Archivo por meses: octubre 2018

El arte de los neandertales a debate

Cuando la ciencia es capaz de romper barreras casi siempre existe un cierto rechazo por parte de científicos y ciertos grupos conservadores ¡Si pudiéramos preguntarle al propio Charles Darwin! Ha transcurrido más de un siglo y medio desde la publicación de “El origen de las especies” (1859) y todavía muchos niegan la evolución. Así que no puede extrañar la resistencia de varios colegas a reconocer que los neandertales pudieron crear arte.

Pinturas en las paredes de la cueva de la Pasiega (Cantabria) Fuente: Science

Hace varios meses (ver post de 27 de febrero de 2018 en este mismo blog) el investigador alemán Dirk Hoffmann y varios colegas (entre ellos, el español Marcos García) publicaron en la revista Science dataciones de las pinturas realizadas en paredes de tres cuevas de la península ibérica: La Pasiega (Cantabria), Maltravieso (Cáceres) y Ardales (Málaga). La capa de carbonato cálcico depositada sobre las pinturas fue datada mediante el método de las series de uranio. Los resultados apuntaron a fechas en las que los neandertales todavía vivían en estas regiones, mientras que aún faltaba un cierto tiempo para la llegada de las primeras oleadas de Homo sapiens.

 

Algunos no nos sorprendimos, conociendo las capacidades de los neandertales. Por ejemplo, su mente había progresado hasta el punto de reflexionar sobre la trascendencia de la muerte. Pero la posibilidad de realizar grabados o pintar en las paredes, que requiere cierta capacidad simbólica, siempre ha sido considerada como un logro de nuestra especie. Así que pronto surgieron voces críticas y la revista Science publicó en el mes de septiembre un artículo firmado por varios geocronólogos, en los que se cuestionaron las dataciones de Hoffmann y sus colegas. La semana pasada se publicó en esta misma revista la respuesta de estos investigadores a las duras críticas de sus compañeros. No voy a entrar en cuestiones técnicas sobre el método de datación, los problemas que pueden surgir al aplicar este método en las capas de carbonato cálcico que se forman encima de las pinturas y la respuesta de Hoffmann a las críticas. Sería una temeridad por mi parte, porque no soy experto en geocronología. Estoy convencido de que el debate continuará durante algún tiempo. Los métodos de datación se seguirán perfeccionando, se encontrarán más pinturas en las mismas condiciones y la hipótesis de Hoffmann y sus colegas podrá ponerse a prueba.

 

No obstante y antes de que llegue ese momento, es interesante preguntarse por la evolución de la mente de dos grupos humanos, que se separaron hace entre 550.000 y 800.000 años (según las estimaciones de varios genetistas). Antes de volver a encontrarse y tener descendencia fértil, los dos grupos humanos evolucionaron en lugares diferentes, empleando la misma base genómica. Es evidente que desde el punto de vista de la anatomía y la morfología llegaron a soluciones evolutivas algo diferentes. Pero no lo suficientemente distintas para que hibridáramos y tuvieron hijos fértiles ¿Qué sucedió con su cerebro y con su mente? Sobre el cerebro ya sabemos que la forma resultó algo diferente, pero no tenemos una idea clara sobre la mente; es decir, no sabemos con certeza cómo funcionaba su cerebro. Solo el registro arqueológico puede darnos algunas respuestas. Hasta su desaparición, los neandertales llegaron a fabricar herramientas mediante una tecnología muy similar a la de sus contemporáneos de la especie Homo sapiens (incluyendo los utensilios de madera). Conocían y dominaban el fuego, cocinaban sus alimentos, cazaban con enorme destreza, se vestían con pieles de animales, enterraban a sus muertos empleando ciertos rituales, etc…¿porqué negarles la posibilidad de realizar sencillas obras de arte?

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

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Antropología virtual

Nuestro equipo de investigación, liderado en esta ocasión por Laura Martín-Francés, acaba de publicar un nuevo trabajo en la revista PLoS ONE. Desde hace varios años venimos explorando la variabilidad de una serie de caracteres dentales, escondidos a la vista e inaccesibles al estudio directo. La llamada “antropología virtual” está utilizando una herramienta perfeccionada en la última década, que se emplea en muchas otras disciplinas científicas. Me refiero a la micro-tomografía computarizada, que permite realizar miles de cortes virtuales del ejemplar que deseemos estudiar. Una serie de programas informáticos muy complejo reconstruyen más tarde las imágenes tridimensionales de esos ejemplares.

