Archivo por meses: julio 2015

Preparando el futuro de Atapuerca: la cueva del Fantasma

El complejo arqueológico y paleontológico de Atapuerca tiene un potencial difícil de evaluar. Algunos de los yacimientos abiertos podrían ser productivos durante decenas de años. Los métodos de excavación irán mejorando y quizá el proceso de recuperación de datos pueda acelerarse en el futuro. De momento, las técnicas que permiten detectar posibles yacimientos ya están aquí.

Eduald Carbonell, co-director de las excavaciones de Atapuerca en la cueva del Fantasma, tras la primera limpieza del terreno. Los sedimentos sobre los que está sentado representan la parte más alta del yacimiento, que dejó casi colmatada la cavidad. Una primera aproximación realizada con los hallazgos en superficie permiten suponer que estos sedimentos tienen una antigüedad de unos 300.000 años.

Eduald Carbonell, co-director de las excavaciones de Atapuerca en la cueva del Fantasma, tras la primera limpieza del terreno. Los sedimentos sobre los que está sentado representan la parte más alta del yacimiento, que dejó casi colmatada la cavidad. Una primera aproximación realizada con los hallazgos en superficie permiten suponer que estos sedimentos tienen una antigüedad de unos 300.000 años.

Desde hace años conocemos la existencia de cavidades próximas a la Trinchera del Ferrocarril. Algunas de estas cavidades tienen sedimentos fosilíferos y podrían convertirse en yacimientos importantes quizá en pocos años. Por ejemplo, la llamada “Cueva del Fantasma” está escondida entre la vegetación de la de la sierra de Atapuerca. Esta cavidad tuvo que ser protegida hace algunos años por la Comunidad de Castilla y León cuando comenzó su expolio. Nadie podrá llevarse nada de valor de estos yacimientos, a menos que se realice una excavación sistemática de carácter científico. Por suerte, desde hace tiempo todo el mundo ha respetado la integridad de unos yacimientos, que son patrimonio de la humanidad.

Durante el Pleistoceno la cueva de Fantasma tenía su entrada mirando al sur. Cuando los portalones de la cuevas de la sierra de Atapuerca comenzaron a ser ocupadas por los humanos, esta cavidad puedo ser uno de los lugares más codiciados por su orientación privilegiada en el flanco suroeste de la sierra. Desde la entrada de la cueva podría controlarse parte del territorio, incluyendo posibles lagunas donde acudían a beber los animales. La cueva se fue rellenando y su techo terminó por derrumbarse. En la actualidad, los restos de ese techo forman un empedrado, donde crecen matorrales y esconden a la vista la existencia de un posible yacimiento. Nadie diría que allí existió aquella cavidad, salvo por la presencia de sedimentos fosilíferos en uno de los  rincones que quedaron libres del derrumbe. Ese pequeño rincón permitió el hallazgo de la cueva hace muchos años. Sin embargo, nadie puede saber el potencial de este lugar, salvo que se utilicen los métodos y las técnicas adecuadas.

Durante cada campaña de excavación Eudald Carbonell y el autor de este post hemos visitado el lugar para comprobar que todo está en orden. En cada visita soñábamos con la posibilidad de excavar la cueva algún día. Ya sabemos que ese sueño es casi imposible, porque la complejidad actual de las campañas de excavación en Atapuerca es demasiado grande como para pensar en aumentarla. En cambio, podemos realizar un estudio preliminar de este lugar y saber si la cueva del Fantasma puede ser un yacimiento importante, donde trabajen los arqueólogos del futuro. Deseamos dejar esa herencia científica y nos disponemos a prepararla en esta campaña de 2015.

Un primer estudio con georrádar y tomografía de la resistividad eléctrica del terreno ha permitido detectar al menos dos rellenos sedimentarios en la cueva del Fantasma. Los datos obtenidos permitirán tener una imagen en tres dimensiones del subsuelo, al menos hasta una cierta profundidad. Esta primera aproximación ya nos permite decidir el lugar donde una máquina perforadora extraerá testigos y podrá averiguar la profundidad de los sedimentos. Este es un segundo paso para conocer si la excavación de la cueva puede ser rentable en términos científicos. Los sedimentos extraídos por la perforación podrán dar información sobre su antigüedad. De este modo, los arqueólogos y paleontólogos del futuro tendrán datos sobre un nuevo lugar hacia donde dirigir sus investigaciones, en un complejo de yacimientos que parece no tener fin.

