Archivo por meses: Septiembre 2014

Sobre algunas de las predicciones de Stephen Hawking

constelacionLa privilegiada mente de Stephen Hawking ha sido la gran atracción del Festival de Starmus, celebrado en Tenerife entre el 22 y el 27 de septiembre de este año. Entre todas las aportaciones de Hawking durante estos días me quedo con la entrevista concedida a un programa de TVE, en el que realizaba varias predicciones sobre el futuro de la humanidad. Aunque en este blog se describan y analicen muchas cuestiones del pasado, todas ellas tienen su repercusión en el futuro. De ahí mi particular interés por esa entrevista.

Hawking pronunció una frase preocupante, que ya no solo se comprende y analiza dentro del ámbito científico. Hawking comenzó diciendo: “caso de que nuestra especie supere los próximos 100 años…..” Este es precisamente un período de tiempo razonable para que conozcamos los efectos del cambio climático propiciado por la actividad humana, que ya está produciendo consecuencias empíricas. No se trata de una frase pesimista y catastrofista, sino la constatación de una realidad, que la mayoría de los gobernantes conocen perfectamente. La política es cortoplacista, por lo que el interés en solucionar los problemas que llegarán en pocas décadas no está en la agenda de la mayoría de los políticos. Las promesas de muchos de ellos pretenden rebajar las emisiones entre 2025 y 2050. Promesas vagas y compromisos que posiblemente llegarán tarde y que tal vez no sean asumidos por las siguientes generaciones de gobernantes. El problema del cambio climático inducido por la actividad humana no es el propio clima, sino las consecuencias que puede conllevar su efecto adverso en nuestro comportamiento, en el deseo de conservar o apropiarse de la mejor parte de lo que nos quede. Que a nadie le quepa duda de que, como ha sucedido a lo largo de los últimos 4.000 millones de años de la Tierra, la vida seguirá después de nosotros, en principio hasta que la estrella que nos proporciona energía se apague. Stephen Hawking escogió y midió muy bien sus palabras, como siempre.

Hawking afirmó a continuación que la evolución de la humanidad podría continuar fuera de la Tierra. Hawking demostró así confianza en la capacidad del ser humano para lograr la tecnología capaz de llevarnos muy lejos de nuestra galaxia. La experiencia nos demuestra que la tecnología humana tiene posibilidades ciertas para conseguir logros que ahora nos parecen de ciencia ficción y que solo podemos ver en películas que anticipan un posible futuro. Quizá sea cuestión de un par de cientos de años, sino antes.

La diversificación de la genealogía humana se consiguió sobre todo cuando nos expandimos fuera de África, hace unos dos millones de años. Aunque los cambios en el ADN no fueran extraordinarios en tan corto plazo de tiempo, los habitantes de cualquier extremo de Eurasia serían incapaces de reconocerse a si mismos en los humanos del otro extremo después de un millón de años de separación efectiva. Este sería el destino de la especie Homo sapiens, caso de cumplirse las predicciones de Hawking, que muestra su confianza no solo en la capacidad de la mente humana, sino en la posibilidad de encontrar lugares habitables fuera de nuestra galaxia ¿Porqué no?, ¿cuántos planetas pueden existir en otras galaxias que cumplan los requisitos de la Tierra para albergar vida?

De toda la diversidad de la genealogía humana durante su larga existencia de seis millones de años solo ha quedado una especie. En linajes de cualquier otro tipo de organismos la última especie estaría en peligro inmediato de extinción. Nosotros aún tenemos una oportunidad de continuar con una o más especies descendientes, pero siempre más allá de los confines de nuestra galaxia. Ojalá que las predicciones de Stephen Hawking no se queden solo en buenos deseos.

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El cráneo de Steinheim y la teoría pre-sapiens

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Reproducción del cráneo original de Steinheim

El cráneo fósil de Steinheim se encontró en 1933 cerca de la localidad del mismo nombre, en la rivera del río Murr y a unos 20 a kilómetros de la ciudad alemana de Sttutgart. Junto al cráneo se encontraron restos fosilizados de rinocerontes y elefantes, que fueron la base de las primeras estimaciones sobre la antigüedad de este fósil en unos 350.000 años. En la actualidad esta cifra se ha rebajado cerca de 100.000 años.

Se trata del segundo resto fósil del Pleistoceno Medio, tras el descubrimiento de la mandíbula de Mauer, lo que incentivó el interés de los expertos europeos y se inició un debate muy importante no tan solo sobre la posición filogenética de este cráneo, sino sobre la evolución humana en Europa. Desafortunadamente, el cráneo está algo deformado y le falta la parte izquierda de la cara. Al menos se pudo averiguar que el fósil tiene un neurocráneo bastante esférico, un volumen encefálico de aproximadamente 1.100 centímetros cúbicos y una cara relativamente plana y diferente a la de los neandertales (quizá por aplastamiento). El cráneo fue atribuido por su gracilidad al sexo femenino. El primer nombre que se asignó a este fósil fue el de Homo steiheimensis, aunque no fue una propuesta formal regida por el código de nomenclatura zoológico.

