Archivo por meses: Noviembre 2014

Viajando por China. Daoxian y el viaje de Homo sapiens hacia oriente

 Junto a la doctora María Martinón y nuestros colegas del IVPP de Pekín.

Junto a la doctora María Martinón y nuestros colegas del IVPP de Pekín.

El último viaje por China, con motivo de la cooperación que mantenemos desde hace tres años con un equipo del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín (IVPP), nos ha llevado hasta la provincia de Hunan, en el sur del país.  En viajes anteriores hemos estudiado fósiles humanos en el propio instituto, procedentes de excavaciones antiguas. Sin embargo, en esta ocasión hemos tenido la fortuna de acercarnos a conocer nuevos yacimientos, recién explorados. Una ocasión única de visitar lugares, donde el turismo sencillamente no existe. Aunque parezca increíble, algunas de las personas que viven en estas apartadas regiones del país nos esperaban con curiosidad, porque jamás habían visto en directo a un occidental. Nuestros ojos redondos y narices prominentes llaman mucho la atención.

Niveles arqueológicos de la cueva de Daoxian.

Niveles arqueológicos de la cueva de Daoxian.

La cueva de Daoxian fue nuestra primera parada, tras volar cuatro horas desde Pekín hasta la capital de la provincia de Hunan, en el sur de China. La cueva de Daoxian está cerca en un pueblecito de nombre impronunciable. Como es lógico, todos los carteles están escritos en chino mandarín o quizá en alguno de los dialectos que se hablan en China. Imposible saberlo. Nos conformamos con haber aprendido algunas palabras en chino, por aquello de agradar a nuestros anfitriones. Por fortuna, ellos nos acompañan y nos entregamos a las habilidades de un experto conductor, que nos lleva más de 200 kilómetros hacia el norte de la capital de Hunan. Por cierto, si alguien se atreve a circular por la carreteras secundarias de China tiene que saber que las normas de tráfico no se respetan en ningún caso. Se trata sencillamente de evitar el choque con otros vehículos y de no atropellar a nadie. No apto para cardíacos.

La región que visitamos está repleta de montes bajos de roca caliza del Paleozoico, formando un paisaje singular. En todos los montes existen cuevas formadas hace tal vez varios millones de años. La de Daoxian contiene un yacimiento, que podría resultar de enorme interés para conocer las rutas que siguieron los miembros de nuestra especie tras su éxodo del continente africano. Se sabe que Homo sapiens pisó tierras europeas hace unos 40.000 años, mucho más tarde de haberlo hecho en China. Nuestra especie comenzó su éxodo fuera de África hace unos 120.000 años. En el Corredor Levantino tropezamos con los neandertales, que nos cerraron el paso hacia el norte. Los genetistas nos dicen que los miembros de nuestra especie y los de Homo neanderthalensis hibridaron en esa región, quizá de manera puntual, pero sin duda eficaz y fructífera. Un pequeño porcentaje de nuestro ADN procede de ese mestizaje. En otras palabras, los neandertales y los sapiens tuvimos descendientes fértiles, cuyo ADN ha llegado hasta la actualidad.

El estrecho de Bab el-Mandeb separa el cuerno de África de la península de Arabia y está situado entre los actuales estados de Yibuti, Eritrea y Yemen. Las evidencias arqueológicas halladas hasta el momento en el sur de esta península sugieren que las poblaciones africanas de Homo sapiens cruzaron el estrecho de Bab el-Mandeb hace más de 100.000 años y poco más tarde el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Todo parece indicar que en estas regiones los miembros de nuestra especie no encontraron ninguna oposición en su avance hacia oriente. Se han publicado datos de una mandíbula de Homo sapiens, encontrada en el yacimiento de la cueva de Zhiren, también en el sur de China, fechada en 110.000 años antes del presente. En la cueva de Daoxian se han encontrado por el momento cerca de medio centenar de dientes humanos, pertenecientes sin duda a Homo sapiens, junto a dientes de varias especies de mamíferos, algunas ya extinguidas. La ausencia de huesos se explica por la actividad de los puercoespines, que roen el hueso y la dentina y dejan solo el duro esmalte de los dientes. Las primeras dataciones superan los 60.000 años, pero nuestros colegas del Instituto de Pekín esperan nueva información sobre la geocronología de Daoxian.

La toma de muestras para datación y el debate que mantuvimos con ellos en el interior de la cueva acerca de la naturaleza y origen de los sedimentos del yacimiento, los posible procesos de deposición de los restos, su antigüedad y otras cuestiones, como la que se describe en los párrafos anteriores sobre las rutas migratorias de nuestra especie, no se nos olvidarán jamás. Si añadimos la fraternidad y el calor de la acogida de los habitantes del pueblecito cercano a la cueva, que se pelearon (en el buen sentido) por saber quién nos invitaría a su casa a comer, los lectores podrán imaginar la experiencia inolvidable de un viaje muy especial. Las anécdotas de este viaje, recogidas en mi diario, ocuparían sin duda el capítulo de un libro.

