Archivo del Autor: José María Bermúdez de Castro

Los secretos de la cueva de Bruniquel y las capacidades cognitivas de los neandertales

El pasado 25 de mayo nos sorprendió el trabajo publicado en la revista Nature por Jaques Jaubert (CNRS-Universidad de Burdeos) y un numeroso grupo de colegas. Ya sabemos que esta revista científica publica únicamente investigaciones que sobrepasan las fronteras de la ciencia. Los pasos pueden darse en falso o significar un importante salto hacia delante. En el caso de la investigación de Jaubert y sus colegas las opiniones están divididas. Esto hace aún más interesante el caso que nos ocupa. Veamos.

Esquema de las hipotéticas construcciones en la cueva de Bruniquel (sur de Francia. En color naranja aparecen las zonas. El área de color rojo representa una concentración de restos carbón. Fuente: revista Nature.

Esquema de las hipotéticas construcciones en la cueva de Bruniquel (sur de Francia. En color naranja aparecen las zonas. El área de color rojo representa una concentración de restos carbón. Fuente: revista Nature.

Como no podía ser de otro modo, los medios de comunicación se hicieron eco de los hallazgos de Jaubert y sus colegas en la cueva de Bruniquel, situada en el sur de Francia, a menos de 100 kilómetros al norte de la ciudad de Touluse. La posibilidad de que los neandertales hubieran sido capaces de realizar una construcción dentro de la cueva mediante trozos de estalagmitas hace 170.000 años daba algo más que un giro de tuerca a las capacidades tecnológicas asumidas para estos humanos. Se conoce perfectamente su tecnología para fabricar herramientas de piedra, se sabe que trabajaron la madera, que enterraban a sus muertos o que conocían pigmentos, quizá para pintarse el cuerpo. Es posible que hace 400.000 años un grupo de humanos estrechamente emparentados con los neandertales clásicos pudieron arrojar cerca de una treintena de cadáveres y un bifaz de cuarcita perfectamente tallado en la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca. Así que la posibilidad de que los neandertales apilaran de manera ordenada más de dos toneladas de estalagmitas no ha sorprendido a quienes pensamos que estos humanos fueron capaces de mucho más de lo que podemos imaginar.

Algunos colegas no dan mucho crédito a este descubrimiento. La disposición circular de los más de 400 trozos de estalagmitas rotas pudo ser propiciada por agentes naturales ¿Tal vez realizada en tiempos más recientes por otros humanos? Según aseguran Jaubert y sus colegas, la cueva estuvo sellada durante miles de años, hasta que fue descubierta en 1990. Las primeras exploraciones tuvieron lugar en los años que siguieron. Muy pronto se localizaron las hipotéticas construcciones a más de 330 metros de la entrada. Si realmente se trata de estructuras intencionadas fue necesario disponer de iluminación para romper las estalagmitas y para ordenarlas según un patrón definido. La presencia de restos de fuego (ver figura) apoya la hipótesis del uso de las estructuras circulares por parte de seres humanos. En 1996 varios expertos publicaron una datación de 47.000 años para este hallazgo. Así que, según ese dato, las posibles construcciones pudieron ser realizadas por miembros de nuestra especie. Tal vez por los primeros “sapiens” en adentrarse en el occidente de Europa.

Sin embargo, las dataciones presentadas en la revista Nature por Jaubert y sus colegas son consistentes con una antigüedad de 170.000 años. Encima de las estalagmitas rotas crecieron cristales de calcita, que han podido datarse mediante el método de los isótopos del uranio. Todos los datos están en un rango temporal muy estrecho, lo que confiere una gran credibilidad a los resultados. Si se trata de verdaderas construcciones, por muy rudimentarias que nos parezcan, fueron realizadas por miembros de la población Neandertal. Podemos pensar que en el pasado hubo alguna otra entrada, cegada en la actualidad, por la que pudieron penetrar humanos de épocas más recientes. Pero las dataciones son una evidencia consistente de que las estructuras son muy antiguas. En ellas se utilizó el fuego de manera sistemática. Las evidencias de este hecho no se pueden discutir.

Esquema de la cueva de Bruniquel, que muestra la distancia de los hallazgos desde la entrada de la cueva. El esquema nos muestra la estrechez de la galería. Fuente: revista Nature.

Esquema de la cueva de Bruniquel, que muestra la distancia de los hallazgos desde la entrada de la cueva. El esquema nos muestra la estrechez de la galería. Fuente: revista Nature.

