Archivo por meses: julio 2018

La primera expansión humana fuera de África, cada vez más vieja

Durante la última década del siglo XX fuimos testigos del escepticismo que despertaron los hallazgos en el yacimiento del Dmanisi. Su gran antigüedad no casaba bien con el paradigma de entonces. Con anterioridad a esos hallazgos la comunidad científica había construido una teoría aparentemente sólida sobre la primera expansión humana fuera de África, que habría sucedido hace un millón de años. Los restos fósiles humanos de Dmanisi tenía en torno a 1,8 millones de años y su aspecto era muy primitivo. Supimos entonces que no era necesario tener una buena estatura, piernas largas y un cerebro grande para abandonar el continente africano y aventurarse a la conquista de nuevos territorios. El castillo se derrumbó y hubo que reconstruirlo a toda prisa. También quedaron reivindicadas las propuestas de varios investigadores, que sostenían una antigüedad de más de un millón de años para varios fósiles humanos encontrados en China e Indonesia (Yuanmou, Gongwangling, Sangiran, Majuangou y Shangshazui). Las cosas se ponían en su sitio.

Situación del condado de Lantian, en el centro de China, donde se localiza el yacimiento de Shangchen. Fuente: Nature.

El 26 de julio de este año la revista Nature ha publicado un artículo liderado por Zhaoyu Zhu (Academia de Ciencias de China) y Robin Dennell (Universidad de Exeter, Reino Unido), en el que el equipo liderado por estos investigadores da una vuelta de tornillo a la antigüedad de la humanidad fuera de su cuna africana. Este equipo ha realizado el estudio de una secuencia sedimentaria de nada menos que 74 metros de espesor en la localidad de Shangchen, situada en el condado de Lantian, provincia de Shaanxi, donde se acumularon los sedimentos depositados por el viento (loess) a lo largo de miles de años en una superficie de ciento de miles de kilómetros cuadrados. Las excavaciones de este equipo se han desarrollado entre 2004 y 2017 y es previsible que continúen. La superficie que todavía se puede estudiar es inconmensurable.

 

Ante todo, es importante destacar que la primera expansión fuera de África no implicó necesariamente notables adaptaciones biológicas en los homininos. Todos los yacimientos mencionados en los párrafos anteriores se localizan por debajo del paralelo 34º, que coincide con el norte de África. A pesar de las oscilaciones climáticas ocurridas hace entre 2,0 y 1,5 millones de años, los cambios no fueron tan dramáticos como para impedir la proliferación de los homininos en todos los territorios tanto africanos como asiáticos situados por debajo de esa latitud. Puesto que la conexión entre África y Asia a través del Corredor Levantino es franca, a nadie le puede ya extrañar que los homininos pudieran expandir sus territorios hacia el este y alcanzaran muy pronto el extremo más oriental de Eurasia.

Los investigadores Zhaoyu y Robin Dennell, en el yacimiento de Shangchen.

Los hallazgos en Shangchen no incluyen restos humanos. Pero la colección de herramientas, fabricadas según la tecnología más antigua que se conoce (Modo 1), es muy notable. Tampoco hay dataciones cuantitativas mediante alguno de los métodos tradicionales. Pero se ha llevado a cabo un estudio del magnetismo remanente de los sedimentos. Ya sabemos que la polaridad magnética del planeta ha experimentado cambios a lo largo del tiempo y que muchos de esos cambios están perfectamente fechados en las dorsales oceánicas. En la secuencia sedimentaria de Shangchen se han detectado cinco cambios de polaridad magnética, que se corresponderían con los eventos denominados: Matuyama/Brunhes (773.000 años), Jaramillo (990.000 -1.070.000 años), Cobb Mountain (aprox. 1.200.000 años), Olduvai (1.800.000 – 1.950.00 años) y Reunión (aprox. 2.100.000 años). Las herramientas más antiguas halladas en esta secuencia tienen una antigüedad de unos 1.120.000 años. Los investigadores han descartado que esos útiles fueran simples piedras rotas de manera natural (geofactos), algo que con frecuencia sucede en la naturaleza cuando las piedras se golpean unas contra las otras. Las herramientas de Shangchen no solo se encuentran in situ, sino que muestran retoques para avivar los filos cortantes y golpes dirigidos y planificados. La experiencia de los investigadores que publican este trabajo es una garantía de la robustez de sus conclusiones.

 

La última frase del artículo sugiere replantear el tiempo de la primera expansión fuera de África, aunque no se menciona (seguramente por prudencia) el tipo de hominino responsable de la fabricación de estos útiles a unos 8.000 kilómetros del continente africano. Sabiendo que las herramientas más antiguas encontradas en África pueden tener una antigüedad de tres millones de años no resulta extraño que esa primera expansión sucediera antes de la barrera de los dos millones de años. Hay tiempo de sobra para recorrer esa larga distancia, por territorios con un clima muy similar. Tampoco puede extrañar que esa expansión fuera realizada por un hominino de aspecto aún más primitivo que los hallados en Dmanisi. La especie H. habilis fabricó instrumentos y su anatomía es más arcaica que la de los homininos del yacimiento georgiano. Incluso, algunos investigadores prefieren hablar de Australopithecus habilis. Es por ello que las herramientas de Shangchen no tienen que asociarse necesariamente al género Homo. Futuros hallazgos dictarán sentencia sobre este asunto.

