Archivo por meses: Julio 2015

Atapuerca: final de campaña 2015

Acaba de finalizar la trigésimo séptima campaña de campo en los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Después de tres años complicados por la crisis económica, 2015 ha vuelto a recuperar el pulso normal del trabajo de campo. La campaña de este año ha durado 40 días y ya se acerca a las seis semanas de épocas mejores. El trabajo de campo de 2015 no ha deparado descubrimientos extraordinarios, pero si ha dejado el buen sabor de boca que supone regresar a la normalidad. La intensidad del trabajo y la ilusión han llegado de nuevo al equipo de excavación. Esa es la mejor noticia.

atapuerca-fin

Algunos de los hallazgos realizados en los diferentes yacimientos de la sierra de Atapuerca durante la campaña de 2015.

Por descontado, cada yacimiento ha seguido ofreciendo hallazgos de enorme interés para conocer mejor el medio en el que vivieron nuestros ancestros y se ha progresado de manera especialmente notable en la localización de las cavidades próximas a los yacimientos clásicos. Las técnicas mejoradas de georradar y tomografía por resistividad eléctrica, junto a dos sondeos mecánicos permiten albergar fundadas esperanzas de localizar nuevos yacimientos. Es el futuro, que ya está llegando.

En posts anteriores he señalado diferentes aspectos de algunos de los rellenos fosilíferos en explotación. Sin embargo, nada he contado sobre el ya mítico yacimiento de la Sima de los Huesos. Durante la campaña de 2015 se ha vuelto a impulsar el deseo de localizar una antigua entrada a la Cueva Mayor, por la que los humanos de hace 430.000 años llegaron hasta la boca de la Sima de los Huesos. El recorrido actual hasta este yacimiento tiene una longitud de casi un kilómetro de galerías, algunas muy angostas. Aunque las excavaciones en la sierra de Atapuerca pueden darnos todavía alguna sorpresa, por el momento no se ha encontrado ni una sola evidencia del uso del fuego en los campamentos del Pleistoceno Medio. Los humanos de hace 430.000 años no pudieron acceder a la boca de la Sima de los Huesos utilizando el mismo camino que recorremos nosotros, simplemente porque es necesario hacerlo con iluminación.

A comienzos de los años 1980, el profesor Emiliano Aguirre intentó localizar una vieja entrada, retirando los sedimentos que cubren el techo de la cueva. Su plan era muy lógico, pero prácticamente imposible de llevar a cabo. El objetivo de eliminar miles de toneladas de sedimentos depositados en aquella zona de la ladera oeste de la sierra de Atapuerca durante casi medio millón de años era una verdadera utopía. Bajo su dirección se llevó a cabo una enorme excavación de unos 100 metros cuadrados y solo se consiguió vaciar un espacio conocido como “la piscina”. La profundidad de esta excavación (unos tres metros) no llegó siquiera a contactar con el techo de la cueva. Por fortuna, el futuro ha llegado y las nuevas técnicas permitirán localizar con poco esfuerzo y gran precisión viejas cavidades rellenas, que cegaron la entrada original. Con paciencia se podrá tener una visión en tres dimensiones de la superficie situada en la vertical de la Sima de los Huesos. Si es así, se podrán realizar perforaciones mecánicas y tal vez una excavación de dimensiones razonables en el lugar adecuado.

En 2015 una de las zonas del yacimiento de la Sima de los Huesos, donde durante años se han localizado centenares de fósiles humanos, ha tocado a su fin. El regalo final de este lugar ha sido parte del hueso frontal de un nuevo cráneo. Quedan otras zonas de excavación, que a buen seguro seguirán incrementando la colección de fósiles de homínidos de la Sima de los Huesos. No obstante, los datos recopilados hasta el momento sugieren la pérdida parcial de varios esqueletos humanos durante la excavaciones incontroladas previas al primer hallazgo de carácter científico realizado por el paleontólogo Trinidad de Torres en 1976. Durante más de setenta años una parte del yacimiento fue literalmente destruido por personas que desconocían el enorme valor científico de la Sima de los Huesos. Aquellas personas solo buscaban un trofeo para demostrar su valentía al acceder hasta el fondo de la cavidad, sin más ayuda que una cuerda atada a la cintura.

