Archivo por meses: Julio 2017

El yacimiento de Galería: despensa y almacén

El yacimiento de Galería-Zarpazos fue el primero que se excavó de manera sistemática bajo la dirección de Emiliano Aguirre. Los trabajos comenzaron en 1980. Se trataba del yacimiento más sencillo de abordar desde el punto de vista logístico. Los medios económicos y humanos disponibles en aquellos años no daban para más. La excavación del yacimiento de Galería-Zarpazos tuvo que posponerse de manera provisional por hallazgos de mucho interés, como los de la Sima de los Huesos y los de Gran Dolina. Los escasos medios humanos se trasladaron a estos yacimientos que estaban ofreciendo resultados sorprendentes.

No obstante, el conjunto Galería-Zarpazos dio una lección importantísima sobre el comportamiento de los humanos que vivieron en la sierra de Atapuerca hace entre 450.000 y 200.000 años. Este yacimiento se formó por la entrada de sedimentos del exterior a través de dos profundos agujeros situados en el techo de la cueva. Por uno de esos agujeros se despeñaban algunos animales, mientras que por el otro entraban los humanos para aprovechar los cadáveres. A lo largo de más de 200.000 debieron de caer más de 300 individuos de diferentes especies de caballos y ciervos. Los humanos entraban provistos de herramientas líticas, que dejaban abandonadas en la cueva, quizá para ser utilizadas en otro momento. Con sus manos liberadas de esa carga, transportaban las extremidades de los grandes mamíferos para compartir la carne con el resto del grupo.

Panorámica de la cueva de Galería-Zarpazos. Foto del autor tomada desde el yacimiento de Gran Dolina.

En los diferentes niveles de Galería-Zarpazos solo se encuentran costillas, vértebras y cráneos. Ni rastro de fémures, tibias o húmeros. Las marcas de corte producidas por los cuchillos de piedra señalan el lugar por donde se cortaron los tendones que unían los paquetes musculares a los huesos. Y encima de ellas se observan las marcas de los dientes de los cánidos, que debían de entrar a continuación en la cavidad para aprovechar lo que habían dejado los humanos.

Según estos indicios, es muy posible que homininos y cánidos hayamos tenido una relación muy estrecha desde hace miles de años, que culminó en el Neolítico con la domesticación y colaboración de estos animales.

La pequeña cueva de Galería-Zarpazos pudo estar unida por un estrecho conducto a la vecina gran cueva de Gran Dolina, cuya entrada fue ocupada en esa época por los ancestros de los neandertales. Así lo sugieren los trabajos de geofísica, que detectan la morfología del subsuelo a una cierta profundidad.

En 1995 se decidió dar por concluida la intervención en el yacimiento de Galería-Zarpazos. Y todo ello a pesar de haberse un parietal humano y una concentración inusual de bifaces, como regalo de despedida. La zona de Zarpazos se había terminado de excavar casi en su totalidad. Sin embargo, los sedimentos de la cueva de Galería quedaron expuestos a la intemperie durante algunos años. Con el paso de los duros inviernos lo que había quedado del yacimiento amenazaba por derrumbarse y desaparecer por completo. Por fortuna, hace pocos años pudimos reiniciar los trabajos, salvar el yacimiento y seguir obteniendo datos adicionales. Entre los conseguidos durante esta campaña de 2017 destaca el hallazgo de un gran bloque de sílex, dejado casi en el fondo de la cueva por los humanos. Ese bloque, encontrado en algún lugar de la sierra de Atapuerca, fue trasladado al interior de la Galería como fuente de materia prima para elaborar herramientas in-situ.

Bloque de sílex hallado en la campaña de 2017 en el yacimiento de Galería.

Este comportamiento implica una notable capacidad de planificación en nuestros ancestros de hace 300.000 años. No solo acudían a la cueva para aprovecharse de algún animal caído por la trampa natural, sino que esas caídas eran previsibles y tal vez provocadas. El traslado de un bloque de sílex de al menos 50-60 centímetros de diámetro no es una tarea sencilla a través de un conducto estrecho. Poco a poco se ponen en evidencia las habilidades de las especies humanas que habitaron la Sierra durante el Pleistoceno Medio y su enorme capacidad de previsión y planificación, muy similares a las que hoy en día tendríamos nosotros si tuviéramos que vivir en sus mismas condiciones.

 

José María Bermúdez de Castro

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Violencia y selección natural

Todavía está por saber cuántas especies de la genealogía humana habitaron la sierra de Atapuerca. Pero lo cierto es que los hallazgos de fósiles humanos en este complejo arqueo-paleontológico tienen un denominador común: la violencia.

Queda por averiguar cómo llegó un fragmento de mandíbula humana a uno de los niveles más antiguos del yacimiento de la Sima del Elefante (1,2 millones de años). Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los fósiles humanos de la sierra de Atapuerca se depositaron en sus respectivos yacimientos por sucesos en los que presumiblemente intervinieron otros humanos. En el nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina (850.000 años) se han inferido los eventos de canibalismo más antiguos conocidos de la historia de la humanidad. Quizá no tardemos en conocer otros lugares más antiguos de África y Eurasia, donde también se podrá demostrar un comportamiento similar. Si los chimpancés practican el canibalismo en momentos de escasez de recursos, es muy posible que ellos y nosotros hayamos heredado ese comportamiento de nuestro ancestro común, que vivió en África hace unos 7,0 millones de años.

