Archivo por meses: septiembre 2018

Nuevos hallazgos en Irak suponen un rayo de esperanza

Cueva Shanidar Irak

Boca de entrada de la cueva de Shanidar (Irak).

Las investigaciones sobre la evolución humana, y en particular las que se relacionan con el estudio de los neandertales, están de enhorabuena. Nos llega la noticia de que se están realizando nuevas excavaciones en el yacimiento de la cueva de Shanidar, en la región del Kurdistán del norte de Irak. Además, la noticia llega gracias al descubrimiento de nuevos restos humanos de Homo neanderthalensis.

Este yacimiento es sin duda uno de los más importantes del mundo para el estudio de los neandertales. Entre 1951 y 1960, el yacimiento fue excavado por el norteamericano Ralph Solecki. Aparecieron cientos de herramientas musterienses y restos humanos fósiles de hasta nueve individuos. El décimo individuo (varios restos de las extremidades inferiores) se identificó entre los numerosos restos óseos que llegaron a Institución Smithsonian.

La cueva de Shanidar se hizo muy popular gracias a la conocida novela El clan del oso cavernario (Jean M. Auel, 1980), en la que la autora da vida a los restos fósiles de los neandertales de Shanidar para crear a sus protagonistas. Aunque la escritora tomó muy buena nota de todos las características físicas que le dieron los expertos para dar vida a los personajes de su novela, la época en la que fue escrita denota las carencias de conocimiento sobre la especie en ese momento. No obstante, Jean Auel se adelanta a su tiempo al contarnos la relación sexual entre la protagonista Ayla, huérfana de un clan de Homo sapiens, y uno de los miembros del clan de los neandertales.

Pero no quiero hablar de esta novela, que sin duda muchos/as lectores/as conocerán de sobra, sino de la noticia de nuevos hallazgos en Shanidar. Desde la llamada Guerra del Golfo (1990) hasta las siniestras noticias bélicas de los últimos tiempos, Irak ha sufrido una enorme devastación. Como bien sabemos, su patrimonio, que es de toda la humanidad, ha sufrido pérdidas irreparables. Quizá se sabe menos del patrimonio que testimonia la evolución humana en la región. Solo dos de los diez individuos neandertales recuperados del yacimiento de Shanidar permanecieron a salvo en la Institución Smithsonian (Shanidar 3 y Shanidar 10). El resto de los fósiles y del registro arqueológico parece estar en paradero desconocido, aunque se conserven moldes de cierta calidad de los fósiles humanos.

Un nuevo cráneo de Homo neandertahlensis asoma entre los sedimentos de las excavaciones en Shanidar. Fuente: Kurdistan 24.

Por eso es una gran noticia que se puedan llevar a cabo excavaciones en una región tan peligrosa como es el Kurdistán. La investigadora británica Emma Pomaroy contaba hace unos días a la cadena de televisión Kurdistan 24 los nuevos hallazgos en Shanidar, que incluyen un nuevo cráneo de Homo neanderthalensis. Imagino que aun tardaremos en ver un estudio pormenorizado de estos restos en alguna revista científica, pero la noticia es muy alentadora.

Por otro lado, y como ya expliqué en el post anterior, el suroeste de Asia es una región en la que tenemos grandes esperanzas para encontrar ese momento en que una población se destacó de los homininos que muchos identifican con Homo erectus, para convertirse en el linaje que daría lugar a Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis y Homo sapiens, sin olvidarnos de los denisovanos. Esperemos que los conflictos bélicos cesen algún día en esta región del planeta, que desde hace casi dos millones de años ha sido clave para el devenir del género Homo y de nuestra propia especie.

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La increíble historia del cráneo de Harbin

Fósil cráneo de Harbin China

Cráneo de Harbin. © Zhang Yaodong

Cuando pueda leerse este post estaré llegando a Pekín, para seguir estudiando fósiles recuperados de algún yacimiento de este enorme país. Justo poco antes de hacer la maleta me ha llegado información sobre la increíble historia de un hallazgo inesperado ocurrido precisamente en China.

