Archivo por meses: junio 2017

Atapuerca: naturaleza, senderismo, cultura

Acaba de inaugurarse el sendero botánico de la sierra de Atapuerca. Desde hace años estamos empeñados en mostrar todas las excelencias que encierra este lugar privilegiado de la provincia de Burgos, en buena parte preservado por la presencia de una zona militarizada. Durante años, los yacimientos fueron casi inaccesibles por el peligro que suponía entrar en zonas donde se llevan a cabo prácticas militares, inocuas para la fauna y la flora. En la actualidad, conociendo los valores culturales de la sierra, una enorme parcela de terreno ha quedado liberada para el disfrute de todos. Puedo imaginar este territorio cerca de una gran ciudad. Ahora sería una de tantas urbanizaciones, y ciudades dormitorio que rodean esas ciudades en 50 o 60 kilómetros a la redonda.

Pero la suerte ha querido que muchos factores hayan coincidido en favor de este patrimonio. Se ha conservado uno de los lugares más importantes de Eurasia para estudiar la evolución humana y disfrutar del paisaje. Los campos de cereales rodean la Sierra, pero en su núcleo se encuentran todas las plantas silvestres que conocieron nuestros antepasados y de las que obtenían una parte de su alimento. El sendero botánico discurre entre los yacimientos para disfrute de los amantes de la naturaleza y de la cultura. Las plantas actuales denotan el clima mediterráneo de la sierra de Atapuerca, que reinó durante buena parte del último millón de años. Pero no fue siempre así. Durante las épocas glaciales, la sierra de Atapuerca y sus alrededores se cubría con la vegetación que hoy en día podemos ver a unos 1.500 metros de altitud, en la vecina sierra de la Demanda. Los acebos, fresnos, hayas y pinos crecían sin problema entre lagunas y praderas, donde las aves acuáticas obtenían su alimento, incluyendo las águilas pescadoras.

Imagen de un rincón del sendero botánico de la sierra de Atapuerca. Foto del autor.

En la década de 1980, la investigadora Mercedes García Antón realizó el único estudio del polen de la sierra (su tesis doctoral). La mala conservación del polen en los estratos de los yacimientos ha sido un hándicap importante para conocer los paisajes de la sierra de Atapuerca durante todo el Pleistoceno. A pesar de los años, sus resultados siguen vigentes. En la actualidad se utilizan métodos alternativos. La información de los climas del pasado nos llega a través del estudio de las especies de micro-vertebrados (anfibios, aves, mamíferos y reptiles), que tienen representantes actuales y cuya tolerancia climática es conocida. Su presencia en diferentes estratos de los yacimientos demuestra variaciones climáticas a lo largo del Pleistoceno ¿Qué sucedió con los humanos? ¿fueron capaces de superar esas variaciones climáticas y, en particular, las diferencias entre las temperaturas nocturna y diurna de la meseta Norte?

Siempre se ha defendido que las penínsulas del sur de Europa actuaron como zonas refugio durante las glaciaciones del Cuaternario. Algunos de los niveles estratigráficos de los yacimientos más importantes de la Trinchera del Ferrocarril carecen de fósiles e industria lítica. Nos preguntamos si se trata de momentos puntuales en los que las cavidades eran inaccesibles. Es una posibilidad, pero también cabe pensar que durante las épocas glaciales una altitud de 1.000 metros podía ser inapropiada para la vida de nuestros ancestros. Los humanos de entonces podrían haber tomado el camino de la cuenca del Ebro y emigrar hasta zonas más cálidas, cercanas a la costa mediterránea. Son preguntas que trataremos responder a medida que se excaven otros yacimientos, aún por descubrir.

Imagen del sendero botánico de la sierra de Atapuerca. Foto del autor.

Por el momento, la visita a la sierra de Atapuerca se enriquece cada vez más para los amantes del aire libre y la cultura. La entrada a la llamada Cueva Peluda es un nuevo aliciente para visitar la sierra de Atapuerca. Se trata de un programa piloto, que está teniendo mucho éxito. No me cabe duda de que pronto se abrirá de nuevo el acceso a la Cueva Mayor, que se recupera de los destrozos sufridos durante siglos de visitas incontroladas. Atapuerca se está transformado en un verdadero parque natural, donde se puede hacer deporte, al mismo tiempo que se puede aprender sobre la naturaleza y la prehistoria.

José María Bermúdez de Castro

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¿Qué especie habitó en la sierra de Atapuerca hace un millón de años?

Han transcurrido diez años desde el hallazgo de un fragmento de mandíbula humana en los niveles inferiores del yacimiento de la Sima de Elefante. Aquel hallazgo se produjo durante la limpieza del corte estratigráfico del yacimiento, que ha permitido evaluar su potencial y diseñar su explotación para lo que resta de siglo. El descubrimiento fue por ello sorprendente.

