Los vuelcos de la evolución humana

Estamos habituados a que muchas noticias de carácter científico se magnifiquen con titulares llamativos. En el ámbito de la evolución humana, la mayoría de los hallazgos realizados en los últimos años aparecen en los medios con la calificación de acontecimientos extraordinarios. Cada uno de esos hallazgos parece que nos obliga a reescribir la historia de la evolución humana. La noticia suele ir acompañada de titulares que invitan a la lectura. Es lo que toca. De ese modo, la evolución humana se nos muestra como una ciencia convulsa, con pies de barro, que “da un vuelco” cada vez que se encuentra algún yacimiento o fósil merecedor de ser publicado en revistas como Science o Nature. Si los/as lectores/as no conocen bien este ámbito científico, su confianza en las investigaciones que tratan los orígenes de la humanidad será más bien escasa ¿Tiene todo que empezar de cero cada vez que se encuentra algo interesante? Por supuesto, la respuesta es un rotundo NO. Aunque muchos hallazgos resulten sorprendentes, tan solo se necesita reformar una parte del edificio, que se lleva construyendo desde hace muchas décadas. Así funciona la Ciencia.

El caso de los dos últimos artículos recién publicados en la revista Nature son un claro ejemplo. Vaya por delante que los dos trabajos sobre el yacimiento de Jebel Irhoud, en Marruecos son excelentes y representan un paso adelante muy importante. Este yacimiento se conoce desde 1960. Los trabajos de cantería en un macizo de caliza cercana a la ciudad costera de Safi, situada a unos 400 kilómetros al sur de Rabat, dieron con resultado el hallazgo de un yacimiento arqueológico-paleontológico. Los primeros restos humanos se encontraron en 1961 y 1962, junto a abundantes restos de fauna y de herramientas de piedra. La interpretación de este lugar y su cronología han pasado por numerosas vicisitudes. Los métodos de datación han mejorado sensiblemente en estas últimas décadas, y de los iniciales 40.000 años de antigüedad hemos pasado a los 300.000 años, como nos revela uno de los artículos de la revista Nature. Este ha sido un paso crucial para comprender los hallazgos del yacimiento de Jebel Irhoud, que incluso fueron clasificados como una población neandertal del norte de África.

El científico Jean Jaques Hublin en Jebel Irhoud. Fuente: Los Angeles Time.

El método de la termoluminiscencia ha sido empleado para datar las herramientas asociadas a los fósiles humanos que fueron calentadas en las hogueras intencionadas realizadas en aquel lugar. El promedio de las fechas obtenidas fue de 315.000±34 años, que concuerda bien con otras dataciones obtenidas por medio de las series de uranio y ESR: 286.000±32 años. La cronología también es consistente con los restos fósiles de las especies halladas en Jebel Irhoud. Daniel Richter (Instituto Max Planck, Alemania) lidera uno de los dos artículos de Nature, junto a varios geocronólogos de primera línea.

Estas dataciones envejecen en casi 150.000 años las dataciones anteriores y llevan la industria asociada, clasificada en una tecnología conocida como “Middle Stone Age”, a una cronología muy antigua. Seguramente algunos arqueólogos no estarán muy satisfechos con este dato, porque esta tecnología siempre se ha considerado más reciente y asociada a los orígenes de nuestra especie. Y aquí llega el lío.

El artículo que describe los fósiles humanos ha sido liderado por Jean-Jaques Hublin, actual director del Departamento de Evolución Humana del Instituto Max Planck y Philip Günz, uno de los más reputados expertos en evolución del cerebro.

Las recientes excavaciones en Jebel Irhoud dieron como resultado el hallazgo de más fósiles humanos, rodeados de un contexto muy claro de herramientas y fósiles. Todos los hallazgos proceden del mismo nivel y, por primera vez, las excavaciones se han realizado con rigurosidad. Este nivel (el número 7) ha proporcionado los restos de al menos cinco individuos: tres adultos, un adolescente y un niño. Aunque el último cráneo recuperado ha tenido que ser restaurado de manera digital, su aspecto recuerda al primer cráneo encontrado en los años 1960s.

Comparación del cráneo 1 de Jebel Irhoud (izquierda de la imagen) con el cráneo de Cro-Magnon.