Puesto que siempre es mejor ver el vaso medio lleno, cabe felicitarse por haber salvado para la ciencia la mejor colección del mundo de fósiles humanos del Pleistoceno Medio de Eurasia. Esta colección merece un nombre propio. Su inclusión en la especie Homo heidelbergensis en los años 1990 fue una solución de compromiso, que ya ha sido desestimada. Si los genetistas son capaces de recomponer una parte importante del ADN nuclear de los fósiles de la Sima de los Huesos–como ya se ha conseguido con el ADN mitocondrial- habrá una base muy sólida para conocer el origen de esta población y su relación con otros homínidos europeos contemporáneos. En mi opinión, el hecho de que una muestra de cerca de 7.000 fósiles tenga que referenciarse a especímenes aislados encontrados durante el siglo XX, casi siempre carentes de una cronología segura (Mauer, Swanscombe, Steinheim, Ceprano, etc.), tiene poco sentido. Esos 7.000 fósiles de la Sima de los Huesos tendrían que ser la referencia necesaria para los demás. La mentalidad de los científicos que estudian la evolución humana de nuestro continente tendrá que cambiar, si queremos resolver una puzzle cada vez más complicado. Las esquinas y los bordes de ese puzzle se encuentran en el registro de la Sima de los Huesos.

Los miembros del equipo de excavación Atapuerca ya están de vacaciones o preparando el trabajo de campo en otros lugares. Todos esperamos con ilusión la campaña del próximo año en la sierra de Atapuerca, en la que quizá podamos contar algún hallazgo fuera de lo común.

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Atapuerca-Beijing “connection”

Como expliqué en varios posts publicados hace unos meses, nuestro grupo de investigación está llevando a cabo estudios con un equipo de la Academia de Ciencias de Pekín. Nosotros hemos viajado varias veces a la capital de China y hemos visitado varios yacimientos del país. El resultado de la cooperación no ha podido ser mejor. Pero quedaba un tema pendiente: la visita de nuestros colegas a los yacimientos de Atapuerca. Y este asunto ha quedado resuelto por fin en la campaña de 2015.

María Martinón y el autor de estas líneas con nuestros colegas de China (de izquierda a derecha) Yameng Zhang, Wu Xijue y Liu Wu, en el nivel TD4 de Gran Dolina.

María Martinón y el autor de estas líneas con nuestros colegas de China (de izquierda a derecha) Yameng Zhang, Wu Xijue y Liu Wu, en el nivel TD4 de Gran Dolina.

China tiene un potencial impresionante para el estudio de la evolución humana. Los yacimientos de todas las épocas se cuentan por centenares. Sin embargo, la capacidad logística y de recursos humanos destinados a las excavaciones no está todavía a la altura de ese potencial. Los jóvenes investigadores tienen muchas oportunidades, gracias al crecimiento económico de China. Su formación se realiza en diferentes países (entre ellos España) y muy pronto veremos los resultados. Los que hemos tenido oportunidad de conocer el registro fósil de los homínidos y varios yacimientos sabemos que la visión homogénea de las poblaciones del Pleistoceno de China se modificará de manera radical. Tan solo es necesario que cambie la mentalidad con la que se ha leído ese registro. Las nuevas hipótesis sobre la evolución humana están penetrando poco a poco en una sociedad, que estuvo cerrada durante muchos años y anclada en viejas teorías.

Los investigadores más jóvenes regresan a su país con otra forma de pensar, de percibir la realidad y con ganas de cambiar las cosas. Durante años, los homínidos del Pleistoceno de China se han estudiado bajo la perspectiva de un poblamiento muy temprano (quizá hace dos millones de años) y una evolución in-situ de la especie Homo erectus, que poco a poco dio lugar a nuestra especie en aquellas tierras. Sin embargo, la diversidad que podemos observar en el registro humano es considerable y muy interesante. Ya no es posible certificar una evolución continuada de una misma especie, porque algunos fósiles de aspecto muy arcaico son más recientes que otros de aspecto más progresivo. El registro de los homínidos tiene que estudiarse añadiendo un contexto biogeográfico y bioclimático, en el que no pueden descartarse varias ocupaciones de China en diferentes momentos del Pleistoceno, así como la existencia de grupos aislados durante milenios.

Solo cabe recordar a los llamados “denisovanos”, encontrados a una distancia relativamente corta de la frontera con China. El diente encontrado en el yacimiento de la cueva de Denisova tiene un aspecto muy primitivo, mientras que su cronología es relativamente reciente. No cabe duda de que esta cueva se encontraba en un valle perdido de Siberia. Lo mismo pudo suceder con otros fósiles chinos, como los de los yacimientos de Hexian y de Yiyuan no lejos de Pekín, que en apariencia parecen más primitivos que los de Zhoukoudian. Los humanos de este yacimiento se han considerado como característicos de la especie Homo erectus. Sin embargo, el aspecto de estos fósiles es notablemente más moderno que los Homo erectus de la isla de Java: ¿diversidad dentro de la misma especie: subespecies?, ¿especies diferentes?, ¿colonizaciones de Asia en momentos distintos? Todas estas preguntas tienen que responderse con hipótesis, que contengan mucho más que estudios de la morfología de los propios fósiles. El día 24 de julio tuvimos ocasión de hablar de todo ello en un encuentro científico con nuestros colegas de China, después de visitar con toda tranquilidad las excavaciones de la sierra de Atapuerca y el Museo de la Evolución Humana de Burgos.