Según las noticias que llegan de allí, el cráneo que ilustra este post fue descubierto en 1933 por dos personas desconocidas entre los sedimentos del río Songhua, en la provincia de Hebei. Esta se localiza en el este de China, rodeando la provincia en la que se encuentra Pekín; es decir, estamos hablando de una latitud similar a la de Barcelona.

Uno de los descubridores del cráneo era el abuelo de un agricultor. Este agricultor, cuya identidad tampoco se ha revelado, debió de ser un hombre avispado, a quién no pasó inadvertido el aspecto tan extraño del cráneo. Ante la amenaza de la invasión japonesa de China, que se consumó en 1937, el agricultor escondió el cráneo en un pozo, donde permaneció oculto durante años. Fue su gran secreto, que terminó por revelar a su hijo y a su nieto poco antes de fallecer.

Aunque la idea de sus descendientes fue entregar el cráneo a las autoridades, no supieron cómo hacerlo. Seguro que no resultaba sencillo explicar el origen de un cráneo humano. Tal vez tuvieron miedo. Así que el fósil debió de quedar a buen recaudo en el hogar de aquellas personas. Imagino que pronto conoceremos mejor la historia de todos estos años y de cómo en 2017 fue por fin entregado al investigador Ji Qiang, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia de Ciencias de China,  a donde llegaré quizá en pocas horas. Casualidades de la vida.

También según la información que ha llegado desde esta institución, pronto se constituirá un equipo para explorar y excavar en el lugar donde apareció el misterioso ejemplar. A simple vista, el cráneo es comparable al de Petralona, encontrado en una cueva de Grecia y cuya antigüedad también se desconoce. El cráneo de Harbin también tiene rasgos que recuerdan a los de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca y a otros cráneos africanos del Pleistoceno Medio, como el de Bodo y el de Kabwe. Particularmente, los caracteres faciales tienen mucho en común con los neandertales.

Sin conocer la antigüedad o un mínimo contexto (fauna, herramientas, etc..) es imposible aseverar nada con garantías científicas. Hay que limitarse a especular, aunque contemos con una realidad tangible. El cráneo es real y se encuentra delante de nuestros ojos. Habrá que esperar con paciencia. Sin embargo, también se pueden adelantar predicciones, sabiendo que existe un cuerpo de datos muy sólido sobre la evolución humana en el Pleistoceno Medio.

Es muy posible que este cráneo esté relacionado con un proceso evolutivo, que muchos pensamos ocurrió en el suroeste de Asia, hace posiblemente un millón de años. Este proceso habría consistido en la separación de una población humana relacionada con Homo erectus. Este proceso de “cladogénesis” sería el origen de varias especies humanas, entre las que habría que contar a Homo antecessor, Homo heidelbergensis, Homo neanderthalensis, Homo sapiens y quizá a los propios denisovanos, de los que solo se conoce su ADN.

Las poblaciones de este nuevo clado habrían sustituido poco a poco a las poblaciones de Homo erectus en distintas parte de África y Eurasia. En China persistieron los llamados Homo erectus clásicos, como los encontrados en los yacimientos de Zhoukoudian (desparecidos durante la guerra entre China y Japón), Hexian y Yiyuan, entre otros. Los humanos incluidos en la especie Homo heidelbergensis pudieron tener la capacidad para expandirse hacia África, Europa y Asia. Aunque el nombre de esta especie está en continuo debate, no cabe duda de que existieron en Europa y África unos humanos muy parecidos al encontrado en 1933 en los sedimentos del río Harbin. Se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que Homo heidelbergensis hubiera llegado al este de Asia. Pues bien, aquí podemos tener una evidencia a tener en consideración.

Seguiremos pues esta historia con gran interés, porque puede interesar a la propia historia evolutiva de Europa.

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El achelense de la península arábiga

Herramientas achelenses

Herramientas achelenses de la localidad de Safaqah 206-76. © PLOS ONE.

Cuando pensamos en la península arábiga nos vienen a la mente grandes desiertos, pozos de petróleo y tal vez un AVE en construcción entre Medina y La Meca.

