Archivo por meses: Julio 2013

El efecto mariposa

Premios evolución

En la imagen, Trinidad de Torres posa junto a varios miembros del Grupo Espeleológico Edelweiis de Burgos, después de recibir los premios “Evolución”. En la fotografía también aparecen la Consejera de Cultura de la Junta de Castilla y León, Alicia García, y Emiliano Aguirre (de pie, primero de la derecha), primer director del proyecto Atapuerca entre los años 1978 y 1991.

Cada dos años, la Fundación Atapuerca entrega los premios “Evolución” a personas e instituciones, que hayan destacado en el ámbito de la evolución humana. Este año, la Fundación ha querido premiar a un científico y a una institución, que tuvieron un papel fundamental en el lanzamiento del proyecto Atapuerca, allá por los años setenta del siglo XX.

El investigador Trinidad de Torres recibió el pasado viernes su premio “Evolución a la Labor Científica” por el hallazgo de los primeros fósiles humanos en el yacimiento de la Sima de los Huesos y por toda una vida dedicada a la academia y a la ciencia. Las circunstancias que llevaron a Trinidad de Torres a Excavar en 1976 los yacimientos de la sierra de Atapuerca podrían ser tema de un libro de ensayo sobre la historia de la ciencia española. Tengo pues que contenerme y remitir al lector interesado a algunos textos, que refieren la historia de los descubrimientos en Atapuerca.

Trinidad de Torres es Ingeniero de Minas, pero terminó por dedicarse a la Paleontología y a la Geología. Debido a su formación académica y como no podía ser de otra manera, las cuevas tienen para él una atracción especial.Mama osa Los osos también son visitantes asiduos de las cuevas, donde hibernan durante una parte del año. Algunos no sobreviven a este proceso y mueren durante el invierno. A lo largo de miles y miles de años, las cuevas han sido lugar de sueño reparador, pero también de muerte y fosilización para las diferentes especies de oso que ha conocido el planeta. Trinidad de Torres se doctoró en Paleontología estudiando la evolución de estos animales, muchos de ellos hallados en los yacimientos de la sierra Atapuerca y en particular en la Sima de los Huesos. Aunque en próximas ocasiones escribiré sobre los restos humanos hallados hasta la fecha en este lugar, los primeros formaron parte de la colección recuperada por Trinidad de Torres en 1976 en este yacimiento, junto a varios miles de restos de oso de la especie Ursus deningeri.

La historia de este investigador en Atapuerca se escribe conjuntamente con la de varios miembros del Grupo Espeleológico Edelweiis de Burgos, entre los que se puede destacar, entre otros, a Carlos Puig, José Luís Uribarri (ya fallecido) o Teresiano Antón. Este Grupo tiene a sus espaldas más de 50 años de laboriosos trabajos de exploración, catalogación y estudio de algunas de la cavidades más impresionantes de España. El Grupo Edelweiis también recibió este pasado viernes el premio “Evolución a los Valores Humanos”, por su dedicación constante y desinteresada a una labor, que busca el riesgo y la aventura, pero también el avance del conocimiento.

El esfuerzo conjunto de Trinidad de Torres y de sus compañeros del Grupo Edelewiss dio como resultado un hallazgo de enorme importancia para el desarrollo del proyecto Atapuerca, que ya cuenta con más de 35 años de hallazgos e investigaciones espectaculares. En palabras del propio Trinidad de Torres, su gesta apenas duró unas semanas, pero su efecto ha tenido consecuencias entonces impredecibles. Como explica la teoría del caos y un conocido proverbio chino, aquel suceso fue como el del aleteo de una mariposa que se produce en una parte del mundo y su efecto se acaba notando en la parte opuesta del planeta.

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El crimen perfecto no existe

tv_bones01El caso Bretón ya tiene veredicto. Como expliqué en un post anterior, el asunto llamó a mi puerta por pura casualidad. O quizá no fue así. Seguramente alguien pensó que mis conocimientos podían ser de utilidad y aportar algo de luz al caso.
Y esta es precisamente la mejor lección que podemos obtener de un suceso tan triste. Todos conocemos series televisivas de gran audiencia, donde los protagonistas resuelven casos muy complejos gracias a sus fabulosos conocimientos y a tecnologías que casi rayan en la ciencia ficción. Lo cierto es que esas tecnologías son reales, aunque no todo es tan sencillo como nos aparece en la pantalla. Los casos siempre se resuelven y en el tiempo record de los 45 minutos que dura la entrega correspondiente. Debemos convenir en que estas series son muy entretenidas, tienen su pequeña dosis de morbo, los protagonistas resultan atractivos y extremadamente eficaces en su trabajo. La pregunta del millón es si en España podemos hacer cosas similares, aunque el tiempo empleado en resolver un caso lleve mucho más tiempo.