Imagen virtual de la distribución del espesor del esmalte en el primer molar superior (M1) de Homo antecessor, Homo neanderthalensis y Homo sapiens. El color rojo indica un gran espesor, mientras que el color azul indica espesores mínimos. Fuente: Laura Martín-Francés/PLoS ONE.

En el caso de los dientes, la inspección visual posibilita el estudio de la morfología y tomar una serie de medidas estandarizadas de la corona y de la raíz. Esa metodología clásica, que quién escribe estas líneas ha practicado a lo largo de su carrera científica, se completa ahora con la tecnología digital. En la década de 1960, el investigador holandés C.A.W. Korenhof intentó averiguar si existía una correlación morfológica entre la superficie externa del esmalte y su correspondiente superficie interna en la dentina en una muestra de dientes actuales. Para ello, Korenhof tenía que romper la capa de esmalte y acceder así a la dentina; es decir, su método de trabajo era destructivo. Con la llegada de la micro-tomografía la visualización de la dentina, de la cavidad pulpar o de cualquier otro aspecto de los dientes solo requiere tiempo y destreza con los programas informáticos ad-hoc. Con tiempo y habilidad, puedes llegar a realizar un viaje virtual por el interior de los finos conductos que recorren las raíces de los dientes. Una verdadera maravilla de la tecnología.

 

El gran objetivo de la antropología dental virtual es explorar la posibilidad de que las regiones escondidas de los dientes nos den una señal taxonómica; es decir, queremos saber si el estudio de los tejidos dentales, sus dimensiones o su morfología pueden ayudarnos a distinguir las distintas especies/poblaciones de homininos. De ese modo, podríamos añadir información a la capacidad demostrada de la antropología dental clásica para diferenciar entre los diferentes grupos de homininos.

 

Laura Martín-Francés lleva algunos años aprendiendo técnicas muy complejas y acumulando información sobre los tejidos dentales de los dientes fósiles de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Su esfuerzo se suma al de otros investigadores, que poco a poco están creando una base de datos a nivel mundial. En el artículo de PLoS ONE se estudia la cantidad relativa de esmalte y dentina y el espesor del esmalte a diferentes niveles de los dientes de Homo antecessor. Estas variables no se miden en milímetros o centímetros cúbicos, como solíamos hacer no hace tanto tiempo. Ahora todo se mide en píxeles. El mundo está cambiando a pasos agigantados.

 

Dada la antigüedad de los restos del nivel TD6 del yacimiento de Gran Dolina (entre 800.000 y 900.000 años), la hipótesis de partida propone que las variables obtenidas en los tejidos dentales deberían seguir un patrón primitivo, similar al de los representantes más antiguos del género Homo. De hecho, cuando se estudia la morfología dental siguiendo métodos tradicionales encontramos que los dientes de Homo antecessor tienen muchos caracteres primitivos compartidos con especies como Homo habilis. Sin embargo, también hemos encontrado que otros caracteres ya habían cambiado (caracteres derivados). Esos caracteres se pueden observar en homininos mucho más modernos, como los neandertales, que los incorporaron y retuvieron en su morfología dental.

 

Este último resultado del trabajo liderado por Martín-Francés nos permite seguir proponiendo que Homo neanderthalensis tiene una cierta relación con Homo antecessor. En 1997 propusimos de manera tentativa que Homo antecessor podía ser la especie antecesora de los neandertales y de los humanos modernos. Esta hipótesis no puede abandonarse, como se ha sugerido de manera insistente por nuestros colegas, puesto que Homo antecessor sigue siendo por ahora la especie mejor posicionada. El trabajo liderado por Laura Martín-Francés no resuelve el problema, pero vuelve a mostrarnos que entre Homo antecessor y los neandertales existe un grado de parentesco cercano. Las evidencias científicas nos dicen, sin ningún género de dudas, que la especie Homo antecessor ya se había separado de esos homininos que todos conocemos como Homo erectus. La especie de Gran Dolina formó parte de un linaje muy concreto de homininos, del que a la postre surgimos nosotros. Utilizando un lenguaje sencillo y fácil de comprender, Homo antecessor pudo ser bien la especie madre de ese linaje, o una hermana de la madre; es decir, la tía abuela de los neandertales y de sus predecesores, quizá también de los denisovanos y de nosotros mismos. Hay que seguir investigando y, sobre todo, encontrar más y mejores fósiles.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

