Archivo por meses: Julio 2014

La sección de homicidios en Atapuerca

investigadores-atapuercaNo!, no se trataba de buscar a algún delincuente en los yacimientos, sino del interés de algunos miembros de la sección de homicidios por conocer conocer de primera mano el trabajo que realizamos durante los meses de verano en las excavaciones de Atapuerca. La visita se produjo la semana pasada y a todos nos quedó un grato recuerdo y la idea de que los arqueólogos pueden ser de gran ayuda en algunos casos complejos. Muchas preguntas quedaron todavía en el aire, por lo que no se descartan más visitas en próximas campañas.

El trabajo que la sección de homicidios lleva a cabo en estrecha colaboración con la policía científica tiene un gran paralelismo metodológico con las tareas de excavación en cualquier yacimiento arqueológico. En nuestro caso, cuando encontramos restos humanos podemos llegar a saber si la muerte se produjo de manera violenta por la accción de algún predador o por la mano de sus congéneres. Los cadáveres siempre eran devorados y nos quedarán las marcas de las dentelladas de los animales o de las herramientas de piedra con las que otros humanos procesaron los cadáveres (canibalismo). Pero jamás podremos conocer al autor o a los autores de aquellos actos.

Antes de la detención de un homicida, la policía trata de encontrar los restos humanos, que prueban el delito y dan pistas sobre la autoría del asesinato. Cuando se tiene la certeza de que un cadáver se encuentra enterrado en un lugar concreto, las excavaciones pueden llegar a tener una gran similitud con una intervención arqueológica. La policía científica realiza esta labor procurando no perder ningún dato, que permita llegar a la inéquivoca detención del asesino o de los asesinos. Los laboratorios de la policía científica disponen de medios muy sofisticados y de colaboraciones con instituciones científicas, equipados con instrumental muy sofisticado. El progreso de la ciencia dificulta cada vez más la impunidad de los homicidas.

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Artesanía y tecnología se dan la mano en las excavaciones

tecnologiaLas excavaciones del Pleistoceno siguen siendo una cuestión de pura artesanía. Y así sucederá durante muchos años. Las manos son fundamentales para extraer los tesoros que ofrecen los yacimientos. Será difícil que las máquinas sustituyan a los humanos en el proceso de excavación. Sin embargo y como era de esperar, la tecnología más sofisticada ya forma parte del proceso.

Hace no muchos años cada excavador llevaba siempre consigo papel milimetrado y lápices de colores, para situar cada una de las piezas encontradas en la cuadrícula que le hubiera tocado en suerte. Las coordenadas X, Y y Z se apuntaban con mucho cuidado. Antes de la llegada de los ordenadores de mesa los datos se pasaban a limpio en el laboratorio al final de cada jornada. Cuando llegaron los ordenadores y los programas específicos el trabajo mejoró notablemente. Aún así, los datos tenían que pasarse del papel de campo al programa informático, ocupando muchas horas de trabajo. Recuerdo bien que esa labor se prolongaba en muchos casos hasta bien entrada la madrugada.

Pero la innovación ha ido llegando. La profundidad del nivel que se excava en cada momento se puede estimar con precisión milimétrica respecto a ciertos puntos de referencia mediante un complejo sistema ideado a tal fin. Los datos de cada pieza encontrada se apuntan en PDAs especiales, capaces de aguantar el polvo, el calor o los golpes. Esa información se envía a un ordenador central, tambien protegido contra los problemas que genera el trabajo en condiciones complicadas. Una única persona se encarga de controlar que todas las PDAs funcionen correctamente y que la información entre en el programa sin contratiempos. Al mismo tiempo, una impresora genera automáticamente una etiqueta con la información de cada pieza, que se pegará a una bolsa de plástico. Las etiquetas serán de una gran utilidad cuando se estudien las piezas durante los meses de investigación. Al mismo tiempo, el programa del ordenador central genera una base de datos de manera automática. Si hace unos años la redacción de la memoria de campo llevaba meses, ahora se puede preparar en pocas semanas. La fotografía digital continuada de cada cuadrícula ayuda a registrar toda la información. No olvidemos que la excavación de un yacimiento del Pleistoceno es un proceso destructivo y que la reconstrucción digital del mismo es lo único que nos queda del proceso. Cuantos más precisos sean los datos mejor será esa reconstrucción del yacimiento.

Por último, la técnica geoeléctrica denominada “tomografía de resistividad eléctrica” nos permite obtener imágenes en dos y tres dimensiones de las rocas y de las cavidades del sistema cárstico, algunas cegadas por el paso del tiempo, en las que potencialmente pueden existir yacimientos.
Son solo algunos ejemplos del uso de tecnología complejas. Aunque el romanticismo del hallazgo personal con nuestras propias manos seguirá por muchos años, las innovaciones en el campo de la arqueología nos están ayudando a simplificar el proceso y a mejorar notablemente la calidad de las investigaciones de campo.

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Vigésimo aniversario de Homo antecessor

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1994. Equipo de arqueólogos y paleontólogos fotografiados al pie de la Gran Dolina, pocos minutos después del hallazgo de los primeros restos humanos en TD6.

El 8 de julio de 1994, hacia las 12 del mediodía, aparecieron los primeros dientes humanos en el nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca. Puesto que ya conocíamos datos sobre la propiedades magnéticas de los diferentes niveles del yacimiento, sabíamos que con aquel hallazgo se estaba rompiendo un viejo paradigma de la prehistoria europea. La inmensa mayoría de nuestros colegas defendían una llegada muy reciente de los homininos a tierras europeas. Con el sencillo gesto de extraer los primeros restos de TD6 esa llegada se adelantó en un instante nada menos que en 300.000 años. Tres años más tarde, la revista Science publicaba nuestra descripción de la nueva especie del género Homo. Homo antecessor entraba por derecho propio en la historia de la evolución humana.

Recuerdo como si fuera ayer el momento del hallazgo. Sabíamos que aquel era un momento histórico para nuestro ámbito científico y no nos equivocamos. La foto que acompaña al texto refleja en blanco y negro la imagen que pude tomar del equipo que trabajaba en aquel momento en los yacimientos de Gran Dolina y Galería, una vez pasados los primeros momentos de alegría incontenible.

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2014. Algunos de los miembros del Equipo Investigador de Atapuerca, fotografíados en el mismo lugar 20 años más tarde.

Han pasado 20 años y algunos de los que están en esta foto ya no excavan en Atapuerca. Alguno ha fallecido por edad; otros han encontrado trabajo fuera del ámbito de la ciencia. Los demás hemos envejecido con la especie. Las caras casi pueriles de muchos ya muestran el paso del tiempo. Los que quedan ya peinan canas o han perdido la mayoría del pelo. Algunos kilos de más denotan que los años no pasan en vano. Pero ahí estamos, dispuesto a seguir peleando por la aqueología y la paleontología, aún en tiempos muy difíciles. El nivel TD6 sigue preñado de fósiles humanos de Homo antecessor, que en pocos años verán la luz.

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