¿Qué sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca?

La semana pasada conocimos un artículo publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, USA (PNAS), liderado por Charles P. Egeland (Universidad de North Carolina at Greensboro). En este trabajo se utiliza un algoritmo, que permite discernir posibles causas para la deposición de restos humanos fósiles en diferentes yacimientos. A pesar de que los autores analizaron 16 yacimientos de distintas épocas, centraron sus conclusiones en dos de ellos: la Cámara Dinaledi (Sudáfrica), donde se siguen recuperando restos fósiles de la especie Homo naledi, y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, donde también se siguen recuperando restos fósiles de una especie estrechamente relacionada con los neandertales. Se trata de dos yacimientos extraordinarios, con un registro fósil de homininos fuera de lo común. En el caso de la Sima de los Huesos, el número de restos se acerca a los 7.000, todos ellos pertenecientes a un número mínimo de 28 individuos de edades comprendidas entre los 10 y los 40 años, aproximadamente.

Nuestro compañero Rolf Quam atraviesa un paso estrecho para alcanzar la boca de la Sima de los Huesos. Foto de Javier Trueba.

 

Desde el inicio de las excavaciones sistemáticas en la Sima de los Huesos, allá por el año 1984 (tras el hallazgo en 1976 de varios restos humanos por el equipo dirigido por Trinidad de Torres), se han propuesto hipótesis alternativas para explicar una acumulación de restos tan extraordinaria. Estas hipótesis han tropezado siempre con dos circunstancias, una de ellas insalvable. El yacimiento fue expoliado en parte desde los inicios del siglo XX. Lo que se llevaron y lo que destrozaron las gentes que se jugaron la vida bajando hasta el fondo de la cavidad es difícil de estimar. Pero alteraron para siempre la composición del conjunto de fósiles que el yacimiento guardaba celosamente desde hace unos 430.000 años. Por descontado, este dato ha sido ignorado en el análisis que presentan los autores del trabajo publicado en la revista PNAS. Estos autores no solo desconocían esta información, sino que jamás han estado en la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca. Y, muy probablemente, tampoco han pisado en la mayor parte de los 15 yacimientos restantes.

 

Otro dato no menos interesante del yacimiento de la Sima de los Huesos es su ubicación en el fondo de una cavidad ciega, de 14 metros de caída libre en vertical y otros 14 metros en rampa inclinada. Nunca se ha encontrado otro posible acceso que no sea el de la propia boca de la Sima de los Huesos. En la actualidad, para llegar a este lugar es necesario recorrer casi 1.000 metros de distancia por vericuetos y pasos estrechos. Todo un misterio. La dinámica de las cavidades cársticas es compleja y muy posiblemente el antiguo acceso a la Sima de los Huesos ha desaparecido para siempre. Todo ello ha sido un hándicap importante para entender la acumulación de los 28 cadáveres.

 

El algoritmo presentado en la revista PNAS es un procedimiento matemático construido por la mente humana, al que no se le puede dar toda la información. Sencillamente, es imposible. El algoritmo trabajará con algunos datos objetivos obtenidos de la literatura científica, publicados por los investigadores de cada yacimiento. Pero siempre faltará información y las reflexiones que esos investigadores han realizado durante décadas, después de un trabajo ingente en condiciones muy complejas y arriesgadas.

 

En el caso del yacimiento de la Sima de los Huesos existen una serie de evidencias, que han de ser tenidas en cuenta. Por ejemplo, es muy posible que todos los individuos pertenecieran a una misma población. Sus similitudes anatómicas son muy evidentes, al punto de que en más de una ocasión se han confundido las piezas dentales de diferentes individuos. A pesar de ello, no es posible saber con certeza si fallecieron en un intervalo muy pequeño de tiempo o durante varias semanas, meses, años…La gran mayoría de estos individuos estaban en plena edad reproductora, por lo que la acumulación es de tipo catastrófico (no atricional: fallecimientos continuados en el tiempo). Si fue así, entonces los 28 individuos murieron en un intervalo muy corto de tiempo, instantáneo desde el punto de vista geológico. Otros datos apuntan a la muerte violenta de algunos de los individuos. El propietario/a del Cráneo 17 pudo fallecer por el impacto violento de un objeto, que le perforó el cráneo en dos ocasiones. Se tiene que seguir investigando sobre los golpes recibidos por otros individuos ¿Una especie de batalla entre grupos rivales?

