Archivo por meses: enero 2019

Australopithecus prometheus: el regreso

En 1948, Raymond Dart propuso de manera informal la especie Australopithecus prometheus para incluir varios restos de homininos encontrados en los yacimientos de Makapansgat y Sterkfontein, en Sudáfrica. El nombre no tuvo mucho eco en la comunidad científica y Dart nunca definió de manera formal esta especie. Cuando esto sucede, los nombres de las especies suelen quedar en el olvido como meras anécdotas de la historia de la ciencia.

Parte del pie de Little Foot (Stw 573) en el yacimiento de Sterkfontein (Sudáfrica). Fotografía de Patrick Landmann/Science Photo Library.

Pero en ocasiones, estos nombres vuelven a ser utilizados por científicos de manera formal. Fue el caso de la especie Homo heildebergensis, sobre la que he escrito varias veces en este mismo blog. Ahora es el turno de Australopithecus prometheus, que quiere volver a la escena de la mano del paleoantropólogo Ronald Clarke, de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo (Sudáfrica). En 1994, este investigador estuvo revolviendo entre huesos fosilizados medio olvidados en algún viejo armario de su Departamento. Clarke descubrió varios restos de pie, que le parecieron de algún miembro de nuestra genealogía. Este hallazgo no resulta extraño en una Universidad que conserva los restos de docenas de excavaciones realizadas durante años en yacimientos localizados a 50 kilómetros de la ciudad, en la región denominada “la Cuna de la Humanidad” y catalogada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad desde 1999. En la actualidad, la mayoría de las excavaciones cuentan con especialistas a los que no se les escapa nada. Pero en la década de 1930-1960 se hacía lo que se podía con pocos recursos y personal poco especializado.

 

Clarke catalogó los restos como Stw 573, puesto que habían sido hallados en el yacimiento de la cueva de Sterkfontein. Por su pequeño tamaño, fueron cariñosamente apodados como “Little foot” (en contraposición a la vieja leyenda de Big Foot). Así quedó la cosa, hasta que en 1997 Clarke encontró en los cajones un fragmento de tibia humano, que podía encajar con los fósiles de Stw 573. Con este nuevo hallazgo de laboratorio, Clarke decidió enviar a dos de sus colaboradores para investigar en la cueva. El resultado no pudo ser más impresionante, porque poco a poco se fue encontrando el que podría ser el esqueleto más completo de un ejemplar de Australopithecus.

 

Clarke y sus técnicos localizaron los restos del cráneo y del resto de esqueleto (ver post de 28 de abril de 2015 en este mismo blog). La extracción de los fósiles ha sido muy complicada, porque los fósiles están cubiertos por una capa de carbonato cristalizado, formado por la disolución de la roca caliza de la cueva. Los expertos has realizado un trabajo delicado para extraer el esqueleto, que requiere mucha habilidad y una paciencia extrema. Aunque la datación de los yacimientos en cueva siempre es compleja, se pudo averiguar que el fósil de Little Foot tiene unos 3,67 millones de años de antigüedad. Esta cifra es mayor que la estimada para Australopithecus africanus y coincide con la de los Australopithecus más antiguos del este de África (Australopithecus afarensis). Para ser precisos, la antigüedad de Little foot es casi medio millón de años anterior a la de Lucy.

 

Ronald Clarke ha decidido enviar sus primeras impresiones a la revista BioRxiv, que está accesible on-line para cualquier persona interesada. Promete trabajos detallados de todas las partes anatómicas de Little Foot, que se publicarán en un número monográfico de una revista especializada. Esperaremos con interés esos estudios detallados.

 

Little Foot pudo pertenecer a una hembra, de acuerdo con sus descubridores, que medía unos 130 centímetros de estatura. Por supuesto, caminaba perfectamente erguida, porque su pelvis era como la nuestra. Además, sus piernas eran más largas que sus brazos; es decir, las proporciones corporales eran muy similares a las de Homo sapiens y no como las de otros Australopithecus, de piernas cortas y brazos largos. ¿Es posible que Little Foot vuelva a poner de moda el estudio de los Australopithecus? Estoy convencido de que así será, porque su estudio abrirá muchos interrogantes y cuestionará varias hipótesis.  Es más, el nombre elegido por Ronald Clarke para Little Foot, Australopithecus prometheus, ya ha despertado recelos entre sus colegas. ¿Por qué resucitar viejos fantasmas del pasado? ¿Por qué no buscar un nombre nuevo, como sugiere el paleoantropólogo Lee Berger? Ronald Clarke tendrá sus razones. Por el momento, daremos la bienvenida a un nuevo miembro de la familia humana, que se cubría de polvo olvidado en los cajones de una universidad de Sudáfrica.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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Los dientes de Homo antecessor nos acercan a la posición filogenética de esta especie en la evolución humana