El paisaje de la península es ciertamente una continuación del desierto de Sahara, poco apta para la vida excepto en las altas montañas del sur y del este, que aprovechan la lluvia de los monzones. Pero el clima de esta península no siempre fue como lo conocemos en la actualidad.

La arqueología de ese territorio está poco desarrollada, pero se conocen algunos yacimientos del Pleistoceno. La revista PLOS ONE ha publicado recientemente el estudio de una región (Dawadmi) y de una localidad (Safaqah 206-76), en la que un equipo de investigadores liderados por Ceri Shipton (Universidad de Canberra, Australia) y Michael Petraglia (Instituto Max Planck, Alemania) ha dado a conocer un conjunto excepcional de herramientas achelenses.

Situación de la región arqueológica de Dawadmi. © PLOS ONE.

La región de Dawadmi se encuentra justo a medio camino entre el mar Rojo y el golfo Pérsico, en una región donde abundan los viejos cauces de ríos y arroyos. Su trabajo ha consistido en la prospección de un área muy extensa y en la excavación de un lugar concreto de la misma, donde se han localizado varios estratos con herramientas achelenses. La colección recuperada hasta el momento es impresionante y ya reúne la escalofriante cifra de un millón de herramientas de piedra, fundamentalmente fabricadas a partir de rocas volcánicas (en particular andesita y riolita). Es evidente que los humanos de una especie no determinada ocuparon estas tierras en otro tiempo durante miles de años.

Durante diferentes momentos del Pleistoceno, y en particular hace aproximadamente un millón de años, el Corredor Levantino y la península arábiga tuvieron un clima húmedo, muy apto para la vida de un ecosistema floreciente. Varios yacimientos e investigaciones paleoclimáticas testimonian este hecho. Las poblaciones con industria achelense se expandieron entonces hacia la península arábiga aprovechando los cursos fluviales, entonces llenos de vida y soportes de una rica vegetación. Faltan dataciones que permitan tener una buena idea de la secuencia temporal de Dawadmi. Las estimaciones por medio de las series de uranio en calcitas adheridas a algunas de las herramientas ofrecen un dato de aproximadamente 200.000 años. Esta antigüedad puede suponer una larga estancia de los humanos que fabricaron estas herramientas en la península arábiga.

El lapso temporal de 800.000 años desde la primera ocupación de la península estuvo sometido a cambios climáticos importantes. Para muchos investigadores (pero no para todos/as) esos cambios están relacionados con la sucesión de épocas glaciares e interglaciares del hemisferio norte. Sea como sea, hubo cambios en la península arábiga, que se notaron en la mayor o menor humedad, alternando períodos húmedos con períodos más secos. Los humanos pudieron resistir todo ese tiempo, adaptándose a las condiciones cambiantes. Así como en el Corredor Levantino, África y Europa se observan cambios en la tecnología –tal vez por evolución o quizá por la llegada de diferentes grupos humanos–, en la región de Dawadmi la monotonía en la tecnología es llamativa. Abundan los bifaces, obtenidos de grandes lascas y otras herramientas bifaciales más pequeñas. No aparecen tantos hendedores como en otros conjuntos achelenses. Esta herramienta se ha asociado con la fabricación de instrumentos de madera (lanzas y otras armas arrojadizas). Posiblemente, la región de Dawadmi no tenía la frondosidad de otras regiones.

Esa monotonía en la fabricación de instrumentos puede estar relacionada con la incapacidad mental para la innovación. Aunque me inclino más por el aislamiento de aquellas poblaciones. Siempre he defendido que la capacidad innovadora sucede cuando los grupos humanos intercambian información. Es muy llamativa la diversidad tecnológica en el Corredor Levantino, verdadero cruce de caminos entre África y Eurasia. Mientras, el oeste de Europa no conoció el achelense hasta hace unos 600.000 años, alejado de las innovaciones que se producían en el este de África. La península arábiga pudo estar aislada durante las épocas más secas, sin recibir el aporte innovador de otras poblaciones. De hecho, no parece haber una transición hacia el Paleolítico Medio, como se observa en muchas otras regiones habitadas por las especies del género Homo.

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