Archivo por meses: julio 2018

Notas sobre el nuevo yacimiento de la Paredeja

La arqueóloga Marta Navazo, de la Universidad de Burgos, viene realizando excavaciones en diferentes puntos algo alejados del núcleo principal de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Entre los campos de cereales y los bosques que rodean la sierra se han localizado decenas de yacimientos con industria lítica de diferentes épocas. Fuera de la protección de las cuevas, los huesos desaparecen con mucha rapidez. Pero los instrumentos de piedra permanecen con pocas alteraciones, y afloran cuando los tractores aran y remueven las tierras de cultivo. En aquellos lugares donde no se siembra cabe la posibilidad de llevar a cabo una excavación de pocos metros cuadrados, a modo de testigo. Puede ser el instinto del profesional o más bien el hecho de que los humanos hemos dejado nuestra huella por todas partes en estas tierras. Pero lo cierto es que en aquellos lugares excavados por Marta Navazo y su pequeño grupo de la Universidad de Burgos siempre aparecen concentraciones de herramientas de piedra. La mayoría de ellas pertenecieron a la cultura de los neandertales y a la de las primeras poblaciones de Homo sapiens.

Aspecto del yacimiento de la Paredeja. Los andamios permiten aproximarse a las paredes verticales y tener una primera impresión de los diferentes niveles geológicos. Foto del autor.

Este año se decidió iniciar una excavación en la parte más baja de la cara sur de la sierra de Atapuerca. Una antigua cantera (de las muchas que se explotaron en la Sierra) dejó al descubierto varias paredes de rocas y sedimentos, la gran mayoría sin atisbo de restos óseos y de herramientas líticas. Pero en un pequeño tramo de esas paredes asoman instrumentos de piedra. El lugar se conoce con varias denominaciones, que forman parte de la tradición oral. La Paredeja es uno de esos nombres, citado por los más viejos del lugar de los vecinos pueblos de Zalduendo e Ibeas de Juarros. Aunque todavía no hay dataciones del yacimiento, la forma de tallar los instrumentos recuperados al pie de ese lugar por causa de la erosión nos habla del Paleolítico Medio, cuando los denominados neandertales clásicos vivieron en el occidente de Europa. A primera vista ya se reconocen varios niveles geológicos con instrumentos de piedra, que sugieren la primera posibilidad de conocer varios tramos arqueológicos temporales sucesivos de esa época. De momento, se está realizando un sondeo arqueológico de reconocimiento, una perforación al pie del yacimiento y un estudio geofísico de la zona. Este año se conocerá el potencial de la Paredeja. Quizá podría encontrarse una cueva taponada por los sedimentos. No sería la primera vez que sucede algo similar en Atapuerca. Pero de momento es pronto para obtener conclusiones, que iremos viendo en próximas campañas.

 

Pero ya se puede asegurar una idea que venimos repitiendo desde hace varios años: los yacimientos de la sierra de Atapuerca son inagotables. La tentación de explorar alguno de los lugares ya conocidos y prometedores es muy grande. Es por ello que tenemos que realizar un ejercicio de contención. Habrá tiempo para que las siguientes generaciones sigan realizando descubrimientos de interés en este complejo arqueológico-paleontológico, con todo merecimiento declarado Patrimonio de la Humanidad desde 2000.

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

 

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La Galería: entre bifaces y leones

El yacimiento de Galería centró el interés de la sierra de Atapuerca durante los primeros años del proyecto. El profesor Emiliano Aguirre, primer director de este proyecto, tomó la decisión de excavar en este yacimiento antes que en cualquier otro relleno fosilífero. El yacimiento se podía excavar con un reducido número de excavadores y las dificultades logísticas eran menores. Los sedimentos del yacimiento de Galería se habían depositado durante el Pleistoceno Medio, el período al que pertenecían los restos humanos obtenidos en 1976 por Trinidad de Torres en la Sima de los Huesos. El yacimiento de Galería podía dar un buen contexto a los fósiles humanos de ese yacimiento. Las tres razones tuvieron mucho peso en la decisión de Emiliano Aguirre.

La arqueóloga Isabel Cáceres nos muestra una pequeña concentración de pequeños percutores de cuarcita, amontonados en un discreto rincón de la cueva de Galería. Tal vez, los humanos visitaban la cueva de manera reiterada y dejaban sus herramientas preparadas para la siguiente ocasión. Foto del autor.

