Archivo por meses: octubre 2015

La historia de nuestra especie se complica (II)

Quedan ya muy pocos colegas dispuestos a defender el origen de nuestra especie en distintas regiones de África y Eurasia (teoría multirregional). La inmensa mayoría estamos a favor de la hipótesis de un origen único en el continente africano hace entre 200.000 y 250.000 años. Sin embargo, la teoría del origen africano (Eva mitocondrial=”Out of Africa” y otras formas para denominar esta hipótesis) tiene también sus variantes y su debate interno. En el post anterior hablé de nuestra última publicación en la revista “Nature”, donde describimos 47 dientes de los representantes más antiguos de Homo sapiens hallados hasta la fecha fuera del continente africano. Veremos ahora algunas de las inferencias de ese trabajo.

Interior de la cueva de Fuyan (Daoxian, China).

Interior de la cueva de Fuyan (Daoxian, China).

En 2011 Simon J. Armitage y sus colaboradores publicaron un artículo en la revista “Science”, que fue muy importante para el debate científico creado en el seno de la teoría de la Eva mitocondrial. Armitage y sus colegas nos contaron sus hallazgos en el yacimiento de Jebel Faya, situado en la península de Arabia a las puertas del estrecho de Ormuz. En este yacimiento solo aparece industria lítica, muy similar a la que se encuentra en el este de África y en otros lugares de la península de Arabia, con una antigüedad de unos 120.000 años. La cronología de las herramientas de Jebel Faya cubre un rango de 143.000-72.000 años (método del OSL: luminiscencia estimulada ópticamente en partículas minerales enterradas desde hace miles de años). Estos resultados venían a dar la razón a otros investigadores, como Mike Petraglia o Robin Dennell, que han abogado por varias salidas de África en lugar de una única expansión de nuestra especie desde ese continente. En trabajos posteriores otros científicos, como Hugo Reyes-Centeno y su equipo, también han vuelto a insistir en varias salidas de África en momentos distintos, utilizando en este caso información tanto de datos antropométricos como de ADN. Pero, de ser correctas estas ideas ¿cuándo y por dónde se produjeron esas hipotéticas escapadas de África?.

Cuando se postuló la teoría del origen africano de Homo sapiens la lógica de los acontecimientos defendía una única salida por el Corredor Levantino, aprovechando las mejorías climáticas experimentadas en el norte de África hace unos 130.000 años. La barrera del desierto del Sáhara quedó expedita y las poblaciones subsharianas pudieron emigrar hacia el norte. Los yacimientos de Es Skhül y Jabel Qafzeh, en Israel, que tienen una antigüedad superior a 100.000 años, representaban una evidencia fiable para defender esta hipótesis. Los restos fósiles de este yacimiento pertenecen a nuestra especie, aunque todavía conservaron algunos rasgos arcaicos en su cráneo o en los dientes. De lo que no cabe duda es  que los miembros de nuestra especie entramos en Europa hace tan solo unos 40.000 años. Sin duda, los neandertales representaron una verdadera barrera biológica para la expansión de Homo sapiens por el Corredor Levantino durante nada menos que 60.000 años.

Dientes humanos hallados en la cueva de Fuyan, con una antigüedad entre 80.000 y 120.000 años.

Dientes humanos hallados en la cueva de Fuyan, con una antigüedad entre 80.000 y 120.000 años.

Pero el Corredor Levantino no fue la única puerta hacia Eurasia. Hace entre 135.000 y 120.000 años la notable mejoría climática en el norte de África y en la península de Arabia vino acompañada por un descenso del nivel del mar, que posibilitó la salida de nuestros ancestros por el estrecho de Bab el-Mandeb, en el cuerno de África, entre los actuales estados de Eritrea y Djibouti (en África) y Yemen (en la península de Arabia). Allí no estaban los neandertales para cortarnos el paso. Una vez cruzado el estrecho brazo de mar que separa África de la península de Arabia, y con unas condiciones climáticas ideales, el viaje hacia el estrecho de Ormuz, la India, el sur de China, Indonesia y Australasia pudo ser cuestión de unos pocos miles de años.

Los humanos modernos nos adaptamos sin problemas a vivir en el sur de Eurasia, que tenía un clima muy similar al africano. El avance hacia latitudes más elevadas, por el contrario, se demoraron miles de años. El hallazgo en la cueva de Fuyan (120.000-80.000 años) demuestra la presencia de seres humanos similares a la humanidad reciente muy poco después de esta hipotética salida por el estrecho de Bab el-Mandeb. Es más, yo apostaría por más de una migración a través de este pequeño brazo de mar lugar en varias ocasiones, quizá durante varios miles de años. Los 47 dientes encontrados en la cueva de Fuyan son prácticamente idénticos a los nuestros. Este hecho es importante y sugiere nada menos que la definitiva evolución hacia seres humanos como los que vivimos actualmente en el planeta pudo suceder fuera de África.