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De nuevo, estudiando el registro fósil de China

Fieles a nuestra cita anual, hemos realizado una breve estancia en China para estudiar y debatir con nuestros colegas de Pekín acerca de ciertos fósiles humanos de este país. Estos estudios son fuente de continuas sorpresas y un aprendizaje sobre la evolución humana de épocas remotas en lugares muy alejados de Europa. Lo que sucedió en nuestro continente o en África durante el Pleistoceno tiene poco que ver con lo que aconteció en las regiones del este de Eurasia (Far East). En esta ocasión hemos debatido sobre un yacimiento del centro de China (Tongzi), datado de finales del Pleistoceno Medio y una antigüedad de unos 200.000 años antes del presente.

En primer plano aparece el Dr. Xing Song, debatiendo con la Dra. María Martinón sobre los fósiles de Tongzi. Foto del autor

Tradicionalmente y desde la perspectiva occidental, se ha considerado que en el este de Eurasia vivió la especie Homo erectus hasta la llegada de nuestra especie. Aunque algunos especialistas han sido capaces de distinguir las poblaciones pleistocenas de Indonesia de las de China, siempre se ha considerado que esas diferencias son menores. Todos los fósiles del Pleistoceno Medio de China se han metido en el mismo cajón: Homo erectus. Así todo ha sido más sencillo. Pero también demasiado simple.

 

Cuando se estudian con detenimiento los fósiles más tardíos del Pleistoceno Medio de China (hace entre 250.000 y 100.000 años, aproximadamente) el escenario se complica. En los estudios clásicos del siglo XX, nuestros colegas de China interpretaron estas poblaciones como un paso intermedio entre Homo erectus y Homo sapiens; es decir, la especie Homo erectus habría evolucionado hacia Homo sapiens a través de poblaciones de morfología intermedia. Como es bien conocido, esta visión lineal del origen multiregional de nuestra especie dejó paso en la década de 1980 a la hipótesis del origen único y africano de Homo sapiens (teoría del Out of Africa o de la Eva Negra). Esta última hipótesis se ha mantenido, con la salvedad de que ahora sabemos que las poblaciones africanas de Homo sapiens hibridaron esporádicamente con las poblaciones autóctonas durante nuestra expansión por Eurasia y sus descendientes mestizos dejaron descendencia fértil. Las poblaciones actuales de Eurasia y las Américas llevamos en nuestro genoma un pequeño recuerdo de aquellas “aventuras amorosas” del Pleistoceno.

 

Volviendo a las poblaciones que vivieron en China a finales del Pleistoceno Medio entre la época de Homo erectus y la de Homo sapiens de China, y habiendo abandonado el modelo multiregional, tenemos que buscar hipótesis alternativas para interpretarlas. ¿Representan estas poblaciones una o más oleadas migratorias hacia el este de Eurasia, que llegaron a convivir o coexistir con Homo erectus?, ¿hibridaron con esta especie o la exterminaron? Son muchas las preguntas y pocas las respuestas, debido a que el registro fósil es muy limitado en esta época.

 

Un ejemplo de interés son los cráneos de Maba, Dali o Jinniushan, que en su día fueron tentativamente asignados a Homo heidelbergensis. Con independencia de este nombre, cuestionado por muchos/as, el caso es que en China existieron unos humanos muy parecidos a otros contemporáneos de África y Europa. Es una señal inequívoca de que a China llegaron poblaciones diferentes de Homo erectus y que precedieron a la llegada de Homo sapiens. Los denisovanos, un grupo hermano de los neandertales, son otro ejemplo. Dejaron su huella genética en China. Como dice siempre nuestro colega y buen amigo Robin Dennell, “es posible que los neandertales se bañaran en el Pacífico” ¿Por qué no?

 

En estos momentos tratamos de interpretar el registro fósil del yacimiento de Tongzi, cuyos restos se diferencian claramente de los de Homo erectus. No es poco llegar a esta conclusión. Pero su atribución a alguna otra especie no parece una tarea sencilla. Lo más interesante es saber que la evolución humana del Far East fue mucho más compleja de que se había interpretado hace tan solo un par de décadas.

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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