No fue una mala decisión, porque el yacimiento de Galería nos dejó durante más de 15 años un registro muy rico de las especies que vivieron en la sierra de Atapuerca entre 200.000 y 450.000 años. Pero el yacimiento próximo de Gran Dolina acaparó toda la atención, cuando nos ofreció datos extraordinarios sobre el Pleistoceno Inferior, incluyendo la colección de restos fósiles de Homo antecessor. En 1995 dimos por finalizada la intervención en el yacimiento de Galería, que culminó con el regalo de un fragmento de parietal humano. A mediados de la década de 1990 era imposible dedicar recursos a todos los yacimientos y el de Galería había cumplido con creces su papel.

 

Pero con el paso del tiempo asistimos al deterioro que estaba sufriendo la parte no excavada del yacimiento de Galería. Los rigores climáticos de Burgos amenazaron su integridad. El resto del yacimiento, que se había dejado como testigo para su posible intervención en años venideros con nuevos medios técnicos, se estaba desmoronando. Así que en 2011 se retomó su excavación. Siete años más tarde de aquella decisión, el yacimiento de Galería vuelve a mostrar sus tesoros arqueológicos y paleontológicos. Ahora sabemos que el yacimiento tiene un desarrollo mucho mayor del que pensábamos. La cueva de Galería era en realidad una gran sala de muchos metros cuadrados, conectada al exterior por una profunda sima, que funcionó como una trampa natural para los animales que pastaban en la ladera oeste de la Sierra. La cueva estaba también conectada al exterior por otros conductos, hoy día cegados por sedimentos, que la tecnología nos ha permitido localizar. Los humanos y otras especies entraron en la cueva atraídos por el olor los animales caídos en aquella trampa sin retorno.

Mandíbula de león encontrada en el yacimiento de Galería. Foto del autor.

Sabemos que los humanos no fabricaron herramientas en aquella cueva. Todos los utensilios representan el producto final de la talla. Los humanos llevaban consigo esas herramientas, que aparentemente dejaban abandonadas en la cueva. Pero el hallazgo de algunos percutores de cuarcita amontonados en discretos rincones de la cueva puede cambiar esa idea. Es posible que las herramientas se dejaran de manera intencionada para ser usadas en otro momento. Si es así, se puede inferir una gran capacidad de planificación en las actividades de aquellos humanos del Pleistoceno Medio.

 

El hallazgo de grandes carnívoros en la cueva de Galería es sorprendente. Quizá los depredadores también se despistaban y caían en la trampa, o tal vez entraban en busca de comida y quedaban atrapados en el interior de la cueva. En el post publicado en este mismo blog el 1 de mayo de 2018 hablé del denominado “león de las cavernas” (Panthera leo fossilis), que coexistieron con los humanos del Pleistoceno Medio. Es posible que humanos y leones rivalizaran por obtener las mismas presas. Los leones europeos resistieron todos los ciclos climáticos del Pleistoceno, conocieron a los neandertales y a las primeras poblaciones de Homo sapiens de Europa. Su resiliencia les permitió resistir los rigores climáticos de la última glaciación del hemisferio norte, cuando llegó el momento de su extinción. Desaparecieron junto a otras especies de grandes vertebrados. La biodiversidad de grandes mamíferos quedó seriamente dañada durante la llamada “edad del hielo”. En cualquier caso, si esas especies hubieran sobrevivido habríamos dado buena cuenta de ellas, para ocupar su territorio con nuestros cultivos y nuestro ganado.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

 

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Los Neandertales de Cueva Fantasma

Poco tiempo después de publicar el hallazgo en la sierra de Atapuerca del resto humano fósil más antiguo de Europa los medios de comunicación preguntaban con insistencia sobre cuál sería el siguiente reto del Equipo Investigador. Mi colega Eudald Carbonell respondía enseguida que el objetivo era encontrar restos humanos de la población Neandertal del Pleistoceno Superior (o Pleistoceno Tardío, como se llama en la actualidad). Confieso mi escepticismo sobre este deseo de Eudald, puesto que los niveles más altos (y, por tanto, más recientes) de los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril se datan en más de 120.000 años. En esa fecha comienza precisamente el Pleistoceno Tardío, el período geológico en el que vivieron los llamados neandertales clásicos de Europa. Por descontado, estamos convencidos de que la genealogía Neandertal hunde sus raíces en épocas mucho más antiguas. Pero los neandertales más conocidos vivieron en Eurasia hace entre unos 120.000 y 50.000 años. Enterraron a sus muertos y nos dejaron un legado cultural extraordinario.