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Gran Dolina: viajando por el tiempo

Allá por la década de los años 1980 la secuencia sedimentaria de la cueva de la Gran Dolina se dividió en 11 niveles estratigráficos (TD1-TD11). A día de hoy ya sabemos que esos niveles contienen subniveles depositados en épocas distintas y que la secuencia de Gran Dolina tiene más niveles por debajo del más antiguo (TD1) reconocido en aquella época. Dentro de tres años tendremos el estudio detallado de la secuencia sedimentaria de Gran Dolina, que está siendo objeto de una tesis doctoral.

En esta imagen del nivel TD5, tomada durante los primeros de julio de 2015, podemos ver a los excavadores Cecilia García (CENIEH, a la izquierda de la imagen y en primer plano), María Martinón (University College de Londres)  y Li Zhao (Institut of Vertebrate Paleontology and Paleoantrhropology de Pekín).

En esta imagen del nivel TD5, tomada durante los primeros de julio de 2015, podemos ver a los excavadores Cecilia García (CENIEH, a la izquierda de la imagen y en primer plano), María Martinón (University College de Londres) y Li Zhao (Institut of Vertebrate Paleontology and Paleoantrhropology de Pekín).

Por el momento seguiremos utilizando la nomenclatura de los años 1980. Los niveles TD1-TD3 ha sido datados en torno a un millón de años. En aquella época la cueva estaba totalmente cerrada y no podía entrar ninguna especie. Para que nos hagamos una idea de cómo era la cueva de la Gran Dolina hace un millón de años, tenemos que pensar en una cavidad de unos 30-35 metros de ancho, una profundidad desconocida –ahora está totalmente cegada por sedimentos- y una altura cercana a los 30 metros. Con toda seguridad, la cavidad se llenaba en parte de agua durante el invierno y la primavera, porque el nivel freático estaba entonces mucho más alto que en la actualidad. La cueva terminó por secarse y abrirse al exterior y los seres vivos comenzaron a visitarla. El nivel TD4 tiene ya evidencias de esas visitas, tanto por seres humanos como por otras especies. El nivel TD4 puede tener unos 960.000 años de antigüedad, a falta de dataciones que lo confirmen.

En 1990, cuando la sierra de Atapuerca era desconocida para todos menos para los lugareños y los aficionados a la espeleología, un destacamento del cuerpo de ingenieros de Navarra probó nuevos explosivos en la Trinchera del Ferrocarril. Recordemos que este lugar está en terreno militar. La presencia de un campo de maniobras militares ha protegido los yacimientos de operaciones especulativas. Sin embargo, la suerte (mala o buena, según se mire) quiso que la carga explosiva se colocara al pie del yacimiento de la Gran Dolina. Una pequeña parte del yacimiento voló literalmente por los aires. Sin embargo, aquel desastre nos advirtió de la presencia de fósiles en TD4. Una excavación de urgencia trató de mitigar los efectos de la explosión, porque muchos fósiles habían quedado al descubierto. El yacimiento de Gran Dolina aún no se había protegido y los fósiles corrían el riesgo de desaparecer. La administración competente fue sensible a los sucedido y concedió el permiso para esa excavación, todavía bajo la dirección del profesor Emiliano Aguirre.

La excavación de TD4 fue sorprendente, porque permitió recuperar fósiles de especies de mamíferos extinguidos, aún no descubiertos en la sierra de Atapuerca. Junto a los restos de esas especies aparecieron tres herramientas de cuarcita, testimonio de que los humanos había estado allí en aquella época. Fue el primer indicio de la gran antigüedad de la presencia humana en la sierra de Atapuerca (y en el resto de Europa) que, a la postre, daría lugar al hallazgo de Homo antecessor.

En la actualidad se excava una parte sustancial de TD4. Este nivel tiene aproximadamente un metro de espesor y se depositó durante varios miles de años. A lo largo de la secuencia de TD4 ya se han encontrado más herramientas de piedra y se estima llegar a la base del nivel en un par de campañas de campo. Nos espera una acumulación de fósiles de rinocerontes, caballos, ciervos de astas gigantes y, quién sabe, si de algún humano cazado por los predadores de aquella época. Volveremos a revivir la experiencia de 1990 y 1991, cuando se realizó aquella excavación de urgencia y se encontraron cientos de fósiles de estas especies . Ahora ya no hay tanta prisa y la excavación de TD4 puede tomarse como un viaje en el tiempo, que poco a poco se acerca a un millón de años antes del presente.

