Archivo por meses: octubre 2014

Como y donde surgió el bipedismo. Los ardipitecos

rostros

Reconstrucción de la cara de Ardipithecus kadabba (izquierda) y Ardipithecus ramidus.

En el género Ardipithecus se reconocen dos especies: Ardipithecus kadabba, encontrada por Johannnes Haile-Selassie en Etiopía y datada entre 5,8 y 5,2 millones de años, y Ardipithecus ramidus, hallada por el equipo de Timothy White también en Etiopía y con una cronología de entre 4,4 y 4,1 millones de años. Los expertos sugieren que la primera especie dio origen a la segunda.

De Ardipithecus kadabba existe muy poca información. Apenas se han recuperado unos cuantos dientes y varios fragmentos del esqueleto postcraneal. Se ha constatado que su canino y su primer premolar tenían un aspecto muy similar al de los simios antropoideos. El juego de oclusión entre el complejo formado por el primer premolar y el canino (complejo P3/C) tanto del maxilar como de la mandíbula es prácticamente idéntico al de los chimpancés. Se trata de un claro indicio de que nos encontramos muy cerca del antepasado común de la genealogía de los chimpancés y la de los homininos. Los restos del esqueleto postcraneal están muy deteriorados, pero todas las evidencias sugieren locomoción bípeda. De no ser por esta información casi podríamos decir que Ardipithecus kadabba estaba más relacionado con los chimpancés que con nuestro linaje evolutivo.

Modo de oclusión entre los caninos y el segundo premolar (complejo C/P3) en Ardipithecus kadabba y Pan troglodytes.

Modo de oclusión entre los caninos y el segundo premolar (complejo C/P3) en Ardipithecus kadabba y Pan troglodytes.

La segunda especie cuenta con una buena colección de ejemplares fósiles bien preservados, encontrados desde los primeros años 1990. No cabe duda sobre la locomoción bípeda de Ardipithecus ramidus, porque se conserva parte de la pelvis del esqueleto del individuo etiquetado como ARA-VP-6/500. Pero, ¿cómo era ese bipedismo?, ¿se parecía al nuestro o podemos encontrar matices? El íleon de la pelvis de esta especie tiene la inconfundible morfología de un primate bípedo. El isquion y el pubis tienen más similitudes con los de los chimpancés, pero solo nos hablan de la potencia de los músculos isquiotibiales y de las notables capacidades trepadoras de Ardipithecus ramidus,

El pie de esta especie es muy particular. El dedo pulgar se articula con los demás formando un ángulo de 90 grados, como sucede con el dedo pulgar de nuestra mano. Además, los dedos del pie son mucho más largos que los nuestros. En otras palabras, la disposición del dedo “gordo” y la longitud de los demás dedos del pie de Ardipithecus ramidus parece decirnos que este hominino era sin duda un buen trepador y que posiblemente no utilizaría la locomoción bípeda de forma continuada. Parece una contradicción con la morfología de la pelvis. Sin embargo, cuando Owen Lovejoy estudió a fondo la anatomía de los huesos del pie observó aspectos de gran interés. Es importante señalar que este investigador es el mayor experto del mundo en estas cuestiones.

Ardipithecus ramidus disponía de hueso peroneo, un elemento accesorio ausente en la pata trasera de los chimpancés y vestigial o ausente en el pie de la población humana actual. Este hueso se articulaba en Ardipithecus ramidus con el hueso cuboides y permitía una gran facilidad de movimiento del dedo pulgar, gracias a la acción del músculo fibularis longus. Ardipithecus ramidus tenía un tamaño similar al de los chimpancés y posiblemente trepaba con enorme facilidad por las ramas más resistentes cuando era necesario. Además, los demás huesos del pie le conferían una cierta rigidez para hacer palanca sobre el suelo. Así que Ardipithecus ramidus era una especie “todo terreno”, que podía caminar sobre sus piernas cuando era necesario, pero también podía pasar horas comiendo en las ramas más resistentes.

huesos-pie

Huesos del pie de Ardipithecus ramidus y su correspondiente reconstrucción.

Ahora bien, Lovejoy nos explica que Ardipithecus ramidus no podía correr como los hacemos nosotros y ganar cualquier carrera olímpica. Esta deducción, obtenida del estudio de los huesos del pie, sugiere que Ardipithecus ramidus no podría abandonar con frecuencia la protección de los bosques, que en aquella época poblaban el este de África. Su dificultad para correr con rapidez podría convertirlo en una presa fácil. Por todo ello, parece descartarse definitivamente la idea de que la bipedestación de los homininos surgiera en ambientes abiertos, ante la necesidad de realizar largos desplazamientos en busca de alimento.

La postura erguida y la bipedestación pudieron ser una de tantas adaptaciones de los primates de ambientes cerrados. Es muy probable que nuestro antecesor común con los chimpancés fuera también un “peso pesado” de los bosques africanos, que se escindió en dos poblaciones a lo largo de la inmensidad de las selvas africanas. Una de esas poblaciones adoptó la postura erguida sin entrar en competencia con la otra, y dio lugar a la geneaología humana. Solo mucho más tarde, cuando las sabanas dominaron buena parte de la geografía africana, la bipedestación tomó un protagonismo definitivo y se abandonaron las prácticas trepadoras.

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El arte de Homo sapiens y la línea de Wallace

mapaMaxime Aubert y otros colegas de la Universidad de Queensland, en Australia, acaban de publicar en la revista Nature la descripción de pinturas próximas a los 40.000 años de antigüedad en las paredes de una de la cuevas del sistema cárstico de Maros, de la isla de Sulawesi.

Antes de nada, es importante situar este lugar en el mapa. La isla de Sulawesi pertenece a las islas Célebes, y a su vez forma parte de las 25.000 islas del archipiélago malayo. En este archipiélago están representados en la actualidad hasta siete estados diferentes, incluyendo Indonesia, Filipinas y Malasia. La isla de Sulawesi está separada de la isla de Borneo por el estrecho de Macasar. La distancia entre las dos islas no es considerable, pero si la profundidad. De hecho, en la zona norte del estrecho se encuentra la fosa submarina de Wallace, cuya profundidad alcanza hasta 10.000 metros por su proximidad a las placas tectónicas de Australasia y Eurasia.

Es interesante recordar que la mayor parte de las islas de Indonesia quedaban unidas entre sí durante las épocas glaciales del Pleistoceno. La profundidad del mar entre las islas no supera los 120 metros. El descenso del nivel marino por acumulación de hielo y nieve en el hemisferio norte permitía descensos tan importantes del nivel del mar, que posibilitaban la unión de todo el conjunto en la llamada región de Sunda, que a su vez quedaba unida al continente eurasiático. Sin embargo, algunas de las islas de Indonesia (como la conocida isla de Flores) y las islas Célebes quedaban siempre separadas de la región de Sunda debido a la profundidad del mar.

Esta circunstancia conllevó que la fauna y la flora se diferenciasen de  manera significativa entre Sunda y las islas situadas al oeste de una línea imaginaria, bautizada como “Línea de Wallace”. El nombre quiere honrar la memoria del naturalista británico Alfred Rusell Wallace, co-autor de la teoría de la evolución junto a Charles Darwin. Es evidente que los miembros de Homo sapiens de la antigüedad tuvieron que conocer alguna forma la navegación para llegar primero a las islas Célebes y poco más tarde a las demás islas del archipiélago Malayo y al continente australiano. Las hipotéticas aventuras marítimas al azar de nuestros antepasados nunca me han convencido. El problema es que el registro arqueológico todavía no ha encontrado evidencias del arte de navegar de épocas tan remotas. Es cuestión de tiempo.

pinturasLa revista Nature no publica cualquier investigación. Los trabajos que se seleccionan tienen de representar una avance importante del conocimiento. Hasta ese momento, los grabados y pinturas de cerca de 40.000 años eran exclusivos de Europa ¿Qué teníamos los primeros europeos de Homo sapiens para ser tan especiales? Pues ciertamente nada de nada. Es muy posible que el origen del arte parietal sea muy antiguo y heredado por todos los miembros de Homo sapiens, probablemente antes de expandirnos fuera de África. La hipótesis alternativa es que el arte parietal, como otros aspectos culturales importantes, fueran innovaciones convergentes en diferentes partes del planeta. Las pinturas de Sulawesi no tienen nada que envidiar a las europeas. El conjunto de manos representadas en las paredes de la cueva son muy comunes en Europa y no hacen sino apoyar la primera hipótesis. Llama la atención la representación de una babirusa, un suido endémico de la región de Célebes.

