Archivo por meses: mayo 2018

Los antiguos pobladores de las estepas de Siberia

El Holoceno, que comenzó aproximadamente hace unos 10.000 años al término de la última glaciación, fue testigo de movimientos migratorios importantes de las poblaciones de Homo sapiens. Otras poblaciones echaron raíces en territorios concretos, atados por el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Nunca ha sido sencillo seguir la dinámica de estas poblaciones a través de los escasos restos óseos, sino que se ha recurrido al registro arqueológico. El estudio de las lenguas ancestrales también ha permitido inferir el origen y los movimientos de los pueblos. Pero la genética está revolucionando el estudio de las dinámicas migratorias, gracias a la posibilidad de identificar marcadores genéticos en los genomas extraídos de los restos esqueléticos. El frío de algunas regiones del planeta ha favorecido la conservación del ADN y el ARN en esos restos. Las bases de datos se incrementan día a día, permitiendo estudios de centenares de individuos encontrados en docenas de yacimientos.

Reconstrucción de un guerrero escita. Fuente: Sputnik Mundo.

 

La última investigación sobre la dinámica de las poblaciones de nuestra especie acaba de publicarse en la revista Nature. Peter de Barros y Eske Willerslev (Universidad de Copenhague) han liderado un trabajo firmado por varias docenas de personas, que han aportado restos encontrados en numerosos yacimientos de las estepas de Eurasia. Se han podido secuenciar hasta 137 genomas de otros tantos individuos, que cubren un período de 4.000 años, tras el período conocido como la Edad del Bronce.

 

Los escitas, dominaron un amplísimo territorio durante toda la Edad del Hierro, que comprendía buena parte de las estepas situadas al norte y al este del mar Negro y del mar Caspio, desde el este de Europa hasta el noroeste de China (Manchuria). Su economía se basaba en el pastoreo, que incluía el dominio de la monta del caballo. Los escitas podían así recorrer las enormes distancias que dominaban las distintas tribus que componían este complejo grupo de habitantes de Eurasia. Su origen puede seguirse hasta el actual estado de Irán. De hecho, el territorio de los escitas comparte frontera con el imperio de los partos (imperio de Partia), situado al sur, y que comprendía los actuales estados de Irak, Irán, Armenia y Georgia, entre otros. Todos estos territorios forman parte de los imperios de la antigüedad (no tan conocidos para nosotros) y situados entre los vastos dominios del continente europeo y de la antigua China. Solo con estos datos podemos darnos cuenta de la enorme importancia del territorio del actual estado de Irán durante la antigüedad. Su influencia persiste en la actualidad. No en vano, las tensiones del actual estado de Irán con ciertos estados occidentales no son fruto de la casualidad, sino de una larguísima influencia de los pueblos de origen iraní en buena parte del mundo conocido antes del desarrollo del continente americano.

 

Volviendo a los escitas, su estabilidad económica fue alterada por la llegada de pueblos llegados más al este de su territorio, como demuestran los marcadores genéticos. Los invasores eran nómadas esteparios procedentes del actual estado de Mongolia, dedicados sobre todo a la caza y la recolección. Así llegaron a formarse las confederaciones Xiongnu, que poco a poco se desplazaron hacia el oeste. En las regiones más occidentales de estas confederaciones puede estar el controvertido origen del temido pueblo Huno, que migraron hacia el oeste y contribuyeron a la caída del imperio de Roma en el siglo V d.c.

 

La investigación genética publicada en la revista Nature es un ejemplo más de las posibilidades que ofrece la paleogenética. Por descontado, no es posible desentrañar todos los enigmas de una historia tan larga y compleja, como la que pudo suceder en los amplísimos territorios de Eurasia. No es sencillo encontrar elementos arqueológicos que permitan reconstruir toda esa historia. El estudio del lenguaje actual solo es capaz de inferir movimientos importantes de población, como la influencia de las lenguas de origen turco en diferentes partes de Eurasia. La genética puede sin duda ayudar a comprender la historia de los pueblos de las regiones centrales de Eurasia, tan desconocida para la mayor parte de los europeos y que tanto peso ha tenido y tendrá en el devenir de la humanidad.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

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Los genes y “Leyenda Negra Española”

Examinando las revistas científicas relacionadas con la antropología y la evolución humana te puedes encontrar con estudios curiosos e inesperados. Este ha sido el caso de un trabajo firmado por varios genetistas, encabezados por Maarten Larmseau, del Departamento de Ciencias Biomédicas Forenses y Arqueología Molecular de Leuven (Bélgica) y publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology. Por cierto, en esta investigación también ha participado un genetista español, Francesc Calafell, de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Tercios de Flandes. Fuente: 1785