Las excavaciones de 2003 y 2004 en el nivel TD6 del yacimiento de la Gran Dolina de la sierra de Atapuerca fueron generosas y proporcionaron cerca de 70 nuevos restos humanos fósiles de la especie Homo antecessor. Los restos más importantes se han ido estudiando durante los últimos años, y los resultados forman parte de un buen número de artículos científicos y de cinco tesis doctorales. Pero las investigaciones no han concluido. Nuevas tecnologías permiten obtener datos impensables hace un par de décadas. La microtomografía computarizada (micro-CT), por ejemplo, posibilita el estudio de partes anatómicas que no se pueden ver a simple vista. Empleando esta tecnología pudimos extraer de manera virtual los dientes que se encontraban encerrados en el interior de mandíbulas y maxilares. La información se multiplicó y decidimos emprender una revisión de los resultados del primer estudio detallado de los dientes de Homo antecessor, que se publicó en 1999.

Algunos de los dientes humanos de Homo antecessor recuperados entre 2003 y 2004. Fotografías obtenidas por Mario Modesto.

La revista Journal of Human Evolution acaba de publicar un trabajo muy extenso de todos los dientes humanos permanentes de Homo antecessor, incluidos los que se han podido estudiar por primera vez de manera virtual en la pantalla de un ordenador. Además de contar con nuevos datos, el trabajo ha revisado las conclusiones obtenidas hace 20 años. En este tiempo se han realizado nuevos hallazgos en otros yacimientos de África y Eurasia, que sirven de referencia para nuevas comparaciones. Además, hemos tenido la oportunidad de estudiar de primera mano los dientes de fósiles humanos de China, atribuidos a la especie Homo erectus. Es por ello que este trabajo también ha sido firmado por nuestros colegas del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Pekín, con los que venimos colaborando desde 2012.

 

Una de las conclusiones novedosas de esta investigación ha sido precisamente confirmar que muchos de los caracteres dentales exclusivos de Homo erectus no están presentes en Homo antecessor. El aspecto “primitivo” de los dientes de las dos especies puede ser engañosa. Las dos especies heredaron de sus ancestros africanos una serie de rasgos dentales, que han permanecido inalterados con el paso del tiempo. Sin embargo, las poblaciones del Pleistoceno Inferior de Europa y Asia separaron sus caminos evolutivos hace mucho tiempo. Las mutaciones fueron produciéndose de manera independiente y la morfología de varias regiones anatómicas, incluidos los dientes, fue adoptando características propias. Cuando se comparan uno a uno esos caracteres, las diferencias llegan a ser mucho más importantes y elocuentes que los caracteres primitivos compartidos.

 

Hace casi un millón de años, Homo antecessor derivó hacia una serie de rasgos en el aparato dental, que heredaron los neandertales y sus antecesores del Pleistoceno Medio. Esta ha sido otra de las conclusiones importantes, que se fueron haciendo patentes en estudios previos y que ahora podemos confirmar. Esos rasgos se pueden considerar como un sello genuinamente europeo, que no tienen las poblaciones contemporáneas de Asia. Quizá somos incapaces de darnos cuenta de que el espacio y el tiempo fueron como una gran muralla en los lejanos tiempos del Pleistoceno. Aunque había contacto entre grupos relativamente próximos, distancias como las que existen entre la península ibérica y el extremo más oriental de Asia (por no hablar de las barreras geográficas) suponían el aislamiento durante miles de años de poblaciones que compartían el mismo origen.

 

Finalmente, hemos podido constatar que en el aparato dental de Homo antecessor no existen rasgos compartidos con nuestra especie. Los rasgos modernos de los humanos de Gran Dolina solo son aparentes en la región facial y en algunos huesos del esqueleto postcraneal.