Localización del estrecho de Bab el-Mandeb, en el llamado “cuerno de África”.

Localización del estrecho de Bab el-Mandeb, en el llamado “cuerno de África”.

La migración desde el sur de Eurasia hacia el norte del este continente pudo suceder al mismo tiempo que fuimos capaces de apartar a los neandertales y a otras especies pleistocenas de nuestro camino. Solo entonces Homo sapiens pudo adaptarse poco a poco a vivir en latitudes elevadas y consiguió, entre otro logros, atravesar el puente de Beringia para colonizar las Américas.  En definitiva, la historia de nuestra especie es mucho más compleja e interesante de lo que se pensó hace unos años, cuando se postuló la teoría del “0ut of Africa”. En los próximos años asistiremos a nuevos descubrimientos, algunos de ellos en el sur de China. La cueva de Fuyan es solo la punta de iceberg de la riqueza arqueológica y paleontológica de este enorme y vasto territorio de China.

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La historia de nuestra especie se complica (I)

Acaba de publicarse en la revista “Nature” nuestro trabajo sobre la descripción de los representantes más antiguos de Homo sapiens hallados hasta la fecha fuera del continente africano. Este hallazgo y sus consecuencias para la historia evolutiva de nuestra especie son sumamente importantes. Por todo ello, pienso que el relato del desarrollo de este trabajo merece más de un post. Trataré de resumir una pequeña parte de los muchos entresijos que ha conllevado esta investigación. Los medios de comunicación han contado la noticia y tal vez alguna de sus posibles consecuencias. Pero cuando leemos sobre el resultado de una investigación de alcance, publicada en un buena revista científica, no podemos ni imaginar todo lo que ha podido suceder durante el largo proceso que conlleva este trabajo.

Miembros de la expedición a la cueva de Fuyan. A la izquierda de la imagen aparece el profesor Liu Wu. A su lado está la Dra. María Martinón, mientras que con jersey rojo está la directora de la excavación, la Dra. Wu Xiu-jie.

Miembros de la expedición a la cueva de Fuyan. A la izquierda de la imagen aparece el profesor Liu Wu. A su lado está la Dra. María Martinón, mientras que con jersey rojo está la directora de la excavación, la Dra. Wu Xiu-jie.

Para empezar, mi colega la Dra. María Martinón Torres (artífice de una parte muy importante de la investigación) y un servidor viajamos hace casi un año por cuarta vez a Pekín desde Madrid, con la idea de proseguir nuestra colaboración con el equipo del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia de Ciencias de China. Esa colaboración está dando resultados muy importantes, como el caso que nos ocupa. En este viaje, el Profesor Liu Wu (primer firmante del artículo de “Nature”) puso encima de la mesa 47 dientes humanos y nos contó que procedían de una excavación del sur de China, dirigida por su colega la Dra. Wu Xiu-jie. El objetivo de este viaje consistía en estudiar los dientes y trasladarnos más tarde al yacimiento, localizado 2.000 kilómetros al sur de Pekín. Nuestra experiencia de campo durante más de 30 años en la sierra de Atapuerca y otros yacimientos podía ser muy útil para comprobar que todo se estaba realizando en la cueva de Fuyan era correcto. Todo un honor y a la vez una gran responsabilidad.

Antes de sacar los fósiles de un cajón de su despacho, Liu Wu nos contó con toda naturalidad que aquellos dientes podían tener una antigüedad de entre 80.000 y 120.000 años. Así que antes de ver los fósiles se nos pasó por la mente la idea preconcebida de que estudiaríamos dientes de aspecto arcaico. Incluso, podía tratarse de fósiles pertenecientes a las últimas poblaciones de Homo erectus o de cualquier otra forma primitiva de hominino desconocida hasta entonces en China. Cuando abrimos las primeras cajas de plástico nuestra impresión fue de sorpresa mayúscula. Los dientes tenían un aspecto totalmente moderno. Por supuesto, su pátina nos decía que habían sido recuperados en un yacimiento antiguo, pero las revelaciones sobre su posible cronología se nos antojaron equivocadas. Si ciertamente aquellos dientes tenían más de 80.000 años estaríamos antes los restos humanos de nuestra especie más antiguos conocidos fuera de África. Es natural que durante los días que duró el estudio tuviéramos momentos de un cierto escepticismo.

