Archivo por meses: abril 2018

Homo sapiens en la península de Arabia

La semana pasada supimos que un grupo de investigadores, liderados por Huw S. Groucutt (Universidad de Oxford) y Michael D. Petraglia (Max Planck Institute, Alemania), habían hallado pruebas irrefutables de la presencia de nuestra especie en la península de Arabia hace unos 85.000 años Su trabajo se ha publicado en la revista Nature, ecology & evolution.

Falange humana del yacimiento de Al Wusta, (Arabia Saudi). Foto: Nature ecology & evolution.

 

Es sin duda una gran noticia, porque el hallazgo se ha producido en una región muy compleja, de enorme inestabilidad política y de la que aún tenemos mucho que aprender. En mi opinión, el suroeste de Asia ha sido clave para la evolución del género Homo en todas las épocas, pero a nadie se le escapa que investigar en la región más inestable del planeta es casi suicida. Así que lo primero es aplaudir a los componentes del equipo que trabaja en el yacimiento de Al Wusta, en el desierto de An Nafud.

 

Cada vez vamos sabiendo más sobre nuestra expansión fuera de África. Cuando la mayoría de expertos quedaron convencidos de que Homo sapiens se consolidó primero en África y se expandió a continuación por todo el planeta, se pensó en un suceso único ocurrido en un momento determinado de nuestra evolución. Todo parecía indicar que la salida de África sucedió por el Corredor Levantino. Se suponía que el primer intento fue fallido, quizá por cuestiones climáticas o tal vez por la oposición de los neandertales. El segundo intento habría ocurrido hace unos 50.000 años, también por el mismo lugar y esta vez sí. Los miembros de nuestra especie llegaron a Europa y poco a poco se extendieron por todo el planeta, eliminando la oposición de las demás especies de homininos.

 

Este escenario fue cambiando poco a poco. Supimos que el estrecho de Bab el-Mandeb, en el llamado “cuerno de África”, pudo ser la primera puerta de salida. Se comprobó que los babuinos (Papio hamadryas) que viven en la península de Arabia llegaron allí desde el este de África hace unos 130.000 años (ver post de 23 de diciembre de 2014 en este mismo blog). Puesto que solo pudieron pasar por tierra firme, cabe la posibilidad de que la estrecha franja de agua que separa África de la península de Arabia por Bab el-Mandeb fuera transitable con facilidad en aquella época. Y si pasaron los babuinos, también lo pudieron hacer los miembros de Homo sapiens. Se confirmaban así las dataciones de algunos yacimientos en el camino de un posible viaje muy temprano de nuestra especie hasta el continente australiano, pasando por la península de Arabia, el estrecho de Ormuz, India, China, Indonesia y finalmente, Australia.

 

Si nos fijamos en el paisaje donde se localiza el yacimiento de Al Wusta pensaríamos, no sin razón, que los humanos de hace 120.000 años jamás se hubieran detenido a vivir allí. El yacimiento se encuentra en un desierto de más de 100.000 kilómetros cuadrados. Pero el clima de la Tierra no es estático. Cambia de manera cíclica en pocos miles de años y donde ahora hay un desierto, antes hubo un lugar apto para la vida. Así ha sucedido con el desierto del Sahara, aunque nos parezca imposible. Hace entre 95.000 y 86.000 años se produjo un episodio de humedad, que facilitó la vida de muchas especies (incluida la nuestra) en pleno desierto de la península de Arabia. Este cambio, facilitado por el cambio de latitud de los frentes de lluvia, no implicó que aquellos desiertos se transformaran en bosques y praderas exuberantes, sino simplemente en regiones con agua y más vegetación. Unas condiciones suficientes para una especie, como la nuestra, con una enorme capacidad de adaptación, que poco a poco se ha adaptado a vivir en la mayor parte de las regiones del planeta. Por descontado, la inestimable ayuda de sus progresos culturales ha sido un factor clave en esa adaptación.

 

Este hallazgo no hace sino confirmar que nuestra especie pudo atravesar el estrecho de Bab el-Mandeb hace unos 120.000 años y ocupar poco a poco las regiones más septentrionales de Eurasia. En ese viaje pudo hibridar con las poblaciones residentes o eliminarlas. Pero lo que no pudo hacer es desplazar a los neandertales de su imperio. Ese imperio, como todos, terminó por derrumbarse; pero transcurrieron nada menos que 70.000 años antes de que los neandertales se debilitaran y dejaran paso franco a Homo sapiens.