La morfología de los restos de Jebel Irhoud puede ser interpretado de manera diferente por distintos expertos. La mandíbula no tiene un mentón propiamente dicho, como el de la humanidad actual; pero su aspecto general no dista mucho del nuestro. Lo mismo sucede con el primer cráneo encontrado en 1961 (número 1) y con la reconstrucción del nuevo cráneo (número 10). Su parte posterior no es tan esférica como la nuestra. El cráneo es más bajo y carece de la notable expansión de las bolsas parietales. Pero la frente es muy vertical y la cara es prácticamente como la nuestra. Así que nos encontramos ante unos restos, que muchos se atreverían a incluir en la especie Homo sapiens, mientras que otros/as serían más cautos/as. El cráneo de Florisbad (ver post del 6 de junio), en Sudáfrica (260.000 años) tiene un aspecto muy similar a los cráneos de Jebel Irhoud y fue incluido por su descubridor en la especie Homo helmei.

¿Qué reflexiones podemos hacer sobre este dilema? Una posible solución consistirá en ampliar la variabilidad admitida para nuestra especie y así poder incluir el ella los restos de Jebel Irhoud. También podemos discrepar de las conclusiones de Hublin y sus colegas y reconocer que estamos ante los restos de la especie que sin duda precedió a la verdadera especie Homo sapiens, con todos sus atributos esqueléticos.

El mismo problema ha surgido en Europa, con el hallazgo de los humanos de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. Nos lo recuerda el investigador Chris Stringer en su artículo de la sección de News & Views del mismo número de la revista Nature. Los humanos de la Sima de los Huesos no son “Neandertales clásicos”, con todos los rasgos que caracterizan a esta población europea; pero su aspecto era ya muy similar al de los Neandertales. Desde 2014, los humanos de la Sima de los Huesos dejaron de tener un nombre oficial, al haber sido separados (pienso que acertadamente) de la especie Homo heidelbergensis. Los humanos de Jebel Irhoud y Sima de los Huesos precedieron a los “sapiens clásicos” y a los Neandertales clásicos, respectivamente. Si fueran incluidos en Homo sapiens y en Homo neanderthalensis tan solo tendríamos que ampliar nuestros horizontes mentales. La segunda solución pasa por incrementar el repertorio de especies de nuestra genealogía. Cualquiera de las dos soluciones supondría una pequeña reforma del edificio.

Los yacimientos de Florisbad y los de Jebel Irhoud distan unos 11.000 kilómetros. Su cronología y la morfología de los cráneos es muy similar. Todos estos hechos nos llevan a otra reflexión. Tenemos dos opciones: 1) la especie ancestral a Homo sapiens (quizá Homo helmei) estaba bien repartida por todo el continente africano hace 300.000 años y solo una de las poblaciones de esta especie dio lugar a la nuestra; y 2) la especie Homo sapiens es más antigua de lo que se pensaba hace tan solo unos días y hace 300.000 ya se había expandido por toda África. En el próximo post trataré de responder a esta cuestión con nuevos datos procedentes del campo de la genética.

José María Bermúdez de Castro

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

El Pleistoceno Medio de Europa: ¿pudieron convivir dos especies humanas?

En el post anterior hablé de las dificultades para explicar la evolución humana de Europa durante el Pleistoceno Medio (780.000-120.000 años). De alguna manera dejé abierta la posibilidad de que en este período coexistieran dos o más poblaciones diferentes. Esta hipótesis se deriva con facilidad del estudio de los restos encontrados en la cueva de Arago (Tautavel, sur de Francia) y en la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. Las dataciones en estos dos lugares se han repetido en varias ocasiones y la cronología de los dos yacimientos gira en torno a los 400.000 años. Quienes ocuparon estas dos regiones tan próximas pertenecieron a poblaciones de aspecto claramente distinto.

Reconstrucción ideal de un cráneo del yacimiento de Arago (Tautavel, Francia) a partir de restos de varios individuos.

Algunos fósiles encontrados en diferentes yacimientos del Pleistoceno Medio, como Swanscombe y Pontnewydd, en el Reino Unido, o Steinheim, en Alemania, pueden agruparse fácilmente con los humanos de la Sima de los Huesos. La peculiaridad que los une está relacionada con la presencia de un número significativo de caracteres compartidos con los Neandertales. Otros fósiles, como los hallados en los yacimientos de Verteszöllos (Hungría), Bilzingsleben (Alemania), Mala Balanica (Serbia), Ceprano (Italia) o Aroeira (Portugal) tienen en común la escasa o nula presencia de caracteres neandertales. Por su aspecto primitivo podríamos asociarlos mejor con los fósiles de la cueva de Arago.

