Archivo por meses: Agosto 2013

La gran batalla de Atapuerca

No, no hablaré del canibalismo de Homo antecessor ni de los mamporros que se daban en la cabeza los homínidos encontrados en la Sima de los Huesos, sorprendentemente curados a pesar de que los impactos producían profundos hundimientos de la cortical del cráneo.

Parece que la sierra de Atapuerca ha sido escenario de disputas territoriales desde hace miles de años hasta tiempos recientes. Los vecinos de la villa de Atapuerca rememoran desde hace 18 años la batalla de Atapuerca, que tuvo lugar el primero de septiembre de 1054. Dos hermanos, hijos de Sancho III el Mayor, libraron una dura batalla al frente de sus respectivos ejércitos: Fernando I, rey de León y conde Castilla, y García Sánchez III, rey de Navarra. Sus consecuencias fueron cruciales para la delimitación de las fronteras entre los reinos cristianos. En un par de años, la conmemoración de esta batalla será declarada Bien de Interés Turístico Regional, por su magnífica puesta en escena y por la pasión que ha despertado en miles de personas, que cada año acuden al evento.

Batalla de Atapuerca-1

Pocos años antes, García de Navarra había apoyado a su hermano Fernando en sus luchas internas contra Bermudo III, entonces rey de León. Tras la victoria de Fernando I y su dominio del gran territorio de todo el noroeste de la península Ibérica, y como compensación por el apoyo de su hermano, las fronteras del reino de Navarra fueron desplazadas hasta las mismas puertas de la ciudad de Burgos. Curiosamente, la sierra de Atapuerca marcaba entonces el límite entre Castilla y Navarra. Sin embargo, y según cuentan las crónicas de la época (y en particular las conservadas en Santo Domingo de Silos) las relaciones entre los dos hermanos se fueron enturbiando, sin duda alentadas por cuestiones territoriales. Las conspiraciones, intrigas y traiciones fueron la tónica de las relaciones entre los dos hermanos, hasta que sucedió lo inevitable. Fernando I entró en el reino de Navarra, y se enfrentó a los ejércitos de su hermano en la planicie situada en la cara norte de la sierra de Atapuerca.

El rey García murió en la batalla y el ejército navarro se retiró con su cadáver hasta Nájera, donde recibió sepultura. Fernando I recuperó los territorios cedidos a su hermano. No obstante, muchas de la localidades próximas a Burgos en los montes de Oca, la Bureba, etc. conservan hoy en día los topónimos con las que fueron bautizados por los pobladores llegados del norte de la península Ibérica, como por ejemplo Ibeas, Urquiza, Urrez, Villaváscones, Zalduendo, etc.

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Chimpancé con dominio de matemáticas y amplio vocabulario se ofrece para…

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Considero interesante que todos seamos conscientes de las capacidades cognitivas de los chimpancés, con quienes compartimos un ancestro común y la identidad en el 96 por ciento del genoma.

Los chimpancés:

  • Imitan (neuronas espejo).

  • Comprenden el concepto de causa-efecto.

  • Resuelven rompecabezas con el entrenamiento correspondiente.

  • Trabajan en equipo para conseguir un objetivo común.

  • Solicitan ayuda a otros congéneres cuando es necesario

  • Se anticipan a los acontecimientos.

  • Reconocen trampas y las anulan.

  • Utilizan plantas medicinales.

  • Son capaces de aprender un mínimo de 300 palabras.

  • Utilizan y comprenden un cierto número de símbolos.

  • Son conscientes de sí mismos y se reconocen en un espejo.

  • Planifican a corto plazo.

  • Tienen ciertas habilidades gramaticales y resuelven problemas matemáticos sencillos con gran velocidad.

  • Son manipuladores.

  • Son capaces de mentir.

  • Practican el arte de la política.

  • Utilizan herramientas sencillas, aunque no las fabrican de manera sistemática.

  • Cada grupo mantiene la tradición de procesos culturales sencillos.

Quizá algún lector quiera añadir algo más o rectificar alguno de los puntos. Estoy abierto a conocer cada vez mejor a nuestros parientes de las selvas africanas.

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Cuando una piedra nos engaña

Un amable lector de este blog de Quo se pregunta sobre la posibilidad de reconocer el carácter antrópico de una presunta herramienta de piedra ¿Cómo podemos saber que una piedra ha sido tallada por la mano de un ser humano de cualquier especie?

La pregunta no se responde con facilidad, por lo que me veo obligado a escribir, quizá más de la cuenta. De hecho, no son pocos los casos en los que reputados investigadores han tenido que rectificar su pretensión de que tal o cual yacimiento tiene un origen antrópico en base a las presuntas herramientas halladas en esos lugares.

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Para empezar, es fundamental tener un buen marco cronológico, que se consigue con la aplicación de uno o más métodos de datación numéricos y/o relativos. En segundo lugar, la presencia añadida de restos fósiles de animales con signos de haber sido descuartizados, hace que un yacimiento goce de total credibilidad. Por descontado, si además se encuentran restos fósiles humanos todas las dudas desaparecen y las herramientas asociadas son incuestionables.

Pero, ¿qué sucede cuando solo encontrados presuntos útiles de piedra? Este es un caso muy frecuente, porque la materia orgánica desaparece con enorme facilidad, a menos que se den circunstancias muy particulares (cuevas, fondos de lago, marismas, etc.).

Las herramientas muy trabajadas no ofrecen ninguna dificultad, pero en la tecnología más arcaica la fabricación de una herramienta puede limitarse a uno o unos pocos golpes. La naturaleza puede “imitar” perfectamente la mano humana, simplemente con el golpeo de una piedra contra otra en su transporte por el curso alto de un río. Los especialistas han llamado a estas falsas herramientas “geofactos”; es decir, supuestos útiles producidos por un evento geológico normal.

El reconocimiento de las verdaderas herramientas está condicionado a varios factores. Por ejemplo, el lugar donde se encuentran. Podemos poner el ejemplo el fondo de la cueva de la Gran Dolina (sierra de Atapuerca), donde en 1990 se encontraron varias herramientas de cuarcita, supuestamente de un millón de años de antigüedad. Aquel hallazgo fue muy cuestionado, porque en aquella época se consideraba que la humanidad europea era mucho más reciente (500.000 años antes del presente).

Sin embargo, el hecho de que las herramientas se encontraran en el fondo de una cueva ya era un síntoma de que la mano de un ser humano había intervenido en su construcción. Las cantos de cuarcita de las terrazas de los ríos no se encuentran en el fondo de una cueva, a menos que alguien las haya transportado hasta ese lugar.

Las herramientas tenían varios golpes reconocibles, con sus impactos correspondientes. Esta era otra prueba, aunque no la definitiva. El hallazgo fue ganando credibilidad a medida que la colección aumentaba sus efectivos. Una vez demostrada la presencia de seres humanos en Europa con una antigüedad de hasta 1,4 millones de años, las herramientas del fondo de la cueva de la Gran Dolina fueron definitivamente admitidas por toda la comunidad científica.

El corolario no es otro de que “no es todo oro lo que reluce”. La ciencia necesita pruebas repetitivas para que una hipótesis gane credibilidad. Cuidado con los geofactos. Son muy engañosos.

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