 

El trabajo de Zhu y Dennell es un buen toque de atención para seguir eliminando viejos conceptos e ideas apuntaladas en la historia de la evolución humana. Seguiremos abriendo la mente, para aceptar a trámite nuevas hipótesis y descartar lo que hace tan solo un par de décadas se daba por seguro.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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Final de campaña en Atapuerca y 21 aniversario de Homo antecessor

A fecha de hoy se está clausurando la excavación de los dos últimos yacimientos de la campaña 2018 en la sierra de Atapuerca. El pasado 23 de julio se presentaron ante los medios los resultados más relevantes de esta cuadragésima campaña de campo. Se ha trabajado con intensidad y hay buenos hallazgos. Esos hallazgos incluyen algún resto humano en la Sima de los Huesos, como viene siendo habitual campaña tras campaña. Pero no quiero detenerme en los resultados finales, sino dedicar el post al vigésimo primer aniversario de la definición y publicación de la especie Homo antecessor. Quedan ya pocas campañas para volver a excavar en el nivel donde aparecieron los primeros restos fósiles de esta especie, que aún tiene mucho que decir sobre el último tramo de la evolución humana.

Los dientes del maxilar ATD6-69 asoman entre la arcilla cementada. No era posible saber que podía esconder el sedimento, hasta que eliminarlo con paciencia. Foto del autor.

En 1995 se publicó en la revista Science el hallazgo de los primeros fósiles humanos en el nivel TD6 del yacimiento de la cueva de Gran Dolina. La publicación tuvo un gran eco, puesto que se había llevado hacia atrás en más de 200.000 años la primera colonización del continente europeo. Eudald Carbonell y quién escribe estas líneas fuimos invitados por nuestros colegas holandeses y alemanes a exponer los hallazgos en varias conferencias, que se celebraron en Leiden, Heidelberg y Tübingen. En ese viaje nos dimos cuenta del interés suscitado por todos los hallazgos realizados en la sierra de Atapuerca. Escuchamos los deseos de nuestros colegas europeos en participar en el proyecto, introduciendo dinero y especialistas en el equipo investigador. Pero aún no estábamos preparados para eso. Teníamos que seguir formando un equipo español, antes de renunciar al protagonismo de nuestra propia ciencia en el éxito de Atapuerca.

Paladar del maxilar ATD6-69, una vez limpio y restaurado, que perteneció a un joven de la especie H. antecessor. Foto del autor.

Ese mismo año, las excavaciones del sondeo en Gran Dolina siguieron dando resultados espectaculares. Entre otros fósiles humanos, apareció el maxilar de un individuo inmaduro. Apenas se veían sus dientes, mientras que la mayor parte del hueso estaba escondido dentro de la arcilla endurecida por el agua carbonatada (ver figura 1). La limpieza de este resto llevó más de dos meses al equipo de restauradoras del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Cuando terminó su trabajo tuvimos ante nosotros la mitad inferior de la cara de un hominino, cuya morfología resultó inesperada. En lugar de una cara de aspecto primitivo, en consonancia con su antigüedad y con la morfología de los dientes hallados en TD6, sus caracteres eran prácticamente idénticos a los de Homo sapiens.

 

Aunque aún llegarían más restos de TD6 durante los primeros años del siglo XXI, los hallazgos de 1994 y 1995 resultaron sorprendentes y definitivos para la historia de un hecho singular que acababa de comenzar. La combinación de caracteres muy arcaicos y caracteres modernos, junto a la antigüedad de los fósiles reclamaba algún tipo de acción. Propuse con insistencia a mis compañeros la necesidad de crear y publicar una nueva especie del género Homo. Juan Luis Arsuaga expuso la idea de que aquellos fósiles podían representar al ancestro común de los neandertales y de la humanidad moderna, un espacio que estaba ya cubierto por la especie Homo heidelbergensis. Pero la morfología de los humanos de TD6 era más convincente.

 

Con toda esta información en la cabeza, Eudald Carbonell y quién escribe estas líneas asistimos en septiembre de 1996 al congreso de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP), que ese año se celebró en la ciudad italiana de Forlí. Durante el congreso, hablamos largo y tendido sobre la idea de publicar una nueva especie del género Homo. Estaba convencido de que podríamos hacerlo. Los dos bromeamos sobre el posible nombre que podíamos dar a la especie, pero no llegamos a ninguna conclusión definitiva. Pienso que aquella semana de debate con Eudald me dio energía para comenzar enseguida a escribir un artículo para la revista Science. Pero antes de eso, consulté un viejo diccionario de latín. Los nombres de las especies se escriben en esta lengua, caducada para su uso habitual, pero necesaria en taxonomía. Enseguida encontré el nombre “antecessor”, y su traducción: explorador, pionero.. En su conquista del imperio, los generales romanos enviaban tropas de reconocimiento formada por los antecessor. Me gustó. Encajaba bien con la idea de los humanos de TD6, verdaderos pioneros en la colonización de Europa. El nombre cayó muy bien en el equipo que trabajábamos en la elaboración del artículo, que en poco tiempo estaba ya en la bandeja de salida del ordenador. El artículo pasó el primer filtro y fue enviado a varios revisores anónimos. Habíamos pasado el primer escollo, que no superan más del 5% de los manuscritos enviados a esta revista. Dos meses más tarde, recibí un correo de la revista. Echo un manojo de nervios y con el corazón a mil por hora, tardé unos segundos en leer lo más importante: el artículo había sido aceptado. Tan solo había que realizar algunas reformas en la organización del trabajo.