La colina donde se ubica la cueva de Fuyan. Para llegar a la entrada de la cueva hemos de pasar por varios edificios antiguos, al final de los cuales se encuentran varios animales estabulados.

La colina donde se ubica la cueva de Fuyan. Para llegar a la entrada de la cueva hemos de pasar por varios edificios antiguos, al final de los cuales se encuentran varios animales estabulados.

A pesar de nuestras dudas iniciales, realizamos un estudio meticuloso y muy profesional de los dientes, apuntando todas y cada una de sus características, dimensiones, observaciones pertinentes y hasta estimamos el número mínimo de individuos representado en aquella muestra. Nos llamó la atención el hecho de que varios dientes tuvieran las raíces roídas, seguramente por algún animal, y que no se hubieran recuperado restos óseos ni de humanos ni de otras especies de mamíferos. En la cueva de Fuyan solo se habían encontrado dientes humanos y de varias especies mamíferos del Pleistoceno, algunas ya extinguidas. Leyendo la literatura pertinente llegamos a la conclusión de que los posibles causantes de aquel sesgo paleontológico podían haber sido los puercospines, animales muy comunes en el sur de China desde hace miles de años. María Martinón consiguió averiguar que aquellos animales podían roer todo menos el duro esmalte de los dientes.

Nuestro viaje a la China más profunda y entrañable fue increíble. María tomó buena nota de todo lo que vimos y sentimos en aquellos parajes y ha prometido escribir sobre ello. Con todo seguridad, su relato no tendrá desperdicio. Tan solo un detalle: algunas de las personas que conocimos en la aldea de Daoxian jamás habían visto un occidental. La acogida de los aldeanos fue excepcional y jamás la olvidaremos. Rivalizaron entre ellos por decidir quién nos invitaría a comer en su casa. Tampoco podremos olvidar la visita a la cueva de Fuyan. Allí pudimos comprobar que el hallazgo iba muy en serio. Vimos con nuestros propios ojos la estratigrafía de la cueva. Los diferentes niveles se podían seguir a través de toda la cavidad sin ningún tipo de problema. Un espeleotema (costra de carbonato cálcico) cubría toda la secuencia estratigráfica de principio a fin de la cueva como una gigantesca lápida. Resultaba imposible pensar que ningún sedimento más moderno y, por supuesto, ningún resto orgánico moderno hubiese podido penetrar a través de la capa de carbonato y distribuirse de manera homogénea por todo el yacimiento. En un lugar de la cueva pudimos ver una pequeña estalagmita, que había crecido encima del espeleotema. Esa estalagmita había sido datada en 80.000 años antes del presente. En otras palabras, tanto el espeleotema (capa 1), como los sedimentos donde se habían encontrado los dientes de humanos y de otros mamíferos (capa 2) eran aún más antiguos que esa fecha. Las dataciones realizadas por nuestros colegas de China y de Estados Unidos tanto de la estalagmita como de otras partes del yacimiento no tenían porque ponerse en duda. Así que todo estaba en orden.

Imagen de paisanos de la aldea donde se encuentra la cueva de Fuyan.

Imagen de paisanos de la aldea donde se encuentra la cueva de Fuyan.

Dejamos la aldea de Daoxian convencidos de que aquel hallazgo era mucho más importante de lo que pudimos imaginar en Pekín una semana atrás. Los dientes eran totalmente modernos y mucho más derivados que otros “sapiens” hallados en el Corredor Levantino con una antigüedad similar. Los yacimientos de Es Skhül y Jabel Qafzeh, en el actual estado de Israel, han proporcionado restos humanos de nuestra especie también datados entre 120.000 y 80.000 años. Su aspecto todavía muestra un cierto aspecto arcaico en el cráneo o en los dientes, pero no cabe duda que pertenecieron a Homo sapiens ¿Era posible encontrar miembros de nuestra especie en el sur de China con la misma antigüedad, pero con aspecto aún más moderno? Y si era así, ¿cómo habían llegado desde África hasta ese lugar tan remoto de China?

Los días que siguieron en China y nuestro largo viaje de regreso (12 horas de vuelo) desde Pekín a Madrid sirvieron para debatir sobre lo que habíamos visto y escuchado. Sabíamos que estábamos ante un gran hallazgo y repasamos las principales publicaciones sobre el éxodo de nuestra especie en la conquista del planeta. Fue como una verdadera “tormenta de ideas” a 12.000 metros de altitud sobre las regiones de Siberia. Las evidencias encontradas en los últimos años jugaban a favor de una colonización temprana del sur de Asia. La cueva de Fuyan era prueba de ello, pero los datos superaban todo lo que se sabía hasta entonces. Las implicaciones eran tan importantes, que merecía pensar en una gran publicación. Y María Martinón se puso a trabajar en ello nada más llegar a Burgos.