Llegados a este punto nos planteamos preguntas acerca de las habilidades cognitivas de los neandertales. La capacidad visoespacial reside sobre todo en el neocórtex parietal. Y para ser más precisos, en el lado derecho del cerebro. Expertos en el desarrollo cerebral de nuestros ancestros, como Emiliano Bruner, han destacado en sus investigaciones la distinción entre el cerebro de los neandertales y el de los humanos modernos. Una diferencia importante reside precisamente en el mayor desarrollo de la corteza parietal de Homo sapiens. Gracias a ello somos capaces de construir rascacielos o pilotar aviones que superan la velocidad del sonido, por citar dos hazañas de nuestra especie ¿Acaso los neandertales eran incapaces de imaginar objetos y estructuras en tres dimensiones? No, por supuesto. Sin esa posibilidad cognitiva hubieran sido incapaces de construir sus herramientas con tanta habilidad. La genealogía de los neandertales puede remontarse a más de 600.000 años. La longevidad de esta genealogía en el hemisferio norte es una evidencia de su enorme capacidad de resiliencia para sobrevivir en climas adversos. Quizá su gran cerebro no llegó a tener la complejidad del nuestro, pero no cabe duda de que podemos darles crédito suficiente como para tener una tecnología mucho más compleja de la que el registro arqueológico nos muestra en la actualidad. Hemos de ser conscientes de que solo se ha conservado una parte ínfima de ese registro. Así que ¿por qué sorprendernos cuando se encuentran evidencias como las de la cueva de Bruniquel? Pienso que ese hallazgo cabe dentro de lo posible. Aunque en Ciencia cualquier propuesta tiene que tomarse como una hipótesis susceptible de ser sometida a contrastación, no cabe duda de que los hallazgos en la cueva de Bruniquel inciden en la demostración de las habilidades de los neandertales para orientarse incluso dentro de una cavidad. Los lectores y lectoras que hayan tenido oportunidad de adentrarse en una cueva saben de las dificultades para orientarse, cuando la iluminación es solo parcial.

En conclusión, la suma de hallazgos como los realizados en la Sima de los Huesos de Atapuerca y las posibles construcciones en la cueva de Bruniquel nos dan una mejor idea sobre las habilidades cognitivas de los neandertales. La hipótesis de la gran complejidad mental de Homo neanderthalensis está cobrando poco a poco una gran robustez. De haber llegado hasta nuestros días es muy posible que los neandertales no hubieran llegado a enviar naves espaciales, preparando el futuro de nuestros viajes interplanetarios. Pero no me cabe duda de que habrían alcanzado altas cotas tecnológicas.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

América del sur: un modelo único para conocer la expansión de nuestra especie

El poblamiento de América fue un evento histórico muy particular, que permite comprender la expansión de los humanos durante el final del Pleistoceno y el Holoceno. La razón fundamental para considerarlo un modelo digno de estudio reside en que ese territorio nunca estuvo ocupado por otros homininos. Amy Goldberg, Alexis Mychajiv y Elizabeth Hadly (Universidad de California) han conseguido reunir una base de datos de 1.147 yacimientos arqueológicos de América del Sur, que cuentan con 5.464 fechas obtenidas mediante el método del C14. Estos yacimientos cubren un período entre 14.500 y 2.000 años de antigüedad. El objetivo de su trabajo se centró en conocer los cambios en la densidad de población en esta vasta región del planeta a lo largo de más de 12.000 años, mediante la aplicación de métodos paleodemográficos bien contrastados. Sus resultados se han publicado el 14 de abril en la revista Nature.

El yacimiento de Monte Verde (Chile) es el más antiguo de América de Sur, datado en 14.500 años.

El yacimiento de Monte Verde (Chile) es el más antiguo de América de Sur, datado en 14.500 años.

La importancia de América del Sur en el estudio de los movimientos de las poblaciones de Homo sapiens radica también en que el hecho de haber sido el último lugar del planeta colonizado por nuestra especie. Y este hecho sucedió a miles de kilómetros de distancia de otras poblaciones. Los primeros colonos americanos entraron por Beringia en una época todavía por determinar. Para algunos expertos, esa entrada se produjo hace unos 30.000 años. Para otros, la primera colonización sucedió hace unos 15.000 años. En cualquier caso, la colonización se produjo aprovechando un episodio climático en el que el tránsito por Beringia era posible gracias a la formación de un enorme puente de hielo entre Eurasia y América del Norte. Si la segunda fecha es la correcta, la colonización de todo el continente se produjo tan solo en unos 500 años. En efecto, las fechas de Monte Verde (Chile), el yacimiento más antiguo de América del sur, arrojan cifras de unos 14.500 años.

Durante la primera fase de la colonización de América del Sur los yacimientos se concentraron sobre todo en la costa del Pacífico, siguiendo la ruta natural de los primeros colonos desde América del Norte y América Central. Algunos grupos subieron más tarde desde la Patagonia y alcanzaron la costas del sur del actual estado de Brasil. Desde allí, se extendieron hacia el interior del continente. Sin embargo, las poblaciones de América del sur tardaron más de 6.000 años en ocupar toda la costa atlántica. De ese largo período faltan datos de yacimientos de la región del Amazonas. Quizá el clima tropical, con su enorme capacidad para reciclar la materia orgánica, eliminó todo posible rastro de vida humana. Solo así se puede explicar que solo se hayan localizado un puñado de yacimientos en el interior de América del Sur.

