Archivo del Autor: Fernando

Primeras ocupaciones humanas de Australia

Cada vez se van conociendo mejor el origen de los movimientos de las poblaciones de nuestra especie, tras salir de África y ocupar todo el planeta. Los modelos sobre de la evolución humana más reciente se habían centrado casi siempre en Europa. La expansión de nuestra especie en el continente europeo ha sido objeto de una especial atención. En particular, su relación con la extinción de los neandertales ha sido siempre objeto de una verdadera fascinación tanto para los especialistas como para la sociedad en general.  Ahora estamos poniendo mucha más atención en otras regiones, además de plantearnos cuándo y por dónde se produjo la expansión de Homo sapiens.

Aborígenes australianos. Fuente: alotroladoderutaap7.bogspot.com

Aborígenes australianos. Fuente: alotroladoderutaap7.bogspot.com

Casi nadie duda ya sobre una primera salida por el estrecho de Bab el-Mandeb, en el llamado “cuerno de África” hacia finales del Pleistoceno Medio. Sorprendente fue saber que en ese mismo tiempo (unos 120.000 años) los babuinos utilizaron la misma vía para viajar desde el este de África hacia la península de Arabia. Las evidencias arqueológicas se han ido acumulando para seguir la ruta de aquellos pioneros hacia el este. Las evidencias paleontológicas, a su vez, señalan la presencia de nuestra especie en el sur de China hace entre 120.000 y 80.000 años. La historia parece ser muy diferente a la entrada de Homo sapiens en Europa hace poco más de 40.000 años, una vez que los neandertales dejaron de resistir (por razones no bien conocidas) la expansión demográfica imparable de nuestra especie.

En lo que concierne al continente australiano, el debate sobre las primeras ocupaciones de Homo sapiens han pasado casi inadvertidas para la sociedad europea. Quizá es solo una cuestión de lejanía, porque el tema es apasionante. No podemos olvidar que para llegar a este continente hay que atravesar amplios brazos de mar. Las glaciaciones acumularon suficiente hielo en el hemisferio norte como para que el nivel del mar pudiera descender hasta 120 metros. Las islas del actual archipiélago de Indonesia quedaron unidas entre sí y al continente durante largos períodos de tiempo, formando la península de Sunda. De ese modo, la “distancia oceánica” entre el sur de Eurasia y Australia se redujo notablemente.

Las evidencias arqueológicas y paleontológicas más antiguas conocidas sobre el poblamiento de Australia se encuentran en el actual estado de Nueva gales del Sur, en un yacimiento próximo al lago Mungo (Patrimonio de la Humanidad). La antigüedad admitida para este yacimiento esta en un rango de casi 70.000 y 40.000 años. La mejora de los métodos de datación posibilitarán algún día la reducción de esa horquilla temporal. Pero mientras llega ese dato, los genetistas han trabajado para conocer la posible antigüedad de la población actual de Australia, considerada como la original del continente.

Aborigen australiano. Fuente: www.aussieyoutoo.com

Aborigen australiano. Fuente: www.aussieyoutoo.com

Sobre los llamados “aborígenes australianos” se ha especulado mucho. Sus diferentes lenguas, su cultura y su aspecto físico han dado lugar a múltiples estudios. La mayoría de las investigaciones han considerado que los aborígenes de Australia tienen un origen relativamente reciente. Sin embargo, la genética ha vuelto a darnos las claves. Un trabajo sobre la diversidad del cromosoma Y de 13 individuos de esta población, publicado el 21 de marzo en la revista Current Biology por un equipo liderado por Anders Bergström y Nano Nagle, ofrece una visión muy distinta y compatible con el registro fósil.

La historia de los aborígenes de Australia se remonta al Pleistoceno Superior. Su separación genética de las poblaciones del sur de Asia sucedió hace aproximadamente 54.000 años. Los primeros humanos que llegaron hasta la actual Papua Nueva Guinea no tardaron en atravesar los 150 kilómetros del estrecho de Torres y dar el salto definitivo al continente australiano. En este continente se expandieron y dieron lugar a culturas y lenguas diversas. Su legado genético ha llegado intacto hasta la actualidad.

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La cueva de Bolomor y el Corredor Mediterráneo

El 21 de enero de este año explicaba en este blog la posible antigüedad del uso controlado del fuego. Las evidencias más remotas (800.000 años) parecen encontrarse en el yacimiento de Gesher Benot Ya´aqov, en Israel. En este yacimiento aparecen concentraciones de fragmentos de sílex y otros materiales quemados, que sugieren el uso repetido del fuego a finales del Pleistoceno inferior. Sin embargo, las concentraciones bien localizadas y abundantes de cenizas son más recientes.

