Archivo por meses: febrero 2019

Simios antropoideos: un tesoro que no debemos perder

Cada cierto tiempo me gusta recordar en este blog nuestra estrecha relación con los simios antropoideos y las dificultades de estos primates para ocupar un lugar digno en nuestro planeta. No es necesario recordar que compartimos una gran parte de nuestro genoma con chimpancés (99%), gorilas (98%) y orangutanes (97%), y que numerosos estudios científicos han demostrado similitudes increíbles con ellos en nuestro comportamiento. Los bonobos podrían enseñarnos a vivir de otra manera, en paz y armonía. Entre otras cosas, estos primates no conocen la violencia de género.

Desde hace años, Pedro Pozas Terrados está implicado de manera muy activa en la defensa de los simios antropoideos. Preside el proyecto Gran Simio, una iniciativa de carácter internacional, y no ceja en su empeño de conseguir leyes que defiendan los derechos elementales de estos primates. Sus experiencias desde hace años en el trato directo con chimpancés han transformado esa defensa en su plan de vida. En 2008, Pedro Pozas consiguió que la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados le hiciera caso. Se trataba de legislar en contra del trato vejatorio que reciben nuestros parientes vivos más próximos en muchas circunstancias. Su esfuerzo se quedó en papel mojado.  La documentación aportada estará cogiendo polvo, olvidada en algún cajón.

Fuente: Google

Así que otros países europeos ya se están adelantando. Aunque innovadores y punta de lanza en algunas cuestiones, en no pocos aspectos nos situamos a la cola de los países europeos. El tribunal constitucional de la ciudad de Basilea, en Suiza, acaba de emitir un dictamen favorable, con la idea de que se cree una legislación que favorezca los derechos básicos de los simios antropoideos. La convulsa política española está en otras cosas, que en apariencia son más importantes. El problema de la conservación de estas y otras muchas especies no forma parte de las cuestiones que preocupan a la sociedad. A las encuestas me remito. En consecuencia, tampoco forma parte de las preocupaciones de la clase política. Pienso que es un grave error. La conservación de las especies es una de las derivadas del mayor problema que nos afectará a todos sin excepción a medio plazo, como habitantes de un planeta cuya evolución natural hemos alterado quizá de manera irreversible.

En lo que concierne al cerebro, es evidente que Homo sapiens ha evolucionado hasta triplicar el volumen de este órgano con respecto a los simios antropoideos. El neocórtex cerebral, donde residen muchos de los supuestamente comportamientos “racionales”, se ha desarrollado de manera exponencial. Pero apuesto a que nuestro sistema límbico, donde se gestionan (entre otros muchos aspectos) las emociones y sentimientos, apenas ha variado en relación con el de los simios antropoideos.

Estoy convencido de que algún día se cumplirá el sueño de Pedro Pozas. El estudio del comportamiento de los simios antropoideos nos seguirá ayudando a conocernos a nosotros mismos. De nuestra genealogía ya solo quedamos nosotros. Por el camino se han quedado decenas de especies, de las que solo conocemos sus restos fósiles y, en algún caso, fragmentos de su genoma. Pero nos quedan especies vivas de otras genealogías próximas. Un tesoro que podemos perder por nuestra propia ignorancia.

José María Bermúdez de Castro

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Extinción de los neandertales

Tenemos la inmensa suerte de contar en nuestro país con yacimientos singulares del Cuaternario. Muchos de ellos se han encontrado en tiempos recientes, gracias a disponer de mejores medios y, sobre todo, de la formación de buenos científicos. El yacimiento de la cueva de El Sidrón, en Asturias, y el equipo que ha desarrollado un proyecto asociado es un buen ejemplo de ello. Comprendo que suene raro hablar de que a la ciencia española le va bien, pero en el ámbito de la arqueología y la evolución humana hemos tenido una “edad de oro”, de la que todavía seguimos obteniendo buenas rentas.

Hace un par de semanas, varios investigadores españoles, liderados por Luis Ríos y Antonio Rosas, publicaron un detallado estudio de las anomalías óseas que presentan los 1674 restos fósiles humanos obtenidos del yacimiento de El Sidrón. El trabajo se publicó el 8 de febrero en la revista ScientíficReports, y puede leerse libremente.

El yacimiento de El Sidrón, cuya antigüedad está bien fijada en unos 49.000 años antes del presente, no solo ha proporcionado una cantidad inusual de restos fósiles de la especie Homo neanderthalensis, sino que ha contribuido de manera decisiva en la determinación del genoma de los neandertales. Además, y de acuerdo con las observaciones que se han realizado en este trabajo de investigación, el yacimiento de El Sidrón presenta datos objetivos para apoyar una hipótesis cada vez más sólida sobre la extinción de los neandertales.

Excavación en la cueva de El Sidrón (Concejo de Piloña, Asturias). Fuente: fotografía del Equipo Investigador de El Sidrón.

Durante años, la desaparición de este grupo humano ha sido objeto de debate. Recuerdo más de media docena de hipótesis. Por descontado, la idea más extendida está relacionada con nuestra presunta superioridad. Nos vemos a nosotros mismos como una especie superior, capaz de competir con enorme ventaja. Los neandertales no hubieran supuesto ningún problema para nosotros. Pero esa hipótesis ha ido perdiendo fuerza a medida que se conocían las herramientas y el modo de vida de los primeros Homo sapiens. En particular, el hecho de que tardáramos unos 50.000 años (o quizá más) en superar la barrera de los neandertales en el Corredor Levantino antes de asentarnos definitivamente en Europa, es una prueba definitiva en contra de nuestra supuesta superioridad.Recientemente se postuló que los neandertales practicaron en exceso el canibalismo, hasta producir su propia extinción. Esa hipótesis no va por mal camino, pero hay que recordar que el canibalismo ha sido un comportamiento muy común a lo largo de toda la genealogía humana.Las evidencias más antiguas tienen casi un millón de años (Homo antecessor) y puede haberse producido de manera recurrente por todas las especies humanas, incluida la nuestra. En todo caso, habría que preguntarse si el canibalismo se practicó con mayor frecuencia en la población Neandertal y, de ser así, cuál fue la razón.

La genómica ha sido capaz de observar un hecho, quizá decisivo en este debate. La diversidad genética de los neandertales de ciertos yacimientos es muy pobre, denotando quizá la baja densidad demográfica de este grupo humano. En este punto, es importante recordar que desde que tenemos constancia de poblaciones directamente relacionadas por los neandertales, se han sucedido nada menos que cinco períodos glaciales, con un promedio de 50.000 años de intenso frío. Las poblaciones neandertales se movían hacia regiones mediterráneas, donde encontraban refugio. Durante las cuatro épocas cálidas (interglaciares) las poblaciones neandertales se expandieron y promovieron lo que yo siempre denomino “el Imperio de los neandertales”. Posiblemente, este grupo humano alcanzó el Pacífico, como siempre explica nuestro colega Robin Dennell. Pero la última glaciación fue intensa y devastadora. Comenzó hace unos 70.000 años, cuando nuestra especie ya estaba llamando a la puerta. Es posible que muchos grupos desaparecieran a causa del frío, mientras que otros quedaron atrapados en refugios del norte. Algunas poblaciones se protegieron del frío en las templadas áreas próximas al Mediterráneo. La dispersión jugó a favor de la endogamia y, por tanto, al debilitamiento genético de la especie.

Los 16 individuos identificados en el yacimiento de El Sidrón muestran un repertorio de hasta 16 anomalías congénitas, según nos muestran Luis Ríos y sus colegas. La lista de anomalías, bien conocidas en nuestra especie, incluyen detalles óseos en costillas, vértebras, huesos del pie y en el aparato dental. Es evidente que estos grupos experimentaron una fuerte endogamia debido a la baja densidad demográfica de la población. Cuando estos hechos estaban sucediendo, las poblaciones de Homo sapiens aún no habían desarrollado todo su potencial. Sus habilidades tecnológicas no eran superiores a las de los neandertales, pero sin el problema añadido de la endogamia, estuvieron en disposición de disputar los mejores territorios de aprovisionamiento de recursos. En unos pocos miles de años, nuestra especie se apoderó de toda Europa. El cambio fue tan veloz, que la arqueología no es capaz de afinar lo suficiente para detectar la transición. Los estudios genómicos irán revelando datos en estos próximos años. Estoy convencido de que la hipótesis de la auto-extinción de los neandertales por endogamia y debilitamiento genético se irá consolidando.