Este hallazgo llevó a los expertos a pensar que nuestra especie tenía un origen europeo. El cráneo de Steinheim era la mejor prueba de esta hipótesis, sin duda condicionada por un europeísmo tendencioso y el racismo imperante en aquella época. Esta forma de pensar estaba además alimentada por el hallazgo del cráneo de Piltdown en 1912. En 1933 aún faltaban varios años para que se descubriera el tremendo fraude de este supuesto fósil humano (hablaré de ello en otra ocasión). Así las cosas, los expertos europeos, liderados por Henry Vallois desde 1958, comenzaron a hablar del Homo sapiens arcaico o del pre-sapiens, como una categoría sin validez taxonómica, pero con un significado conceptual muy profundo. En Europa se habrían desarrollados dos linajes independientes; uno de esos linajes habría conducido hacia los neandertales y el otro hacia nuestra especie. El cráneo británico de Piltdown y el de Steinheim eran los mejores representantes del linaje de Homo sapiens, mientras que la mandíbula de Mauer quedaba en una especie de limbo evolutivo a la espera de mejores datos. Sobre la genealogía de los neandertales solo era cuestión de tiempo encontrar sus orígenes en el Pleistoceno Medio de Europa. Toda esta teoría se montó sobre un castillo de naipes, porque el cráneo de Steinheim está claramente deformado y las conclusiones sobre su estudio siempre resultaron poco convincentes.

En la actualidad ya sabemos que la teoría de Vallois no es correcta y el cráneo de Steinheim ha caído en una especie de vacío taxonómico. Para algunos podría ser un representante de Homo heidelbergensis, mientras que para otros se trata de un verdadero ancestro de los neandertales (Homo neanderthalensis). Otros expertos no saben a que carta quedarse. Se espera  que las conclusiones finales sobre la morfología ósea y el ADN de los restos fósiles humanos de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca arrojen luz sobre éste y otros hallazgos realizados en Europa en la segunda mitad del siglo XX.

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Los problemas dentales de Ricardo III de Inglaterra

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Base del cráneo de Ricardo III, hallado en 2012 por profesores de la Universidad de Leicester durante la obras de un aparcamiento.

En fecha reciente expertos de la Universidad de Leicester han dado a conocer sus conclusiones sobre la muerte en el campo de batalla del rey Ricardo III (1452-1485). El último monarca de la dinastía de la casa de York falleció a causa de múltiples heridas en el cráneo y en otras partes de su cuerpo. La imagen que se muestra en este post señala la violencia del golpe mortal que recibió en la base del cráneo con un arma afilada y contundente, que seccionó parte de la base del cráneo, seguramente cuando ya había caído de su caballo y se encontraba arrodillado a merced de sus adversarios.

Esta noticia seguro que nos ha llevado a muchos a leer algo más sobre la historia de Inglaterra, sobre las complejas circunstancias de la vida de Ricardo III y sobre las leyendas que se escribieron sobre su persona. La supuesta patología de su columna vertebral, que definía el personaje de un rey malvado y jorobado en la obra de William Shakespeare “The Life and Death of King Richard III” fue desmentida por los análisis del esqueleto del monarca, que apenas sufría una leve escoliosis.

Cráneo completo de Ricardo III.

Cráneo completo de Ricardo III.

La imagen de la base del cráneo también llama la atención por el estado y rasgos de su dentadura superior. Ricardo III falleció con 32 años, pero sus dientes muestran un desgaste muy superior al que podríamos ver en una persona de su edad en la época actual. No es sino el reflejo de una dieta más abrasiva y una masticación prolongada, característica de las poblaciones de aquella época. También resulta llamativa la pérdida antes de la muerte del primer superior molar permanente del lado izquierdo, seguramente por una caries severa. Apenas quedan la raíces de este diente. No cabe duda de que la lesión causó un grave dolor en el paciente.

Pero lo más sobresaliente de la dentadura es el tamaño de los terceros molares, reducidos a su mínima expresión, así como la posible ausencia congénita (agenesia) del cuarto premolar derecho. La agenesia más frecuente en las poblaciones humanas actuales corresponde precisamente a la “muela del juicio”. La prevalencia de esta anomalía tiene un rango muy extraño, que se mueve en la horquilla del 0% al 100%. En las poblaciones europeas la prevalencia suele estar entre el 20 y el 40%. Las falta de formación de estos dientes se asocia a ciertas alteraciones genéticas, que en estudios recientes se asocian con mutaciones de los genes MSX1 y PAX9. Es por ello que la agenesia de los terceros molares puede seguirse en individuos de una misma familia. Los casos de agenesia por problemas durante el desarrollo (infecciones, traumatismos, etc.) son menos frecuentes.

La agenesia de cuarto premolar superior o inferior tiene una prevalencia mucho menor, que no suele superar el 10% y generalmente no es mayor del 3%. La ausencia de estos dientes y del incisivo lateral (también con baja prevalencia en las poblaciones humanas) suelen aparecer asociados en individuos que tienen este tipo de alteraciones numéricas en sus dentaduras.

Aunque la creencia popular sugiere que la pérdida de dientes tiene un componente evolutivo y filogenético, debido a la reducción del aparato masticador, lo cierto es que no se observa una tendencia clara y es difícil establecer un componente selectivo. El hecho de que en muchas poblaciones la prevalencia sea mínima o nula apoya la hipótesis de la estabilidad en el número de dientes en nuestra especie.

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