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Zhoukoudian, entre la nostalgia y el progreso

Entrada al parque de Zhoukoudian.

Entrada al parque de Zhoukoudian.

Resulta emotivo regresar una vez más, diez años más tarde, al complejo de yacimientos de Zhoukoudian. Este conjunto, declarado como patrimonio de la humanidad en 1987, está situado a 50 kilómetros al suroeste del centro de Pekín. La visita resulta de nuevo muy especial, porque mi pasión por la evolución humana surgió hace muchos años, cuando escuché por primera vez pronunciar ese nombre al profesor Arturo Valls, catedrático de antropología de la Universidad Complutense de Madrid. Su explicación venía acompañada de varias imágenes de los cráneos encontrados entre los años 1930 y 1940 en la Localidad 1 de Zhoukoudian.

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Junto a varios colegas participantes en el Simposio conmemorativo del 85 aniversario del hallazgo del primer cráneo de Homo erectus en Zhoukoudian.

Hace muchos años, antes de que los hallazgos científicos tuvieran lugar en Zhoukoudian, ese lugar se conocía por los naturales de la región como  la “Colina de los dientes de dragón”. Este animal mítico animal esta representado en la mayoría de los conjuntos artísticos del patrimonio cultural de China. Algunos fósiles, encontrados quién sabe cuando, por quién, y en cual de sus 27 yacimientos, resultaban un enigma asociado a los dragones de la mitología del país. Hoy en día, por mor del crecimiento urbanístico desmesurado, el complejo de yacimientos se ha transformado en un  verdadero “parque pleistoceno” de la afueras de Pekín. El encanto y la magia se van esfumando en favor del “progreso”. Unas azafatas, perfectamente uniformadas y provistas de tecnología punta, te explican de manera repetitiva y cansina las excelencias de los yacimientos. El nuevo y espectacular museo de Zhoukoudian, situado a la puertas del parque, representa una extraña encrucijada entre el pasado y el futuro. Aún así, y realizando un ejercicio de introspección, te puedes evadir de los aditivos y edulcorantes diseñados para turistas y reflexionar sobre el significado de aquellos lugares en la evolución de las poblaciones asiáticas de hace al menos medio millón de años.

En 1921, cuando apenas había comenzado el estudio sistemático de la evolución humana, el geólogo sueco Johan Gunnan Anderson realizó los primeros hallazgos de carácter científico en Zhoukoudian durante un expedición conjunta con científicos chinos. El hallazgo de dientes humanos, de aspecto masivo, resultaba sorprendente. Pero la sorpresa de Anderson fue aún mayor, al descubrir las primeras herramientas líticas del Pleistoceno. Anderson no era arqueólogo, pero la presencia de lascas de cuarzo entre las calizas del Devónico que forman las colinas de Zhoukoudian fueron una auténtica revelación. Como buen geólogo, Anderson sabía que aquellos fragmentos de cuarzo estaban fuera de lugar. Parece mentira, pero uno de los yacimientos más importantes del mundo se descubrió gracias a la perspicacia de un geólogo.

Nuevas excavaciones en la Localidad 1 de Zhoukoudian.

Nuevas excavaciones en la Localidad 1 de Zhoukoudian.

A partir de entonces entraron en acción un puñado de arqueólogos y paleontólogos chinos y europeos. Entre los nombres asociados a las excavaciones en Zhoukoudian figuran nombres como los de Davidson Black, Pei Wenzhong, Pierre Theilard de Chardin, Li Jie, Yang Zhongjian, o Franz Weidenreich, todos ellos ya fallecidos. En las excavaciones que se llevaron a cabo en varias etapas hasta el comienzo de la segunda guerra mundial participaron centenares de personas de la región, algunos de ellos mejor formados que otros. Sin embargo, la mayoría fueron campesinos asalariados sin ningún tipo de conocimiento en la materia. En diez años se movilizaron más de 24.000 metros cúbicos de rocas y sedimentos de cueva. Aunque se realizara un control por parte de los científicos, en aquellos años faltaba todavía un método formal de excavación que evitara pérdidas de información. Se obtuvieron miles de restos fósiles de diferentes especies animales, que generaron hasta 55 especies y subespecies nuevas de vertebrados desconocidos hasta entonces. En el “botín paleontológico” figuraban 200 restos fósiles de homininos de unos 40 individuos, entre los destacaban seis cráneos bastante completos. Los homininos fueron atribuidos en primera instancia al género Sinanthropus pekinensis y más tarde a la especie Homo erectus, tras la revisión de todo el registro del género Homo en los años 1950. El traslado de los fósiles a los Estados Unidos para evitar su pérdida durante las acciones bélicas de la segunda guerra mundial supuso una de las mayores pérdidas de información para la evolución humana. Las incógnitas sobre la desaparición de aquellos fósiles siguen siendo un enigma.