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Gran Dolina-TD10: campamentos y cubiles

Entre 1993 y 1999 los componentes del Equipo Investigador de Atapuerca realizamos un sondeo arqueológico de 6 metros cuadrados en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina (TD: Trinchera Dolina). Los objetivos eran diversos, aunque el más importante era demostrar la presencia humana en Europa antes del medio millón de años. Este objetivo se cumplió con creces gracias a el hallazgo de fósiles humanos en el nivel TD6 (850.000 años).

Excavación en TD10 durante 2015.

Excavación en TD10 durante 2015.

Sin embargo, teníamos otros objetivos no menos interesantes. Cuando se excava un yacimiento nunca sabes lo que puedes encontrar. Los resultados pueden ser pobres o extraordinarios. Pero al menos debemos conocer el potencial de la excavación, donde se tiene que invertir tiempo y dinero. El sondeo en Gran Dolina contaba con la ventaja de que la trinchera realizada a finales del siglo XIX para el paso del ferrocarril minero había dejado al descubierto buena parte de la secuencia del yacimiento. Desde el andamio que se montaba cada año para alcanzar los niveles más altos de la secuencia estratigráfica se veían algunos fósiles, que la erosión dejaba al descubierto. Las duras condiciones climáticas de Burgos amenazaban con destruir todos los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril. La excavación del yacimiento de la Gran Dolina parecía una apuesta segura. El sondeo realizado en la década de 1990 serviría para saber que niveles tenían un mayor potencial. Si la riqueza del yacimiento era apropiada podríamos pedir a las autoridades que protegieran aquel lugar de la intemperie.

Para llevar a cabo el sondeo arqueológico se eligió un equipo de siete arqueólogos y paleontólogos con experiencia y pericia. Entre ellos estaba Aurora Martín, que en 1994 encontró los primeros dientes de Homo antecessor. Pero antes de ese acontecimiento, el equipo tuvo que excavar los niveles TD10, TD9, TD8 y TD7 El nivel TD11, en la parte más alta de la secuencia, es prácticamente estéril. Cuando la cueva se estaba colmatando con los sedimentos del nivel TD11 los humanos ya no podían entrar en la cueva, que se transformó en un cubil para predadores de tamaño mediano y pequeño. Su excavación, realizada entre 1991 y 1993, fue relativamente rápida.

Los sedimentos del nivel TD10 se fueron depositando lentamente a lo largo de 200.000 años, un período en el que la cueva de la Gran Dolina estuvo habitada por humanos durante largos períodos de tiempo. Durante el sondeo se detectaron tres fases de posible ocupación. Las dos más recientes han proporcionado miles de fósiles y artefactos en las excavaciones de los últimos 20 años. En 2015 estamos entrando en la tercera ocupación, cuya cronología coincide con la última obtenida en la Sima de los Huesos (430.000 años). Se trata de la primera ocupación de secuencia de TD10 y, por tanto, la más antigua. Los restos fósiles y las herramientas de esta posible ocupación quedaron sepultados por una caída masiva de rocas del techo de la cueva. Durante la segunda quincena de junio y los primeros días de julio de esta campaña se ha realizado un esfuerzo titánico para eliminar esas rocas. Los fósiles y las herramientas comienzan a ver la luz. Aunque el estudio minucioso de esta ocupación aún tardará en llegar, ya se formulan las primeras hipótesis sobre el terreno en los corrillos que se forman tras cada nuevo hallazgo. Es evidente que los humanos ocuparon la cavidad hace unos 400.000 años. Así lo atestiguan las herramientas encontradas hasta el momento. Pero también están apareciendo restos fósiles de algunos carnívoros y de herbívoros mucho más enteros de lo que cabría esperar del proceso de carnicería habitual de los humanos de entonces.

En efecto, nuestros antepasados del Pleistoceno Medio aprovechaban todo lo que podían de sus presas, de modo que resulta muy difícil identificar las especies capturadas. Los huesos suelen aparecer rotos en mil pedazos, por que incluso resulta complicado saber si el fragmento de hueso era de un fémur o de una tibia, por ejemplo. Si algunos huesos del último nivel arqueológico de TD10 están más completos y se detecta un cierta cantidad de restos de carnívoros, es posible que la cavidad fuera utilizada de manera alternativa por grupos humanos (campamentos) y por carnívoros (cubiles). Habrá que esperar hasta que el nivel TD10 esté finalizado. Las previsiones apuntan a que esto sucederá en 2016.

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