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Buscando el Jaramillo

Hace 21 años las excavaciones en la sierra de Atapuerca demostraron presencia humana en Europa unos 300.000 años antes de lo que se admitía de manera oficial. El hallazgo de restos fósiles humanos en el nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina cambió radicalmente un paradigma establecido por la comunidad científica muchos años atrás. En 1997, se nombró la especie Homo antecessor a partir del estudio de los más de 80 restos humanos encontrados hasta entonces en el nivel TD6. En pocos años, todos los prehistoriadores fueron admitiendo la nueva situación: Europa habría sido colonizada hace al menos un millón de años.

El geocronólogo Josep María Parés (casco rojo) y el arqueólogo Jordi Rosell tomando muestras en los niveles inferiores del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, donde cabría la posibilidad de detectar el evento paleomagnético Jaramillo.

El geocronólogo Josep María Parés (casco rojo) y el arqueólogo Jordi Rosell tomando muestras en los niveles inferiores del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, donde cabría la posibilidad de detectar el evento paleomagnético Jaramillo.

No obstante, existían datos arqueológicos de presencia humana en Europa anterior a un millón de años. Faltaba por encontrar fósiles humanos aún más antiguos. Esto sucedió primero (2007) en el yacimiento de la cueva de la Sima del Elefante (sierra de Atapuerca) y más tarde en el yacimiento de Barranco León (Cuenca de Guadix-Baza, Granada). En el primer yacimiento se encontró un fragmento de mandíbula y una falange de pie, mientras que en En Barranco León se localizó un diente de leche. Los métodos de geocronología aplicados en estos dos lugares dieron fechas cuyos rangos de posible error se solapan (1,4 – 1,1 millones de años). Los datos que ofrece el estudio de los micromamíferos apuntan a una mayor antigüedad de Barranco León, pero en la Sima del Elefante se ha encontrado industria lítica por debajo del nivel de la mandíbula. En otras palabras, las poblaciones humanas que vivieron en los dos yacimientos pudieron ser contemporáneas y confirman lo que otros expertos han publicado sobre otros yacimientos europeos de Italia y de Francia: Europa fue colonizada quizá hace 1,5 millones de años.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo. Un equipo de paleontólogos internacional, liderados por el italiano Giovanni Muttoni, sostiene que los humanos colonizaron Europa hace algo menos de un millón de años. Esta colonización habría ocurrido hace unos 870.000 años, durante un período frío y seco. Los humanos y otros mamíferos habrían encontrado refugio en el sur de Europa. De este modo, Homo antecessor habría sido la primera especie que colonizó Europa, junto a especies como los elefantes de los géneros Mammuthus (origen asiático) y Elephas (origen africano). Para sostener su hipótesis, Muttoni y sus colegas argumentan que las dataciones realizadas en los yacimientos más antiguos se han llevado a cabo con métodos todavía poco contrastados (núclidos cosmogénicos y termoluminiscencia). La posible presencia humana detectada en los dos yacimiento de la península Ibérica quedaría en entredicho. Además, las evidencias que proporciona el estudio de los pequeños mamíferos (bioestratigrafía) –que también han sido esgrimidas como una prueba más de la colonización muy temprana de Europa- tampoco serían concluyentes. Muttoni y sus colegas serían proclives a aceptar una colonización anterior al millón de años, caso de que algún equipo fuera capaz de identificar en algún yacimiento la inversión paleomagnética denominada “Jaramillo”, ocurrida en nuestro planeta hace entre 1.070.000 y 990.000 años. Además, ese equipo tendría que localizar restos arqueológicos y/o paleontológicos (fósiles humanos) por debajo de esta inversión. El evento Jaramillo fue un episodio de polaridad normal, como el que tenemos en la actualidad, ocurrido durante un largo período de polaridad inversa denominado Matuyama (ver figura).jaramillo2

El evento Jaramillo fue muy breve en términos geológicos. Por ese motivo es muy difícil de detectar en los yacimientos en cueva. Los depósitos continentales no son continuos, como sucede en las cuencas marinas, y no es sencillo encontrar un yacimiento adecuado para dar con esta inversión paleomagnética. Sin embargo, el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina tiene una secuencia de 27 metros de sedimentos, donde nos proponemos encontrar el evento Jaramillo en los niveles más bajos de este yacimiento y demostrar, por segunda vez, que los humanos colonizaron Europa al menos un millón de años antes de lo que se pensaba en 1994.

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