Por supuesto, los fósiles mencionados en el párrafo anterior son fragmentarios y no representan de manera adecuada a sus respectivas poblaciones. Necesitaríamos muchos más restos para estar convencidos de que su aspecto era ciertamente muy distinto al de los humanos de la Sima de los Huesos de Atapuerca. Sin embargo, la suma de evidencias nos sugiere que Europa estuvo habitada por grupos diferentes. No nos atrevemos a sugerir que se trataba de especies distintas, porque su nicho ecológico habría sido forzosamente el mismo y la competencia entre ellas habría sido rápida y feroz. Difícilmente habríamos hallado de manera tan repetitiva los restos fósiles de esas dos posibles especies.

Cráneo 17 del yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca.

El hallazgo de ADN en los humanos de la Sima de los Huesos abrió una puerta insospechada para conocer mejor la historia evolutiva de nuestro continente. Pero por el momento y a la espera de nuevos resultados (no me cabe la menor duda de que esos resultados llegarán tarde o temprano) el registro fósil es casi nuestra única fuente de conocimiento. Y quizá la complejidad que observamos en ese registro se deba a la presencia de grupos llegados a Europa en épocas diferentes, aunque originados de un ancestro común. Todos estos grupos tendrían, por tanto, un parentesco relativamente cercano y la posibilidad de hibridar. Su coexistencia en Europa fue posible, aunque no necesariamente pacífica. Más bien al contrario. La territorialidad y también el aislamiento debido a cuestiones climáticas pudieron acentuar la diversidad original. En la actualidad, las diferencias tribales de ciertas regiones se manifiestan solo gracias a los elementos culturales. En el Pleistoceno, esas diferencias tendrían un cariz más biológico que cultural.

El paleoantropólogo Giorgio Manzi ha sugerido en varios artículos científicos que la diversidad de Europa podría entenderse si hablamos de distintas subespecies. Esta categoría taxonómica se comprende con cierta dificultad, porque detrás de ella está la idea de que las diferencias entre las poblaciones bajo estudio no alcanzan el nivel de especie, pero son claramente mayores de la variación que podemos encontrar hoy en día entre diferentes grupos humanos del planeta. La idea de Manzi, compartida por muchos colegas, es quizá la más razonable. La geografía física de Europa es muy compleja, capaz de albergar la diversidad de poblaciones que estamos detectando en tantos y tantos yacimientos del Pleistoceno Medio. Tal vez la pregunta más interesante (post anterior) esté relacionada con la explicación de la homogeneidad que se observa en el Pleistoceno tardío (antes Pleistoceno Superior), cuando los Neandertales clásicos ocuparon en su totalidad el occidente de Europa.

José María Bermúdez de Castro

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Los Neandertales y la hipótesis de la acreción

Los neandertales vivieron en buena parte de Eurasia durante miles de años. Su variabilidad se conoce relativamente bien gracias a docenas de hallazgos en yacimientos de Europa y del suroeste de Asia. Los llamados “Neandertales clásicos” vivieron en el oeste de Europa hace entre 120.000 y 40.000 años y se caracterizan por una notable homogeneidad en sus características esqueléticas ¿Cómo se diferenció esta población, que resulta inconfundible para los expertos?

Cuando se estudian las diferentes partes anatómicas de los humanos que vivieron en el Pleistoceno Medio de Europa hace entre 600.000 y 120.000 años nos encontramos con un número indeterminado de caracteres compartidos con los Neandertales clásicos. Es por ello que podemos establecer una conexión filogenética entre unos y otros. Durante mucho tiempo se utilizaron términos como anteneandertales o preneandertales para calificar a los fósiles del Pleistoceno Medio de Europa, que aludían más a su destino evolutivo final que a su origen. Hoy en día, la mayoría de investigadores estamos de acuerdo en hablar del “clado neandertal”, sugiriendo que todas las poblaciones del Pleistoceno Medio de Europa y los Neandertales clásicos comparten un antecessor común, que no lo es de ningún otro grupo (especie, subespecie) humano. Estamos empeñados en explicar la variabilidad de los humanos del Pleistoceno Medio y de averiguar cómo se llegó a conformar el aspecto definitivo de los Neandertales clásicos.