Nadie puede poner en duda la eficacia y profesionalidad de los cuerpos de seguridad del estado, como han demostrado en infinidad de ocasiones. Disponen de medios más que notables para llevar a cabo su cometido y resuelven un alto porcentaje de delitos de toda índole. Pero siempre quedan casos sin resolver. Durante su comparecencia en el caso, el señor Serafín Castro (que llevó las investigaciones del caso Bretón hasta su jubilación) afirmó que “no hay crimen perfecto, sino investigación imperfecta”. Estas palabras puede interpretarse de dos maneras bien distintas. Es evidente que el señor Serafín Castro se refería a un clamoroso fallo humano en el caso de los niños de Córdoba, pero se podría hacer una lectura diferente y más constructiva.

El Jefe de la Policía Serafín Castro

El Jefe de la Policía Serafín Castro

La policía científica dispone de unas instalaciones magníficas y de excelentes profesionales, especialistas en sus respectivos ámbitos. Pero como es imposible mantener a un plantilla que lo sepa todo sobre todo, la policía científica tiene que recurrir de vez en cuando a determinados científicos, especializados en temas muy puntuales. La ciencia, por tanto, puede jugar un papel determinante para solucionar ciertos casos en tiempo record. El caso que nos ocupa es un ejemplo muy claro, que podría haberse resuelto en cuestión de semanas.
Todo ello nos lleva a dos reflexiones cruciales. En primer lugar, la ciencia no es un capricho ni un capítulo del PIB que se pueda recortar sin más. Todos los ámbitos científicos, sin excepción, pueden tener una aplicación a corto, medio o largo plazo. Un país que no investiga está abocado al fracaso más estrepitoso. En segundo lugar, tiene que existir un conocimiento centralizado y una perfecta coordinación de todos y cada uno de los ámbitos científicos, cuya aplicación pueda ayudar a resolver casos policiales complejos. Esto último parece sencillo de enunciar, pero muy difícil de llevar a cabo. Por ejemplo, el estudio de la evolución humana se ha preocupado por determinar la edad de muerte de los individuos de las diferentes especies de nuestra geneaología. Las técnicas basadas en los estudios radiográficos casi se abandonaron en los inicios de los años ochenta del siglo XX, pero se siguen empleando en estudios forenses.

La necesidad de obtener datos muy precisos para entender la biología de las especies ancestrales ha llevado a los especialistas a investigar nuevos métodos, que permiten la determinación de la edad de muerte con una extrema fiabilidad y con un error de muy pocos días. Es normal que la policía científica desconozca la existencia de estos y otros métodos tan específicos, a menos que alguien se ocupe de ello. En consecuencia los científicos no podemos permanecer encerrados en nuestras torres de marfil, ensimismados en nuestros descubrimientos. Debemos de salir a la calle para explicar lo que hacemos y porque lo hacemos. Solo así convenceremos a los políticos de la enorme utilidad de la Ciencia (con mayúsculas) en el progreso y modernidad de un país.
Si fuéramos capaces de resolver estas cuestiones, la enorme mayoría de los casos policiales complejos se resolverían con mucha más rapidez, casi como en las series televisivas.

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Viejos recuerdos

Reflex-17

El investigador holandés Mark Sier (geocronólogo) junto a la secuencia estratigráfica del nivel TD4

Una parte del territorio donde se localizan los yacimientos de la sierra de Atapuerca pertenece al Ejercito de Tierra. Este territorio tan solo tiene valor cinegético y ahora también arqueológico. Podemos considerar que este hecho ha sido providencial para la conservación de los yacimientos en los últimos años. La reciente especulación urbanística posiblemente hubiera terminado por ocupar una zona privilegiada desde todos los puntos de vista, incluyendo su proximidad a la ciudad de Burgos. Sus valores históricos y culturales se habrían perdido para siempre.
A comienzos de la década de los años 90 del siglo XX, sin embargo, los yacimientos de Atapuerca eran poco conocidos. La antigua trinchera del ferrocarril, donde se encuentran tres yacimientos muy importantes, se utilizaba con cierta frecuencia como lugar de pruebas para realizar explosiones controladas. Una de estas explosiones, si bien causó ciertos daños en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, fue providencial para el hallazgo de uno de los niveles más antiguos de Atapuerca. La base de ese nivel (TD4) está datada en casi un millón de años antes del presente. Aquella explosión forzó una excavación de urgencia, en la que se hallaron herramientas de cuarcita de casi un millón de años de antigüedad junto a docenas de restos fósiles de rinocerontes, hipopótamos, ciervos y otros animales de la fauna de entonces.
Curiosamente, aquel hallazgo dio origen al objetivo de demostrar que la presencia humana en Europa era mucho más antigua del medio millón de años defendido hasta entonces. El objetivo se consiguió cuatro años más tarde con el hallazgo de los restos de la especie Homo antecesor en TD6.
En la campaña de 2013 excavaremos de nuevo el nivel TD4. Casi un cuarto de siglo más tarde volveremos a encontrarnos con los viejos recuerdos de un hallazgo inesperado.

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