Parietal humano de Cueva Fantasma, una vez limpio y preparado para su estudio. Pero antes de comenzar el estudio del parietal es necesario conocer su contexto estratigráfico, biocronológico y geocronológico. Es el objetivo para 2018. Foto del autor.

Es posible que el deseo de Eudald Carbonell fuera solo eso: un deseo romántico. O tal vez no, porque en la sierra de Atapuerca existen docenas de yacimientos sin explorar. Además, las herramientas de los neandertales han aparecido por doquier en docenas de yacimientos al aire libre. Así que solo era cuestión de dar con un yacimiento en cueva, donde se hubieran conservado los restos óseos de algún neandertal. Finalmente decidimos excavar un yacimiento que conocíamos desde hace muchos años: Cueva Fantasma. No teníamos ni idea de su potencial, puesto que el 95% del yacimiento estaba cubierto por decenas de toneladas de roca del techo de la cueva que rompieron los canteros durante la década de 1950. Las canteras de la sierra de Atapuerca, que cuenta con una roca caliza de primera calidad, vieron truncadas sus expectativas económicas con la llegada del ladrillo como elemento fundamental de la construcción. La que hoy denominamos Cueva Fantasma quedó olvidada y enterrada. Hasta que llegaron unos científicos extraños y tal vez un poco locos, buscando huesos fósiles y herramientas antiguas de piedra. Así se nos calificaba hace tan solo tres décadas.

 

Una parte mínima del enorme yacimiento de Cueva Fantasma se dejaba ver entre la hojarasca que crecía entre las rocas del antiguo techo de la cueva. Eudald y quién escribe estas líneas visitábamos todos los años el lugar, casi como un ritual. Apartábamos las ramas de carrascas y quejigos y finalmente dábamos con nuestro objetivo. Soñábamos con el día en el que se podría excavar aquel yacimiento. Era como una peregrinación en busca de un tesoro perdido. Hasta que un buen día descubrimos que no éramos los únicos visitantes de Cueva Fantasma. Alguien más había encontrado la cavidad y había realizado una excavación clandestina. Avisadas las autoridades de Cultura de la Junta de Castilla y León, la zona se cerró y el encanto de nuestro secreto mejor escondido desapareció por la ambición de los cazadores de tesoros arqueológicos.

 

Cuando los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril y de la Cueva Mayor estaban dando lo mejor de sus entrañas y la situación económica lo permitió, convencí a Eudald de la posibilidad de hacer nuestro sueño realidad: ¿por qué no explorábamos Cueva Fantasma? Así lo hicimos. Y pronto supimos que las rocas que pisábamos se correspondían con las del techo de la que un día fue una gran cavidad del karst de Atapuerca. Tras dos años de retirada de rocas apareció ante nuestros ojos el yacimiento más grande de la sierra. Y antes de que las labores de limpieza terminaran, el arqueólogo Pep Vallverdú encontró un parietal humano en un alarde de vista. Allí estaba, asomando en el nivel arqueológico más alto de la secuencia estratigráfica de Cueva Fantasma. Se habría perdido para siempre, si no es por la profesionalidad de nuestro compañero, encargado de vigilar las labores de limpieza.

 

Este año han comenzado las labores de cubrimiento y protección de Cueva Fantasma, que terminarán durante el mes de septiembre. Pero ya estamos realizando estudios geológicos preliminares de la secuencia estratigráfica y un sondeo arqueológico de un par de metros cuadrados. Los restos más recientes (y el propio parietal humano) apuntan a una época reciente, casi con seguridad del Pleistoceno Tardío. A primera vista, la morfología del parietal se corresponde con la de un neandertal clásico, cumpliendo así las predicciones y los deseos de Eudald. En efecto, el tesoro que buscábamos hace años estaba allí, esperando bajo toneladas de roca. Ahora, el yacimiento será explorado y estudiado por los científicos de la siguiente generación, a quienes legaremos el sueño de excavar uno de los yacimientos con más futuro de la sierra de Atapuerca.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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