 

Algún día el suroeste de Asia dejará de ser una región conflictiva. Estoy convencido de que los equipos de arqueólogos y paleontólogos de todo el mundo podrán contarnos historias apasionantes sobre nuestros orígenes en esa región del planeta.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

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Sobre la transformación de los pueblos de Iberia

Gracias a la biología molecular vamos aprendiendo cada vez más sobre la prehistoria más reciente. En lo que se refiere a la antropología física, las investigaciones sobre los restos óseos siempre han ofrecido una información muy incompleta sobre el origen de las poblaciones del Neolítico. Los restos son escasos y la forma del cráneo o la de la mandíbula están controladas por factores genéticos y ambientales, siempre difíciles de comprender y evaluar. Desde hace algunos años, la genética está realizando aportaciones muy importantes, porque se obvian los factores ambientales que modifican el fenotipo final. No es la panacea, porque siempre falta información. La obtención del ADN no siempre es posible y en ocasiones solo se consiguen fragmentos del genoma. Pero es una nueva aproximación con resultados más fiables.

Representación de los primeros agricultores. Fuente: territoriosociales.blogspot.com

 

El problema de la genética es conseguir extraer ADN en las mejores condiciones. Aunque se ha obtenido ADN de restos humanos de hace 400.000 años, no significa que sea sencillo hacerlo de todos los restos anteriores a ese momento. Las condiciones de conservación de este material tan valioso tienen que reunir una serie de requisitos, que no siempre se cumplen. Seguimos sin saber nada del ADN de los humanos de la isla de Flores, porque las condiciones tropicales degradan el material genético con gran rapidez. En la península ibérica las condiciones no son malas, pero tampoco ideales, como nos recuerdan los genetistas Cristina Valdiosera (Universidad de Melbourne, Australia), Torsten Günther y Mattias Jakobsson (Unversidad de Uppsala, Suecia). Estos investigadores, junto a un nutrido grupo de colegas, han trabajado con material genético obtenido en 13 esqueletos de diferentes yacimientos del norte y del sur de la península ibérica, como los de San Quilez, Cueva de los Lagos, El Portalón de Cueva Mayor (sierra de Atapuerca), cueva de los Cuarenta, cueva de los Murciélagos o el Pirulejo. Su trabajo ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, (PNAS) USA en la primera quincena de marzo de 2018.

 

El objetivo del trabajo ha sido conocer mejor la composición genética de los pobladores que vivieron en la península ibérica hace entre 7.500 y 3.500 años, cuando se produce el cambio definitivo desde una economía basada en la caza y la recolección a una economía basada en la agricultura y la ganadería. Como sabemos, el proceso de neolitización de Europa se produjo de manera progresiva desde el este hacia el oeste, gracias a la llegada de gentes procedentes del llamado Creciente Fértil, a través de la península de Anatolia. Dada la situación de Iberia, en el extremo más occidental de la península europea, fuimos los últimos en recibir la nueva cultura. Y nos preguntamos, ¿fue una invasión en toda regla por grupos llegadas del este? Pues los autores de esta investigación en la revista PNAS nos aseguran que no fue así. El contingente de población llegado desde el Creciente Fértil fue muy limitado, como lo demuestra el hecho de que la diversidad genética de los esqueletos analizados es muy baja. En otras palabras, la nueva cultura se extendió por la península ibérica más por un proceso de difusión y aculturación, que por una masiva sustitución de la población autóctona del Mesolítico.

 

Los recién llegados hibridaron con los residentes y sus descendientes incrementaron de manera notable la densidad de población. La agricultura y la ganadería trajeron más recursos, por lo que los genes aportados en un primer momento se extendieron con relativa rapidez en muy pocas generaciones. También hemos sabido que los grupos con cultura neolítica llegados a Iberia no fueron los mismos que los llegados al centro de Europa, y que la influencia de los pastores procedentes de las estepas situadas al norte del mar Caspio y del mar Negro (los Yamnaya) fue nula en Iberia. Solo tuvimos nuevas influencias genéticas (y no demasiado importantes) con la expansión de la cultura campaniforme por Europa, hace unos 3.000 años.