 

Con esta nueva revisión confirmamos que Homo antecessor pudo ser una especie exclusivamente europea. Sin embargo, sus caracteres dentales delatan sin ambigüedad que tuvo una relación muy estrecha con los humanos que dieron lugar al linaje de los neandertales. Y puesto de este linaje muy probablemente se separó del linaje de Homo sapiens hace cerca de 800.000 años, Homo antecessor también tiene cierta relación de parentesco con nosotros. Sus rasgos faciales son muy similares a los nuestros. Y éste no es un detalle menor. Es muy posible que la especie Homo antecessor no pueda identificarse con la población basal que originó la genealogía de Homo neanderthalensis y de Homo sapiens, como propusimos en 1997. Sin embargo, la especie de la sierra de Atapuerca tenía una relación muy estrecha con esa población basal, a la que no podemos poner nombre ¿Qué grado de parentesco tuvieron? El siguiente capítulo de la historia puede llegar muy pronto. De momento, nuestro equipo se prepara para un nuevo asalto al Estrato Aurora en Gran Dolina, que no tardará mucho tiempo en producirse y donde puede que esperen varios centenares de restos fósiles de Homo antecessor.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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Klasies River Mouth: en los confines de África

Sudáfrica atesora un conjunto extraordinario de yacimientos arqueológicos y paleontológicos, en los que puede estudiarse una gran parte de la genealogía humana. La gran cantidad de cuevas existentes en Sudáfrica ha preservado las evidencias de diferentes épocas. Este país presume de ser cuna de la humanidad. Sin duda, Sudáfrica es un paraíso para quienes se interesan por el estudio evolución humana.

Entrada a las cuevas de Klasies River. Fuente: Google

En la costa más septentrional de África pueden encontrarse enormes bocas de cuevas esculpidas por el mar, en cuyo interior se conservan sedimentos del Pleistoceno. Una de esas cavidades, Klasies River Mouth (provincia de Cape), contiene evidencias arqueológicas y paleontológicas, que cubren un rango temporal de entre 120.000 y 75.000 años. Los ascensos y descensos del nivel del mar han alterado los yacimientos y una buena parte de los testimonios de la vida de nuestros ancestros se la llevaron las corrientes marinas. Klasies River Mouth está formado en realidad por siete yacimientos, cinco de los cuales son contiguos (1, 1A, 1B, 1C y 2), mientras que otros dos yacimientos (1D y 5) están separados del conjunto principal por 200 metros y dos kilómetros, respectivamente. Las piezas recuperadas sin rigor científico por Paul Haslem y Ludwig Abel alertaron a los especialistas de la posible riqueza arqueológica de Klasies River Mouth. Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1960 y se han llevado a cabo de manera intermitente desde entonces bajo la dirección de diferentes especialistas.

Las herramientas de piedra más antiguas de estos yacimientos corresponden a la tecnología que los expertos han denominado de manera genérica “Middle Stone Age”. A grandes rasgos, esta tecnología se correspondería con el musteriense en Europa. El Middle Stone Age parece tener raíces profundas en África y se considera un paso adelante con respecto a la tradición Achelense de picos, bifaces y hendedores. Las herramientas de la Middle Stone Age se encuentran asociadas a fósiles que los especialistas identifican con el origen de nuestra especie, así como con restos más recientes, indudablemente pertenecientes a Homo sapiens. Es el caso de Klasies River Mouth.

Algunos de los restos humanos hallados en el yacimiento de las cuevas de Klasies River. Fuente: Google

Estos yacimientos testimonian un comportamiento moderno de quienes habitaron las cuevas, al parecer de manera estacional. Hay evidencias del consumo de peces y mariscos, recolección de plantas y de caza de animales de mediano tamaño (focas, pingüinos, ciertas aves y antílopes). Por supuesto, aquellos humanos no solo conocían el fuego, sino que lo dominaban perfectamente. También hay evidencia de canibalismo, a juzgar por algunos restos humanos quemados y mezclados con los otros animales.

La morfología de los restos humanos es claramente moderna y no hay dudas de su pertenencia a nuestra especie. Hace 120.000 años ya nos estábamos marchando de África por el estrecho de Bab el-Mandeb. Pero al mismo tiempo nuestra especie evolucionaba en distintas regiones de África. Hoy en día, los africanos son descendientes de aquellas poblaciones del Pleistoceno, que no se mezclaron con los pobladores de Eurasia: Neandertales, Denisovanos y tal vez otros grupos humanos, como expliqué en el post anterior. Si buscamos la mayor pureza genética de nuestra especie, la encontraremos en las poblaciones africanas actuales. Los antiguos habitantes de las cuevas de Klasies River Mouth probablemente dieron origen a los grupos humanos que todavía sobreviven con un estilo de vida ligado a la naturaleza, como los bosquimanos.

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

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