Archivo por meses: Julio 2014

Las cuevas de Atapuerca y nuestra genealogía reciente

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Aspecto de la excavaciones en el Portalón de la Cueva Mayor durante la campaña de 2014.

Los yacimientos de la sierra de Atapuerca son conocidos por los hallazgos de fósiles humanos y utensilios de piedra del Pleistoceno. El rango cronológico de estos hallazgos comprende un largo período de tiempo entre hace 1,3 millones de años y 50.000 años, aproximadamente. Sin embargo, la riqueza arqueológica de perídodos recientes también es extraordinaria. Mi predicción es que dentro de algunos años se creará un grupo muy numeroso de especialistas asociados al programa de investigación en Atapuerca, capaces de investigar cuestiones relativas a los últimos 10.000 años de nuestra historia.

Dos yacimientos, la cueva del Mirador y El Portalón de la cueva Mayor, representan la punta del iceberg de lo que ha de llegar. Este último sitio fue excavado por el arqueólogo vasco José María Apellániz durante los años setenta del siglo pasado. Sus trabajos sacaron a la luz datos que cubren la historia más reciente de nuestra especie, desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media. Los hallazgos de Apellániz quedaron eclipsados durante algún tiempo por el esplendor de los descubrimientos en la Sima de los Huesos y en los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril. Sin embargo, hace algunos años nos planteamos la posibilidad de continuar con la labor de Apellániz, ya retirado de sus tareas investigadoras. Después de invitarle a conocer los trabajos que desarrollamos en la sierra Atapuerca, le transmitimos nuestro deseo de excavar en el Portalón de la cueva Mayor. Esta cortesía suele ser habitual entre colegas.

El yacimiento de El Portalón de Cueva Mayor fue lugar de enterramiento, pero solo en ocasiones esporádicas. En este lugar, lo más significativo reside en el simbolismo asociado a las inhumaciones. No obstante, la entrada a la Cueva Mayor fue utilizado como lugar de residencia de gentes de diferentes épocas históricas: medievo, imperio romano, Edad del Hierro y Edad del Cobre. Las excavaciones profundizarán hasta épocas anteriores y cubrirán al menos todo el Holoceno (11.800 años antes del presente), a juzgar por el espesor de los sedimentos (unos 30 metros) acumulados en este lugar.

Durante la últimas campañas, los hallazgos arqueológicos en El Portalón han sido espectaculares. Sin duda merecen ser expuestos, una vez terminado su estudio por los especialistas. Durante la campaña de 2014 destaca el hallazgo de un dado fabricado en hueso de época romana, que nos ofrece el aspecto lúdico de los habitantes de la cueva durante la dominación del imperio de Roma. Pero este es solo un ejemplo de la diversidad de objetos hallados en El Portalón usados por sus moradores durante varios milenios.

Por su parte, la cueva del Mirador ha proporcionado datos muy interesantes sobre la vida en la sierra de Atapuerca de los primeros agricultores y ganaderos, con fechas de carbono-14 en torno a los 3.000 a 4.000 años de antigüdad. Los enterramientos en este lugar fueron muy numerosos, aunque representan solo un mínima parte de lo que se espera encontrar en otros lugares de la sierra. Desde el punto de vista de la antropología la mayor novedad reside en la obtención sistemática de ADN de varias docenas de cadáveres recuperados hasta el momento. Los primeros resultados ya han sido procesados y prometen conclusiones de enorme interés sobre el poblamiento de la península Ibérica en esta época. Tendremos ocasión de hablar de esos resultados en los próximos meses.

El programa de investigación en la sierra de Atapuerca tiene que ampliarse para cubrir el período del Holoceno. Las cavidades con sedimentos de esta época aún inexploradas y los centenares de enterramientos que aún quedan por exhumar merecen un esfuerzo adicional para documentar la dinámica del poblamiento de la Meseta Norte de la península Ibérica durante los últimos milenios. Se trata de las últimas 100 generaciones, en las que está representado el árbol genealógico de la mayoría de nosotros.

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Las claves del magnetismo de la Tierra

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Mark Sier (izquierda de la imagen) y Josep María Parés toman muestras para análisis de paleomagnetismo en niveles del yacimiento de la Gran Dolina

Un adecuado marco cronológico es fundamental en el estudio de cualquier yacimiento. No basta con encontrar buenos fósiles, sino enmarcarlos con la mayor precisión en el tiempo geológico. Muchos de los hallazgos realizados en Europa durante el siglo XX carecen de una buena cronología. Entre estos hallazgos figuran nada menos que la mandíbula encontrada en las arenas del río Neckar, cerca de la ciudad alemana de Heidelberg, que da nombre a la especie Homo heidelbergensis. Aunque la antigüedad de esta mandíbula podría estar en torno a los 600.000 años, nadie puede asegurar el lugar preciso donde fue hallada en 1907 por Otto Shoetensack. Lo mismo podemos decir del cráneo de Petralona, recuperado por espeleólogos griegos en 1960 en una cueva del monte Katsika. La cronología de este fósil se ha estimado entre 700.000 y 250.000 años, un rango inadmisible para situar este importante fósil en el cuadro de la evolución humana de Europa. Y así podríamos continuar con muchos yacimientos europeos excavados antes de los años 1970.