 

En definitiva, la población de la península ibérica ha tenido su propia personalidad, probablemente desde el Pleistoceno Inferior. El modelo de poblamiento que sugiere el estudio genético de los grupos de Neolítico ha podido ser recurrente desde siempre, con entrada de grupos pequeños pero muy influyentes a nivel cultural.  Estamos al final de un continente, en parte aislados por los Pirineos. Esa peculiar posición geográfica ha repercutido en la conformación de una población muy particular. Ni siquiera las “invasiones” de otros grupos por el norte, el este y el sur, ya en tiempos históricos, han cambiado demasiado nuestro acervo genético desde hace 7.000 años. No somos demasiado diferentes al resto de europeos, pero tenemos nuestras propias peculiaridades a nivel fenotípico, que se podrán ir explicando mediante los estudios paleogenéticos en curso.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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¿Qué sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca?

La semana pasada conocimos un artículo publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, USA (PNAS), liderado por Charles P. Egeland (Universidad de North Carolina at Greensboro). En este trabajo se utiliza un algoritmo, que permite discernir posibles causas para la deposición de restos humanos fósiles en diferentes yacimientos. A pesar de que los autores analizaron 16 yacimientos de distintas épocas, centraron sus conclusiones en dos de ellos: la Cámara Dinaledi (Sudáfrica), donde se siguen recuperando restos fósiles de la especie Homo naledi, y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, donde también se siguen recuperando restos fósiles de una especie estrechamente relacionada con los neandertales. Se trata de dos yacimientos extraordinarios, con un registro fósil de homininos fuera de lo común. En el caso de la Sima de los Huesos, el número de restos se acerca a los 7.000, todos ellos pertenecientes a un número mínimo de 28 individuos de edades comprendidas entre los 10 y los 40 años, aproximadamente.

Nuestro compañero Rolf Quam atraviesa un paso estrecho para alcanzar la boca de la Sima de los Huesos. Foto de Javier Trueba.

 

Desde el inicio de las excavaciones sistemáticas en la Sima de los Huesos, allá por el año 1984 (tras el hallazgo en 1976 de varios restos humanos por el equipo dirigido por Trinidad de Torres), se han propuesto hipótesis alternativas para explicar una acumulación de restos tan extraordinaria. Estas hipótesis han tropezado siempre con dos circunstancias, una de ellas insalvable. El yacimiento fue expoliado en parte desde los inicios del siglo XX. Lo que se llevaron y lo que destrozaron las gentes que se jugaron la vida bajando hasta el fondo de la cavidad es difícil de estimar. Pero alteraron para siempre la composición del conjunto de fósiles que el yacimiento guardaba celosamente desde hace unos 430.000 años. Por descontado, este dato ha sido ignorado en el análisis que presentan los autores del trabajo publicado en la revista PNAS. Estos autores no solo desconocían esta información, sino que jamás han estado en la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca. Y, muy probablemente, tampoco han pisado en la mayor parte de los 15 yacimientos restantes.

 

Otro dato no menos interesante del yacimiento de la Sima de los Huesos es su ubicación en el fondo de una cavidad ciega, de 14 metros de caída libre en vertical y otros 14 metros en rampa inclinada. Nunca se ha encontrado otro posible acceso que no sea el de la propia boca de la Sima de los Huesos. En la actualidad, para llegar a este lugar es necesario recorrer casi 1.000 metros de distancia por vericuetos y pasos estrechos. Todo un misterio. La dinámica de las cavidades cársticas es compleja y muy posiblemente el antiguo acceso a la Sima de los Huesos ha desaparecido para siempre. Todo ello ha sido un hándicap importante para entender la acumulación de los 28 cadáveres.

 

El algoritmo presentado en la revista PNAS es un procedimiento matemático construido por la mente humana, al que no se le puede dar toda la información. Sencillamente, es imposible. El algoritmo trabajará con algunos datos objetivos obtenidos de la literatura científica, publicados por los investigadores de cada yacimiento. Pero siempre faltará información y las reflexiones que esos investigadores han realizado durante décadas, después de un trabajo ingente en condiciones muy complejas y arriesgadas.

