ver post de 22 de octubre de 2013). Las trazas del pulimento de la madera en las herramientas de piedra se corresponden perfectamente con las que quedan después de aguzar las ramas de los árboles. Poco a poco y con ingenio, vamos sabiendo cada vez más sobre aquellas poblaciones, que solo nos han dejado testimonios mudos sobre su vida.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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