Excavaciones en la cueva de Bolomor, Tavernes de Valldigna (Valencia).

Excavaciones en la cueva de Bolomor, Tavernes de Valldigna (Valencia).

El encendido y mantenimiento de los hogares permitió ahuyentar a los predadores, modificó los sabores de los alimentos, organizó el espacio en las entradas de la cavidades naturales, influyó de manera decisiva en la socialización de los grupos humanos y proporcionó luz y calor, prolongando así la jornada de nuestros ancestros. Con la perspectiva actual, resulta difícil imaginar a los humanos del pasado viviendo en regiones del norte de Europa sin el recurso del fuego. No tenemos que ir tan lejos, porque los inviernos en las regiones elevadas de las dos mesetas de la península Ibérica pudieron ser tan duros como en la actualidad. Aún así, las evidencias del uso del fuego en Europa son relativamente recientes. Las especies humanas que vivieron en estas tierras desde hace un millón y medio de años tendrían las adaptaciones biológicas necesarias para sobrevivir sin necesidad del calor de unas buenas brasas.

Los yacimientos europeos más antiguos con claras evidencias de fuego se encuentran en la actual Alemania (Schöningen y Bilzinsleben), Hungría (Vértesszölös), Reino Unido (Beeches Pit) y Francia (Menez-Dregan y Terra Amata). Dejando a un lado los problemas de datación de todos estos yacimientos, se puede decir que los europeos de latitudes elevadas sabían utilizar las propiedades del fuego hace unos 400.000 años ¿Y en la península Ibérica?, ¿qué sabemos de esta innovación cultural tan importante?

Por el momento, las evidencias más antiguas no llegan siquiera a los 250.000 años y se han localizado en la cueva de Bolomor. Esta cavidad, de unos 600 metros cuadrados de superficie, está situada en la cercanías de Tavernes de Valldigna, en Valencia. Las hogueras de este yacimiento se localizan en buena parte de su secuencia estratigráfica, con una cronología de entre 230.000 y 120.000 años. Esta hogueras estructuraban perfectamente el espacio disponible de la cueva y, sin duda, tuvieron un papel determinante en las actividades y la socialización de los habitantes de la cavidad. No solo se trata de las evidencias más antiguas de hogueras en la península Ibérica, sino de todo el sur de Europa.

La arqueóloga Ruth Blasco, una de las responsables de las excavaciones de la cueva de Bolomor.

La arqueóloga Ruth Blasco, una de las responsables de las excavaciones de la cueva de Bolomor.

Los datos de Bolomor tienen que ser considerados en un contexto amplio y comparado con datos de otros yacimientos de la misma época. Por ejemplo, los niveles de la misma antigüedad de los yacimientos de la sierra de Atapuerca no tienen ninguna evidencia del uso del fuego ¿Se trata quizá de una casualidad o de falta de información? Se puede argumentar que las capacidades cognitivas de los grupos humanos de Bolomor (y de esta región mediterránea en particular) eran superiores a los de sus vecinos del interior de la península. No olvidemos que la distribución de los grupos humanos en esa época era muy irregular, y dependía tanto del clima como de los recursos disponibles. Es por ello que no podemos pensar que todos esos grupos constituían una población homogénea en toda Europa. Es más, las evidencias del registro fósil nos hablan de diferencias morfológicas significativas entre los habitantes de nuestro continente durante todo el Pleistoceno medio.

Sin embargo, yo no sería partidario de distinguir a las diferentes subpoblaciones por sus posibles capacidades cognitivas solo por el hecho de que algunas hubieran alcanzado cotas más elevadas de conocimientos técnicos. Durante milenios, el Corredor Mediterráneo del sur de Europa ha podido ser un lugar privilegiado para la vida, tanto por su clima como por sus recursos. Es muy posible que la densidad de población en este corredor, aún siendo muy baja, superara de manera significativa la de otras regiones del interior de Europa. Siendo así, el intercambio de información de los grupos y su capacidad innovadora habría estado favorecida por esa circunstancia, como hemos defendido en muchas ocasiones para lugares tan emblemáticos para la evolución humana como el Corredor Levantino, en el suroeste de Asia.