 

Al fondo de esa cavidad llegaron cadáveres completos y no huesos sueltos. Su descomposición ocurrió una vez que se acumularon en la cavidad. La presencia de un hacha de mano muy particular (Excalibur) junto a los cadáveres es simplemente una evidencia circunstancial. Pero esa presencia tiene que ser explicada. He tenido que escuchar explicaciones tan simples y grotescas como que “se le cayó del bolsillo” a alguno de los humanos allí acumulados.

 

Juan Luis Arsuaga siempre dice una frase que encierra mucha miga: “la formación de un yacimiento tan excepcional ha de tener una explicación también excepcional”. Puesto que se trata de hacer ciencia y no de adoptar posturas dogmáticas, las investigaciones sobre la acumulación de cadáveres en la Sima de los Huesos se han encaminado a buscar información que pueda refutar o rechazar las hipótesis planteadas por miembros del equipo y por científicos ajenos al proyecto. Por el momento, la acumulación antrópica no ha podido ser rechazada, ni siquiera por el algoritmo que se presenta en el artículo recién publicado en PNAS, como los propios autores del trabajo reconocen. Así que esa hipótesis se tiene que mantener. No se trata de afirmar de manera incontestable que los cadáveres fueron acumulados de manera intencionada por otros humanos. Eso sería dogmatismo, tan alejado de los planteamientos científicos.

 

Aunque una idea se publique en una revista de prestigio, no deja de ser una propuesta, que ha de ser contrastada. Cierto es que la mayoría de los seres humanos hemos sido educados en una serie de creencias y tendemos a ser “creyentes”: !!si determinada idea ha sido publicada en una revista tan prestigiosa como PNAS será una certeza!! Vamos muy mal si reaccionamos así. Es complicado entender lo que la significa la ciencia, excepto que nos beneficiamos de sus progresos. Como suele decir Eudald Carbonell, los científicos tenemos que ser “pensantes”. Por eso hay que insistir en que la ciencia carece de dogmas. Aunque la hipótesis de la acumulación antrópica en la Sima de los Huesos es la que tiene por el momento más posibilidades, nunca podrá decirse que estamos ante la verdad de lo que sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca.

 

Y ahora me permito recordar que los cadáveres acumulados en la Sima de los Huesos están indudablemente emparentados con los neandertales. El grado de parentesco forma parte de las investigaciones en curso. Se puede proponer para estos humanos una especie propia, aunque algunos/as se atreven a postular que estamos ante un grupo de neandertales arcaicos. Es sencillamente la constatación de que los homininos de la Sima de los Huesos tenían mucho en común con quienes enterraban a sus muertos, pintaban en las paredes de las cuevas y conocían técnicas que nos asombran por su similitud con las que hemos utilizados los miembros arcaicos de Homo sapiens. ¿Entonces?, ¿qué problema hay en aceptar a trámite la hipótesis de acumulación antrópica para los humanos de la Sima de los Huesos? ¿Por qué nos empeñamos en negar para otras especies humanas lo que nosotros consideramos como patrimonio de la nuestra? Abramos nuestra mente y reconozcamos, como dijo una vez Carl Sagan, que somos sencillamente “polvo de estrellas”.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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El infierno de Toba

