Archivo por meses: Septiembre 2015

¿Desde cuándo contaminamos?

Hace algunos años dos colegas nuestros de la Universidad de Sevilla, Guadalupe Monge y Francisco Jiménez-Espejo (actualmente investigando en Japón) nos propusieron tomar muestras de algún yacimiento de la sierra de Atapuerca. Elegimos la cueva de la Gran Dolina. El objetivo final era detectar elementos químicos poco frecuentes en los sedimentos (elementos traza), que pudieran tener relación con las actividades humanas y obtener concusiones de su presencia o ausencia. Nuestros colegas se llevaron muestras de varios niveles, que se formaron cuando la sierra estaba ocupada por seres humanos : Homo antecessor y los ancestros de los neandertales. La idea de estos científicos no figuraba en nuestros objetivos y su participación nos pareció muy interesante. Sus investigaciones estaban prácticamente comenzando y siempre hemos considerado que los yacimientos de Atapuerca pueden ser una referencia para el ensayo de cualquier innovación en el ámbito de la evolución humana.

Cuevas de El Pirulejo, en Priego de Córdoba.

Cuevas de El Pirulejo, en Priego de Córdoba.

Estos investigadores y otros que se sumaron al equipo, todos ellos y ellas geólogos bioquímicos de profesión, fueron tomando muestras de otros yacimientos de la península Ibérica (cuevas de Gorham y Vanguard, Gibraltar y El Pirulejo, Córdoba). Las técnicas utilizadas son las mismas que se usan en la actualidad para detectar elementos traza en el agua o en el aire para conocer el grado de contaminación en las ciudades. Los resultados acaban de publicarse en la revista “Scientific Reports”, que pertenece al mismo grupo editorial que la revista “Nature”.

Las poblaciones actuales contaminamos diariamente el planeta con millones de toneladas de basura, que contienen azufre, litio, plomo, zinc, etc., etc. Nuestra actividad es tan influyente que muchos hablan ya del Antropoceno como un período geológico nuevo. En realidad y desde un punto de vista formal, el tiempo que vivimos desde hace unos 11.800 años ha sido bautizado como el Holoceno, un período definido por el final de la última glaciación y en el que los humanos comenzamos a practicar poco a poco la agricultura y la ganadería.

Contaminación en una localidad de China.

Contaminación en una localidad de China.

Pero en ese tiempo también empezamos a contaminar el planeta. La influencia de Homo sapiens en el medio ambiente ha ido creciendo de manera exponencial, pero ¿desde cuando? Los colegas geólogos y bioquímicos encontraron notables cantidades de cobre y zinc en los niveles del yacimiento de Gran Dolina, pero su origen nada tiene que ver con las actividades de los humanos del Pleistoceno. Estos elementos procedían de la alteración normal en depósitos geológicos de los excrementos que dejan los murciélagos en las cuevas. Así que Homo antecessor y los humanos de la Sima de los Huesos están libres de toda sospecha. La presencia de murciélagos en las cuevas es incompatible con los humanos. En muchas ocasiones los humanos dejaron de ocupar la cueva de Gran Dolina y estos momentos fueron aprovechados por los mamíferos voladores.

Las cuevas de Gibraltar (habitadas por neandertales) contienen respetables concentraciones de zinc, cobre y níquel, también relacionadas con los excrementos de murciélagos. Pero en estos yacimientos hay que añadir que las trazas de tales elementos también proceden de los antiguos hogares mantenidos por los neandertales. Siendo así, tampoco podemos culpar a nuestros primos hermanos de tener frío, y más estando tan cerca del mar. Así que no podemos culparles de contaminar las cuevas. Tampoco había tantas cavidades y eran muy pocos. Todos ellos juntos no llenaban ni un campo de fútbol.

En las cuevas de El Pirulejo (Priego de Córdoba [buen aceite, por cierto]) nuestros colegas detectaron concentraciones elevadas de plomo, níquel y cobre. Este yacimiento fue habitado por Homo sapiens hace entre 17.000 y 14.000 años; es decir, antes del comienzo del Holoceno. En este caso, los murciélagos no tuvieron nada que ver. Los miembros de nuestra especie ya teníamos una mente simbólica y utilizábamos metales, como la galena (sulfuro de plomo) para obtener pigmentos, de la que sin duda ha derivado la presencia de estos elementos. Así lo explican Guadalupe Monge, Jiménez-Espejo, Antonio García-Alix y sus colegas.

Tampoco podemos decir que los humanos que decoraron tan maravillosamente las cueva de Altamira fueran dignos de reproche por contaminar las cuevas con sus pinturas. Ni tan siquiera podríamos culpabilizar de nada a los humanos de la mayor parte del Holoceno. Si nos parece adecuado, podemos convenir en adoptar el término Antropoceno y sustituirlo por el de Holoceno. Pero hemos de ser conscientes de que los verdaderos problemas del planeta derivados de nuestra actividad industrial a gran escala son de hace cuatro días mal contados.

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El primer poblamiento de América: un debate que no cesa

El primer poblamiento de América ha sido objeto de intenso debate desde hace décadas. No es la primera vez que escribo sobre este tema (ver mayo de 2015), que interesa y mucho a los especialistas americanos. Aunque la primera colonización de América sucedió a finales del Pleistoceno Superior en una fecha muy reciente para la historia del linaje de los homininos, no deja de ser un asunto apasionante para los arqueólogos y antropólogos de ese continente. Es por ello que revistas tan importantes como Nature y Science publican de cuando en cuando algún artículo sobre este acontecimiento de la prehistoria. Así ha sucedido a primeros de septiembre con las enigmáticas evidencias sobre el ADN de individuos perteneciente a varias tribus del Amazonas, publicadas por un equipo de genetistas americanos liderados por David Reich (Universidad de Harvard).

Un grupo de amerindios del grupo Xavante del curso superior del río Amazonas.

Un grupo de amerindios del grupo Xavante del curso superior del río Amazonas.

La primera colonización de América tuvo lugar durante la última gran Glaciación del Pleistoceno Superior. La glaciación “Wisconsin” (según la terminología utilizada durante años por los científicos americanos) ocurrió durante un largo período de tiempo, hace entre aproximadamente 70.000 y 14.000 años. En ese tiempo, la acumulación de hielo en los continentes hizo descender el nivel del mar hasta 120 metros y creo puentes helados donde antes había brazos de mar. El puente de Beringia unió de manera prolongada el extremo más oriental de Eurasia con el extremo más occidental de Norteamérica, permitiendo el paso franco entre los dos continentes. Los primeros colonos de América habrían tenido esa oportunidad hace unos 40.000 años. Sin embargo, es muy posible que en esa época Homo sapiens aún no hubiera podido colonizar latitudes tan elevadas. Quizá todavía no habíamos sido capaces de adaptarnos a las condiciones climáticas de la inhóspitas regiones de Siberia. Es por ello que los especialistas siempre se han decantado por fechas más recientes, en torno a los 16.500-13.000 años.

amerindios2Las evidencias arqueológicas de diferentes yacimientos, como el de Clovis en Nuevo México (USA), sugerían una colonización en torno a los 12.500 años antes del presente (a.p.). Este yacimiento, excavado durante los años 1930, se dató con el método del C14 en poco más de 11.000 años a.p. Su cultura, conocida entre otros aspectos por puntas de flecha muy características, fue el eje de un caluroso debate que culminó con el denominado “consenso Clovis”. Este acuerdo general admitía una colonización tardía del continente americano. No todos los especialistas estuvieron de acuerdo, y muchos propusieron fechas más antiguas. El descubrimiento a finales de los años 1970 del yacimiento de Monte Verde, cerca de Puerto Montt en el sur de Chile, fue providencial para los disidentes del consenso Clovis. La datación de este yacimiento en 14.800 años a.p. dio la razón a aquellos que proponían una colonización más temprana de América. Aunque el poblamiento de las Américas hubiera sido muy rápido, tendríamos que retrotraernos a fechas en torno a los 16.000 años para pensar en las primeras entradas de grupos de nuestra especie por el puente de Beringia.

Dejando a un lado los datos arqueológicos y antropológicos, las investigaciones de los genetistas habían sido muy consistentes al constatar que el primer poblamiento de América tuvo un origen único. Sin embargo, algunos yacimientos de América de sur habían proporcionado esqueletos cuyos cráneos tienen una morfología diferente a las de los demás yacimientos americanos, que no pueden explicarse en el marco de un origen único. Esta información llevó a David Reich y su equipo investigar el ADN de grupos humanos, como los Suruí, Karitiana y Xavante y otras tribus, localizadas en el interior de las orillas del Amazonas. David Reich tiene una base de datos muy importante sobre el ADN de muchas poblaciones del planeta, incluidos por supuesto de los grupos indígenas de América y el ADN antiguo de esqueletos de yacimientos de este continente (incluido un individuo del yacimiento de Clovis). Los hipótesis de partida asumía que todos los grupos americanos estudiados estarían relacionados con el origen primigenio del poblamiento de América. No ha sido así. Las tribus mencionadas anteriormente derivan de una población enigmática, relacionada con grupos de Australia, Nueva Guinea y las islas de Andamán, en el Pacífico más occidental.

La imaginación nos llevaría a pensar en hipótesis descabelladas sobre el origen de estas poblaciones, que actualmente viven en Brasil. Reich y sus colegas no se dejan llevar por la euforia y proponen una hipótesis coherente y contrastable. El poblamiento americano no tuvo un origen único, sino que hubo al menos dos entradas importantes por el puente de Beringia. La primera colonización tuvo que estar constituida por individuos relacionados con los actuales aborígenes de Australasia y Nueva Guinea y pudo ser anterior (o muy anterior) a la segunda y definitiva colonización, relacionada con la mayoría de los asentamientos conocidos, como Clovis y otros muchos. Queda por conseguir ADN de los esqueletos, cuya morfología craneal es distinta a la de la mayoría de los paleoamerindios encontrados hasta el momento. Se podría comprobar si su ADN está más próximo a esa población enigmática detectada por Reich y su grupo de investigadores. El debate sobre la colonización de América sigue muy vivo.

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Homo naledi ¿Qué sabemos de esta enigmática especie?

Hace cinco años, el investigador sudafricano Lee Rogers Berger y varios colegas presentaron la nueva especie Australopithecus sediba. Esta especie, datada entre 1,8 y 2,0 millones de años, fue recibida con gran expectación por la comunidad científica. La publicación en “Science” causó sensación, porque se presentaba el australopiteco más reciente encontrado hasta ese momento, en un contexto muy claro. Tuve ocasión de felicitar personalmente a Lee Berger en un congreso celebrado en 2014 en Francia por su magnífico hallazgo y su excelente publicación. Me pareció una persona sumamente agradable y cercana. De ahí que sienta una especial predisposición positiva hacia la nueva información que este científico  acaba de presentar ante los medios de comunicación sobre una nueva especie del género Homo. Eso no quita que tenga mis reparos sobre las conclusiones de este hallazgo y que expongo a continuación.

El investigador Lee Berger posando con la réplica de un cráneo de Homo naledi.

El investigador Lee Berger posando con la réplica de un cráneo de Homo naledi.

La noticia de la presentación de la nueva especie, Homo naledi, me llegó durante la celebración del congreso de la Sociedad Europa para el estudio de la Evolución Humana (ESHE) el pasado 10 de septiembre en Londres. No tenía más información que la propia noticia y no tenía forma de conseguirla más que a través de los rumores que corrían entre los asistentes al congreso. Había dejado mi ordenador personal en Burgos, para evitar perder tiempo en los controles de los aeropuertos. Finalmente pude atar algunos cabos. Recordé entonces que hace algo más de dos años Lee Berger había lanzado una llamada internacional para buscar personas dispuestas a meterse en cuevas profundas, con experiencia en espeleología y de complexión menuda. Una de las compañeras del proyecto Atapuerca (la espeleóloga Ana Isabel Ortega) presentó su candidatura, pero no fue elegida.

Es evidente que Lee Berger tenía algo importante entre manos. Los rumores que nos llegaban de un hallazgo excepcional corrían como la pólvora. Pero no había manera de averiguar con certeza lo que sucedía. Ahora ya podemos saber que varios espeleólogos sudafricanos habían localizado varios esqueletos fósiles en el interior de la denominada Cámara Dinaledi, del sistema cárstico de “Rising Star” en Sudáfrica. Se trata de una cavidad muy profunda, casi inaccesible, en el área de donde se localizan otros yacimientos famosos. En conjunto forman el área denominada “Cuna de la Humanidad”, declarada como lugar Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Berger montó un proyecto internacional para extraer estos fósiles del interior del sistema cárstico. Encontró un equipo de jóvenes dispuestos a jugarse el pellejo y montó una infraestructura que permitiera realizar el trabajo de extracción de manera controlada, incluyendo cámaras de televisión. Y lo consiguió.

Los fósiles recuperados son realmente extraordinarios. Cerca de 1.550 restos de unos 15 individuos, con un cráneo pequeño y redondeado, que albergaba un cerebro de poco más de 500 centímetros cúbicos. Homo naledi incluye características similares a las observadas en los Homo más primitivos junto con un cuerpo pequeño que recuerda al de los australopitecos en la forma del tronco, hombros, pelvis y extremidades inferiores. En cambio, el brazo y la mano recuerdan más a los ejemplares del género Homo con capacidad perfecta para la pinza de precisión. Los dientes son relativamente simples y pequeños, más afines al género Homo que a los de los australopitecos. En definitiva, un verdadero “mosaico” de caracteres arcaicos junto a rasgos más progresivos. Berger y su equipo parecían estar ante una forma de hominino desconocida hasta el momento, que no dudaron en incluir en una nueva especie del género Homo. Sin embargo, lo que más nos sorprendió era el hecho de que esta especie no se hubiera publicado con todos los honores bien en “Science”, bien en “Nature”. Su publicación en “eLife” no parecía el cauce más habitual. Y todo ello sin restar importancia a una revista científica muy apreciada por especialistas de muchos ámbitos de la ciencia.

La respuesta a este dilema es que, desafortunadamente, los fósiles han aparecido sin contexto alguno. No se encuentran en niveles estratigráficos ni asociados a restos fósiles de animales, que pudieran dar una pista sobre su antigüedad (biocronología). Tampoco hay industria lítica. Y la peor noticia es que no ha sido posible, al menos por el momento, obtener ni una sola datación (geocronología). No se encuentran capas de roca por encima o por debajo de los fósiles susceptibles de ofrecer algún dato. Sin esa información es imposible saber donde podemos ubicar esta especie. Las comparaciones con otros fósiles se han realizado con cierto detalle y llegarán nuevos estudios. Pero si los responsables del hallazgo han sido incapaces de encontrar una solución para datar los fósiles me temo que pasará mucho tiempo sin que los podamos situar en algún lugar del árbol (o mejor del arbusto) de la evolución humana. Confiemos en que pueda aplicarse algún método de datación directo en los fósiles. Y si no lo hay alguien tendrá que innovar en este campo. No se puede perder una información tan valiosa. La morfología de los fósiles es útil para tener una cierta idea de su antigüedad. Los fósiles de Homo naledi podrían tener dos millones de años o incluso ser más antiguos. Pero no podemos confiar solo en nuestra intuición y experiencia. Sin dataciones los fósiles de la Cámara de  Dinaledi quedarán en un limbo muy incómodo.

Por último, la propuesta de Lee Berger de que los humanos hallados en esta cavidad pudieron ser arrojados por otros humanos es interesante, pero totalmente especulativa y poco creíble. Se trata de la misma hipótesis que defendemos para la acumulación de esqueletos en la Sima de los Huesos de Atapuerca. La diferencia estriba en que la Sima de los Huesos tiene una datación muy fiable (430.000 años), un contexto muy claro y una herramienta increíblemente bien conservada, de extraordinaria belleza (Excalibur), asociada a los esqueletos. Esta hipótesis ha sido rechazada casi de manera sistemática por la comunidad científica, dada la antigüedad de los humanos de la Sima de los Huesos. ¿Por qué hemos de confiar ahora en la propuesta de Lee Berger, sabiendo que Homo naledi podría cuadriplicar la antigüedad de los humanos de la Sima de los Huesos? Sinceramente, pienso que Lee Berger ha lanzado una especulación arriesgada y sin ningún tipo de evidencia. Los restos pudieron llegar a esa cámara tras el colapso de la cueva, procedentes de otro lugar del sistema de cavidades de “Rising Star”. Tendremos que tener paciencia y esperar nuevas publicaciones.

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