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Pies y manos de Homo naledi. La delgada raya roja entre Australopithecus y Homo

Hace menos de un mes que el profesor Lee Berger y un nutrido grupo de especialistas publicaron en la revista “eLife” las primeras descripciones de homininos fósiles hallados en la cueva de Dinaledi, en Sudáfrica, bautizados con el nombre de Homo naledi (ver post de 22 de septiembre). Durante estas semanas he tenido ocasión de leer algunas críticas muy duras sobre las conclusiones de estos autores, debido a la total ausencia de contexto y de dataciones.

Aspecto interno y externo de la mano derecha de Homo naledi. Fuente: Nature Communications.

Aspecto interno y externo de la mano derecha de Homo naledi. Fuente: Nature Communications.

También he tenido ocasión de leer algunos titulares sorprendentes en los medios de comunicación, que confunden a la opinión pública. Que a estas alturas siga utilizándose la expresión “eslabón perdido” solo pretende llamar la atención de los lectores. Este término, acuñado a finales del siglo XIX por el médico holandés Eugène Dubois, respondía a la falta de información y de conocimientos de aquella época. Nuestra genealogía puede asimilarse más bien a un arbusto bien poblado de ramas enredadas entre sí. Tan solo tenemos que pensar en la cantidad de fósiles humanos diferentes hallados en África en las dos últimas décadas y en la dificultad para encontrar relaciones entre ellos. El hecho de que los genetistas hayan podido averiguar que los neandertales y los humanos modernos hibridamos de manera puntual, cuando nuestros caminos habían divergido hace posiblemente un millón de años, nos puede dar una idea de la complejidad de las relaciones entre los homininos del pasado. La genealogía humana está compuesta de muchos eslabones, algunos seguramente entrelazados. Y ninguno se ha perdido. Ese arbusto complejo puede seguirse desde hace cinco millones de años. Faltan muchas piezas de un puzzle complejo, pero solo es cuestión de tiempo que vayan apareciendo. Aún nos llevaremos sorpresas, por supuesto. Pero el edificio ha tomado forma y empieza a ser consistente.

De hecho, la especie Homo naledi (que muchos no reconocen) nos habla de la transición entre los australopitecos y los primeros representantes del género Homo. Esta hipótesis se planteó hace ya muchos años. La pertenencia a este género de las especies Homo habilis y Homo rudolfensis ha sido cuestionada por algunos expertos basándose en su modelo de desarrollo. Si los “habilis” y los “rudolfensis” fueran excluidos del género Homo solo cabría la posibilidad de acogerlos en el género Australopithecus. Este hecho nos viene a decir que existe una delgada raya roja entre los dos géneros. En esa raya podría estar la especie Homo naledi, cuyo cerebro no tenía más de 500 centímetros cúbicos y cuyo esqueleto postcraneal presenta un aspecto intermedio entre los australopitecos y los primeros Homo

En sendos artículos publicados en la revista “Nature Communications”, algunos de los autores de la especie Homo naledi explican las características del pie y de la mano de estos nuevos homininos. Los dos artículos confirman las explicaciones previas en la revista “eLife”. Las manos de los “naledi” podían manipular objetos con precisión, gracias al desarrollo y fuerza del dedo pulgar. En este rasgo, los “naledi” pueden compararse con nosotros. Aún así, las falanges tenían cierta curvatura en la diáfisis, que permite asumir la capacidad para trepar con facilidad, como lo hacían los australopitecos. En cuanto a los pies, los “naledi” podían caminar a grandes zancadas, como lo hacemos nosotros, pero la forma del arco plantar y la curvatura de las falanges también nos habla de la posibilidad de trepar con facilidad.

Con independencia de que en un futuro no muy lejano los descubridores de los “naledi” sean capaces de obtener dataciones fiables que sitúen a estos homininos en su lugar, cabe reflexionar sobre el hecho de la existencia de varias formas intermedias entre el género Australopithecus y el género Homo en el este y el sur de África. Solo caben dos hipótesis alternativas: o todas ellas tienen que unirse en una misma especie (Homo habilis, por prioriodad), o se produjeron varias convergencias evolutivas en diferentes lugares de África. Para inclinarse por una u otra tenemos la imperiosa necesidad de conocer la antigüedad de Homo naledi. Sin esas dataciones insisto en lo que escribí hace algunas semanas. La especie se quedará en el limbo y solo podremos tomar buena nota de las detalladas descripciones, que irán llegando poco a poco a las revistas científicas.

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