Archivo por meses: noviembre 2013

Símbolos: sin palabras

Reflex.49-1Cuando recorremos varios cientos de kilómetros por carretera recibimos una ingente cantidad de información mediante símbolos aprendidos desde la infancia. En cada momento sabremos a que atenernos en nuestra conducción. Nadie estará pendiente de informarnos sobre posibles peligros, recomendaciones, necesidades, etc. Todo está a la vista para que nuestra mente integre la información en décimas de segundo. Incluso, aquellas personas que nos alertaban sobre la necesidad de reducir la velocidad por obras en la calzada han sido sustituidas por infames muñecos vestidos con un mono y su correspondiente casco reflectante, que agitan de manera automática una bandera de aviso. Reflex.49-2
Lo mismo sucede si circulamos por un hospital o cualquier edificio de grandes dimensiones. Los símbolos informativos están por todas partes, indicando direcciones a seguir, posibles peligros, prohibiciones expresas o el lugar donde podemos satisfacer nuestras necesidades fisiológicas. Este es un mundo sin palabras, quizá deshumanizado pero tremendamente eficaz y universal. Si entras en una cafetería no será difícil dar con el excusado, pero como somos primates sociales siempre nos puede la necesidad de preguntarle a un camarero y escuchar una frase tan familiar: “la primera puerta a la derecha”.
Este es el mundo de las prisas, superpoblado, en el que nos educamos desde niños para integrar en nuestros circuitos mentales miles de símbolos en un lenguaje mudo y pragmático.

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Símbolos: abstracción y realismo

leonesParece seguro que otras especies, como los neandertales (Homo neanderthalensis), fueron capaces de construcciones mentales complejas que les llevaron a practicar rituales en el enterramiento de sus finados. Sin embargo, solo tenemos constancia de un simbolismo sofisticado en nuestra especie y en épocas relativas recientes. Nuestra mente ha diseñado símbolos para unir la complejidad social que se fue construyendo a medida que aumentaba la demografía y se formaban grupos humanos cada vez más numerosos. En próximos días escribiré sobre el sorprendente tribalismo de las sociedades modernas y la complejidad de los símbolos que las definen y las unen.

Por encima del concepto de tribu nuestra especie ha conseguido unir a millones de individuos de características dispares mediante un ideario común, que se sintetiza en un único símbolo. Así surgieron los imperios, bajo la enorme fuerza visual de una bandera, o las religiones que cuentan con millones de seguidores. Los símbolos que unen a las personas son meras abstracciones, que recuerdan y refuerzan mediante su simple contemplación una forma particular y tremendamente compleja de entender la vida. No puedo ni llegar a imaginar la complejidad fisiológica que implica la mezcla de sentimientos emocionales compartidos que se desatan ante determinadas situaciones, simplemente con la agitación de un símbolo. Ignoro si los neandertales habrían alcanzado el mismo grado de complejidad, caso de haber sido ellos y no nosotros los únicos supervivientes de la genealogía humana.

En el deporte los símbolos y su significado pueden representar a los habitantes de un país o a los de un grupo más reducido. Es difícil olvidar las imágenes de todas las ciudades españolas, cuando se ganó el campeonato del mundo de fútbol. En aquella fiesta no cabía lo racional, sino la emoción del orgullo unida por un símbolo. Un tema para la reflexión y el estudio de los sociólogos. También es digno de reflexión (y esperanzador) el hecho de que un determinado símbolo deportivo aúne los sentimientos y emociones de individuos de todo el planeta.

En la mayoría de casos los símbolos son representaciones abstractas, más o menos afortunadas en lo que tienen de artísticas. Estos símbolos nos traen a la memoria lo que representan con su visualización continuada. Otros símbolos quieren acercarse más a la realidad de la propia naturaleza o de un hecho determinado (el símbolo de la cruz podría ser el ejemplo más familiar para todos los lectores). En un grado mayor de sofisticación se unen el símbolo abstracto y una realidad tangible y entendible por todos, sin excepción. La imagen que acompaña al texto suma la abstracción y la naturaleza en un símbolo con un significado de una fuerza formidable. Muchos grupos humanos han utilizado desde siempre las particularidades de ciertas especies animales y vegetales para trasladar a los demás que su identidad está unida a las características de esas especies.

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Símbolos y marketing

quoLa semana anterior escribía sobre la capacidad de nuestra mente para crear y comprender símbolos y sobre las infinitas posibilidades que ofrece esta forma de comunicar. Los expertos en mercadotecnia (markenting) lo saben muy bien. Se trata de ser más eficaces que tus competidores para satisfacer las necesidades del mercado. El objetivo son los consumidores, a los que tiene que llegar un mensaje atractivo a través de los sentidos. Cuando el procedimiento utilizado para comunicar ese mensaje es visual siempre ha de aparecer una imagen fácil de recordar, que identificará sin ambigüedades el producto que se desea vender. fagor

Por descontado, cuantas más veces veas esa imagen (logotipo) mayor familiaridad tendremos con él. A fuerza de visualizar el símbolo que define un determinado producto tendremos cada vez más confianza en sus valores. Nuestra mente identificará como propio ese símbolo y le guardaremos fidelidad. No hay secretos. Los empresarios invierten millones en introducir un producto en la sociedad. Cuando ese producto ha logrado penetrar en las mentes de millones de personas, el logotipo tiene la fuerza suficiente como para rememorar las propiedades de ese producto (sabor, olor, textura, propiedades, etc.).

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