En el yacimiento de la Sima de los Huesos ya se ha demostrado al menos un caso de violencia entre dos individuos de aquella época (400.000 años), que terminó con la muerte de uno de ellos. Los demás cráneos de la Sima de los Huesos muestran claros indicios de golpes intencionados. Casi se podría certificar que algunos de aquellos golpes fueron letales.

Los últimos hallazgos en la cueva del Mirador (en la imagen que acompaña a este post) tienen unos 5.000 años antes del presente. Las evidencias de canibalismo en los restos óseos humanos neolíticos obtenidos en la cueva del Mirador ya no nos sorprenden. Este comportamiento ancestral debió de adquirir un componente simbólico durante la evolución de nuestra especie. Se han descrito casos de canibalismo en numerosos lugares con cultura Neolítico de los cinco continentes. Del canibalismo territorial y “gastronómico” del Pleistoceno, en el que la carne humana era un recurso más, hemos llegado al canibalismo ritual y simbólico de las últimas fases de la evolución de Homo sapiens. Violencia, al fin.

Cámara mortuoria encontrada en la cueva del Mirador de la sierra de Atapuerca. Josep María Vergès dirige esta excavación, donde se han encontrado restos de la cultura de pueblos que formaron parte de los primeros agricultores y ganaderos de la península ibérica. Los cadáveres canibalizados de varios individuos nos muestran una faceta de la violencia de aquellos tiempos. Foto del autor.

Es curioso que seamos capaces de distinguir y clasificar a los géneros y especies que nos han precedido durante los últimos siete millones de años por su aspecto físico. Nadie confundiría el cráneo grande y “apepinado” de un neandertal con el cráneo grande y esférico de un humano actual. Pero nuestro ADN sigue llevando los mismos genes que han definido el comportamiento de nuestra larga genealogía. Quizá con pequeños matices, pero con la misma esencia. Podemos afirmar que la selección natural ha preservado y favorecido la mayor parte de las características de la conducta: jerarquía, territorialidad o violencia hacia quienes no son de la misma tribu.

¿Podemos afirmar que la violencia entre grupos, tribus, pueblos, etc. ha tenido una selección natural positiva? ¿Necesitamos la violencia para sobrevivir como especie? Son buenas preguntas para la reflexión. Si la selección natural hubiera eliminado a los violentos a lo largo de la evolución humana hoy ya no hablaríamos de guerras crueles. Pero no es así. En la actualidad, la inmensa mayoría de seres humanos no practicamos el canibalismo por cuestiones culturales. Pero seguimos empleando la violencia en grado extremo, cuando deseamos conseguir los recursos de los otros o cuando queremos imponer nuestras ideas a costa de lo que sea necesario. En la sierra de Atapuerca se puede demostrar que nada ha cambiado en nuestro comportamiento durante el último millón de años.

José María Bermúdez de Castro

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El macaco de Gran Dolina

En el post anterior hablé del nivel TD4 de Gran Dolina. Sus restos fósiles y sus herramientas de piedra tienen casi un millón de años. En esta campaña se esperaba obtener numerosos restos, que ya se veían en el corte estratigráfico. Por lo que ya se conocía de este nivel, parecía que los hallazgos serían muy repetitivos: osos, ciervos, rinocerontes…., pero nadie esperaba encontrar un resto de macaco. No es que fuera imposible, pero si extraño en una superficie de pocos metros cuadrados como la que se explora en la actualidad en este nivel. Pero ahí estaba el pequeño trozo de mandíbula de este cercopitécido de la especie Macaca sylvanus, con sus dientes característicos de cúspides puntiagudas.

Resto mandibular de Macaca sylvanus en el nivel TD4 de Gran Dolina. Foto del autor.

El género Macaca surgió a finales del Mioceno, hace unos 5,5 millones de años. La especie más antigua conocida de este género es precisamente Macaca sylvanus, que ha sobrevivido hasta la actualidad. Esta especie, conocida como el “macaco de Berbería”, se extinguió de nuestro continente hace unos 30.000 años debido al efecto de los fríos glaciales y tal vez al exceso de caza por parte sus múltiples predadores. En la actualidad se trata de una especie en vías de extinción, tan solo localizada en algunas regiones del norte de África.

En algún momento histórico la especie fue introducida en Gibraltar, donde se formó un pequeño grupo. Durante la segunda guerra mundial se trasladaron una docena de ejemplares al Peñón para preservar su estabilidad genética. Allí se han reproducido y viven en libertad. Su atractivo turístico les permite mantenerse como una pequeña población estable de unos 300 ejemplares, sin riesgos aparentes. Salvo por este detalle, la especie Macaca sylvanus ya no vive en Eurasia.

En el nivel TE9 del yacimiento de la Sima del Elefante se había encontrado algún diente del género Macaca, que testificaba la presencia de este primate en el Pleistoceno Inferior de la sierra de Atapuerca, como sucede en otros yacimientos de la península ibérica (Quiba, Murcia).

Estos primates son omnívoros. Se alimentan de frutas, raíces, hojas, insectos y su peso no pasa de los 12-13 kilogramos. Su presencia en los yacimientos es muy rara, precisamente porque sus poblaciones no son abundantes. Viven en grupos de 10 a 30 individuos y son tan territoriales como otros primates. El resto encontrado en TD4 pudo ser un ejemplar cazado por algún predador, incluidas las águilas, cánidos o la propia especie humana de entonces, como lo fueron otras presas encontradas en el yacimiento.

Macaca sylvanus. Fuente: Wikipedia.

Queda pues constancia definitiva de la presencia de este primate en la sierra de Atapuerca.

 

José María Bermúdez de Castro

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