 

En el caso del yacimiento de la Sima de los Huesos existen una serie de evidencias, que han de ser tenidas en cuenta. Por ejemplo, es muy posible que todos los individuos pertenecieran a una misma población. Sus similitudes anatómicas son muy evidentes, al punto de que en más de una ocasión se han confundido las piezas dentales de diferentes individuos. A pesar de ello, no es posible saber con certeza si fallecieron en un intervalo muy pequeño de tiempo o durante varias semanas, meses, años…La gran mayoría de estos individuos estaban en plena edad reproductora, por lo que la acumulación es de tipo catastrófico (no atricional: fallecimientos continuados en el tiempo). Si fue así, entonces los 28 individuos murieron en un intervalo muy corto de tiempo, instantáneo desde el punto de vista geológico. Otros datos apuntan a la muerte violenta de algunos de los individuos. El propietario/a del Cráneo 17 pudo fallecer por el impacto violento de un objeto, que le perforó el cráneo en dos ocasiones. Se tiene que seguir investigando sobre los golpes recibidos por otros individuos ¿Una especie de batalla entre grupos rivales?

 

Al fondo de esa cavidad llegaron cadáveres completos y no huesos sueltos. Su descomposición ocurrió una vez que se acumularon en la cavidad. La presencia de un hacha de mano muy particular (Excalibur) junto a los cadáveres es simplemente una evidencia circunstancial. Pero esa presencia tiene que ser explicada. He tenido que escuchar explicaciones tan simples y grotescas como que “se le cayó del bolsillo” a alguno de los humanos allí acumulados.

 

Juan Luis Arsuaga siempre dice una frase que encierra mucha miga: “la formación de un yacimiento tan excepcional ha de tener una explicación también excepcional”. Puesto que se trata de hacer ciencia y no de adoptar posturas dogmáticas, las investigaciones sobre la acumulación de cadáveres en la Sima de los Huesos se han encaminado a buscar información que pueda refutar o rechazar las hipótesis planteadas por miembros del equipo y por científicos ajenos al proyecto. Por el momento, la acumulación antrópica no ha podido ser rechazada, ni siquiera por el algoritmo que se presenta en el artículo recién publicado en PNAS, como los propios autores del trabajo reconocen. Así que esa hipótesis se tiene que mantener. No se trata de afirmar de manera incontestable que los cadáveres fueron acumulados de manera intencionada por otros humanos. Eso sería dogmatismo, tan alejado de los planteamientos científicos.

 

Aunque una idea se publique en una revista de prestigio, no deja de ser una propuesta, que ha de ser contrastada. Cierto es que la mayoría de los seres humanos hemos sido educados en una serie de creencias y tendemos a ser “creyentes”: !!si determinada idea ha sido publicada en una revista tan prestigiosa como PNAS será una certeza!! Vamos muy mal si reaccionamos así. Es complicado entender lo que la significa la ciencia, excepto que nos beneficiamos de sus progresos. Como suele decir Eudald Carbonell, los científicos tenemos que ser “pensantes”. Por eso hay que insistir en que la ciencia carece de dogmas. Aunque la hipótesis de la acumulación antrópica en la Sima de los Huesos es la que tiene por el momento más posibilidades, nunca podrá decirse que estamos ante la verdad de lo que sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca.

 

Y ahora me permito recordar que los cadáveres acumulados en la Sima de los Huesos están indudablemente emparentados con los neandertales. El grado de parentesco forma parte de las investigaciones en curso. Se puede proponer para estos humanos una especie propia, aunque algunos/as se atreven a postular que estamos ante un grupo de neandertales arcaicos. Es sencillamente la constatación de que los homininos de la Sima de los Huesos tenían mucho en común con quienes enterraban a sus muertos, pintaban en las paredes de las cuevas y conocían técnicas que nos asombran por su similitud con las que hemos utilizados los miembros arcaicos de Homo sapiens. ¿Entonces?, ¿qué problema hay en aceptar a trámite la hipótesis de acumulación antrópica para los humanos de la Sima de los Huesos? ¿Por qué nos empeñamos en negar para otras especies humanas lo que nosotros consideramos como patrimonio de la nuestra? Abramos nuestra mente y reconozcamos, como dijo una vez Carl Sagan, que somos sencillamente “polvo de estrellas”.

 

José María Bermúdez de Castro

 

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