¿Podemos saber la edad de muerte con el desgaste de los dientes?

Los estudios demográficos de las poblaciones humanas pretéritas tratan de reconstruir la estructura por sexo y edad de aquellas sociedades de las que no ha quedado registro. Se sabe que las poblaciones anteriores a la nuestra, incluyendo los neandertales, tuvieron un desarrollo acelerado con respecto al de Homo sapiens. Por ese motivo, resulta prácticamente imposible conocer la estructura de los grupos en función de su edad, especialmente si retrocedemos hasta el Pleistoceno más profundo. Nuestros ancestros finalizaban su desarrollo antes que nosotros y también morían antes. Pero, ¿qué sabemos de las poblaciones recientes?

Desgaste dental en la mandíbula del individuo neandertal de Regourdou 1. Notar el notable desgaste de los incisivos y caninos, con amplia exposición de dentina. Los molares están relativamente menos gastados, aunque la dentina ya aparece en los tres molares. Observar que el desgaste es algo más acusado en el lado derecho que en el izquierdo. La edad de muerte de este individuo es prácticamente imposible de estimar. Quizá falleció cuando tenía entre 20 y 30 años. Fuente: P. Sémal, Royal Belgian Institute of Natural Sciences Brussels.

 

En un post anterior de este mismo blog (3 de marzo de 2018) hablé de la dificultad de estimar el sexo de los restos fósiles. Si las poblaciones son muy recientes, el ADN puede ayudar a la determinación del sexo. también existe la posibilidad de encontrar elementos en el ajuar de los enterramientos que ayuden en ese cometido. Además, si se conservan restos de la pelvis la probabilidad de estimar el sexo aumenta considerablemente. Pero también estamos interesados en conocer su edad de muerte.

 

Mientras los dientes (deciduos y permanentes) están en desarrollo es relativamente sencillo estimar la edad de muerte de los individuos inmaduros. La precisión puede llegar a ser considerable. Pero una vez que nuestra dentadura está completa nos encontramos con muchas dificultades para conseguir ese propósito. Durante décadas los antropólogos físicos han propuesto varios métodos para estimar la edad de muerte de los adultos, como la fusión de las suturas craneales, que han tenido muy poco éxito. El desgaste dental puede dar una información aproximada. Los humanos del pasado, aún los más recientes, no consumían alimentos tan procesados como los que tenemos a nuestra disposición en las estanterías de los supermercados. Es por ello que sus dientes se gastaban con cierta rapidez. Aun así, la consistencia de los alimentos no era la misma en todas las poblaciones del planeta y los patrones de desgaste podían ser muy variables.

 

A pesar de estas dificultades, todavía se pueden leer artículos científicos, como el que han publicado recientemente Katie E. Faillace (Universidad de Boston) y dos colegas suyos en la revista American Journal of Physical Anthropology. Los autores de este trabajo han examinado más de 700 esqueletos de edad de muerte conocida de la Universidad de Nuevo México (USA) y de la Universidad de Coimbra (Portugal) con el objetivo de averiguar si varios métodos que emplean el desgaste dental como indicador de la edad muerte funcionaban bien en esas colecciones. Los resultados, en mi opinión, no fueron muy satisfactorios. Veamos.

 

Faillace y sus colegas introdujeron alguna modificación en los métodos tradicionales y consiguieron mejorar sus predicciones. Para los individuos mayores de 50 años obtuvieron resultados “razonables” solo en un 60% de los esqueletos. Cuando trabajaron con individuos fallecidos antes de los 45 años el porcentaje de resultados razonables mejoró hasta el 74%. La edad estimada en estos individuos tenía un error de ±10 años. Cuando medían el desgaste dental y los autores estimaban que un individuo tenía 40 años, en el peor de los casos ese individuo había fallecido realmente entre los 30 y los 50 años.

 

Los resultados pueden considerarse tan buenos o tan malos como uno quiera. Si preguntamos a los forenses encargados de estimar la edad de muerte de alguna víctima tengo la impresión de que este método no les resultará muy convincente, aunque no dispongan de más información. El tipo de dieta, la caída de dientes (que no rozan con sus correspondientes en el maxilar o en la mandíbula durante la masticación), la posición anómala de algunas piezas dentales o la preparación de los alimentos influyen de manera muy notable en el desgaste dental. Este trabajo de Faillace y sus colegas demuestra una vez más la dificultad de utilizar el desgaste de los dientes en la determinación de la edad de muerte, aunque puedan presumir de haber mejorado sus estimaciones.

 

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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