La mandíbula se encontró a una profundidad de unos 15 metros desde el techo de la cueva. Su datación, estimada entre 1,3 y 1,1 millones de años, convirtió a este fósil en el resto humano más antiguo de Europa. La portada de la revista Nature mostraba el fósil en marzo de 2008. La atribución provisional a este fósil a Homo antecessor en aquel artículo fue finalmente rectificada por nosotros mismos en 2011. No teníamos evidencias suficientes y todo se quedó en un lacónico Homo sp. (especie indeterminada). Esperábamos encontrar más evidencias en el nivel nueve (TE9) de la Sima del Elefante, para decidir el nombre de la especie. Pero la suerte nos fue esquiva. Aparte de una falange, encontrada a pocos centímetros de la mandíbula, no hemos vuelto a obtener nuevos restos humanos.

Portada de la revista Nature, mostrando el fragmento de la mandíbula obtenida del nivel 9 del yacimiento de la Sima del Elefante en 2007.

Desde aquel hallazgo, los esfuerzos para conocer mejor el yacimiento han sido impresionantes. Se han removido toneladas de roca para conocer los límites del yacimiento. Ahora se sabe que la construcción de la Trinchera del Ferrocarril afínales del siglo XIX tan solo rozó la Sima del Elefante y que la mayor parte del yacimiento que contiene apenas sufrió daños. También se han eliminado los derrubios dejados por la construcción de la trinchera. Algunas herramientas de sílex han seguido certificando la presencia humana en una época anterior al millón de años. Pero poco más. Damos por seguro de que los humanos de aquella época apenas tuvieron relación con las cavidades de la sierra de Atapuerca. Quizá no necesitaron el abrigo de las entradas de las cuevas. Su vida transcurría siempre al aire libre. De ser así, es una mala noticia para quienes estudiamos las primeras etapas de la evolución humana en Europa. Los restos esqueléticos que quedan a la intemperie se reciclan con enorme rapidez. Se han encontrado herramientas en antiguas terrazas de algunos ríos de Francia, que se proclaman como las más antiguas del continente. Casi nadie niega la posibilidad de que hace 1,5 millones años Europa ya estuviera habitada por alguna especie de hominino. Pero faltan sus restos esqueléticos para conocer el aspecto de estos humanos y decidir sobre su asignación taxonómica.

Sección estratigráfica de la parte inferior del yacimiento de la Sima de Elefante, justo al comenzar la campaña de 2017. Foto del autor.

La Sima del Elefante tendrá que ser excavada desde el nivel más alto hasta alcanzar de nuevo el nivel TE9 en toda su amplitud. Será una labor de docenas de años, que llevarán a cabo las siguientes generaciones. El trabajo de todas estas últimas campañas ha mostrado el camino a seguir y ayudará a planificar las excavaciones del futuro.

Queda pues la incógnita del nombre específico de los primeros europeos. Muchos apostarán por Homo erectus. Especialmente quienes consideran que esta especie fue la que salió por primera vez de África (yacimiento de Dmanisi, Georgia) hace unos dos millones de años. Pero no todos estamos de acuerdo con esa forma de pensar. Los homininos de Dmanisi tienen similitudes evidentes con los humanos más antiguos del género Homo. En mi opinión, los humanos de Dmanisi se encuentran a medio camino entre Homo habilis y Homo ergaster. Así que parece razonable esperar a que se produzcan nuevos hallazgos en Europa. Es posible que nos llevemos alguna sorpresa.

José María Bermúdez de Castro

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La Sima de los Huesos a debate

Hace pocas semanas, una amable lectora comentaba sobre las posibles similitudes entre la cámara de Dinaledi de la cueva de Rising Star, en Sudáfrica y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. En Dinaledi se han obtenido 1.550 restos de la especie Homo naledi, recientemente datados entre 350.000 y 220.000 años. La cronología ha resultado muy sorprendente, dadas las características morfológicas de esta especie. Todos asumíamos que la antigüedad estaría en torno a los dos millones de años, debido a las similitudes de Homo naledi con Homo habilis y los australopitecinos. Lee Berger, líder de las investigaciones en Rising Star, ha hipotetizado una acumulación intencionada de cadáveres en la cámara Dinaledi, apostaría que inspirado en una de las sugerencias propuesta para explicar la acumulación de cadáveres en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca.

Los humanos de la Sima de los Huesos vivieron hace unos 400.000 años en la sierra de Atapuerca. Esta cronología ha sido aceptada de manera unánime, entre otras razones porque cuadra perfectamente con la antigüedad de las especies fósiles halladas en la cavidad. La presencia de un bifaz de cuarcita roja en la Sima de los Huesos también encaja en esa fecha. Hace 400.000 años la tecnología achelense estaba en pleno auge en Europa. El tamaño del cerebro de los homininos de la Sima de los Huesos estaba ya próximo al nuestro, con un promedio de unos 1.200 centímetros cúbicos (c.c.), y un rango de entre 1.050 y 1.400 c.c. La presencia de un número significativo de caracteres compartidos con los neandertales certifica que los homininos de la Sima de los Huesos pueden ser incluidos en el clado Neandertal. En otras palabras, aquellos humanos del Pleistoceno Medio comparten un origen común con los neandertales y tal vez con otros grupos afines (Denisovanos, por ejemplo). Recordemos que los neandertales enterraban a sus muertos.