En la actualidad se realizan trabajos sistemáticos para excavar lo poco que aún persiste de la Localidad 1, la más importante, y se realizan nuevas dataciones y prospecciones para dar con otros lugares. Mi mejores deseos de éxito en esta empresa del siglo XXI, que podría resolver muchos de los interrogantes que quedaron pendientes de resolución. Los textos, dibujos, fotografías y réplicas de muy mala calidad de aquellos años son insuficientes para interpretar la enorme riqueza que guardaban los yacimientos de la Colina de los dientes de dragón.

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Atlanthropus mauritanicus y el otro lado del Mediterráneo

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Comparación a la misma escala entre la mandíbula ATD6-96 del nivel TD6 de la Gran Dolina (Homo antecessor) y la mandíbula Tighenif-3 del yacimiento de Tighenif (Homo erectus), a la que añadimos el nombre subespecífico de “mauritanicus”, para distinguirlas de otras poblaciones contemporáneas

A mediados del siglo XX el paleontólogo y geólogo francés Camille Arambourg (1885-1869) llevó a cabo importantes trabajos de arqueología en Argelia. Entre los años 1954 y 1955 Arambourg encontró un parietal, tres mandíbulas y varios dientes aislados en un yacimiento formado a orillas de un antiguo lago, que se conocía entonces por el nombre de Ternifine. En la actualidad se utiliza el nombre original de la localidad, Tighenif, que no está lejos de la ciudad de Mascara, a los pies de la montañas del Atlas del norte de Argelia.

Arambourg observó tanto en el parietal como en la mandíbulas rasgos arcaicos similares a los que presentan fósiles antiguos, como los hallados en el yacimiento chino de Zhoukoudian o en los yacimientos de Sangiran, en Indonesia. Puesto que en aquella época apenas se podían realizar estudios exhaustivos de comparación entre hallazgos de diversos lugares, Arambourg optó por bautizar a los fósiles de Tighenif con el nombre de Atlanthropus mauritanicus. Su antigüedad nunca se ha llegado a precisar, como sucede en otros muchos yacimientos, pero todos los datos apuntan a una cronología entre 650.000 y 700.000 años. Los restos de Tighenif seguramente pertenecieron a poblaciones aisladas en el norte de África, tras la enorme expansión del desierto del Sáhara entre el Atlántico y la península de Arabia. Aunque el desierto de Sáhara reverdecía durante la fases glaciales es poco probable que aquellas poblaciones mantuvieran un intenso contacto con otras poblaciones africanas. De ahí que el aspecto de los fósiles encontrados por Arambourg en Tighenif y por otros colegas en diversos yacimientos del norte de África tengan características peculiares.

En los años 1950 y 1960 las poblaciones humanas del Pleistoceno del norte de África fueron incluidas en la especie Homo erectus, cuando se eliminaron nombres genéricos como Sinanthropus (el hombre de China), Pithecanthropus (el hombre mono de Indonesia) o Telanthropus (el hombre de Sudáfrica). Todos los fósiles cabían perfectamente en la variabilidad del género Homo.

La combinación única de caracteres morfológicos observado en los fósiles humanos encontrados en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina de la Sierra de Atapuerca (850.000 años de antigüedad) nos llevó a proponer la especie Homo antecessor. Algunos colegas no quedaron satisfechos con la propuesta y buscaron posibles resquicios para invalidar el nombre de la especie. Homo antecessor tiene bastantes caracteres primitivos y otros muchos derivados. Algunos de los rasgos dentales primitivos coinciden con los que se observan en los dientes de Tighenif. De ahí que un colega francés (nacido en Argelia) aprovechara ese dato para proponer que los fósiles de Atapuerca deberían de juntarse en una misma especie con los fósiles de Tighenif en una nueva especie, que recibiría el nombre de Homo mauritanicus. Este colega olvidó que los caracteres primitivos no son útiles para cuestiones taxonómicas, pero hizo mucho ruido con su propuesta. Un simple estudio comparativo de las tres mandíbulas de Atapuerca con las tres mandíbulas de Tighenif echó por tierra esta hipótesis. Para muestra, un botón, que puede verse en la imagen que acompaña a este post. El mar Mediterráneo une los continentes europeo y africano, pero a la vez ha establecido diferencias muy notables entre sus poblaciones, especialmente durante la prehistoria y la protohistoria.

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