Es por ello que el trabajo de los geocronólogos es fundamental en cualquier yacimiento. Los métodos mejoran cada vez más y los rangos de error van disminuyendo. Aún así, es muy conveniente combinar diferentes métodos y cruzar resultados. El estudio de las propiedades magnéticas de los sedimentos es un método que no puede faltar en ningún yacimiento de cierta antigüedad. La Tierra se comporta como un imán de dimensiones colosales, que influye en la orientación de los minerales ferruginosos que se acumulan en depósitos sedimentarios, como las dorsales oceánicas, los fondos marinos o las propias cuevas. No se conoce con exactitud el origen del cambio en la orientación de los polos magnéticos del planeta, pero se sospecha que estos cambios obedecen a los movimientos del núcleo de hierro y níquel de la Tierra. La inversión paleomagnética del planeta ocurrida hace 780.000 años (Matuyama/Brunhes) está muy bien contrastada y datada en sondeos marinos y terrestres. Su posible presencia en un yacimiento nos ofrece una referencia temporal muy importante. La presencia de esta inversión paleomagnética es esencial para garantizar la antigüedad de los yacimientos del Pleistoceno inferior.

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Cambios de polaridad magnética de la Tierra detectados y bien datados en las dorsales oceánicas en los últimos cinco millones de años. Su localización en yacimientos arqueológicos de cierta antigüedad es una garantía para enmarcar temporalmente los hallazgos.

En Atapuerca se ha localizado la inversión Matuyama/Brunhes en tres yacimientos: Gran Dolina, Galería y Sima del Elefante. Los sedimentos con minerales de hierros depositados con anterioridad a los 780.000 años se orientan siguiendo las propiedades magnéticas actuales de la Tierra. Lo contrario sucede con sedimentos más antiguos, puesto que los polos magnéticos del planeta estaban invertidos antes de esa fecha. Sin embargo, hace entre 990.000 y 1.070.000 años, la Tierra cambió su polaridad magnética a condiciones similares a las actuales (período Jaramillo). No es sencillo encontrar sedimentos depositados en época Jaramillo, porque el rango de tiempo de 80.000 años es difícil de encontrar.

En Atapuerca se persigue este objetivo, que ya parece estar al alcance de la mano. Además, los trabajos realizados durante la campaña de excavación de 2014 quizá nos haya acercado hasta el evento Olduvai, un evento ocurrido hace 1,8 millones de años. De ser así, es posible que en alguna cueva todavía no explorada de la sierra de Atapuerca puedan encontrarse indicios tan antiguos como los de Dmanisi, en la República de Georgia. Los geocronólogos Josep María Parés (actual responsable de las investigaciones geológicas de Atapuerca) y Mark Sier trabajan de manera incansable para conseguir localizar estos eventos en un profundo sondeo de 10 metros realizado durante estos días al pie del yacimiento de la Gran Dolina.

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El puzzle de Atapuerca

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Vista parcial del nivel TD10.3 de Gran Dolina

Después de 35 años de excavaciones en Atapuerca, muchas de las piezas que componen el puzzle representado por el complejo de yacimientos de este lugar de Burgos comienzan a ponerse en su lugar. La datación de todos los yacimientos mediante métodos cada vez más precisos está siendo un elemento clave en el proceso. Si hace unos años caminábamos a ciegas y casi por la experiencia y la intuición de muchos años de oficio, ahora esas piezas se van ubicando en el rompecabezas con gran rapidez.

Según todos los indicios, la sierra de Atapuerca tuvo momentos de esplendor, con una intensa ocupación del territorio por parte de diversos grupos humanos. Estos momentos se prolongaron durante milenios y dejaron su huella tanto en las cavidades de la sierra como en centenares de yacimientos al aire libre. Otros momentos, quizá coincidiendo con los momentos más fríos de las glaciaciones del hemisferio norte, no fueron tan favorables para la vida de los humanos. Su ausencia de la sierra parece un hecho casi probado. Muchas especies de mamíferos resistieron las condiciones climáticas, pero los humanos debieron emigrar hacia zonas más bajas y cálidas de la península Ibérica.

Las recientes dataciones del yacimiento la Sima de los Huesos (aproximadamente 430.000 años), donde se han localizado varios miles de restos humanos, coinciden con un momento de esplendor de la sierra de Atapuerca. Ese momento está muy bien representado en otros yacimientos. Por ejemplo, el nivel TD10 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina tiene un gran espesor y tres momentos de ocupación humana, con instalación de campamentos de larga duración. El más antiguo (TD10.3) se excava en estos momentos y su datación, en torno a los 400.000-450.000 años, coincide con los resultados cronológicos obtenidos en el nivel de fósiles humanos de la Sima de los Huesos.

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Vista general del yacimiento de Galería, situado a 100 metros de distancia del yacimiento de la Gran Dolina.

TD10.3 representa, además, un momento muy interesante para la evolución humana en Europa. Las herramientas que se encuentran en este lugar pueden catalogarse como pertenecientes al achelense (Modo 2), pero con elementos de transición hacia una tecnología más compleja (Modo 3).

La campaña de 2014 está destapando este nuevo campamento y los primeros hallazgos resultan espectaculares. Un yacimiento cercano (Galería), conectado a través de conductos cársticos a la cueva de Gran Dolina, proporcionaba la carne de animales despeñados en su interior a través de trampas naturales. Es posible que los propios humanos condujeran a los animales hacia la trampa mediante estrategias de acoso organizado.

La datación de varios niveles de Galería coinciden con los de TD10.3. Además, todo parece indicar que los habitantes de este  campamento pudieron ser también los responsables de arrojar los cadáveres de sus finados en la Sima de los Huesos, por razones que difícilmente podremos llegar a conocer. La suma de evidencias de al menos tres yacimientos distintos nos está permitiendo saber sobre la vida y la muerte de nuestros ancestros del Pleistoceno Medio como nunca antes se había llegado a conocer.

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