 

En las breves líneas que siguen es imposible siquiera resumir los acontecimientos históricos acaecidos en el siglo XVI, cuando se produjo la rebelión de los Países Bajos contra el imperio de Felipe II. Los historiadores han investigado a fondo los aspectos económicos, religiosos y políticos de la revuelta, que llevó a Felipe II a enviar en 1566 un ejército de 10.000 soldados a los Países Bajos bajo el mando del duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel. Las tensiones derivadas de estos acontecimientos dieron lugar a numerosos sucesos bélicos, que la historia cuenta bajo diferentes puntos de vista. Todo terminaría en 1648 con la firma del tratado de Münster, que ponía fin a la llamada guerra de los ochenta años y representaba la independencia de los Países Bajos del imperio español.

 

Por supuesto, los conflictos armados no terminan con el cese de las hostilidades, sino que el odio entre los contendientes puede durar varias generaciones. Como han explicado numerosos historiadores (varios de ellos citados en la investigación de Larmseau y sus colegas), la popular Leyenda Negra Española fue diseñada por la política como un método eficaz para crear un sentimiento nacionalista en los nuevos estados independientes. Es una obviedad que todos los conflictos originan atrocidades. Pero no es menos cierto que la propaganda es también un arma muy útil para elevar la moral de la población durante y tras el conflicto armado, y procurar la unidad ante el enemigo común. Así surge la Leyenda Negra que, entre otros muchos aspectos, habla de las atrocidades cometidas por las tropas enviadas a los Países Bajos bajo el mando del odiado y temido Duque de Alba. Aquellos soldados fueron tachados de asesinos, ladrones y violadores y calificados como “la Furia Española”. ¿Qué hay de verdad y de exageración en esta narrativa?

 

Los genetistas han dejado a un lado estas cuestiones difíciles de contrastar y se han centrado en los datos. Si durante aquellos ochenta años se produjeron agresiones sexuales continuadas (además de los matrimonios entre españoles/as y los/as habitantes de aquellas regiones), los marcadores genéticos habrían dejado su huella en la población actual de los Países Bajos. Han transcurrido muy pocas generaciones y esa huella podría detectarse con facilidad, especialmente en el cromosoma Y. En particular, los investigadores han trabajado con los marcadores genéticos Z195 y SRY2627 del cromosoma Y.

 

El número de individuos examinados asciende a 5.513, donantes anónimos, originarios de España, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Portugal y, por supuesto, de los Países Bajos. Los individuos de los Países Bajos fueron cuidadosamente seleccionados, bajo la premisa de que su genealogía era anterior a 1800 y relacionada con las regiones afectadas por aquella guerra de los siglos XVI y XVII. Aproximadamente, tres cuartas partes de la armada española enviada a Flandes tenían su origen en diferentes zonas de la península ibérica y en particular del País Vasco. La frecuencia de estos marcadores es muy similar en todas las regiones españolas, según los datos publicados en 2017 por un equipo español liderado por Neus Solé-Morata y Francesc Calafell. En cambio, las frecuencias disminuyen hacia el norte de Europa y apenas son testimoniales en los Países Bajos. No se observaron diferencias entre los individuos procedentes de las ciudades supuestamente saqueadas por los soldados al mando del duque de Alba y otras ciudades de los Países Bajos.

 

En definitiva, aunque aquella guerra fuera tan horrible como todos los conflictos armados y sucedieran acontecimientos deplorables en uno y otro bando, los datos científicos objetivos desmienten las exageraciones interesadas que alimentaron nuestra Leyenda Negra.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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Adolescencia: ¿qué sabemos de esta etapa de la vida?

Vivimos una época en la que la comunicación ha cambiado por completo nuestra forma de entender el mundo. La información fluye a gran velocidad por diferentes medios, permitiendo que sepamos lo que ocurre casi en el mismo instante en que sucede. Este hecho innegable tiene sus ventajas, pero también sabemos que existen inconvenientes. Uno de ellos consiste en difundir información no verificada. Hay muchas prisas por llegar antes que los demás en la difusión de noticias y poco tiempo para la reflexión. Quizá tampoco es importante, porque nuestra mente es incapaz de retener y almacenar en la memoria a largo plazo esa información fugaz, que pasa de largo.

Fuente: Sol de Hidalgo

 

Hace varias semanas tuve ocasión de leer una noticia sorprendente. Según un artículo de opinión (que no un artículo científico con datos) de la revista médica The Lancet la adolescencia se habría extendido hasta los 24 años ¿Qué se pretendía explicar en ese artículo? Puedo imaginarlo, pero una lectura en diagonal y los titulares del artículo generaron errores de interpretación, con enorme eco en diversos medios de comunicación. Es más, las opiniones de algunos expertos en diversas disciplinas no relacionadas con la biología o la medicina, aumentaron los decibelios al afirmar que la adolescencia era una nueva etapa de la vida, surgida hace un par de generaciones. Es evidente que esa y otras informaciones, poco a nada contrastadas, se transforman en una gran bola de nieve, que discurre, pendiente abajo sin que nadie la detenga. El resultado final es el caos informativo.

 

El problema de fondo en esta y otras noticias relacionadas con diferentes aspectos del ser humano es nuestra incapacidad para comprender el concepto de tiempo. Con suerte, llegamos a vivir un siglo y apenas somos capaces de comprender tiempos relativamente cortos. El principal escollo en la teoría de la evolución de Charles Darwin estriba en la compresión del factor tiempo.

 

Hace ahora 33 años de la publicación de un artículo en la revista Nature, en el que los científicos Timothy Bromage y Chris Dean propusieron que la evolución humana de los últimos dos millones de años se había caracterizado por una elongación de nuestro crecimiento y desarrollo. En estos años, las investigaciones en estos ámbitos han debatido sobre el surgimiento de dos etapas nuevas durante la evolución del género Homo: la niñez y la adolescencia. En lo que concierne a la adolescencia, su aportación al conjunto del desarrollo habría retrasado hasta en seis o siete años el momento en el que un ser humano se considera adulto.

 

En realidad, ninguna investigación sobre nuestros ancestros ha logrado todavía encontrar evidencias razonables para proponer el momento en el que surgió la adolescencia, tal y como la conocemos en la humanidad actual. Algunos/as expertos/as proponen que se trató de una evolución progresiva, quizá surgida hace 1,5 millones de años, mientras que otros/as proponen que la adolescencia es exclusiva de nuestra especie y que, por tanto, habría aparecido hace no más de 200.000 años.

 

Es importante que analicemos estos datos y los incluyamos en el debate surgido a raíz del artículo de opinión en The Lancet. Sin duda, el trasfondo de ese artículo se refiere a una cuestión social, que no biológica. La adolescencia viene marcada en nuestro desarrollo por una serie de cambios hormonales, sujetos a factores genéticos y ambientales. El inicio de esta etapa es variable, como lo es también su duración. La imposibilidad de seguir creciendo se produce cuando las epífisis de los huesos largos se sueldan definitivamente a la diáfisis y los individuos llegamos al final de la etapa de crecimiento. Este proceso sucede hacia los 18 años, aunque la osificación completa de los diferentes elementos del esqueleto no se produce de manera simultánea. Por ejemplo, la clavícula se termina de soldar con el esternón entre los 25 y los 28 años.

 

En promedio, la maduración ósea de la mayor parte del esqueleto marca el final de la adolescencia, que podríamos situar entre los 18 y los 20 años. Asumimos que todos estos procesos eran más rápidos en nuestros ancestros del Pleistoceno, pero no hace un par de generaciones, como se insinúa en la revista The Lancet.

 

Ahora bien, desde hace pocos años se conoce mejor la maduración del cerebro en nuestra especie (ver post de 17 de febrero de 2017 en este mismo blog). Se sabe que el proceso de protección de las fibras largas de las neuronas (axones) mediante la formación de mielina finaliza hacia el final de la tercera década de la vida. Puesto que la vaina protectora de mielina permite incrementar de manera vertiginosa la velocidad de transmisión de información a través de nuestro sistema nervioso, es evidente que lograremos la plena maduración del cerebro cuando alcanzamos los 30 años, aproximadamente. ¿Podríamos decir entonces que esa edad marca el final de la adolescencia? No, ciertamente. Simplemente ahora sabemos que el máximo potencial de nuestro cerebro sucede en torno a esa edad.

 

Dejando ahora a un lado los aspectos biológicos, es evidente que las sociedades desarrolladas han experimentado un cambio extraordinario en lo que se refiere al tempo con el que se suceden todos los aspectos de la vida. Así, los jóvenes tardan más tiempo en encontrar un trabajo bien remunerado y permanecen más tiempo con los padres. La maternidad y la paternidad se demoran y la vida se alarga en promedio gracias a los avances médicos y la higiene. Pero todo ello no implica cambios biológicos significativos. Tan solo podemos decir que, desde el punto de vista social el medio ambiente y la cultura influyen de manera decisiva en la plena integración de los más jóvenes en responsabilidades, que hace un par de generaciones se asumían a edades más tempranas. Y no menos importante: esto solo sucede en las sociedades modernas de países con un nivel de vida elevado.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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