Muchos expertos piensan que tras la llegada de los humanos que trajeron la tecnología achelense a Europa, hace unos 600.000 años, se produjo una evolución continúa de esta población hasta su definitiva transformación en el grupo de los Neandertales clásicos. En 1998 el investigador Jean Jaques Hublin propuso la “hipótesis de la acreción” para dar sentido a este escenario evolutivo. Según Hublin, los fuertes cambios climáticos del Pleistoceno Medio afectaron a la densidad y distribución de las poblaciones que vivían en Europa. Durante las fases más frías de la glaciaciones los grupos que habitaban en latitudes elevadas sucumbían o migraban poco a poco hacia el sur. De hecho, está comprobado que las penínsulas del sur (Ibérica, Itálica y Balcánica) actuaron como refugio de especies animales y vegetales durante las fases más frías de las glaciaciones. Durante los largos períodos de aislamiento las poblaciones se homogeneizaban. Si este proceso se repetía con frecuencia, los caracteres se habrían ido fijando paulatinamente en las poblaciones del Pleistoceno Medio. Esta “acreción” repetida habría dado lugar, según Hublin, a la formación de una población cada vez más homogénea: los Neandertales clásicos.

Desde hace varios años, algunos investigadores venimos defendiendo que está hipótesis tropieza con problemas serios. Por ejemplo, en este mismo blog ya he comentado sobre dos fósiles enigmáticos desde el punto de vista de su morfología Se trata de la calvaria de Ceprano (Italia) y de la mandíbula de Mala Balanica (Serbia). El hallazgo de estos fósiles sugiere que en la segunda mitad del Pleistoceno Medio y a finales de este período (120.000 años) todavía se encuentran fósiles que tienen un aspecto muy primitivo y carecen de rasgos neandertales. La hipótesis de la acreción no funciona con estos fósiles. Podría tratarse de representantes de grupos totalmente aislados durante cientos de miles de años en regiones inaccesibles. Sin embargo, estos y otros fósiles problemáticos se han encontrado en regiones abiertas al paso de cualquier población. Sin duda, las poblaciones representadas por estos fósiles no vivieron en valles aislados o lugares similares, sin posibilidad de intercambio genético con otros grupos.

Cráneo del Neandertal del yacimiento de La Ferrassie (Francia) datado entre 70.000 y 50.000 años (La Ferrassie 1). Se trata de uno de los mejores ejemplos de la llamada población de los Neandertales clásicos.

Por otro lado, ciertos conjuntos de fósiles (Sima de los Huesos y Arago) tienen una cronología similar y una morfología claramente diferente. La antigüedad de los fósiles de la Sima de los Huesos está bien establecida en torno a los 400.000 años, mientras que los fósiles de la cueva de Arago (sur de Francia) pueden llegar a tener 450.000 años. Los homininos de la Sima de los Huesos presentan un buen número de caracteres neandertales (especialmente en los dientes). Los homininos de Arago también tienen un cierto número de caracteres que los relacionan con los neandertales; pero su aspecto es bastante más arcaico. A tal punto, que la investigadora responsable de la investigación de estos fósiles humanos (Marie Antoinette de Lumley) ha llegado a considerarlos como una subespecie de Homo erectus. Ningún colega comparte esta clasificación, pero nos da una idea de cuán diferentes son los fósiles de uno y otro yacimiento, separados por no más de 500 kilómetros en línea recta Lo esperable, según la hipótesis de la acreción, sería observar una gran similitud entre los homininos de Arago y los de Sima de los Huesos, dado que se trata de grupos humanos contemporáneos. La hipótesis de la acreción resulta muy atractiva y se basa en acontecimientos que realmente sucedieron durante el Pleistoceno Medio de Europa. Pero el registro fósil tiene la palabra y nos dice que las cosas no fueron tan sencillas. A medida que se van conociendo más hallazgos, hemos de buscar alternativas para explicar la complejidad morfológica de las poblaciones del Pleistoceno de Europa y el surgimiento de los Neandertales clásicos.

José María Bermúdez de Castro

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest