Archivo por meses: febrero 2019

Despedida

Queridos/as lectores/as, ha llegado el momento de la despedida.

Este es el último post del blog “reflexiones de un primate”. Todo está en permanente cambio y evolución y este blog ya no tendrá sitio en el nuevo formato de Quo. Han sido seis años de gran intensidad –el tiempo pasa volando– en los que he tenido la inmensa suerte de poder comunicarme con vosotros/as a través de textos breves y concisos, describiendo y reflexionando sobre todo lo que ha acontecido en este período sobre las investigaciones en el ámbito de la prehistoria y la evolución humana.

Este blog me ha exigido mucho. He leído y reflexionado sobre diferentes líneas de investigación, la mayoría ajenas a mi especialidad investigadora. Pero la experiencia ha sido muy grata. He aprendido sobre cuestiones sobre las que ni siquiera me hubiera planteado leer, de no ser por la necesidad de contar en el blog las investigaciones más relevantes sobre temas muy diversos. Puedo asegurar que esa riqueza me acompañará siempre.

Es también momento de agradecer la confianza de la dirección de Quo en mi trabajo de comunicación durante tanto tiempo. Por supuesto, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a cuantos/as lectores/as han tenido la paciencia de leer el blog. Si he conseguido aportar conocimiento, informar y transmitir inquietud por determinados temas, mi misión habrá merecido la pena. Sé que algunos de los textos (528 en total) han despertado mucho interés, mientras que otros han pasado inadvertidos. Pero si el resultado final arroja un saldo positivo me sentiré más que satisfecho.

Hace pocas semanas declaraba en un diario que el estudio de la evolución humana me ha transformado de tal manera, que ha cambiado por completo mi visión del mundo, de mí mismo y de los demás. Y así es. Cualquier momento de la historia ha sido testigo de hechos deplorables. Pero ahora importa nuestro tiempo, preñado de acontecimientos convulsos y con un horizonte cuando menos inquietante. Bastaría quizá que los dirigentes del planeta tuvieran que aprender por obligación una asignatura sobre todo nuestro pasado y sobre nuestra naturaleza y que reflexionaran cada día sobre ello. Es posible que las expectativas de futuro fueran más optimistas.

Creo poder asegurar que el futuro de la humanidad no consiste en conseguir que nuestros dispositivos electrónicos sean cada vez más capaces y potenteso que nos desplacemos a gran velocidad de un punto a otro del planeta. Todo eso resultaría accesorio en un futuro en el que sigamos ignorando nuestro pasado evolutivo. Ese pasado nos condiciona, porque somos esclavos de la química del ADN. Pero no por ello hemos de rendirnos ante lo que podría parecer inevitable. Ese mismo ADN nos ha procurado una capacidad intelectual nada desdeñable, que deberíamos aprovechar para entrenarnos en la convivencia y el respeto, así como de evitar la apetencia desmedida por los recursos, motivo de conflictos y desigualdades manifiestas. No menos importante sería reforzar la idea de lo que Eudald Carbonell denomina “la conciencia de especie” y procurar que el medio ambiente en el que hemos podido transformarnos siga siendo un lugar perfecto para proseguir nuestra evolución.

A todos/as, muchas gracias y hasta pronto.

José María Bermúdez de Castro

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Glúteos

No resulta sencillo saber cuándo y por qué los humanos comenzamos a caminar erguidos sobre las piernas. Los pocos datos de los que dispone el registro fósil sugieren la posibilidad de que este primer gran paso evolutivo de la humanidad sucedió cuando todavía vivíamos en el interior de las húmedas selvas de África. En estas condiciones, la materia orgánica se recicla con enorme rapidez y es muy complicado que los restos de los seres vivos puedan llegar a fosilizar y conservarse para su estudio. Sea como sea, las evidencias seguras más antiguas conocidas tienen 4,4 millones de años y corresponden a la especie Ardipithecus ramidus.

Pelvis chimpacé y pelvis humana

Comparación de una pelvis de chimpancé (a la izquierda) y una pelvis humana. Nótese el cambio de forma del íleon y de toda la pelvis en general.

Para asegurar que una determinada especie fue bípeda es necesario contar con varias regiones esqueléticas. Pero la más importante es sin duda la pelvis. No hay un conjunto de huesos (íleon, isquion y pubis) con más fiabilidad para afirmar con rotundidad que una especie determinada caminó o no sobre sus dos piernas. Entre los restos de Ardi, una hembra de Ardipithecus ramidus, se conserva una pelvis en condiciones muy aceptables.

Cuando se compara una pelvis de chimpancé, un primate cuadrúpedo, con la pelvis de nuestra especie notamos enseguida una diferencia muy llamativa. El íleon de la pelvis de un chimpancé es alto, estrecho y aplanado, como el de cualquier otra especie que utilice las cuatro extremidades para desplazarse. Mientras, nuestro íleon es bajo, ancho y curvado. En la parte posterior del íleon se insertan tres músculos: glúteo mayor, glúteo menor y glúteo menor. Los tres forman una gran masa muscular, cuyo nombre vulgar es conocido de varias maneras. Su papel es fundamental en la locomoción.