Hace aproximadamente 74.000 años tuvo lugar una de las erupciones volcánicas más impresionantes de las que se tiene constancia. Sucedió en la isla de Sumatra y el evento geológico dejó un lago de 3.000 kilómetros cuadrados (Lake Toba). Esta erupción ha dado lugar a encendidos debates sobre sus supuestas trágicas consecuencias, que pueden leerse en docenas de trabajos. En 1998, Stanley A. Ambrose propuso la práctica extinción no solo de buena parte de las especies, sino de la mayor parte de los homininos. Tan solo habría sobrevivido la pequeña población africana de la que procedemos. El prolongado invierno producido por las cenizas volcánicas habrían hecho disminuir la temperatura del hemisferio norte hasta 15 grados. Su propuesta coincide con la floreciente teoría del origen único de la humanidad en África, a partir de una pequeña población subsahariana, de la que todos seríamos sus descendientes. Un verdadero cuello de botella, donde aquella pequeña población se había extendido fuera de África sin encontrar oposición, ocupando el nicho ecológico vacío dejado por las demás especies de homininos. Se da la circunstancia, que justo en esa época estaba comenzando el último gran período frío del Pleistoceno, que terminaría hace unos 14.000 años en los inicios del Mesolítico.

Caldera de 3.000 kilómetros cuadrados, dejada por la explosión del volcán Toba hace 74.000 años. Actualmente, la caldera es un inmenso y profundo lago. Fuente: google.

 

Las evidencias dejadas por esta erupción son un hecho cierto, al menos en las costas del Índico (incluyendo fuertes tsunamis), aunque no existe consenso sobre su alcance tanto climático como biológico. Eugene I. Smith (Universidad de Nevada, USA) y un nutrido grupo de colegas, publicaron el pasado mes en la revista Nature sus hallazgos en dos yacimientos de la costa de Sudáfrica. Los cristales procedentes de la erupción en Sumatra se han localizado en estos dos yacimientos, con fechas prácticamente idénticas, por lo que no cabe dudar de las consecuencias de aquella explosión. Sus efectos están presentes a casi 9.500 kilómetros de distancia. Los autores del trabajo nos describen las ocupaciones humanas en estos lugares, que prosperaron sin problema tras la deposición de los cristales volcánicos, como sucedió en otros lugares de África.

 

Si las previsiones de Ambrose fueran correctas (seis o siete años de invierno volcánico) la extinción de plantas y animales habría sido masiva, con serias dificultades para la recuperación en el corto plazo. Hoy en día, la teoría de la “Eva Negra” ha tenido que matizarse en muchos sentidos. En primer lugar, la primera expansión de nuestra especie tuvo lugar hace más de 120.000 años, y su recorrido se sigue perfectamente bien hasta el continente australiano, coincidiendo precisamente con evento Toba ¿Desaparecieron también estos pioneros de nuestra especie? Otras expansiones de H. sapiens fueron posteriores y ya sabemos que hibridamos tanto con los neandertales como los denisovanos. Si estas poblaciones hubieran perecido tras el evento Toba, sus genes no estarían en nuestro genoma. La enorme cantidad de yacimientos de neandertales o de Homo erectus que se conocen con fechas posteriores a los 74.000 años sugiere que los humanos de varias especies y las especies de las que se alimentaron, resistieron sin problema el invierno volcánico de la catástrofe Toba.

 

En cualquier caso, no está de más recordar que vivimos en un planeta inestable, en el que apenas sin tiempo de aviso podemos enfrentarnos a catástrofes locales o generales de dimensiones colosales. Disfrutamos de una tecnología, que nos permitiría sobrellevar esos problemas, aunque una gran parte de la población mundial estaría todavía expuesta a sus consecuencias.

José María Bermúdez de Castro.

 

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Más madera

Quizá sorprenda el hecho de que con pocos días de diferencia hayamos conocido el hallazgo en Italia y España de herramientas de madera fabricadas por los neandertales. Puesto que la conservación de este tipo de útiles es excepcional, merece la pena que vuelva a insistir en el hallazgo, que acaba de dar a conocer la revista PLoS ONE. Joseba Ríos, líder la publicación, es compañero en el CENIEH y dirige las excavaciones al aire libre de Aranbaltza, en Barrika, Bizkaia, no lejos del casco urbano de Bilbao.

El arqueólogo Joseba Ríos (CENIEH), en 2017, mostrando una herramienta de piedra hallada en 2017. Fuente: Paleorama.

 

En una de las secuencias de Aranbaltza, catalogada con el número III, se llevó a cabo entre 2014 y 2015 una excavación testigo de dos metros cuadrados. En esa secuencia se determinaron hasta seis unidades litoestratigráficas bien definidas. En la unidad 4, formada por arenas y arcillas depositadas en llanuras de inundación, aparecen herramientas de piedra de clara manufactura neandertal, junto a dos herramientas de madera. Una de ellas, fabricada en madera de tejo (Taxus baccata), apareció en 2017. El tejo, es un árbol milenario de madera dura y propiedades contradictorias. Las sustancias químicas que produce pueden ser útiles tanto para curar ciertos tipos de cáncer (taxol), como producir un potente veneno cardiotóxico (taxina). El tejo es un árbol de regiones húmedas, crecimiento lento, gran longevidad y madera apreciada por su dureza. Los neandertales lo sabían y por eso la utilizaron. También conocían que con tratamiento térmico podrían conseguirse las formas deseadas.

Piezas de madera de unos 70.000 años de antigüedad de Aranbaltza III; Barriko, Bizkaia. Fuente: PLos ONE.

 

Definitivamente, los neandertales aprendieron a cavar para buscar diferentes alimentos en el subsuelo, como demuestra las marcas observadas con microscopio de una de las herramientas encontradas en Aranbaltza III. La cronología de la secuencia de este lugar se ha estimado mediante el método de luminiscencia (OSL) entre 137.000 y 50.000 años, con una edad de unos 70.000±8.000 años para la unidad 4. Así que las herramientas fueron realizadas justo cuando la bonanza climática de Pleistoceno tardío llegaba a su fin y comenzaba la llamada “Edad del Hielo” (en realidad, la última fase glacial del Pleistoceno). Las poblaciones neandertales encontraron seguramente buen refugio en lugares próximos a la costa, atemperados por la proximidad del mar.

 

El yacimiento de Aranbaltza se une así a los yacimientos de Schöningen, Lehringen y Bad-Cannstatt (Alemania), Clacton (Reino Unido) y Poggetti Vecchi (Italia). En Lehringen y Clacton, las herramientas también fueron realizadas con madera de tejo, por lo que aquellas poblaciones conocían las propiedades de la madera, lo mismo que conocían los minerales para realizar sus herramientas de piedra.

 

Un último apunte sobre este hallazgo en Euskadi. Las editoriales científicas son verdaderas empresas, como quizá muchos lectores/as sepan o puedan imaginar. Una noticia científica de relevancia puede hacer subir las ventas de las revistas, cuyo impacto social en el ámbito de la ciencia está perfectamente tabulado. Las herramientas de Poggetti Vecchi se han publicado en PNAS, con pocos días de antelación a las herramientas de Aranbaltza. Con independencia de la fecha del hallazgo, lo importante es la rapidez en el estudio que, según me consta, fue mucho mayor en el caso del yacimiento de Euskadi. Pero la revista PNAS, que tiene bastante más impacto que PLoS ONE, consiguió llevarse “el gato al agua” y ganar la partida.

 

Sabiendo esto, hay que ser justo y otorgar los mismos méritos a los científicos que (aunque no siempre) son ajenos a tales intereses comerciales, poco deseables en una profesión tan vocacional como la Ciencia. Así que aplaudimos el esfuerzo investigador de todos ellos y la suerte ahora de poder contar un hallazgo tan importante como el de Aranbaltza, que puede leerse libremente en la revista PLoS ONE.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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