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El cordón umbilical

Ran Barkai y Avi Gopher, dos de los arqueólogos más reputados de Israel, detuvieron su vehículo cerca de la autovía que une Tel-Aviv con Jerusalén. Mi colega la Dra. Martinón y quién escribe estas líneas bajamos del coche para conocer el yacimiento de Qesem. El ruido de los vehículos, que literalmente rozaban el borde del yacimiento, era ensordecedor. Ran y Avi nos relataron la suerte que supuso tanto la construcción de la autovía como la sensibilidad de las autoridades para que se respetara el hallazgo del yacimiento producido por las obras. Aún así, buena parte de un campamento del Pleistoceno medio se lo llevó la civilización de manera irremediable. Había que dar gracias por la posibilidad de estudiar lo que había quedado del yacimiento de Qesem, que no era poco.

Yacimiento de Qesem, Israel, junto al borde de la autovía que enlaza Tel-Aviv con Jerusalén. Al fondo se distingue al arqueólogo Ran Barkay, uno de los directores de la excavación.

Yacimiento de Qesem, Israel, junto al borde de la autovía que enlaza Tel-Aviv con Jerusalén. Al fondo se distingue al arqueólogo Ran Barkay, uno de los directores de la excavación.

Las dataciones de este yacimiento y la descripción de los primeros hallazgos se publicaron en la revista Nature en junio de 2003. Los análisis, realizados desde la parte más alta a la más baja del yacimiento, arrojaron una horquilla temporal de entre 400.000 y 200.000 años. En fecha reciente, se publicó la descripción de varios dientes humanos encontrados durante las excavaciones, que los paleoantropólogos responsables de su estudio identificaron como pertenecientes a las poblaciones que dieron lugar a los neandertales y los humanos modernos. Es más, la conclusión de los expertos se inclinaban por considerar que aquellos dientes estaban ya en la línea que dio lugar a nuestra especie. Ese fue el motivo de la invitación que nos cursaron Ran y Avi para visitar Qesem. Tras conocer nuestra opinión, que ponía en duda la hipótesis propuesta por los responsables de la paleoantropología, todo quedó en un “ya veremos más adelante”, que quizá algún día se resuelva.

El compás de espera no nos inquieta, porque las excavaciones en Qesem continúan. Tampoco nos puede extrañar que en aquel momento todos los responsables de la excavación y estudio de los restos de Qesem fueran partidarios de que se había dado con la clave del origen de la humanidad actual. Las fechas encajaban con lo que proponía en aquellos momentos por los genetistas, tras el estudio del ADN antiguo de varios neandertales. Además, la arqueología de Qesem mostraba los grandes avances tecnológicos de quienes vivieron en aquel lugar. Los habitantes del campamento de Qesem eran verdaderos expertos en conservar las hogueras encendidas. En esa misma época los europeos llevaban poco tiempo practicando el modo de mantener los hogares, un tema que abordaré en un par de semanas. El retraso tecnológico de Europa ha sido una constante durante todo el Pleistoceno.

Herramientas recuperadas en el yacimiento de Qesem, asignadas a la cultura denominada achelense-yabrudiense. Fuente: Nature.

Herramientas recuperadas en el yacimiento de Qesem, asignadas a la cultura denominada achelense-yabrudiense. Fuente: Nature.

La industria lítica de Qesem encajaba con una tecnología conocida solo en esa región: el achelense-yabrudiense. Junto a algunos bifaces y otras piezas características del achelense, la mayoría de los instrumentos se fabricaban de un modo único en el mundo conocido por los humanos del Pleistoceno medio. Ran y Avi nos mostraron las herramientas en su laboratorio. Jamás habíamos visto nada semejante. Los humanos de Qesem golpeaban de manera magistral los nódulos de sílex para obtener cuchillos largos, afilados, de hoja fina y muy cortante. El borde de algunos de los cuchillos mostraba finos dientes de sierra, capaces de cortar la carne con la misma eficacia que nuestros actuales instrumentos de cocina.

Es muy posible que los moradores de aquel campamento no fueron realmente quienes dieron lugar a los humanos modernos, pero su capacidad tecnológica está fuera de toda duda. El Corredor Levantino ha sido el “cordón umbilical” de unión entre África y Eurasia, cruce de caminos y culturas desde hace miles de años. Esa situación ha permitido el intercambio de ideas entre los grupos humanos que habitaron la región o que la cruzaban, quizá en las dos direcciones. Qesem no es solo un yacimiento más del Pleistoceno medio, sino un símbolo de lo que se puede llegar a conseguir si los humanos nos dedicamos a compartir conocimiento en lugar de pelear entre nosotros por territorios y recursos.

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