Pelvis humana y pelvis de chimpancé

Dibujo realizado por Mauricio Antón

En los chimpancés, los tres glúteos unen sus fuerzas en la parte trasera del íleon para impulsar a los individuos cuando se mueven a mayor o menor velocidad. Aunque no están adaptados a la carrera como las gacelas o las cebras, el impulso de sus glúteos es aceptable para conseguir una velocidad respetable. En Homo sapiens, los tres músculos siguen siendo los mismos. Pero hay una diferencia importante. Nuestro íleon es más bajo y forma un arco junto con el isquion y el pubis. Los glúteos mediano y menor no tienen más remedio que cambiar de posición, siguiendo el arco del íleon. El glúteo mayor sigue estando en la parte posterior de este hueso y nos impulsa al caminar o correr. En cambio, los glúteos mediado y menor se sitúan en una posición lateral, de manera que su papel en la locomoción bípeda cambia de manera radical. Ya no son músculos aductores sino abductores. Me explico. Cuando avanzamos, una pierna permanece apoyada en el suelo, mientras que la otra se extiende hacia delante. Cuando corremos muy deprisa, estos cambios de apoyo y extensión suceden de manera muy rápida. Pero siempre un pie tocará el suelo, aunque sea por unas décimas de segundo, mientras que el otro está extendido y en el aire, separado del centro de gravedad del cuerpo. En esa situación, solo apoyados levemente por un pie, tenderíamos a caernos sin remedio. Pero es entonces cuando los glúteos mediano y menor actúan con eficacia. Se tensan y equilibran la posición del cuerpo. Su papel aductor, de impulso, ha cambiado a un papel abductor para evitar que nos caigamos.

Cuando un chimpancé se yergue sobre las extremidades inferiores por algún motivo, aguanta muy poco tiempo en esa posición. No tiene músculos que eviten su caída cuando trata de caminar erguido. Lo mismo le sucede a una persona muy mayor, cuando sus músculos pierden tono con la edad. El glúteo mayor apenas le ayuda a caminar y pierde movilidad. Los glúteos mediano y menor no se tensan como cuando era joven. Es por ello que las personas de edad muy avanzada tienden a caerse. Necesitan el apoyo de un bastón, que cumple el mismo papel que los glúteos mediano y menor.

La única receta para retrasar ese problema es realizar ejercicio diario (caminar varios kilómetros, por ejemplo) y mantener el tono muscular de los glúteos. Así podemos retrasar lo inevitable si es que conseguimos llegar a vivir muchos años.

José María Bermúdez de Castro 

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Simios antropoideos: un tesoro que no debemos perder

Cada cierto tiempo me gusta recordar en este blog nuestra estrecha relación con los simios antropoideos y las dificultades de estos primates para ocupar un lugar digno en nuestro planeta. No es necesario recordar que compartimos una gran parte de nuestro genoma con chimpancés (99%), gorilas (98%) y orangutanes (97%), y que numerosos estudios científicos han demostrado similitudes increíbles con ellos en nuestro comportamiento. Los bonobos podrían enseñarnos a vivir de otra manera, en paz y armonía. Entre otras cosas, estos primates no conocen la violencia de género.

Desde hace años, Pedro Pozas Terrados está implicado de manera muy activa en la defensa de los simios antropoideos. Preside el proyecto Gran Simio, una iniciativa de carácter internacional, y no ceja en su empeño de conseguir leyes que defiendan los derechos elementales de estos primates. Sus experiencias desde hace años en el trato directo con chimpancés han transformado esa defensa en su plan de vida. En 2008, Pedro Pozas consiguió que la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados le hiciera caso. Se trataba de legislar en contra del trato vejatorio que reciben nuestros parientes vivos más próximos en muchas circunstancias. Su esfuerzo se quedó en papel mojado.  La documentación aportada estará cogiendo polvo, olvidada en algún cajón.

Fuente: Google

Así que otros países europeos ya se están adelantando. Aunque innovadores y punta de lanza en algunas cuestiones, en no pocos aspectos nos situamos a la cola de los países europeos. El tribunal constitucional de la ciudad de Basilea, en Suiza, acaba de emitir un dictamen favorable, con la idea de que se cree una legislación que favorezca los derechos básicos de los simios antropoideos. La convulsa política española está en otras cosas, que en apariencia son más importantes. El problema de la conservación de estas y otras muchas especies no forma parte de las cuestiones que preocupan a la sociedad. A las encuestas me remito. En consecuencia, tampoco forma parte de las preocupaciones de la clase política. Pienso que es un grave error. La conservación de las especies es una de las derivadas del mayor problema que nos afectará a todos sin excepción a medio plazo, como habitantes de un planeta cuya evolución natural hemos alterado quizá de manera irreversible.

En lo que concierne al cerebro, es evidente que Homo sapiens ha evolucionado hasta triplicar el volumen de este órgano con respecto a los simios antropoideos. El neocórtex cerebral, donde residen muchos de los supuestamente comportamientos “racionales”, se ha desarrollado de manera exponencial. Pero apuesto a que nuestro sistema límbico, donde se gestionan (entre otros muchos aspectos) las emociones y sentimientos, apenas ha variado en relación con el de los simios antropoideos.

Estoy convencido de que algún día se cumplirá el sueño de Pedro Pozas. El estudio del comportamiento de los simios antropoideos nos seguirá ayudando a conocernos a nosotros mismos. De nuestra genealogía ya solo quedamos nosotros. Por el camino se han quedado decenas de especies, de las que solo conocemos sus restos fósiles y, en algún caso, fragmentos de su genoma. Pero nos quedan especies vivas de otras genealogías próximas. Un tesoro que podemos perder por nuestra propia ignorancia.

José María Bermúdez de Castro

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