Uno de los estrechos pasadizos entre la entrada a la Cueva Mayor y la sima de 14 metros de profundidad, donde se encuentra el yacimiento de la Sima de los Huesos. Foto: Javier Trueba.

Como siempre explica mi colega Juan Luis Arsuaga la causa de una acumulación tan excepcional en la Sima de los Huesos requiere una explicación también excepcional. La información para responder a esa pregunta se encuentra tanto en las características del propio yacimiento como en los restos fósiles obtenidos. Las evidencias que se observan en la colección de fósiles humanos conducen a la conclusión de que la acumulación de cadáveres sucedió por algún suceso de tipo catastrófico. La edad de muerte de los individuos oscila entre los diez y los 35-45 años, aunque aproximadamente el 65% de los cadáveres pertenecieron a adolescentes y adultos jóvenes de entre diez y veinte años; es decir, en la Sima de los Huesos aparecen los individuos que se encontraban en plena capacidad reproductora (mortalidad de tipo catastrófico). En un modelo de mortalidad de tipo atricional nos encontraríamos con muchos individuos infantiles y seniles. Sabiendo, además, que se trata de humanos pertenecientes a la misma población biológica, cabe imaginar que su fallecimiento pudo suceder en un lapso de tiempo muy corto. Las claras evidencias de agresión en los cráneos de algunos de ellos permiten plantear la hipótesis de muerte con violencia.

Por otro lado, en la Sima de los Huesos se acumularon cadáveres y no simplemente huesos. De no haber sido por la remoción realizada durante años por quienes destrozaron parte del yacimiento de manera inconsciente y por los eventos geológicos que debieron de suceder en el yacimiento a lo largo de 400.000 años, se podrían haber obtenido los 28 esqueletos casi completos. Se observan algunas mordeduras en los huesos, atribuidas a osos de las cavernas. Puesto que los osos no cazan humanos, las mordeduras pudieron deberse a razones circunstanciales, difíciles de probar.

No se ha encontrado por el momento ninguna entrada próxima a la Sima de los Huesos. El único acceso posible para llegar hasta ese lugar se encuentra a unos 800 metros de distancia, siguiendo un tortuoso camino por las galerías del interior de la Cueva Mayor. Casi se puede asegurar que algún punto de ese camino estuvo cegado hace 400.000 años, en particular el que conecta la llamada Galería del Silo con la Sala de los Cíclopes por un estrecho pasadizo (ver figura). Es por ello que el acceso a la Sima de los Huesos tuvo que realizarse por alguna entrada próxima, hoy en día desaparecida.

La acumulación de cadáveres debida a un evento geológico o natural (derrumbe, riada, etc.) queda descartada, precisamente por la distribución de edades de muerte. De haberse dado esa circunstancia se habrían encontrado individuos de todas las edades. Tampoco existen evidencias geológicas en el yacimiento para proponer esa hipótesis. El agente acumulador no fue una especie depredadora, como Panthera leo, porque se habrían encontrado centenares de dentelladas en los huesos y, muy posiblemente, habrían quedado pocos restos fósiles reconocibles. La caída accidental repetida de seres humanos por una sima abierta en el carst de la sierra tampoco parece una hipótesis razonable. Se conoce un yacimiento en la sierra de Atapuerca de la misma cronología que la Sima de los Huesos, en el que se ha observado una trampa natural. Por ella cayeron algunas docenas de animales, sobre todos caballos y ciervos, y fueron precisamente los humanos los que accedieron a ese lugar para aprovechar la carne de los cadáveres. Mi impresión, por tanto, es que los humanos de aquella época eran demasiado inteligentes como para caerse de manera repetitiva por la cavidad abierta del techo de alguna cueva. Recordemos de nuevo que las edades de muerte apuntan a un evento catastrófico colectivo y no individual.

Así llegamos a la hipótesis de la acumulación intencionada de cadáveres por otros humanos. Y remarco que se trata solo de una hipótesis. Las certezas no existen en la Ciencia. No me canso de repetirlo. Aunque todas las evidencias señalen en la misma dirección y no se hayan encontrado por el momento pruebas en contra de la acumulación intencionada, no quiere decir que se haya llegado a la respuesta definitiva. Quizá algún día la hipótesis de la acumulación intencionada se descarte por algún tipo de evidencia, o tal vez no. Es cuestión de seguir investigando.

José María Bermúdez de Castro

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