Guanacos de Patagonia. Las llamas domésticas son descendientes de esta especie de camélido. Fuente: www.conservacionybiodiversidad.cl

Guanacos de Patagonia. Las llamas domésticas son descendientes de esta especie de camélido. Fuente: www.conservacionybiodiversidad.cl

Durante los primeros 8.000 años de ocupación de América del Sur la densidad de población permaneció en valores muy bajos. Las estimaciones del número de individuos por cada yacimiento oscilan entre 15-20 hasta un máximo de 400 efectivos en casos excepcionales. El número total de individuos que pudo vivir en toda América del Sur hace unos 12.000 años pudo ser de unos 20.000 efectivos. A los autores del artículos de Nature, sin embargo, no se les escapa el hecho de que durante la primera fase de la colonización el nivel del mar estaba 100 metros más bajo que en la actualidad. Es posible, por tanto, que muchos yacimientos antiguos se encuentren en la actualidad bajo el mar y se hayan perdido para siempre. El número de individuos fue subiendo de manera progresiva, pero el salto demográfico no sucedió hasta la invención de la agricultura y la ganadería. Aún así, y según los investigadores citados anteriormente, hace unos 2.000 años la población total de América de Sur no superaba el millón de individuos.

Es interesante constatar que la innovación de la agricultura y la domesticación de animales (Neolítico) ocurrió en varios lugares del planeta como una pauta de convergencia cultural múltiple. En América del Sur esta innovación surgió por primera vez hace unos 9.000 años en regiones del noroeste, aunque parece ser que la domesticación de plantas y animales sucedió en momentos y lugares muy distantes de manera independiente. Este hecho demuestra la capacidad de nuestra especie para lograr cotas culturales similares cuando las condiciones son adecuadas.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Las armas invisibles y letales de los humanos modernos del Pleistoceno

Los habitantes de las regiones tropicales han logrado adaptar su sistema inmunitario para resistir la virulencia de ciertos patógenos, letales para nosotros. Ciertas enfermedades tropicales son muy graves para quienes habitamos las regiones templadas o frías. Somos plenamente conscientes del peligro que supone para la integridad de las poblaciones de países de regiones templadas el contagio de patógenos propios de ciertas regiones de África, América y Eurasia. Lo estamos viviendo en directo. Y lo contrario también sucede. Los humanos de latitudes elevadas somos transmisores de enfermedades, a las que resistimos de manera aceptable, pero son letales para los grupos humanos cuyo sistema inmunitario no está adaptado a los patógenos que conviven con nosotros. Cada población del planeta está preparada para resistir las enfermedades que son más comunes en el territorio que habita. Los expertos en paleopatología y paleogenética tratan ahora de averiguar la antigüedad de ciertas enfermedades en las especies de homininos del pasado y, en particular, aquellas que estaban presentes antes del Neolítico. Todo esto es posible gracias a la información genética que puede obtenerse de los restos óseos de diferentes períodos.

Enterramiento de un neandertal. Fuente: godsanddevils.blogspot.com

Enterramiento de un neandertal. Fuente: godsanddevils.blogspot.com

Algunos investigadores como Andrea Manica y sus colaboradores (Universidad de Cambridge) consideran que el porcentaje de 1-4% de genes presentes tanto en el genoma de las poblaciones de Eurasia y América como en los Neandertales pueden ser explicadas simplemente por el hecho de que compartimos un ancestro común (PNAS, agosto de 2012). Sin embargo, la mayoría de los genetistas abogan por una hibridación a pequeña escala, aunque suficiente como para ahora tengamos ese recuerdo genético de nuestros primos hermanos. El registro fósil sugiere que hace unos 100.000 años los humanos modernos procedentes de África comenzaron a tener contacto con los Neandertales. La posibilidad de contagio mutuo de enfermedades pudo ser una consecuencia lógica de ese contacto entre poblaciones adaptadas durante miles de años a climas y ambientes muy distintos.

Charlotte J, Houldcroft y Simon J. Underdown, también de la Universidad de Cambridge, se han preguntado por el tipo de enfermedades que pudimos contagiar a los Neandertales. Estos investigadores han llegado a la conclusión de que les transmitimos, entre otras, la tuberculosis, ciertos herpes o la bacteria Helycobacter pylori, causantes de úlceras estomacales. Los humanos modernos de entonces también se contagiaron de algunas enfermedades, como la diabetes de tipo 2, la propensión a determinados tipos de cáncer o la enfermedad de Chron. Aunque parece que nos quedamos con una parte del genoma de los Neandertales que contiene capacidad inmunitaria para algunas enfermedades, todavía estamos padeciendo la aventura de apropiarnos de todos los territorios del planeta. Otra cuestión es cual de las dos especies resultó más afectada o beneficiada por la posible hibridación.

Los investigadores británicos de la Universidad de Cambridge están convencidos de que los Neandertales sufrieron peor las consecuencias de este mestizaje. Para ellos, la mejor evidencia es que ellos ya no están y nosotros seguimos aquí. Así que podemos añadir una razón más a la larga lista de hipótesis que tratan de explicar la desaparición de los Neandertales. La idea no es nueva, pero ha cobrado actualidad gracias al estudio de ADN conservado en los fósiles.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest