Archivo por meses: Junio 2013

La mina Esperanza

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Interior de la mina Esperanza

En términos figurados la sierra de Atapuerca y sus alrededores es lo más parecido a un artilugio para viajar en el tiempo. La cara este de la sierra y la planicie donde se ubican pueblecitos como Olmos de Atapuerca, Atapuerca, Agés, Santovenia de Oca y San Juan de Ortega (este último punto crucial del Camino de Santiago) te transportan a un tiempo perdido, donde no parecen haber llegado las prisas, el ruido o el estrés continuado del progreso más reciente. Al otro lado de la sierra resulta difícil encontrar los caminos y las estrechas carreteras que te conducen hasta localidades como Villalbal, Cardeñuela de Ríopico y Quintanilla de Ríopico. Hace mucho tiempo que las vías principales los dejaron aislados del progreso. Ahí reside su encanto, para quienes desean huir por unas horas de la vorágine de las grandes urbes.

AtapuercaResultaría prolijo elaborar una lista completa de todos los atractivos que un viajero puede encontrar en este fascinante rincón de la provincia de Burgos. Aún me parece más complicado destacar las excelencias de alguno de ellos. Pero a veces no queda más remedio que elegir.

La sierra de Atapuerca está repleta de viejas canteras centenarias y lugares donde hace más de un siglo los mineros se dejaban buena parte de su vida sin apenas ver la luz del sol. Uno de esos lugares es la mina Esperanza, situada apenas a 300 metros de Olmos de Atapuerca. Su recuperación y puesta en valor me parece un gran acierto. Penetrando en su interior se puede llegar a comprender el titánico esfuerzo que hacemos los seres humanos por conseguir lo que necesitamos para continuar con nuestro progreso tecnológico. La visita a la mina Esperanza, que todavía conserva los viejos raíles, las vagonetas de carga y algunas de las herramientas utilizadas hasta bien entrado el siglo XX, está repleta de didáctica para niños, jóvenes y mayores. Sus estrechos pasadizos o los secretos de su compleja estructura te dejan un recuerdo difícil de olvidar.

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Nueva campaña en Atapuerca

atapuerca1El próximo 1 de julio comienza una nueva campaña de excavaciones en los yacimientos de la sierra de Atapuerca.

Nos esperan días intensos de duro trabajo en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, donde este año iniciamos la exploración de un campamento de hace más de 400.000 años en el nivel TD10. También seguiremos profundizando en el sondeo que nos conduce hasta cerca del fondo de la cavidad (nivel TD3/4). Allí se encuentran las evidencias de la primera visita de los humanos a la cueva, ocurrida hace cerca de un millón de años.

Vista del Yacimiento de Gran Dolina

Vista del Yacimiento de Gran Dolina

Continuaremos con la segunda fase de la excavación del yacimiento de Galería, que se exploró en los años ochenta del siglo pasado. Presiento que en esta segunda oportunidad no solo se podrán contrastar las conclusiones obtenidas hace un par de décadas, sino que se producirán hallazgos muy importantes.

El yacimiento de la cueva de la Sima del Elefante está casi preparado para convertirse en el mejor activo del futuro del Pleistoceno de Atapuerca. Su volumen es impresionante. El sondeo de los niveles inferiores, que superan con creces el millón de años, aún continuará durante algún tiempo. Quién sabe si podremos encontrar nuevos indicios de presencia humana en el nivel TE9, que en 2007 nos legó el resto fósil humano más antiguo de Europa occidental.

Dejamos la Trinchera del Ferrocarril para adentrarnos en las profundidades de la Cueva Mayor. A pocos centenares de metros de la entrada se seguirán buscando los secretos de los neandertales en yacimientos abiertos hace apenas un par de años.  En la Sima de los Huesos continuarán apareciendo nuevos fragmentos de los humanos que poblaron la sierra hace entre 400.000 y 500.000 años. Ya se han catalogado cerca de 7.000 restos, que forman un auténtico puzzle para reconstruir los esqueletos de casi una treintena de individuos. Un verdadero lujo para el estudio de la evolución humana de Europa.

Yacimiento de galería en la Trinchera del Ferrocarril

Yacimiento de galería en la Trinchera del Ferrocarril

No me olvido de los yacimientos existentes en los alrededores de la sierra, que nos explican la dinámica y la estrategia económica de los cazadores y recolectores del Pleistoceno. Tampoco quiero olvidar los yacimientos del Holoceno: Portalón de la Cueva Mayor y El Mirador. Estos últimos no son sino una pequeña muestra de lo mucho que conserva la sierra de Atapuerca de la prehistoria más reciente, cuando los humanos que poblamos la península Ibérica comenzamos a cultivar las tierras y explotar a los animales domesticados.  El estudio de estos yacimientos será pronto uno de los activos más importantes del futuro de Atapuerca.

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Tecnología: ¿desarrollo continuo o salto cuántico?

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Hace 2,7 millones de años aparecen las primeras herramientas en África. Olduvayense

Hace aproximadamente 2.700.000 años una especie de nuestra genealogía comenzó a fabricar de manera sistemática las primeras herramientas de piedra. El yacimiento de Kada Gona, en Etiopía, ha proporcionado esas primeras evidencias, aunque las primeras se encontraron en el conocido yacimiento de Olduvai, en Tanzania y de ahí el nombre de la técnica: Olduvayense. La forma de fabricar

utensilios era tan simple, que consistía únicamente en golpear cierto tipo de rocas con un percutor para obtener lascas afiladas. El producto resultante apenas se retocaba para ser reutilizado. Una tecnología de usar y tirar. Por cierto, en el siglo XXI casi estamos volviendo al mismo concepto, aunque por intereses diferentes.

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África, hace 1,7 millones de años: primera gran revolución en la tecnología: el Achelense

Un millón de años más tarde otra especie fue capaz de revolucionar la tecnología. El yacimiento de Kokiselei 5, situado en la ribera oeste del lago Turkana, en Kenia, y fechado en 1.760.000 años, nos ofrece pruebas de ese salto tecnológico. La materia prima se elegía mejor, las herramientas se estandarizaban y se fabricaban con un repertorio de golpes, siguiendo un protocolo más o menos bien establecido. Esta tecnología se descubrió por primera vez en el yacimiento francés de Saint Acheul Francia y recibió por ello el nombre de Achelense.

Tuvo que transcurrir otro millón y medio de años para que varias especies fueran capaces de ofrecernos una nueva revolución tecnológica. Esta vez, las novedades se consiguieron en varios lugares de África y Eurasia, porque ya habíamos colonizado este último continente. Las herramientas de piedra se elaboraban con mucho más esmero a partir de un núcleo preparado al efecto y cada una de ellas tenía una función diferente. Para entonces nuestro cerebro ya había alcanzado el volumen que exhibimos hoy en día, aunque seguíamos viviendo en la llamada “Edad de Piedra”. 200.000 años más tarde, conseguimos herramientas formadas por dos o más elementos, que interaccionaban entre sí para cumplir su cometido (por ejemplo, el arco y las flechas). Cada revolución tecnológica seguía las mismas pautas: innovación, dispersión de las nuevas ideas y socialización. Esta última fase se caracterizaba por el conocimiento y uso generalizado de las herramientas.

La gran revolución Neolítica, ocurrida en varios lugares del planeta hace entre 10.000 y 7.000 años antes del presente, cambió nuestra economía (agricultura y ganadería) y disparó el crecimiento demográfico de la humanidad y el consiguiente contacto entre pueblos diferentes. Gracias a los modernos sistemas de comunicación, ese contacto se ha multiplicado por mucho en los últimos decenios, produciendo estímulos cerebrales mutuos entre individuos que pueden estar en contacto visual o en contacto virtual. Las nuevas formas de comunicación han incentivando de manera increíble nuestra capacidad de innovación. El cerebro colectivo ha comenzado a funcionar, impulsando el progreso de la tecnología hacia cotas inimaginables hace solo algunos años, excepto para mentes privilegiadas como las de Julio Verne.

En definitiva, la curva del desarrollo tecnológico siempre ha tenido una pendiente ascendente muy suave y totalmente distinta a la exponencial del incremento del cerebro (ver post anterior). Cada revolución tecnológica significaba un pequeño salto cualitativo hacia una curva diferente. La revolución neolítica incrementó la pendiente y todo parecía apuntar a que las dos curvas, cerebral y tecnológica, se encontrarían en algún punto de la gráfica. En mi opinión, no ha sucedido así, el último salto cualitativo de la tecnología ha sido brutal y, no solo se ha sobrepasado de largo la curva del aumento del tamaño del cerebro, sino que se ha pasado a una curva totalmente distinta que, ahora sí, ha tomado un desarrollo exponencial propio. Será interesante reflexionar sobre los factores intrínsecos de nuestros cerebros sobre-estimulados y con infinidad de nuevas conexiones neuronales y los factores extrínsecos de nuestros cerebros conectados en un cerebro social y colectivo. ¿Reside en esta nueva adaptación el posible éxito de la especie y la garantía del futuro de la genealogía humana o nos hemos pasado de frenada y caminamos hacia el abismo?

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