La datación de las pinturas rupestres no es sencilla. Desde hace poco tiempo se utiliza el método de las series de uranio para datar las finas concreciones calcáreas que acaban por cubrir las pinturas con el paso del tiempo. Los datos obtenidos son siempre algo más jóvenes que las propias pinturas, pero el método es muy fiable. Por cierto, el método se ha empleado desde 2012 con éxito en varias cuevas del norte de España, incluyendo el trabajo del científico español Marcos García Díez en la cueva de Altamira.

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¿Somos los únicos primates con cultura?

monoSi nos preguntan que es la cultura todos tendríamos dificultades para dar una definición precisa. La cultura humana incluye tantos aspectos, que resulta muy difícil resumir y sintetizar su significado en pocas palabras. Entre esos aspectos contamos con las pautas de conducta de grupos sociales determinados y sus tradiciones, más o menos complejas, que se transmiten de generación en generación.

En todas las especies animales se observan pautas de conducta específicas y repetitivas, que se llevan a cabo de manera autómata. Sin embargo, varios expertos han demostrado comportamientos reflexivos y exclusivos en chimpancés, orangutanes, delfines y ballenas. En particular, los etólogos han venido observando una serie de pautas muy particulares y propias de grupos y clanes de chimpancés. Los expertos han calificado estas pautas como una verdadera cultura propia de nuestros parientes vivos más próximos. El aprendizaje social representa una especie de sistema hereditario secundario, que interactúa con la herencia genética y enriquece la evolución del comportamiento. Los seres humanos tenemos ese aspecto tremendamente desarrollado, pero no somos los únicos.

Los chimpancés parecen ser los mamíferos con una mayor capacidad para el aprendizaje social, que comprende hasta cerca de 40 pautas diferentes aprendidas de manera social y que distingue a unos clanes de otros. Los expertos han observado tradiciones, que incluyen el uso de instrumentos de piedra para determinadas funciones relacionadas con la alimentación. En definitiva, estas pautas culturales implican siempre una innovación particular de cada grupo. Si esa innovación resulta ser útil terminará por ser común en el comportamiento de todos los miembros del grupo. Si sus miembros no se comunican con los de otros grupos próximos, la innovación no se transmitirá a los chimpancés de una región determinada. Sin embargo, esto no es lo habitual, debido al intercambio de hembras entre los grupos de chimpancés para evitar la consanguinidad. Este es un modo muy eficaz para potenciar el aprendizaje social y su transmisión a otros clanes.

En un trabajo publicado este último mes de septiembre por Catherine Hobaiter y otros colegas en la revista PLOS Biology se ha dado un paso más en la caracterización del aprendizaje social mediante un algoritmo matemático, que ha sido elogiado por Andrew Witen en la revista Nature. Catherine Hobaiter y su equipo han observado la comunidad Sonso de chimpancés de los bosques de Budongo, en Uganda. Esta comunidad se lleva estudiando desde hace 20 años.

Como la inmensa mayoría de chimpancés los miembros de Sonso han venido utilizado una especie de recipiente formado por hojas para extraer agua de los troncos de los árboles. El 14 de noviembre de 2011 se tomó nota de como el macho alfa utilizaba una especie de esponja formada por musgo para extraer el agua de un cierto lugar, mientras era observado por la hembra dominante. Esta agua parecía ser rica en ciertos minerales y apreciada por los miembros del clan. En muy poco tiempo, la innovación del macho alfa para extraer agua fue adoptada por otros miembros de esa comunidad, aunque no por todos. Hobaiter y sus colegas tomaron buena nota de todo el proceso y aplicaron un método estadístico novedoso, que mejoraba las observaciones de un trabajo previo en ballenas, y que mostraba numéricamente el proceso de transmisión cultural en la comunidad de chimpancés.

El método es muy complejo desde el punto de vista matemático, pero al alcance de quienes tengan interés en conocerlo (la revista está on-line, abierta a todos). Lo más interesante es reflexionar como nuestros ancestros pudieron utilizar el aprendizaje social para crear la complejidad cultural que ahora tenemos. El modelo de intercambio de hembras en los grupos de chimpancés también fue usado por nuestros antepasados, contribuyendo a una lentísima difusión de las innovaciones. Además, no está de más recordar que los chimpancés, animales a los que utilizamos para nuestra propia diversión en circos y zoológicos, representan una fuente de información única para conocer los orígenes de nuestra cultura. No nos queda nada más que su legado y hemos de tomar muy en serio el respeto que les debemos, por todo lo que todavía tenemos que aprender de ellos.

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