 

El 30 de mayo de 1997 todos juntos celebramos la publicación de la diagnosis de una nueva especie del género Homo, con la asistencia del editor de Science en España a la multitudinaria rueda de prensa. Aquella publicación fue decisiva en la concesión del Premio Príncipe de Asturias otorgado ese mismo año al Equipo Investigador de Atapuerca.

 

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

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Tras las huellas de nuestra identidad

El descubrimiento en 1972 de la denominada Galería del Sílex por el Grupo Espeleológico Edelweiss de Burgos fue clave en el nacimiento del interés científico por los yacimientos de la sierra de Atapuerca. El arqueólogo Juan María Apellániz tomó la primera iniciativa. La Galería del Sílex parecía encerrar importantes tesoros arqueológicos del Neolítico, que encajaban perfectamente con la especialidad de este investigador. Esta cavidad, de casi un kilómetro de recorrido, está muy cerca del acceso de entrada a la Cueva Mayor, donde se localiza uno de los yacimientos con mayor potencial de Atapuerca. Este acceso recibe el nombre “el Portalón”, y el yacimiento que pisamos al entrar en la cueva también se conoce con esa denominación. El potencial del yacimiento de el Portalón no pasó por alto a Juan María Apellániz, que solicitó autorización para llevar a cabo una intervención arqueológica.

La paleoantropóloga Rebeca García a los mandos de la estación total, que posiciona los puntos estratégicos del yacimiento de El Portalón. Foto del autor

Apellániz excavó una superficie de varios metros cuadrados durante algunos años, que coincidieron con el hallazgo en 1976 de los primeros fósiles humanos en la Sima de los Huesos por parte de Trinidad de Torres y con los primeros años de las excavaciones sistemáticas en la Trinchera del Ferrocarril por parte de Emiliano Aguirre. Pero Apellániz ya peinaba canas y su retirada profesional estaba próxima. Al llegarle ese momento, cesó su actividad en la sierra de Atapuerca. Los resultados de su trabajo en el Portalón no llegaron a tener la relevancia que merecían y el yacimiento quedó en el olvido durante algún tiempo.

 

Cuando los actuales responsables del equipo investigador de Atapuerca tuvimos ocasión y un equipo preparado solicitamos permiso para reiniciar las excavaciones en el yacimiento del Portalón. A juzgar por lo que se sabe de esa zona de la cueva, sus sedimentos podrían contener información de gran parte del Holoceno y tal vez del Pleistoceno Tardío (Paleolítico Superior). Pero la información que el yacimiento ya está proporcionando sobre el Neolítico es extraordinaria. No solo se han recuperado infinidad de utensilios (muchos de ellos ornamentales) de los diferentes períodos y culturas de los pueblos del neolítico, sino que se han obtenido restos esqueléticos de varios enterramientos.

 

Hace algunos años, los restos óseos de hace 3.000 o 4.000 años antes del presente aportaban poca información sobre el origen y migraciones de los primeros agricultores y ganaderos de cualquier región del planeta. Los datos antropométricos era todo cuanto se podía obtener. Era insuficiente, puesto que las muestras de cada población son relativamente escasas. Pero la posibilidad de obtener ADN de esos restos abrió las puertas a una nueva dimensión. Poco a poco se fueron creando bases de datos de todos los yacimientos del Neolítico. El ADN de ocho esqueletos humanos de el Portalón, datados hace entre 3.500 y 5.500 años antes del presente, han aportado datos sobre el pasado reciente de los pobladores de la península ibérica (ver post de 31 de julio de 2014 en este mismo blog). La mayor parte de la población actual de la península ibérica es el resultado del mestizaje de los antiguos pobladores del Mesolítico de los inicios del Holoceno (hace unos 11.500 años) y de los inmigrantes procedentes del Creciente Fértil, portadores de la nueva cultura neolítica.

 

El estudio del último tramo de la prehistoria de la península ibérica es muy importante para conocer nuestras raíces. Aunque la historia nos habla de la arribada de algunos pueblos del norte, del sur y del este, su importancia cuantitativa fue mucho menor de los pensamos, mientras que todos los datos sugieren una fuerte identidad biológica para todos los pobladores de Iberia. Los yacimientos de Atapuerca, junto a otros muchos lugares, son una fuente de información fundamental para conocer esa identidad gracias al progreso de los datos genéticos emanados del estudio de los restos humanos.

José María Bermúdez de Castro

 

 

 

 

 

 

 

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