José María Bermúdez de Castro

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Híbridos

Hace ya algunas semanas, durante una visita al Museo de la Evolución Humana de Burgos, uno de los alumnos de un máster en el que imparto docencia me preguntó sobre la especie a la que pertenecerían los hijos del cruce entre neandertales y humanos modernos. Una pregunta muy sagaz, para la que no es sencillo dar una respuesta inmediata.

En la naturaleza se producen cruzamientos con cierta frecuencia, especialmente entre las plantas. Si los descendientes de estos cruces son fértiles y pueden continuar su genealogía, podrían ser favorecidos por la selección natural y llegar a tener mejores posibilidades para la supervivencia que las especies originales de las que proceden. En el caso de que estos híbridos y sus descendientes queden aislados de las especies originales, con el paso de numerosas generaciones podrían llegar a ser una especie diferente, que sería clasificada según el código de nomenclatura correspondiente.

Fuente: Google

Ya sabemos que de manera artificial y con la intervención humana se pueden conseguir híbridos entre diferentes especies. En el caso de algunos animales conocidos, como el tigre y el león, es posible obtener descendientes. La distancia genética entre las especies parentales impide que la genealogía de los “ligres” (padre león y madre tigresa) y de los“tigones” (padre tigre y madre leona) pueda llegar más lejos de una generación, quizá dos con mucha suerte. Los híbridos reciben nombres comunes, como la mula; pero también se nombran con una denominación científica propia, diferente ala binomial (género y especie). Por ejemplo, el árbol híbrido más común, que nos da una buena sombra en los jardines de las regiones templadas, Platanus x acerfolia (también conocido como Platanus x hispánica), parece ser un híbrido de las especies Platanusorientalis y Platanusoccidentalis.

Volviendo pues a los híbridos entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos modernos (Homo sapiens), la primera pregunta es si la descendencia entre los dos grupos humanos tuvo éxito. Es evidente que la respuesta es afirmativa, puesto que los humanos de Eurasia y las Américas (los habitantes de regiones subsaharianas no se cruzaron con los neandertales) llevamos en nuestro genoma entre el 1% y el 4% de genes procedentes de aquellas hibridaciones, que puede llegar hasta el 6% en poblaciones melanesias y del sureste de Asia. Se trata de genes activos, por lo que cumplen su función a lo largo de nuestro desarrollo.

Nuestra apariencia externa es significativamente diferente a la de los neandertales. Es por ello que nadie se ha planteado cambiar nuestro nombre científico por el de Homo sapiens x neanderthalensis. De ser así, las poblaciones subsaharianas quedarían fuera de esa denominación. Es evidente que, desde el punto de vista numérico, las poblaciones originales de Homo sapiens barrieron literalmente a los grupos neandertales. Su final quedó anunciado cuando la especie se fragmentó y debilitó desde el punto de vista genético. Muy probablemente, los descendientes de los híbridos entre neandertales y humanos modernos tuvieron un aspecto cuando menos llamativo. Algunos investigadores han querido ver cierta morfología intermedia en los restos óseos fosilizados de algunos yacimientos (e.g., Lagar Velho [Portugal] o Pesteracu Oaese [Rumanía]. Puesto que la probabilidad de que un organismo terrestre quede fosilizado es muy baja, resulta extremadamente improbable (pero no imposible) que puedan encontrarse híbridos de primera o segunda generación. Los casos citados en la literatura tienen bases muy poco sólidas para mantenerse. En cualquier caso, tanto las investigaciones tradicionales de la paleoantropología como la genética confirmarían ese hipotético hallazgo, caso de producirse.

El crecimiento demográfico impresionante de nuestra especie terminó por diluir la morfología neandertal de esos híbridos, al punto de que hoy en día no somos capaces de reconocer a nadie (¡que yo sepa!) que nos recuerde a un neandertal clásico. Así pues, es normal que sigamos siendo nombrados por la denominación científica que nos puso Carlos Linneo en 1758. Sin embargo, es de justicia recordar que algunos de los genes heredados de los neandertales fueron beneficiosos para nuestra adaptación a latitudes elevadas. Su persistencia (selección positiva) en las poblaciones recientes es una evidencia muy clara de las ventajas que nos dejó esa hibridación. Aunque no llevemos el apellido “neanderthalensis”, tenemos que recordar que les debemos mucho.

José María Bermúdez de Castro

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